miércoles, 11 de julio de 2018

4 3 2 1, de Paul Auster



Traducción de Benito Gómez Ibáñez.

Editorial Seix Barral, 2017
960 páginas.
22,71 € en papel; 12,34 € en electrónico.

Termino de leer 4 3 2 1 de Paul Auster y lo primero que pienso es que tenía ganas de acabarlo y dejar de sentirme atrapada por esas 960 páginas a todas luces excesivas. Me gusta la escritura aparentemente sencilla de Auster, su prosa poderosa con ritmo que se reconoce porque cultiva un estilo propio. En este caso, el tocho ha acabado resultando algo monótono.

4 3 2 1 es la historia de Archie Ferguson durante sus primeros veinte años o, mejor, la historia de Archie Ferguson y las otras tres que también podrían haber sucedido en función de la circunstancias, accidentes o incidentes que aparecen a lo largo de nuestra existencia para cambiar el curso de la misma. Porque esta novela de Paul Auster nos habla del azar y de todos aquellos elementos ajenos a nuestra voluntad en el diseño de nuestro camino existencial. También nos habla de la presencia de la muerte en nuestras vidas. Por eso los cuatro protagonistas Ferguson son hijos únicos, nacidos el mismo día de marzo de 1947, en Newark, en el seno de la misma familia judía no religiosa, mantienen una relación intensa con su madre, Rose, una fotógrafa dinámica, y otra con su padre mucho más compleja y con dificultades en la comunicación. Los cuatro presentan una fijación por Amy que jugará el papel de hermanastra, amiga, novia o amante, en cualquier caso la mujer de la que depende parte de su equilibrio emocional. 
La muerte del padre en un aparatoso incendio de su negocio provoca un escenario crucial en la vida de uno de los Ferguson, bien diferente al divorcio de sus padres, por ejemplo, que condicionará la de otro. Ambos son puntos de inflexión que, como tales, provocarán cambios no previstos e incluso no queridos. Igual que el posterior matrimonio de su madre, otra circunstancia que conlleva la aparición de nuevos personajes y abre otros escenarios.
Pero la personalidad de los cuatro Ferguson se mantiene porque es la misma necesariamente y causa de que suenen a repetición algunos pasajes. Esta viene definida por su amor por el cine y la literatura (demasiadas referencias de títulos de películas y novelas, incluye hasta una larga lista de los libros que lee), incluso incorpora algún relato dentro de la novela, su vocación por el periodismo como posible salida profesional, su afición a los deportes, el beisbol y el basket (exceso de descripción de jugadas), la importancia de los amigos y la lealtad hacia los mismos, el descubrimiento del placer sexual (muy interesantes las páginas que relatan el descubrimiento de la homosexualidad de uno de los Ferguson), su cuidado en las relaciones familiares y en el mundo universitario.
Este planteamiento condiciona la estructura de la novela conformada por bloques sucesivos de cuatro capítulos, dedicados cada uno de estos a cada Ferguson, como forma de mostrarnos el crecimiento paralelo de los jóvenes y dejando en blanco el capítulo cuando uno de ellos muere explicitando así su falta de progreso en la vida. Esto confunde en un principio al lector, por poco tiempo, hasta que comprende el planteamiento.
4 3 2 1 puede leerse también como un fresco de la Historia de América durante la década de los sesenta, unos años cruciales durante los cuales se intensificó la guerra en Vietnam y la oposición interna a la misma, tuvieron lugar los asesinatos de los Kennedy, el de Martin Luther King, las revueltas raciales, las luchas por los derechos civiles y las revueltas estudiantiles con especial virulencia en las Universidades de Columbia y Nueva York, y de las que el autor da una extensa cuenta de como afectan estos sucesos a sus protagonistas. Uno de los alicientes de la novela es la de estar ubicada principalmente en el estado y la ciudad de Nueva York.
Una novela que he leído con gusto porque Auster me cautivó con La trilogía de Nueva York en 1996 y desde entonces lo sigo con entusiasmo a veces y condescendencia otras, nunca con indiferencia. En este caso si 4 3 2 1 la hubiera dejado en torno a las quinientas páginas, en mi opinión, habría ganado en intensidad y sería una obra redonda.
María García-Lliberós

miércoles, 20 de junio de 2018

"Mujeres de Roma. Heroísmo, intrigas y pasiones", de Isabel Barceló Chico.


Editorial Sargantana, 2018.

458 páginas.

