lunes, 16 de mayo de 2016

"Paris-Austerlitz", de Rafael Chirbes

París-Austerlitz, de Rafael Chirbes.                                      
Editorial Anagrama, 2016.
153 páginas.

Con esta novela, publicada después de su muerte, Rafael Chirbes vuelve a sus orígenes, a la novela corta, que cultivó entre 1988 y 1994 (Mimoun, La buena letra, Los disparos del cazador). Y, como exige ésta, la prosa es intensa, concisa, directa y sin concesiones. Lo que no está reñido con el lirismo que en ocasiones le exige la trama.
La escribió durante 20 años, tomándola y dejándola, desde cuando vivía en Valverde de Burguillos, (Badajoz, 1996), hasta que la terminó en Beniarbeig (Alicante, mayo de 2015), como si fuera una historia que le hubiera estado atormentando durante ese tiempo y que necesitara expulsar para ponerle punto final. París-Austerlitz, junto a Mimoun, constituyen dos rarezas en la producción literaria de Chirbes, son las dos piezas de un paréntesis en el que se enmarca el resto de su obra, la gran crónica de España desde 1936 hasta 2015. En estas novelas se aparta de ese objeto colectivo para concentrarse en el individuo y hablarnos de sentimientos. Son sus novelas íntimas y con mayor presencia autobiográfica.
Rafael Chirbes
Paris-Austerlitz es un relato en primera persona, testimonial y sincero, de un narrador que es protagonista de la historia de amor vivida en París en la década de los noventa. Entonces era un joven de izquierdas, pintor y homosexual que abandonó Madrid, para escapar del ambiente burgués familiar, atraído por la deslumbrante atmósfera artística de París. Allí conocerá a Michel, mucho mayor que él, de otra clase social, de una familia de origen campesino poco estructurada, de clase obrera. Un hombre con una infancia y juventud marcada por la pobreza, la ausencia del padre, la prostitución ocasional de la madre. A partir de ahí, Chirbes, a través de la memoria del joven español, recrea la historia desde el enamoramiento inicial, la plenitud de la primera etapa -“prodigios de la primera etapa del amor. Engañosas prestidigitaciones de carne y juego de disfraces: los disfraces del deseo: la flor que atrae con su brillante color al insecto” (pág. 76)-, el apasionamiento, el juego sexual con escenas explícitas, la ternura, pasando luego por la etapa de la “carcoma”, eso es, los celos, la posesión, el dominio de uno por el otro, hasta el final, la desaparición del deseo y el rechazo. A ello agrega la presencia de la plaga (palabra de connotaciones de castigo bíblico), forma como alude al sida y la repugnancia de la enfermedad y de la muerte.
Chirbes no es un escritor complaciente ni optimista y esta novela lo corrobora. Con extraordinario pulso narrativo observa la sociedad y la despedaza con lucidez. Observamos los siguientes elementos chirbesianos de la novela:
- El escenario narrativo. La acción está ubicada en un barrio pobre de París (Vincennes), alejado de los itinerarios turísticos, habitado por emigrantes y marginados que consumen droga, alcohol y sexo.
- La crudeza del lenguaje  al describirnos la vida tal cual es –“… algunas noches mi madre se acostaba a mi lado y me daba calor. ¿Y sabes qué recuerdo de aquellas noches en que dormimos juntos? Que ella olía al sudor de otros, y yo sentía asco, aunque sabía que lo que fuera que hiciese lo hacía por mí y por mis hermanos” (pag.61)-. El lenguaje explícito, tanto en escenas amorosas o sexuales, como en la descripción de las miserias que provoca la enfermedad
- Su pesimismo existencial sustentado en la creencia de la necesidad de amar y, al mismo tiempo, nuestra incapacidad para prolongar la plenitud del amor. El amor no queda al margen del dominio de unos sobre otros, ni de la estructura social del mundo capitalista.
- La muerte despiadada. “No hay indulto en su condena ni vuelta atrás en nuestra agotada historia”.
- El egoísmo de la conducta humana evidenciado en el abandono, en un hospital, del enfermo que fue su amante y le dio cobijo en París.
- La mirada marxista posada sobre la diferencia de clases entre la pareja protagonista, económica y de estrato social, que acaba corroyendo la relación.
- La honda reflexión sobre la condición humana en nuestra época.

Una novela dura cuya lectura no deben eludir.

