miércoles, 3 de julio de 2019

"La vida a ratos", de Juan José Millás


Editorial Alfaguara, 2019.                                       

480 páginas.

Juan José Millás (Valencia, 1946), ha demostrado ser un todoterreno en cualquier género literario de ficción: novela corta y larga, microrrelato y me atrevo a incluir el microrrelato periodístico que amalgama con acierto pedagogía, crítica y análisis de la realidad política y social con dosis de fantasía y mucha ironía. La vida a ratos es una novela con forma de diario. Se compone de 194 capítulos que se corresponden con 194 semanas de la vida del personaje principal y relator, llamado, a conciencia por supuesto, Juan José Millás, escritor de oficio, un tipo hipocondríaco, que se mueve por un espacio limitado entre la cordura y la locura, que mantiene un tratamiento largo y poco eficaz con una psicoanalista argentina afincada en Madrid, obsesivo en el cumplimiento de ciertas rutinas (el gin tónic de las siete de la tarde), aficionado a automedicarse ansiolíticos, bastante solitario, inteligente observador, con miedo a enloquecer o a ser víctima de un ictus y que encuentra absurda la vida y además, sin remedio posible. Un hombre perplejo ante el mundo que le rodea y su cotidianidad. Cada capítulo es como un microrrelato que tomando cualquier hecho próximo, y la verdad es que le ocurren cosas bastante raras, le sirven para ahondar en esa sensación de extrañeza de vivir. Por eso este libro conviene leerlo sin prisas para asimilar el pensamiento que va desgranando como pequeñas píldoras.
Algún lector, y aquellos que lo conocen personalmente, podría pensar que Millás nos ha contado su vida durante los últimos tres años, pero me inclino a pensar que el proceso puede ser al revés: ha creado el personaje llamado Juan José Millás y lo ha adoptado, ha decidido vivirlo desde la perspectiva del farsante como parte del método del proceso creativo, por eso se trata de un libro de ficción. En cualquier caso, el resultado es ingenioso y la lectura divertida, el lector siente simpatía, ternura y comprensión hacia el protagonista.
El protagonista, como el autor, es profesor de un taller de escritura creativa, tan en auge en la actualidad, y me han encantado algunas observaciones que desliza sobre ellos como el ansia de los alumnos por ser escritores, no por aprender a escribir, sin haber leído lo suficiente y algunas verdades que contribuyen a desmitificar del oficio a tener en cuenta.
El personaje de la esposa, descrito a través de escasas y parcas apariciones, me ha parecido excelente como contrapunto sensato de las rarezas del protagonista. La psicoanalista, sin embargo, me ha resultado decepcionante.
A pesar de ello, no es este el mejor libro del autor. Adolece de demasiados capítulos y, como protagonista relator obsesivo, se repite con frecuencia. Me ha ocurrido algo raro mientras estaba leyéndolo: lo estaba pasando bien y, al mismo tiempo, deseaba que se acabara ya consciente de que el tema no daba más de sí. Si hubiera reducido la paginación el resultado ganaría. Es una opinión y ya sabemos lo subjetiva que es la lectura.
Un libro refrescante, ideal para acompañar un viaje, mejor en tren, pienso.
María García-Lliberós

viernes, 14 de junio de 2019

"Cinco novelas cortas", de Antón P. Chéjov


Alba Editorial, 2017.  2ª edición (1ª en 2015)
Selección y traducción de Víctor Gallego Ballestero.
Antón Chéjov pintado por su hermano Nikolai
435 páginas.