De Isabel Barceló Chico he leído todo lo que ha publicado, siempre con gusto e interés. Tiene una prosa fluida, un lenguaje rico que se adapta a todo tipo de matices, de la ironía a la pesadumbre, de la cólera a la risa, y con la capacidad de contagiar al lector esos estados de ánimo. La descubrí en 2009 con una novela histórica deliciosa, Dido Reina de Cartago. Cuatro años más tarde publicó La muchacha de Catulo, novela corta ubicada en la Roma del año 56 a.C. Con ellas, y con una serie de novelas cortas sobre héroes de la mitología griega publicadas por la editorial Gredos, puso de manifiesto sus vastos conocimientos sobre la antigua Roma y la antigua Grecia, y sus aptitudes para compartirlos aunando el respeto por los hechos históricos con la fabulación.
Isabel Barceló Chico
Mujeres de Roma. Heroísmo, intrigas y pasiones es su obra más ambiciosa hasta el momento, y su publicación ha supuesto un salto de gigante en su trayectoria literaria. Un libro de difícil clasificación pues aunque sin duda es un ensayo histórico que atañe a la ciudad de Roma, la autora no ha renunciado a la ficción cuando penetra en el interior de algunas heroínas en momentos trágicos para mostrarnos los sentimientos que anidan en sus almas, las reflexiones que sustentan sus conductas y las pasiones que mueven sus sacrificios, aspectos literarios propios de la novela.
El elemento más interesante de este libro y que lo hace único, es su estructura. Pues esta historia de la ciudad de Roma no atiende un criterio cronológico o temático de los hechos, sino a otro geográfico. Por eso es conveniente leerlo con un plano al lado (cosa que no hice pero haré en una relectura). Asumido esto, nada más lógico que iniciar el relato por la vía Appia Antica, urbanizada en el año 312 a. C. de entrada a la ciudad para los viajeros procedentes del sur, magnífica, de trazado recto atravesando una campìña hermosa, animada a sus lados de villas suntuosas, tabernas y casas de posta y, también, sepulturas monumentales, como la de Cecilia Metela, una de las pocas que han sobrevivido al paso de los siglos, lo que da pie a la autora para contarnos la historia de Cecilia y relatar, de paso, cómo las mujeres casadas de Roma adquirieron, a principios del siglo IV a. C. el derecho a ser honradas con un funeral público. Vamos descubriendo así los principales secretos metodológicos de esta obra que se preocupa, preferentemente, de las mujeres, protagonistas, junto a los hombres, de la historia de Roma pero mantenidas hasta ahora ocultas en los libros de Historia, una aportación que les hace justicia. El otro aspecto que quiero resaltar es que profundiza no sólo en los acontecimientos históricos, sino en las costumbres, la moral, la filosofía de los ciudadanos romanos, su manera de entender la justicia y de ejercer la política, sus relaciones con los dioses, detalles sobre la cotidianidad de sus vidas. Pues este libro se nutre de la tradición de la microhistoria, acercando la mirada de la autora a casos particulares para, a partir de ellos, obtener una perspectiva más general de la época.
Continuando por via Appia, a pocos metros de la tumba de Cecilia, se encuentran los restos de la de Séneca, pero Isabel Barceló dirigirá la mirada hacia Paulina, su viuda, otra mujer casi anónima y de enorme dignidad que intentó morir junto a su esposo, condenado por Nerón a quitarse la vida, y no lo consiguió.
Al principio de via Appia se encuentra la puerta Capena, el lugar de acceso a Roma por excelencia, donde, en el s. VII a. C., Horacia, una muchacha enamorada a destiempo, encontró la muerte. Era hermana del trillizo romano vencedor del duelo contra los trillizos Curiáceos albanos, uno de los cuales era su novio. Una historia llena de sabiduría –se evitó el enfrentamiento entre ambos ejércitos romano y albano- y de tragedia.
Las personas nacemos, vivimos y morimos. Los hechos importantes permanecen en la memoria, se transmiten oralmente o, en el mejor de los casos, se escriben para la posteridad. Pero las ciudades permanecen, crecen, en altura y en extensión, cambian el uso de los edificios importantes, a veces se construye sobre ruinas, algunos se rehabilitan o se protegen. Las huellas del pasado hablan. Este libro recorre la historia de Roma desde el siglo VIII a. C. hasta el siglo XIX, ubicando los acontecimientos vividos por sus héroes en su espacio físico. 
Así, en el Trastévere, al otro lado del Tibet, se encontraba la casa de recreo del gran Julio César, el Hortus Ceasaris, hoy mercadillo municipal. En ella vivió Cleopatra mientras estuvo en Roma. Excelente el capítulo del asesinato de Julio César por Bruto y las actitudes de Calpurnia y Porcia, esposas respectivas. Tiene tensión narrativa, es muy ágil y visual, esto es, muy novelesco. En ese mismo barrio del Trastévere viviría también santa Cecilia que murió martirizada. Para no olvidarla, sobre lo que fue su casa se levantó un templo. Vecina del Trastévere fue la bella Margherita Luti, hija de un hornero, modelo y amante del pintor Rafael en 1520.
Acompañando a Isabel Barceló por su minucioso recorrido romano,  antes de llegar a la Plaza de la Subura, se encuentra la empinada calle Salita dei Borgia, o la cuesta del crimen. Allí recordaremos a Vanozza Cattanei, amante del Papa Alejandro VI y madre de sus cuatro hijos Borja y el asesinato de Juan, duque de Gandía. Otras heroínas que, hasta llegar a 44, tienen cabida en esta selección son Gala Placidia, Cornelia, mujer de Tiberio Graco, santa Francesca Romana, Pero, hija de Cimón, un anciano condenado a muerte, a quien salvó del hambre amamantándolo en la cárcel y a quien los romanos le consagraron el templo Caridad Romana, o las sabinas, raptadas un 21 de agosto por Rómulo, para desposarlas. Hersilia se casó con Rómulo y así, cuando se garantizó la descendencia, comenzó la fundación efectiva de la ciudad.
Roma es una ciudad con mucha historia y con muchos hombres y mujeres cuyas vidas han transcendido sus existencias. Según la cita de F. Dupont con la que se abre el capítulo 17, “sacraliza los lugares, su memoria se arraiga en el suelo sagrado de la ciudad”. El trabajo que ha hecho Isabel Barceló Chico ha sido formidable, minucioso, coordinando sus conocimientos sobre la Historia de Roma, como la cuentan los libros convencionales, las leyendas, las novelas (hay una bibliografía al final interesante) con su conocimiento de la ciudad resultado de la observación directa y con su capacidad deductiva.
Mujeres de Roma. Heroísmo, intrigas y pasiones, se lee con avidez, está escrito con buen pulso, en algunos momentos emociona, sobre todo cuando pone en valor el coraje de las mujeres, su capacidad mediadora para conseguir la paz, los roles ejercidos en la historia de Roma que fueron la fuente de su prestigio. Además, remueve las ganas de volver a esa maravillosa ciudad para seguir por nosotros mismos el recorrido que con sabiduría nos propone la autora.
Un libro muy recomendable.
María García-Lliberós

"Filek. El estafador que engañó a Franco", de Ignacio Martínez de Pisón.