 María García-Lliberós




martes, 10 de mayo de 2016

Lo dice Justo Serna: hay que leerme. Y yo, encantada.



Justo Serna                                                                    
Justo Serna
¿Por qué hay que leer a María García-Lliberós?
     En primer lugar, una novela de María, por ejemplo 'Diario de una sombra', es una historia bien contada, narrada con finura, pensando en los destinatarios, en qué les puede despertar de la modorra. Al decir modorra, pronuncio una palabra bien fea, muy adecuada para describir qué nos pasa cuando nos abandonamos, cuando nos adocenamos. Una página de María contiene sentimientos contrapuestos, los que se hacen explícitos y otros que los personajes acarrean en silencio.
     En segundo término, una historia de García-Lliberós es propiamente historia, una revisión del pasado reciente o más remoto, un tiempo que nos concierne y un espejo deformante en el que malamente nos reflejamos. De 1972 hasta nuestros días, España ha cambiado y lo que era un futuro prometedor de este o de aquel personaje puede convertirse en un pasado interrumpido. Lo oculto. Lo tapado regresa para consumar una historia con final posiblemente siniestro.
     En tercer lugar, una novela de María es un estudio de caracteres, la conducta de personajes, el habla de los tipos humanos. García-Lliberós distingue bien la entonación, el estilo, las muletillas de sus criaturas. Peto más allá de ese don, María domina con maestría el relato en tercera persona con estilo libre indirecto. Mario Vargas Llosa lo descubrió en Gustave Flaubert. Para mi gusto, este recurso (que el narrador se exprese con modismos de los personajes) es una de las habilidades que cultivan los buenos novelistas.
     En cuarto lugar, un relato de María es vicisitud personal y es estado colectivo, un estadio de la vida reciente. Es diálogo, oralidad muy bien captada por el oído de la autora. La vida se va transformando y lo que fue amor puede ser a la vez cinismo, lo que pudo ser coraje es o puede ser cobardía al mismo tiempo.
     En quinto término, una novela de María García-Lliberós es un cruce generacional, una reconstrucción de lo que personajes tan distintos han vivido. La vivencia no es experiencia. Es algo más. Es el sentimiento de lo percibido. En las historias de María hay un estado de cosas y hay un estado de ánimo. No hay fin. El curso de los acontecimientos reúne a personajes alejados, de generaciones distantes, en efecto, para rehabilitar desarreglos o para curar heridas. Ahora bien, no son la fatalidad o la determinación o el simple paso del tiempo aquello que cura. Es la decisión, la responsabilidad, la vergüenza.
     En sexto lugar, una historia de María contiene vestigios de otro tiempo, algún documento que obliga, algún resto material que es sobre todo emocional. Documento viene del latín 'Documentum' y a su vez del infinitivo 'Docere': enseñar, mostrar, instruir. El principal documento que aparece en 'Diario de una sombra' sirve para impartir una lección de coraje y de historia, de contextualizacion y de sensibilización.
     Hay, sí, numerosas razones para leer a María García-Lliberós. Descubra a sus últimos personajes: Gabriel, Gonzalo..., y me paro aquí. La vida familiar, lo que pudo ser, los éxitos, los estigmas y mucho más nos harán cavilar gustosamente.
    
     Publicado en Facebook el pasado 5 de mayo de 2016

     Justo Serna es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia y autor de numerosos libros. Además, es un empedernido lector de novelas y posee una capacidad de análisis envidiable, y de contagiar el placer de su lectura.

domingo, 8 de mayo de 2016

José Antonio Vidal Castaño, el pasado 06.05.2016, en La Eliana

Sobre DIARIO DE UNA SOMBRA, de María García-Lliberós
            (Extractos de la presentación. L’Eliana)   
José Antonio Vidal Castaño