Chéjov es el maestro del relato corto pero también se aventuró con historias de mayor extensión, en torno a las cien páginas, de indudable interés. Este libro reúne cinco de ellas escritas entre 1889 y 1895 –Una historia aburrida, El duelo, La sala número seis, Relato de un desconocido y Tres años- en plena madurez literaria que contienen todas las obsesiones del autor.
Me ha gustado especialmente La sala número seis con un comienzo genial: la descripción de un hospital de locos considerado institución de beneficencia. Lo dirige un médico sin vocación que prefiere ignorar los horrores que acaecen en su interior y dedicarse a filosofar sobre el absurdo de vivir. Un nihilista que achaca la responsabilidad de la falta de honradez, no a su negligencia profesional, sino a la época. Descubrirá en una sala, la seis, un loco lúcido, Ivan Dimitrich, con el que disfrutará conversando sobre el sentido de la vida hasta acabar siendo tomado por demente y encerrado con él. Es una historia terrible que pone en evidencia los prejuicios sociales y la ignorancia colectiva capaz de cometer enormes injusticias. La melancolía, elemento central en Chéjov, está presente, al igual que el aburrimiento que como una enfermedad aqueja a la sociedad rusa del XIX.
El duelo toma como protagonista a Laievski, otro nihilista, funcionario que se definió una vez como un fracasado y un hombre superfluo. Laievski es el ejemplo del hombre que jamás se compromete con nadie ni con nada. Recibe el amor de Nadezhda, una mujer valiente que cree en el amor romántico y que ha abandonado a su marido dando la espalda a las convenciones sociales para vivir con él, una mujer enamorada que no será correspondida en la misma medida. En esta novela hay un gran trabajo en el diseño de los personajes y en la composición de los diálogos. De nuevo tropezamos con la idea de que la vida solo se concede una vez y no se repite, y a pesar de tomar conciencia de ello, la abulia, el aburrimiento, la falta de dinero o de personas con intereses comunes provocan la incapacidad para saber aprovecharla.
Relato de un desconocido, de estructura algo desconcertante, tiene elementos comunes con El duelo. Aquí también una mujer, Zinaida Fiodovna, se separa de su marido y se instala en casa de Orlov, creyéndose, de forma equivocada, apasionadamente amada. Orlov y Laievski están cortados por el mismo patrón egoísta y nihilista. Zinaida, al igual que Nadezhda, decide vivir sin atender las convenciones sociales y pagará las consecuencias. Para Orlov el goce de lo inmediato, sin compasión, es lo único que importa. Su actitud ante las mujeres revela el deseo de arrastrarlas por el fango para colocarlas a su mismo nivel moral. Es un relato desolador que confronta el romanticismo con el naturalismo y transmite desesperanza.
Estas novelas están ubicadas en medios urbanos de provincias, a diferencias de los cuentos que en su mayoría se desarrollan en un mundo rural, y se ocupa de la gente que forma la clase media, profesionales y funcionarios, malos trabajadores que asumen las corruptelas con naturalidad, jugadores de cartas y bebedores de vodka en una sociedad carcomida por un aburrimiento malicioso, hombres inútiles habituados a una rutina insatisfactoria pero sin fuerza para cambiarla. La literatura de Chéjov, novelas cortas y cuentos, son una constante denuncia de los males de su tiempo y su país.
Las cinco novelas se leen bien e interesan. Ayuda mucho la excelente prosa de Chéjov, directa, ausente de retórica y con ritmo.
María García-Lliberós




martes, 11 de junio de 2019

"Autobiografía", de Charles Darwin

Ilustraciones de Iban Barrenetxea.
Traducción de Iñigo Jáuregui
Nórdica Libro, 2019.
150 páginas.


     Vaya por delante la felicitación al editor por la manufactura de este libro, cuidadísimo, con ilustraciones deliciosas, que hace más grato aún el hecho de leer. Tener el libro entre las manos ya es un placer.
     Claro que, cuando adquieres un libro de diseño tan especial, se generan enormes expectativas respecto a su contenido. Y aquí es donde hago al señor Darwin importantes reproches.
     Cuando Darwin escribe esta Autobiografía (quizás un título más adecuado fuera el de memorias o crónica social) tenía sesenta y siete años y nos dice: "he tratado de escribir como si fuera un muerto en el otro mundo que recapitula su vida", pero no es cierto, al igual que no es que la escribiera solo para sus hijos. Un muerto estaría menos preocupado por su imagen y es obvio que escribe para la posteridad, consciente del lugar prominente que ocupa como caballero victoriano en la sociedad inglesa. El libro sufrió un camino arduo hasta ser publicado, censurado por su familia, pero él como autor también ejerció la auto censura.
Charles Darwin

     En la obra dedica mucho espacio a la figura de su padre por el que sentía devoción, un médico respetado con ojo clínico que tomó como referencia moral "aunque no cree haber aprendido de él intelectualmente". Sin embargo, habla apenas de su esposa o de sus diez hijos, la familia que él ha creado y, por supuesto nada de la doble vida que llevó durante gran parte de su existencia, un asunto vetado por la moral de la época. Si el lector espera que el autor se desnude para mostrarnos sus sentimientos, quedará defraudado. El texto se ciñe a su vida pública, como estudiante en Cambridge, científico, naturalista contratado por el capitán Robert Fitz-Roy con quien compartió camarote durante seis años en el famoso viaje en el bergantín Beagle por la costa de la Patagonia y Tierra de Fuego, el acontecimiento más grande de su vida, y como coleccionista. El único atisbo a su interior es cuando medita sobre la religión, y confiesa cómo perdió el respeto por el Antiguo testamento que define como historia del mundo manifiestamente falsa, e inicia un proceso de descreimiento lento pero completo hasta declararse agnóstico. También cuando reconoce su incapacidad para leer poesía.
     He echado de menos, por ejemplo, mayor atención al capitán Fitz-Roy, cartógrafo, uno de los primeros hombres del tiempo, de profundas creencias religiosas y, como tal, en total oposición a las teorías evolucionistas que germinaron en Darwin durante ese viaje, persona de indudable interés con el que forjó una buena amistad. La novela Hacia los confines del mundo, de  Harry Thompson (Salamandra, 2007) es muy recomendable al respecto.
     Me ha parecido un tanto prolija la lista que, como metódico coleccionista que fue, nos muestra de los contactos que mantuvo con personas importantes de su tiempo y sin embargo he echado en falta referencias más extensas a las polémicas que provocó la aparición del libro El origen de las especies en el mundo científico, el universitario y el religioso. 
     A pesar de estos reproches y de lo mucho que ha simplificado el relato de una vida aventurera y fascinante como la suya, el libro se lee muy bien, el estilo anglosajón de su prosa lo hace ágil y sencillo, pero no emociona.
     María García-Lliberós

martes, 21 de mayo de 2019

"Un libro de mártires americanos", de Joyce Carol Oates


Traducción de José Luis López Muñoz.
Editorial Alfaguara, 2017
814 páginas.