Editorial Seix Barral, 2018.
Ignacio Martínez de Pisón
261 páginas.

Como el mismo autor se preocupa de aclarar en algún párrafo del texto, no estamos ante una novela, sino ante los resultados de una exhaustiva investigación histórica. El objeto de la misma: Albert von Filek, austríaco, hijo ilegítimo en una familia de militares, nacido en 1889, que llegó a España en 1931, con 42 años. Él mismo se presentaba como capitán de artillería del ejército del emperador hasta que se disolvió en 1918 con la desaparición del Imperio Austro-Húngaro. Pero no hay constancia de que esto fuera cierto, como tampoco la hay de los títulos de químico o ingeniero que también se atribuía según estimaba oportuno. Filek fue un brillante estafador y manipulaba su historial a conveniencia. Su mayor hazaña fue atribuirse el invento de la gasolina sintética, mediante una fórmula imposible de tintes caseros que no superaría un examen científico, timar con ella a media docena de incautos inversores ávidos de beneficios, e intentarlo también con el gobierno de España, primero con el de la República y después con el de Franco. Consiguió que el Consejo de Ministros de Franco aprobara dos decretos concediendo todos los beneficios legales a Filek derivados de su invento y la declaración de urgentes a las obra para instalar una Fabrica del Carburante Nacional, incluyendo subvenciones y capacidad para expropiar terrenos y demás. El engaño fue formidable.
Martínez de Pisón tuvo referencias de Filek e intuyó que detrás de ese nombre había una buena historia, y acertó. La investigación efectuada ha sido apabullante. Podría haberlo convertido en personaje de ficción de una estupenda novela cómica pero ha optado por reprimir su imaginación y, ante lagunas de la biografía del protagonista, prefiere advertir al lector de que lo que sigue son conjeturas deducidas de la información que posee de lo que pudo pasar, porque las andanzas de Filek en España,  durante quince años, hasta marzo de 1946, están llenas de claroscuros y sucesos asombrosos. Sin duda, su decisión es más eficaz para mostrar la ineficacia e ignorancia de un gobierno patético atrapado en la autarquía económica.
Un libro muy interesante por varios motivos: pone en evidencia las arbitrariedades cometidas por el Gobierno, republicano y franquista, en las prisiones españolas, la disposición del tiempo de vida de los presos a su antojo, la existencia de presos gubernativos (sin intervención de un juez), de todo esto fue víctima Filek, lo que contribuye a que el lector lo juzgue con cierta simpatía cuando era un pájaro de cuenta; evidencia también la ignorancia supina del círculo próximo a Franco, la osadía para tomar decisiones de enorme trascendencia y cuantioso gasto sin pedir información a un comité científico, embaucados por un charlatán fantasioso adulador del régimen; nos da detalles de episodios históricos importantes, como las sacas de presos para su ejecución en Paracuellos, visto desde el interior de las cárceles; o el trato en el campo de Nanclares de la Oca; nos muestra la personalidad de Filek, un maestro del engaño, un artista de la impostura, a partir de las huellas documentales que su vida ha ido dejando. Un retrato rico y contenido a pesar del freno puesto a la fantasía, cuando el personaje proporciona abundante material novelable.
Ignacio Martínez de Pisón es un gran narrador de historias, lo ha demostrado con obras anteriores y la presente lo corrobora. Al igual que Filek embaucó a sus víctimas con sutiles argumentos, Pisón embauca a sus lectores con su prosa ágil, con mucho ritmo, el interés de lo que cuenta y la documentación que aporta que hace creíble lo que parece el delirio de un soñador y que por desgracia no lo fue.
María García-Lliberós

viernes, 25 de mayo de 2018

"Las defensas", de Gabi Martínez


Editorial Seix Barral, 2017.

496 páginas.

El interés de esta novela se encuentra sobre todo en lo que nos cuenta: la locura relatada por un neurólogo que se volvió loco. Porque Gabi Martínez, el autor, convierte al doctor Escobedo en personaje protagonista y relator en primera persona de esta historia real con escasas probabilidades de volver a repetirse.
¿Qué desencadena un ataque de locura? El doctor Escobedo se pondrá a la faena para desentrañar las causas de su caso particular. Con sus conocimientos científicos tratará de encontrar un diagnóstico, y nos hablará de su entorno familiar, la falta de amor a su madre en justa correspondencia, la frialdad con su padre, la complejidad de su matrimonio con Sol, la relación con sus hijas, el sentimiento de falta de libertad que le provoca su familia, su afición a las mujeres y su éxito con ellas, su forma de amar, su debilidad autodestructiva con el alcohol y el tabaco, el estrés laboral y el acoso por parte de su jefe, un tal doctor Subirats, experto en prácticas de mobbing que lleva a cabo con calculada exactitud. Todo esto y sus consecuencias –frustración, victimismo, descreimiento, ironía caústica- se encuentra en esta novela que no respeta la sucesión cronológica de los hechos y consigue, sin embargo, que el lector siga sin problemas el hilo argumental.