María García-Lliberós tiene, como consumada novelista que es, un estilo propio muy trabajado que viene dado por su conocimiento del oficio, el tesón y la imaginación para transformar en novela, en carne y sangre de literatura, lo que era pura vivencia o evanescente experiencia.
El gran tema de María ES LA FAMILIA, o mejor, como diría Michael Foucault, las relaciones de familia. Recordaré que el filósofo francés prefería no hablar directamente del poder -su gran tema-, sino de las relaciones de poder. Así ocurre con las relaciones de familia en el caso de nuestra novelista; hilos que maneja a la perfección. Hilos complicados que tejen y destejen las relaciones de padres e hijos, de matrimonios, divorcios, reconciliaciones, odios ancestrales o empatías emocionales… Un mundo complejo, donde el desconocimiento de las leyes y de los componentes jurídico-legales que regulan estos comportamientos se paga literariamente muy caro. María García-Lliberós domina estos aspectos de la vida familiar, tanto si escribe sobre los conflictos cotidianos, domésticos, como si lo hace sobre problemas familiares más peliagudos y complejos, como pueden ser divorcios o herencias. Buen ejemplo de ello es su estupenda novela Babas de caracol donde sus conocimientos sobre los temas legales llega a abrumarnos por la precisión mostrada en los más nimios detalles.
Todo ello viene a reforzar la confianza del lector al detectar el conocimiento y la investigación necesarios para narrar historias; no se puede fallar acerca de la necesaria verosimilitud, tanto de la estructura como del entorno en los que se desenvuelve el relato.
En Diario de una sombra, destaca, a mi entender, la más que notable habilidad para describir y trazar el perfil psicológico de sus personajes, en particular de los protagonistas, a los que a lo largo de la narración va dotado de certeras observaciones y perspectivas insospechadas…

No les voy a revelar la trama humana y sentimental, esta decisión sobre contar o no lo argumental debe ser una decisión –en mi opinión- de la propia autora; de la hacedora de sus criaturas novelescas, pero si veremos, aunque someramente y con gruesas pinceladas, algunos de los perfiles trazados acerca de los personajes sobre los que pivota esta apasionante novela…
 El personaje masculino más fuerte es, sin duda, Gabriel Pradera Blasco, un abogado éticamente poco escrupuloso, que contrae un matrimonio de conveniencia con Nuria Ribazo, una mujer cuya principal cualidad es la de ser la hija de una poderosa familia de banqueros, con acceso a los principales resortes del poder económico; poder asesor y cómplice, en demasiadas ocasiones, de la corrupción política.
No menos interesante es Gonzalo Núñez, el personaje incómodo,  inesperado para Gabriel Pradera; el que irrumpe, el que aparece en escena, actuando como en buena medida como un resorte que desencadena ciertos acontecimientos.
Elsa, primer amor o amor de juventud de Gabriel, es la mujer deseada, seducida y abandonada; pieza esencial en la estructura de Diario de una sombra, personaje femenino, que pronto gozará de la mayor estima para el lector; personaje que sustenta la arquitectura cuadrangular de la novela. Elsa es la autora de un diario y de unas cartas que darán la clave para un final tan tierno y sutil como inesperado.
Los personajes nos conmueven, predisponiéndonos a una aceptación o un rechazo… diría que relativo, de cada uno de ellos.  Sabíamos los lectores de la habilidad de María García-Lliberós para retratar a los personajes femeninos. En esta novela esa habilidad logra ponernos a los personajes masculinos al mismo nivel. Y así gozamos de una serie de figuras novelescas, dotadas de vida y personalidad propias; personajes en busca de sí mismos y de la humana incapacidad para superar, lealtades y traiciones, para tensar hasta el límite, en ocasiones, el lado más inhumano de las relaciones familiares, y en otras, el más tierno.
Diario de una sombra es mucho más que otras novelas de su autora, una narración de interioridades y sentimientos, donde la peripecia, el suceso, la acción o la trama existentes quedan a menudo, a merced de los personajes, capaces de guiar nuestra lectura y tirar de nosotros para ejercer de enganche; el estímulo más potente para gozar de su lectura. Ello no significa que las situaciones históricas no tengan su reflejo imprescindible. Lo tienen, así como las preocupaciones sociales e incluso morales más notorias vigentes en los años de más difíciles de la transición a la democracia entre 1970 y 1975, tiempo en el que discurre el núcleo de la acción. 

Leo unos párrafos para reforzar lo dicho sobre la importancia concedida al minucioso retrato de los protagonistas:
“El señor Pradera  apreciaba, por encima de todo, el orden. Al trabajo acudía puntual y vestido con pulcritud. Trajes hechos a medida de paños ingleses, corbatas seleccionadas para dar el toque de color exacto, ni apagadas ni llamativas en exceso, que convertían el conjunto en exclusivo.(…) Caminaba con el porte erguido y el paso ligero, silencioso, propio de un hombre que odiaba molestar y ser molestado. De manos cuidadas, se permitía un defecto: pertenecía al grupo de raras personas que cuando se cortan las uñas (…) hacen una excepción con una del dedo meñique, él prefería el de la mano izquierda, que mantiene algo más larga y redondeada tras el paso de la lima (…) Gabriel Pradera siempre vivió el presente con un ojo puesto en el mañana.”
Resulta sorprendente que la descripción psicológica del sujeto no se apoye tanto en un prejuicio, digamos moral y por ende excesivamente subjetivo sino más bien en una precisa descripción de cómo es el sujeto por fuera, de su atildamiento en el vestir, de su imagen pública. La autora consigue con ello un doble efecto; el que, por un lado, veamos el interior del personaje desde su exterioridad, y que, por otro, deduzcamos, con ella, aspectos de su comportamiento y moralidad, cualidades.
Pero no acaba ahí la cosa:
“Esa uña indiscreta podría interpretarse como un hábito residual de una niñez perdida. Entonces se mordía las uñas y, como era disciplinado, siempre mantenía una de ellas a raya, es decir, un poquito larga en previsión de darse un festín más tarde.” Un toque de sutilidad freudiana.
Diario de una sombra es una novela –y esto puede decirse de pocas- que admite perfectamente una relectura. Resulta impactante el monólogo interior con el que Pradera hace examen de conciencia en las primeras trece páginas del libro, en las que el yo narrador Gabriel, repasa con lucidez su vida de arriba abajo.
María García-Lliberós tiene sentido del equilibrio a la hora de narrar  a sus criaturas literarias; un estilo que respeta aquellos “principios” que señalaba Vladimir Nabokov como necesarios para un buen lector. Ambos, estamos completamente de acuerdo en que un escritor es, o debe ser, antes que nada, un buen lector. Decía Nabokov: “… el mejor temperamento que un lector puede tener, o desarrollar, es el que resulta de la combinación del sentido artístico con el científico. El artista (...) propende a ser demasiado subjetivo en su actitud respecto al libro; por tanto, cierta frialdad científica en el juicio templará el calor intuitivo.” Aunque también es cierto que el autor de “Lolita” recalca que el lector que carece de pasión y de paciencia “difícilmente gozará de la gran literatura”.
Diario de una sombra es también una novela poseedora del suave aroma del erotismo que desprenden unos personajes de clase-media alta;  y muy atenta al tratamiento de los paisajes urbanos –vistos siempre desde la interioridad de cada personaje- de las ciudades que aparecen: Madrid, Londres, Lucerna, Valladolid y Valencia. Especialmente encantadoras para el lector resultan las escenas vividas en Londres.
Se ha dicho también que Diario de una sombra es una novela realista y sería muy largo, y seguramente inútil, extendernos en consideraciones acerca de ello. Sin dejar de serlo, sostengo que, Diario de una sombra es, ante todo, una novela psicológica que maneja la realidad al servicio de la ficción literaria para sintonizarla con el espíritu evocador y humano de sus personajes y circunstancias.
©José A. Vidal Castaño

José Antonio Vidal Castaño es doctor en historia Contemporánea y Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación. Además es autor de La memoria reprimida. Historias orales del maquis (2004), El sargento Fabra. Historia y mito de un militar republicano (2012) y el libro de relatos Asalto al tren pagador (2015), entre otros.



   

Taller de Escritura Creativa de la Universidad de Valencia, Aula Oberta

UNA EXPERIENCIA NUEVA Y POSITIVA.

        Este año acepté por primera vez la oferta de la Universidad de Valencia (Servei d'Informació i Dinamització, SEDI) de impartir un taller de narrativa breve a un grupo de unos 20 alumnos, de edades variadas y procedencias dispares. Lo hice, tal vez, por eso de disponer de más tiempo pues me jubilé (de mi trabajo como economista municipal) el pasado agosto. Lo tomé como un pequeño desafío, pues jamás he ido a un taller de escritura, ni como profesora ni como alumna. En mi época no existían. He publicado siete novelas, algunos relatos breves y participado como co-guionista de un documental audiovisual de forma autodidacta. Y de esta misma manera, encomendada a mi mejor saber y entender, he preparado las sesiones del taller, combinando la formación teórica con la práctica, intensificando ésta conforme el curso progresaba. Leer ha sido mi escuela de escritura, leer buena literatura, por supuesto, y en esto he insistido mucho a mis alumnos. También me ha ayudado practicar la crítica literaria.
       Debo decir que la experiencia ha resultado muy satisfactoria para mí (he aprendido cantidad de cosas) y confío en que también para los alumnos. El tiempo dirá si ha sido cantera de algún futuro escritor. Me ha obligado a estudiar, a volver a leer a los grandes maestros del cuento, desde Edgar Allan Poe hasta Jorge Luís Borges, y muchos otros  (Max Aub, Italo Calvino, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, etc.). Los he vuelto a descubrir y admirar.
      También, recurrí a otros escritores amigos míos, valencianos, especialistas en micro relatos, como Elena Casero, o en cuento juvenil además de la novela histórica, como Isabel Barceló, o en la elaboración de libros de relatos breves en torno a un mismo tema como Luís del Romero (uno de los escritores más premiado en esta especialidad), o la ficción histórica breve como José Antonio Vidal Castaño. Su presencia en clase ha sido estimulante para todos y valiosa. Y desde aquí quiero darles las gracias.
        Cristina Gaona, una de las alumnas, me ha pasado algunas fotografías del curso, de esos momentos de escritores invitados, con dos de ellos, que sacó sin que nos diéramos cuenta, y que, a modo de recordatorio, cuelgo aquí para compartirlas con el resto de implicados. 