La voz narrativa es única, la del doctor Escobedo, si bien hace frecuente uso del relato indirecto: “Sol dirá que…”, “Diana dirá después …”, con lo que, respecto a diferentes situaciones, nos aporta las opiniones de otros personajes esenciales interpretadas desde su punto de vista, lo que enriquece el texto.
Surgen muchas cuestiones inquietantes al leer este libro, cuestiones que afectan al lector en cuanto a posible futuro paciente, como las relaciones, no siempre fluidas, entre neurólogos, psiquiatras y psicólogos. La hipótesis de la enfermedad mental con causa siempre en una patología física y sean las variables sociales y las circunstancias personales (estrés, víctima de mobbing, etc) sólo coadyuvantes para su activación, incluso violenta, como es el caso que nos ocupa. De hecho, se descubrirá que el doctor Escobedo tiene una enfermedad de las llamadas autoinmunes (anticuerpos del sistema defensivo que atacan al organismo en lugar de defenderlo), de ahí el título metafórico de la obra.
Estos son los motivos por los que pienso que esta novela merece leerse, porque entretiene e interesa, aunque su prosa sea mejorable y acuse un exceso de páginas que le restan intensidad al relato.
María García-Lliberós

miércoles, 23 de mayo de 2018

"El legado de los espías", de John le Carré



Editorial Planeta, 2018 
362 páginas.
21,50 €, en papel.

En esta novela John Le Carré regresa a dos de sus mejores obras: El espía que surgió del frío y El topo. En la primera, la necesidad de proteger a un agente infiltrado en la cúpula de la Stasi, requirió urdir un engaño –la operación Carambola- y sacrificar la vida del agente Alec Leamas, responsable del espionaje inglés en Alemania Oriental, y a Elizabeth Gold, su amante. Cincuenta años más tarde, un hijo de Leamas y una hija de Gold denuncian a los servicios secretos británicos y exigen responsabilidades por esas muertes, lo que provoca la creación de una Comisión Parlamentaria y una investigación interna que persigue culpabilizar a Peter Guilliam, sucesor de Smiley y a sus órdenes, como responsable final.
John le Carré
La novela arranca con un primer párrafo y un primer capítulo insuperable: Lo que sigue es una relación verídica –la mejor que puedo ofrecer- de mi participación en la operación británica de desinformación, de nombre clave Carambola, organizada a finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta contra el servicio de inteligencia de Alemania Oriental (Stasi), y que tuvo como resultado la muerte del mejor agente secreto británico con el que he trabajado y de la mujer inocente por la que dio su vida.
Una frase potente de Peter Guillam, el relator, en primera persona, en la que nos adelanta el argumento y con la que consigue agarrar al lector con fuerza.
El andamiaje de esta novela es complejo y sigue el curso de dos fuentes: por un lado el relato de Guillam –un agente retirado, beneficiario de una pensión y, por tanto, susceptible de extorsión, que vive en la Bretaña francesa- del proceso al que es sometido por los actuales ocupantes de Circus ansiosos de encontrarle culpable y, por otro, la mirada a lo que sucedió hace muchos años, ayudado por la lectura de los informes que se redactaron con ocasión de Carambola y del caso de Bill Haydon, agente doble al servicio de los soviéticos y Jefe del Circus que durante tres décadas estuvo pasando información al enemigo (trama de El topo), y los recuerdos y emociones que le producen. Ambos cursos permiten mostrar al lector los procedimientos propios del oficio de espía, los métodos para interrogar empleados o de persuasión, de hace cincuenta años y los de ahora, y los elementos que envuelven ese mundo en una atmósfera de misterio tan novelesca.
Los personajes son esenciales. A Georges Smiley lo describe Guillam como “barrigón, con gafas y en estado de permanente preocupación” que cuando su captación como espía “se estaba ofreciendo para ser la figura paterna que más adelante llegaría a ser para mí” al tiempo que concretaba su oferta con “No pagamos mucho y aquí las carreras tienden a interrumpirse abruptamente. Pero nos parece que es un trabajo importante, siempre que creas en los fines y no te preocupen demasiado los medios”. También aparece como el “portador de mensajes falsos”, retorcidos, sofisticados y sin límites, pero que siempre ha tenido un problema: ”ver las cosas desde el punto de vista del otro, y eso acaba con cualquiera”. “Sabía de la fragilidad de los demás, pero se negaba a reconocer la suya”. Es un personaje frío, duro, que antepone el cumplimiento de lo que cree su deber a la salvación de una vida, pero que tiene convicciones morales y sentido de la lealtad y, de ahí, sus problemas de conciencia.
Las novelas de Le Carré son buenas porque, además de ser enrevesadas y oscuras como pide el género, no se quedan en el relato de los hechos, en lo que es la acción, sino que siempre entra en los conflictos morales que se plantean los espías. Guillam confiesa en el segundo párrafo que “Un funcionario profesional de los servicios de inteligencia no es más inmune a los sentimientos que el resto de la humanidad”. En las novelas de Le Carré hay sexo, parece algo que forma parte del oficio, pero también hay pasión y amor, como el que surge entre Tulipán y Guillam, que el autor describe con una prosa llena de lirismo. Otra característica de su narrativa es que hay reflexión sobre la geopolítica mundial, análisis de una realidad que nos concierne. 
El compañerismo entre los viejos espías, la solidaridad entre los que saben la verdad y saben que no será comprendida en la época actual, la piedad y generosidad a su manera, todo eso está en esta novela que te atrapa porque la prosa de Le Carré es precisa, limpia, escueta y directa y porque nos devuelve a la etapa en la que el autor se consagró como el mejor escritor de ficción sobre el tema. El legado de los espías tiene un final un tanto brusco, que, tras el encuentro entre Guillam y Smiley, deja bastante a la aportación del lector, pero cumple con creces el principal objetivo de una novela: hacer disfrutar al lector, relamerse de gusto con sus palabras. No hay que perdérsela.
María García-Lliberós