Con Elena Casero, explicando técnicas del micro relato

Con José Antonio Vidal Castaño, autor de Asalto al tren pagador
Con Luís del Romero, autor de Sexo oral.



miércoles, 4 de mayo de 2016

Los cinco motivos de Justo Serna para leer "Diario de una sombra"

Ha aparecido en Facebook el 04.05.2016

Justo Serna ¿Por qué hay que leer a María García-Lliberós?
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Justo Serna En primer lugar, una novela de María es una historia bien contada, narrada con finura, pensando en los destinatarios, en qué les puede despertar de la modorra.
Justo Serna En segundo término, una historia de García-Lliberós es propiamente historia, una revisión del pasado reciente o más remoto, un tiempo que nos concierne y un espejo deformante en el que malamente nos reflejamos.
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Novela "Diario de una sombra" de María García-Lliberós

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Justo Serna En tercer lugar, una novela de María es un estudio de caracteres, la conducta de personajes, el habla de los tipos humanos. García-Lliberós distingue bien la entonación, el estilo, las muletillas de sus criaturas.
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Justo Serna En cuarto lugar, un relato de María es vicisitud personal y es estado colectivo, un estadio de la vida reciente. Es diálogo, oralidad muy bien captada por el oído de la autora.
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Justo Serna En quinto término, una novela de María García-Lliberós es un cruce generacional, una reconstrucción de lo que personajes tan distintos han vivido. La vivencia no es experiencia. Es algo más. Es el sentimiento de lo percibido. En las historias de María hay un estado de cosas y hay un estado de ánimo. No hay fin.
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Novela "Diario de una sombra" de María García-Lliberós Gracias, Justo, por tus palabras. Cuando he leído estos cinco motivos, he sentido un calorcillo por dentro, el aliento de un lector empedernido y con criterio que necesita un escritor para continuar fabulando.
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Justo Serna es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia.

lunes, 2 de mayo de 2016

El escritor José Luís Ferris habla sobre "Diario de una sombra"

José Luís Ferris
"Una gran historia de amor que desnuda las contradicciones de la condición humana".

Hablar de la última novela de María García-Lliberós es hablar de una sombra, o lo que viene a ser lo mismo, de una aparición fantasmagórica, de la imagen –y aquí nos acogemos fielmente al diccionario– de una persona ausente o difunta. Y es en el sentido metafórico de la palabra “sombra” donde reside la clave del título: Diario de una sombra; diario de alguien que regresa del más allá.
Pero para entender este juego de imágenes y espejos, conviene analizar por piezas los elementos que van a conformar un relato tan bien armado como el que nos ocupa.
Pensemos entonces que deseamos construir una historia sobre el eje argumental de la lucha de la mujer en un medio hostil. Pensemos que queremos decir algo importante acerca de la libertad individual; o que hay errores en la vida que no permiten la reparación, es decir, que “Somos responsables de nuestra historia y el resultado de nuestro pasado...” (p. 10). Pensemos que, como Stendhal apuntó alguna vez, “quien no ha amado apasionadamente ignora la mitad más hermosa de su vida” (p. 10); o que hay personas a las que sólo les importan “las cotizaciones de los valores bursátiles en los principales mercados del planeta…” (p. 12); o que la familia es un eslabón necesario para saber quiénes somos, de dónde venimos, y afirmarnos así en ese proceso de socialización que justifica nuestra procedencia. Pensemos que, puestos a buscar tiempo y escenario para situar nuestra historia, elegimos los trepidantes años 70 en la vida de un país llamado España.
Para la autora, el marco elegido es territorio propio, es el espacio de su juventud. Hablamos de calles sembradas de manifestaciones y de un ambiente en el que se respira una enorme esperanza de cambio, pese a que el dictador se resistía a morir. El Tribunal de Orden Público firmaba las últimas ejecuciones del franquismo. La crisis económica era muy seria, tanto como tener un 20% de desempleo. El café y el aceite subían de un día para otro sin avisar. Era el tiempo las nuevas emigraciones –y no de cerebros, sino de clase trabajadora– principalmente a Suiza. Era la década de los grandes y difíciles cambios, del gran coste social y humano hacia la democracia, no por caminos floridos sino por zonas asfaltadas, recalificadas, con la moneda de la corrupción en pleno curso legal.
Ahora pensemos también en una ciudad como Londres, un escenario que nuestra escritora conocía como la palma de su mano, una capital mítica para que los jóvenes fueran a practicar la lengua de los Beatles, pero sobre todo para respirar libertad, para pasar un verano inolvidable y comprar discos de Víctor Jara con todas las canciones, sin piezas censuradas.
Pensemos en una historia de amor, como la del mítico beso capturado por Robert Doisneau con su cámara veinte años atrás. En esa instantánea, dos jóvenes, una estudiante de arte dramático y un aspirante a economista, se comen y se abrazan apurando el mundo, sabiendo o no que en unos días o en unos meses, él se marchará por donde vino y se olvidará de la historia, del beso y de la chica para siempre.
Ahora, con casi todos los ingredientes sobre la mesa, pensemos que María García-Lliberós se encuentra como pez en el agua, tiene ganas y necesidad de divertirse, afirmarse, crear, sufrir y gozar con una historia que comienza a vislumbrar ante sus ojos.
En Diario de una sombra, séptima novela publicada por la autora, María nos vuelve a demostrar su gran dominio del lenguaje y de sus registros. Su gran capacidad para seducir con las palabras, pero también para desnudar las contradicciones de la condición humana. La novela está estructurada en torno a dos líneas narrativas: la del presente, con un lenguaje claro y directo que mantienen el ritmo de la acción de principio a fin; y la voz del pasado, que le da pleno sentido al título, en forma de diario y de literatura epistolar, donde García-Lliberós encuentra la horma de su estilo más personal y más lírico. Esta segunda línea explica el origen de la trama y su posterior desarrollo, de cómo una mujer joven, idealista y enamorada se tropieza con un futuro áspero y angustioso, con un mundo que la obliga crecer a base de golpes y renuncias. Como hemos señalado, Londres, la España del último franquismo y los primeros de la Transición, y Suiza, son los escenarios elegidos por la autora para desarrollar tan bronco periplo vital. Y todo ello a través de personajes verosímiles, de carne y hueso, plenamente creíbles, tratados con el mayor respeto, incluso los más odiosos. De ellos nacen las reflexiones que enriquecen la trama, las descripciones y las ideas en torno a la vejez, los nuevos ricos nacidos del boom inmobiliario, la marginación de la mujer…
Diario de una sombra, como todo buen libro, se presta a muchas lecturas, sobre todo a las dualidades: la cultura del pelotazo frente al idealismo, el dinero frente al corazón, la ética frente al beneficio rápido. En medio quedan los temas irrenunciables en toda obra que aspire a perdurar: el amor, la traición, el desengaño, la incomprensión, la soledad, la esperanza...
El resultado es que María García-Lliberós ha escrito de nuevo una magnífica novela; y lo ha hecho sabiendo que la escritura, además de un desafío, es un acto de amor, un modo de transformar en trago amable el gran absurdo que nos rodea; lo ha hecho sabiendo que la Literatura es una fuente de sabiduría ante la vida.

 José Luis Ferris es novelista, poeta y ensayista español. Entre su obra narrativa destaca Bajarás al reino de la tierra (Premio Azorín 1999), El amor y la nada y El sueño de Whitman (Premio Málaga  2009).
Es autor de tres biografías destacadas: Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta (Premio de la Crítica de la Comunidad Valenciana 2003), Maruja Mallo. La gran transgresora del 27 (2004) Carmen Conde. Vida, pasión y verso de una escritora olvidada (2007).   




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