lunes, 30 de abril de 2018

El fenómeno "Patria" de Fernando Aramburu

El pasado viernes 27 de abril, en la Feria del libro de Valencia, tuvo lugar una mesa redonda sobre El fenómeno "Patria" de Fernando Aramburu, en la que participe como ponente. Los otros compañeros de mesa fueron José Vicente Peiró, Juan Luis Bedins y Justo Serna. El acto fue organizado por la Asociación Valenciana de Escritores y críticos Literarios (CLAVE).
Está fue mi intervención:


Patria, de Fernando Aramburu lleva 84 semanas aupado en las listas de libros más vendidos. Más de 700.000 ejemplares  29 ediciones, elogiado casi de forma unánime por la crítica convencional, Premio Nacional de Narrativa 2017, Premio Euskadi, mejor libro del año por los críticos de EP, etc.
Incluso fue alabado por Mariano Rajoy que confesó haberlo leído (estoy segura de que no lee mucha novela). Sin embargo a Manuela Carmena no le gustó y, preguntada, no quiso recomendarla. Le disgustó que repitiera clichés en torno al nacionalismo vasco, los etarras y la actitud de la policía con los presos. Criticó el tratamiento de la mujer, mostrando madres ignorantes y sentimentales dedicadas en exclusiva al ámbito familiar.
Lo cierto es que Patria parece no dejar indiferente a nadie y, tal vez, a eso, y a una política de marketing excelente por parte de la editorial Tusquets, se deba su enorme éxito comercial.
A mí Patria, de la que adelanto que no soy una entusiasta, me ha parecido una novela necesaria, porque nos muestra lo que supuso el terrorismo etarra en el interior de la sociedad vasca, al poner la lupa sobre la vida de dos familias salpicadas por el horror de ETA y colocadas por la banda en posiciones antagónicas (cuando nunca lo estuvieron, porque eran amigas y vecinas). Nos explica algo que los españoles desconocíamos, ni siquiera nos lo imaginábamos.
El lector comprende la magnitud del odio anidado en algunos pueblos vascos durante el imperio, absolutista y excluyente, impuesto mediante la violencia de casi sesenta años de ETA. Nos muestra a las víctimas invisibles, el interior de las familias de los etarras y de las de los asesinados por ellos, la inmensa fractura social generada.
El narrador se introduce en un pueblo para poner en evidencia la presión insoportable de la banda de asesinos sobre sus habitantes. El terror está, más que en las bombas o el posible tiro en la nuca, en los vecinos del pueblo, cómplices y cobardes, seguidores de consignas, que dejan de saludarte cuando sospechan que ha caído en desgracia alguien de los tuyos. O incluso invitan, sin compasión ni piedad, a través del cura don Serapio (¡menudo personaje!), a una viuda de víctima de los etarras, a abandonar el pueblo porque su presencia les incomoda. Ha sido una sociedad que ha vivido con miedo a los suyos. Está muy bien reflejados los papeles de las tabernas y las homilías del cura (no me extraña que los obispos vascos hayan pedido perdón recientemente por el penoso papel jugado por la Iglesia católica) en el proceso de radicalización.
Como he leído a Juan Soto Ivars en su blog literario, Patria ha conseguido derrotar a ETA en la literatura, y eso es importante, ha aportado un relato potente sobre la verdad de ETA que arrincona al de la izquierda abertzale (si alguna vez lo tuvo) sobre el conflicto vasco. Porque Patria se ha convertido en un fenómeno literario.

No estoy de acuerdo en que la crítica convencional haya renunciado, casi, a ejercer su oficio y analizar la novela Patria como un producto literario, esto es, como una novela. Se ha dejado llevar por la corrección política. Cuando se reseña una novela hay que juzgar el diseño de los personajes, la estructura, la prosa, los diálogos y de esto se ha escrito poco.
La novela descansa en una sucesión de capítulos cortos que giran en torno a 9 personajes principales: la familia del industrial asesinado, el Txato, y su mujer Bittori, con dos hijos, Xavier y Nerea, que pasa a ser apestada una vez asesinado el padre por  pedir una relajación en los plazos de pago del impuesto revolucionario; y la familia del etarra Joxe Mari, formada por los padres Miren y Joxian, y los otros hijos Arantxa y Gorka.
La relación entre Miren y Bittori forma parte del núcleo esencial de la novela y constituye, en sí misma, un material novelable de primer orden en el que Aramburu casi no entra, se limita a narrar su ruptura abrupta, el abandono brutal de la que había sido íntima amiga, sin ningún rasgo de solidaridad. En mi opinión (y ya se sabe que esto de la lectura es subjetivo) los personajes adolecen de escasa profundidad psicológica, me han resultado planos.
Por ejemplo, los jóvenes etarras captados por la banda, obedecen a estereotipos casi caricaturescos. Son ignorantes, matan por consignas como siguiendo un juego porque les gusta la violencia en sí misma, la ideología está ausente en la novela, lo que los reduce a matones sin más. No hay matices ni grados, lo que hace a la novela un tanto maniquea (unos son muy buenos y los otros todos muy malos).
El Premio Nacional de Narrativa se le otorgó, según la justificación del jurado por la “profundidad psicológica de los personajes, la tensión narrativa, y la integración de los puntos de vista, así como la voluntad de escribir una novela global sobre unos años convulsos en el País vasco”.
Sin embargo, como ha puesto de manifiesto Ander Zurimendi, periodista vasco, en la novela o aparece la mayoría de la sociedad vasca. Se refiere a las bases votantes del PNV, al que sólo hay una ligera mención sobre la tolerancia hacia ETA, o los votantes del socialismo guipuzcoano. Así que no veo la integración de los puntos de vista por ningún lado.
Finalmente, debo decir que la novela de 648 páginas es demasiado larga. Contribuye a ello algunas tramas colaterales innecesarias como el viaje de Nerea a Alemania que no aporta nada a la historia principal, distrae la atención del lector y ralentiza el relato. Probablemente, la novela ganaría en intensidad si la hubiese suprimido.
Respecto a la prosa, siendo correcta y eficaz, no me ha emocionado.

En definitiva, Patria de Fernando Aramburu, a pesar de estos apuntes críticos, la recomiendo porque es un relato valiente, porque lo que nos cuenta es importante, porque evidencia la dificultad para olvidar y la necesidad de perdón pero, como novela (ya que el autor ha optado por este género y no por un ensayo) no la elevo a los altares de la excelencia literaria.

María García-Lliberós

miércoles, 25 de abril de 2018

"Tierra de campos", de David Trueba


Editorial Anagrama, 2017.    
David Trueba
404 páginas.

Tierra de campos es una novela contada en primera persona por Dani Mosca, un músico compositor de canciones de amor próximo a los 50 años, que ha sido hijo único, intelectual y poco deportivo. Lo hace mientras viaja en un coche fúnebre junto a los restos mortales de su padre, para darle sepultura en su pueblo. El relato toma la forma de memorias pues bucea en el pasado, desde los años en el colegio hasta su presente como cantautor de éxito, padre de dos niños y divorciado de una mujer japonesa. Tiene aromas de autobiografía -el padre muerto era vendedor ambulante, como el de Trueba; Trueba compuso canciones para Rosa Leon y otros cantantes- o de aprovechar experiencias de su vida para encajarlas en la trama. Conoce bien el ambiente falso que se mueve en torno a la música, el éxito y sus consecuencias, sobre todo si llega demasiado pronto. Al igual que en anteriores novelas, para contextualizar la historia, utiliza nombres de personas reales como Joan Manuel Serrat, Ana Belén o Luz Casal.  

En Tierra de campos tropezamos con las obsesiones literarias de Trueba: la importancia de los amigos –ahí están Gus y Animal- unidos por una lealtad y tolerancia mutua inquebrantable. Aunque en esta ocasión pone el foco sobre los valores más sublimes de la amistad y pasa de las aventuras como compinches. Hay una madurez en la exposición que se echaba en falta en Cuatro amigos, por ejemplo. La falta de comunicación con su padre y de comprensión por parte de ambos es otro de sus temas. La enfermedad de la madre que va perdiendo la memoria y nos muestra la decrepitud de la vejez.
Es un libro sobre las pérdidas que se van sucediendo a partir de un momento conforme pasa el tiempo de cada cual. La muerte de Gus y la del padre, la de Oliva, la primera mujer de la que se enamora y que lo deja por otro, y de la que solo se recuperará, aunque sin olvidarla, cuando conoce a Kei, la contrabajista japonesa. Y, finalmente, la pérdida como pareja de Kei. Porque el protagonista se siente incapaz para conservar el amor de las mujeres a las que ama y sigue queriendo. De nuevo, el tema es la soledad a la que está abocado el individuo a lo largo de su existencia.
Son temas serios, de un autor que se hace mayor. Follar casi pasa a segundo plano.
Tierra de campos es una novela que se lee muy bien. El autor domina una prosa que fluye con enorme naturalidad, los personajes están bien diseñados, tratados con ternura, y el hilo argumental, aunque va y viene sin seguir un orden cronológico, nunca se pierde. Sabe introducirnos en atmósferas desconocidas para la mayoría de los lectores y, al mismo tiempo, muy atractivas, como el mundo de la música y la vida en Japón, pues la novela transcurre en Madrid, en Tokio, y en múltiples lugares propios de las giras, además de en ese pueblo de Tierra de Campos en el que tienen lugar los hechos más predecibles de la novela. Estamos ante un autor que tiene un estilo reconocible.
Trueba transmite bien los sentimientos y sensaciones del artista al igual que la reflexiones, agudas, derivadas de un buen observador con los pies en la tierra, con una mirada irónica, en ocasiones, y hasta filosófica en otras. 
En definitiva, una novela que sabe acariciar la sensibilidad del lector y le dará que pensar. En mi opinión muy recomendable.
María García-Lliberós


sábado, 14 de abril de 2018

"La educación sentimental según los perros", de Miquel Martínez


Samaruc Editorial, 2018.            
Miquel Martínez
169 páginas.

Miquel Martínez (La Vila Joiosa, 1959) ha publicado la mayoría de sus obras en valenciano. En 2001 ganó el premio Ulisses de narrativa con la novela en torno a una historia familiar Nómina de dubtes. Anteriormente había publicado otras dos novelas: La lluna de Taa y El enigma de Sir Robert McLean. En 2005 ganó el premio Ausias March de Poesía, con El Raval de l’alegria. Su producción poética tiene otros importantes galardones. Es periodista de RNE . 
Lo primero que me ha llamado la atención de esta novela corta ha sido el título La educación sentimental, según los perros. Cuando se hace referencia a esas tres palabras colocadas en ese orden –la educación sentimental- nuestra mente evoca de inmediato la novela de Gustave Flaubert, que atañe al aprendizaje de la vida de un adolescente, Fredéric, a sus primeros encuentros sexuales y sus primeros conflictos sentimentales. Su enamoramiento de la exquisita Sra. Arnoux, una amor que no llegará a consumarse, supondrá, en la vida de Fredéric, el impulso que, mediante el despecho, la desesperación o la ilusión, irá provocando acciones con consecuencias sobre él y terceras personas. Pura vida. La novela de Miquel Martínez nos habla de una segunda educación sentimental, en una edad adulta, porque afecta al protagonista y relator que ha cumplido los 50 años, y comienza o viene provocada a partir del momento en que se hace cargo de su perro Mos.
La novela, contada en primera persona, nos sumerge en los pensamientos del relator, un hombre observador que inicia nuevas relaciones con otras personas que también tienen perros. Entra en la comunidad de las personas con perro y, en consecuencia, con otras preocupaciones y ocupaciones además de las normales y, sobre todo, con otro punto de vista sobre el mundo que te rodea, porque de los perros se puede aprender mucho y, sobre todo, tienen un don maravilloso e impagable: saben sacar lo mejor del carácter de sus dueños. 
La estructura de la novela descansa en una sucesión de capítulos cortos que funcionan como cuentos con cierta autonomía. Incluso pueden leerse saltándose el orden sucesivo (excepto los capítulos finales). El hilo que los une es el relator y Mos que aparecen en todos ellos, incluso se sostiene la tesis de que los mundos de las personas y los de sus mascotas están conectados. Las anécdotas que cuentan podrían demostrarlo y están llenas de ironía e incluso de sarcasmo y, sobre todo, de tolerancia hacia las debilidades de los seres humanos puestas en evidencia. La fantasía preside la concepción de la trama y no dudo en calificar la novela de fantástica (en especial los capítulos en los que el narrador juega a la impostura y conversa con Mos).
El narrador, ese personaje interpuesto entre Miquel Martínez y el lector, se detiene en la forma de hablarnos de los perros, a través de la mirada (como la de una persona reencarnada); en la confianza ciega que depositan en el amo, incluso cuando este lo trate mal; en los perros abandonados y en las personas que se sienten abandonadas; en las claves exclusivas que comparten los que tienen perro; en los riesgos de los perros peligrosos y la falta de preparación de algunos amos; en los pensamientos que surgen en los propietarios de perros mientras pasean a estos y en el papel de alcahuetas de los perros sabiendo poner en contacto a algunos amos solitarios. Hombres y mujeres que conversan en los parques con la excusa de algo que ha hecho su mascota y se despiden amigos, sin conocer aún sus nombres, pero con una información exhaustiva sobre los respectivos perros. A ese encuentro sucederán otros. .
Al final nos percatamos de que Miquel Martínez ha tejido una teoría de la conducta de las personas con perro. De hecho nos transmite la transformación del protagonista desde que comparte su vida con Mos.
En definitiva, una novela escrita con sensibilidad, la que requiere cuando se abordan las formas de actuar de nuestros semejantes, que se lee muy bien –la prosa se abstiene de toda retórica y está cerca de la crónica social- divierte y descubre facetas de la condición humana que podrían habérsenos pasado por alto.
Por eso su lectura es recomendable. Disfrútenla.
María García-Lliberós.

"Intemperie", de Jesús Carrasco


Ed. Seix Barral, 23ª edición, 2017 (1ª edición: 2013)    
Jesús Carrasco
221 páginas.
16,50 euros, en papel.

La enorme grandeza de esta novela contrasta con la sencillez de sus elementos: pocos personajes –un niño, del que ni siquiera sabemos su nombre o su edad, un cabrero viejo, también anónimo y un siniestro alguacil-; un escenario rural que se describe pero no se identifica sobre la geografía española –la llanura inmensa, azotada por la sequía y el sol inmisericorde-; y una historia tremenda de desolación y violencia hilvanada con brochazos gordos que impactan con dureza en la sensibilidad del lector. Y, por encima de ello, el lenguaje, una prosa castellana directa, seca, precisa, esencial en cuanto al uso de las palabras, las justas y necesarias y, al mismo tiempo rica, variada, culta y, en ocasiones lírica. Un relato intenso y profundo. Una gran lección de auténtica literatura.                                                
Comienza la novela con la imagen de un niño acurrucado en su escondrijo, un agujero de arcilla, y voces de sus perseguidores. Y a partir de entonces se ciñe a la historia de esa huida a través de una naturaleza salpicada de olivos, almendros e higueras en un llano de secano. La España interior atrasada, sedienta y agreste que parece unida a la violencia oculta y que solo proporciona una existencia durísima. Una historia de supervivencia llena de acción. Y de aprendizaje, de cómo extraer recursos en ese medio adverso. En la novela, al igual que los personajes y el lugar no tienen nombre, tampoco se menciona la época en que se desarrolla, se supone que en un tiempo pasado, anterior a la Guerra Civil (en algún sitio se menciona un retrato de los reyes, seguramente Alfonso XIII y Victoria Eugenia).
El niño huye del sometimiento del alguacil, consentido por su padre. Sabemos, porque deducimos, que ha sido objeto de abusos sexuales, pero en el texto no se describen porque no hace falta. El autor consigue transmitir la violencia de la humillación sin necesidad de recurrir a imágenes truculentas. En la página 89 aparece la primera referencia. …el cabrero terminó de orinar… cuando se dio la vuelta, el niño apreció la humedad en sus pantalones y cómo, de la bragueta, asomaba rosado su glande. El chico salió corriendo y se perdió en la oscuridad. Y en la 190: Dio por hecho el tormento al que sería sometido y no lloró, porque ese era un lugar que ya había visitado decenas de veces. Da a entender que los abusos han sido continuados en el tiempo. En la 192: Al chico se le aflojaron las piernas y se derrumbó con una sensación de desamparo que nunca antes había experimentado. Ni siquiera cuando su padre lo llevó por primera vez a la casa del hombre que ahora tenía delante, y lo dejó allí a merced de sus deseos.
La estructura se apoya en una voz omnisciente en tercera persona que relata los hechos que se van sucediendo sin tomar partido. Los personajes se describen con pocas palabras muy definitorias, sin que al lector le quepa error alguno de interpretación.
El perfil del padre es el de un hombre tosco, servil e hipócrita. El del alguacil, el de un cacique que controla todo en el pueblo, vidas y haciendas. La persona que provoca vergüenza en el chico. El tullido es otro personaje secundario  esencial, astuto, ambicioso que consigue que el chico se vuelva violento dejándose llevar por la rabia y el dolor.
Al niño lo conocemos a través de sus recuerdos y al cabrero por sus actos. Un hombre que antes de morir imparte justicia.
El aspecto más lírico y humano de la novela lo encontramos en la relación entre el niño y el cabrero viejo. De la desconfianza y estar a la defensiva el muchacho pasará a la aceptación de ayuda, al respeto y reconocimiento de una autoridad con origen en la sabiduría, a la amistad, la ternura y el amor. El cabrero actúa como si supiera lo que le pasa al chico. Está de su lado. Sabiendo que se muere le enseña a ordeñar las cabras, a buscar agua para aplacar la sed, y alimentos para paliar el hambre (impactante la cena de una rata desollada cazada dentro del cadáver de un buey), le transmite sus saberes para sobrevivir en aquel llano que impone unas especiales condiciones de vida. Porque la tierra y el paisaje son tan protagonistas como los personajes principales.
La novela se lee sin aliento, no da un momento de tregua y nos muestra una lucha desigual y desesperante de un muchacho desamparado contra la naturaleza y los hombres. Contada con una prosa perfecta y un lenguaje propio del mundo rural. Un relato épico que pasará a la historia de la literatura española y que termina con un último párrafo excelente lleno de belleza.
María García-Lliberós

La reseña de Teresa Argilés, en el foro alicantino El Libro Durmiente

La función perdida – María García-LLiberós

TÍTULO DE LA OBRA: La función perdida
AUTOR (A): María García-LLiberós
EDITORIAL: Sargantana
AÑO DE EDICIÓN: 2017
ISBN N.º: 978-84-16900-56-5
N.º DE PÁGINAS: 358
TEMÁTICA: Narrativa actual
PRECIO: 17,90 €
ENCUADERNACIÓN: tapa blanda
Reseña realizada por Teresa Argilés:
No es la primera novela que leo de García-Lliberós, quizás en las otras no había reparado, o bien no era de este mismo corte, la ironía con la que trata los temas de actualidad.
Es un libro escrito en primera persona; el propio protagonista va escribiendo sus memorias o vivencias en un momento de su vida en el que se siente fuera de lugar, echa la vista atrás y no le gusta, ahora, como ha sido, lo que no quiere decir que no la viviera con plenitud mientras se desarrollaba.
Ha utilizado cada capítulo, de los veinte que tiene, para abordar una situación vivida: cómo la trató en su momento y cual es su visión ahora. Nos muestra cómo llevó la infidelidad, la muerte de su esposa, la relación con sus hijos, su vida ahora en soledad, etc…
Ha utilizado párrafos muy largos; en un capítulo de dieciséis páginas, pueden haber quince o veinte con diálogos muy largos. Entiendo que al querer contar el protagonista su día a día, él mismo se eterniza en describir al detalle lo que piensa y lo que quiere contarnos; creo que aquí el personaje manda y la autora con su buen hacer le ha dejado. Tal vez, en esta novela María ha seguido los dictados de una frase que le decía Ana, la difunta mujer de Emilio, el protagonista: Leer novelas y vivir otras vidas, la de los personajes,…
Así le puede ocurrir al lector que cada capítulo es un momento incierto de esta España sumida en una crisis que algunos dicen que ya está superada, pero, ¿qué crisis está superada?, la económica, la de los valores, la de la moral…
Es difícil saber cual de ellas está superada, cuando se han traspasado muchas líneas. Emilio mismo, el protagonista, un hombre temido y respetado en su trabajo, también tuvo su momento de “gloria” firmando algún proyecto que no debía. Cuando lees esta novela también te das cuenta de que en este número de páginas ocurren las mismas cosas que están pasando, han sucedido y ocurrirán en la vida cotidiana.
A veces es difícil ponerse en la piel del autor para saber de qué fuentes ha bebido para contarnos lo que nos cuenta, o bien, hasta donde llega su capacidad de imaginación para contarnos una ficción, pero que es tan real como la vida misma.
Gracias María por estas hermosas y delatadoras letras que he leído y que han salido de tu pluma; espero tu siguiente obra.
Y cierro mi opinión volviendo a una frase de Ana: Como lectora me siento una exploradora de un mundo sin final.
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