Leer a Joyce Carol Oates constituye una experiencia deslumbrante. Es una escritora americana prolífica, incansable, apabullante, con una capacidad singular para tomar el pulso a la sociedad actual, detectar sus patologías y transmitírnoslas con una prosa eficaz y lírica. Un libro de mártires americanos puede parecer excesivo en un principio y desalentar con su extensión a algunos lectores y, sin embargo, cuando lo terminas lo juzgas justo porque el tema, o los temas, lo justifican.
El libro trata del fanatismo religioso y laico ante asuntos sensibles como el aborto en los Estados Unidos. Parte del asesinato de Gus Voorhees, médico abortista, perpetrado por Luther Dunphy, “soldado de Dios”, el 2 de noviembre de 1999, en la entrada para coches del Centro de Salud Pública para Mujeres en Muskegee Falls y las consecuencias que este acto tendrá sobre las personas que forman el círculo familiar de ambos, asesino y víctima. La narración penetra en el interior de Luther Dunphy y lo disecciona. Se trata de un obrero techador en la construcción que gana poco, un pobre hombre, persona crédula, inmadura, inestable, al borde de lo patológico, tendente a asumir las consignas de su iglesia, y nos muestra el recorrido desde su infancia y adolescencia hasta su transformación en asesino obedeciendo el encargo de Dios que lo ha escogido a él para eliminar al médico que, a su vez, mata bebés, una cuestión que en su mente lo libera de responsabilidad alguna.   
Joyce Carol Oates
Nos encontramos ante una novela de personajes pues no solo Dunphy es analizado de manera exhaustiva. Gus Voorhees, el médico que se coloca al lado de la libertad de las mujeres, que pone en peligro su vida y la de su familia por llevar a cabo su misión, también, y la de sus respectivas esposas, Jeena y Enma Maes, y sus hijos, en especial Naomí y Dawn. Todos serán objetos de estudios intensos de forma que cada personaje es protagonista de una pequeña novela, siendo Un libro de mártires americanos una especie de novela de novelas, compleja y rica, al estructurarse con la agregación de todas ellas. Unas narraciones introspectivas y psicológicas pues cada uno de los personajes nos habla desde su interior revelándonos sus pensamientos.
Las dos familias, la del asesino y la del asesinado son diferentes por su pertenencia a estratos sociales muy distintos, pero los estragos que las muertes violentas de la figura del padre produce tienen elementos comunes, como si se miraran en un espejo, y constituyen un reflejo de la actual sociedad americana. El comportamiento de las madres, cada una a su manera según sus medios y cultura, les conducirá a una huida y abandono de sus roles familiares. Las hijas, Naomí y Dawn, sufrirán la pérdida del padre de manera desgarradora y buscarán reafirmar su identidad tomando caminos insólitos.
La novela es también un alegato contra la pena de muerte a través de páginas estremecedoras, de enorme crueldad, desde la prisión en la que se ejecuta a Dunphy por unos funcionarios sin preparación suficiente para aplicar la inyección fatal, lo que da lugar a prolongar la agonía hasta más de dos horas. La autora no ahorra detalles al lector.
Una novela compleja, con muchas voces, que trata asuntos con alto contenido moral, que sin duda provoca dudas e inquietud en el lector y muestra como grupos sociales ignorantes y violentos contribuyen activamente a incrementar la agresividad social. Y a pesar de ello, la lectura permite deleitarse en fragmentos de gran belleza e intensidad.
La lucidez de Joyce Carol Oates, de 81 años, nos asombra una vez más, como ya lo hizo con obras como La hija del sepulturero, Una hermosa doncella, Memorias de una viuda o Blonde, entre otras de una larga lista, que certifican su enorme calidad literaria. Estamos ante una de las grandes escritoras de nuestros tiempos.
María García-Lliberós

miércoles, 27 de marzo de 2019

"Tiempo de siega", de Guillermo Galván

Ed. Harper Collins                      

477 páginas.


     Guillermo Galván (Valencia, 1950), un escritor de largo recorrido, nos muestra su mejor pulso narrativo en esta novela policíaca situada en el Madrid de la posguerra, en 1941. Su lectura me ha recordado otra de sus mejores novelas, Antes de decirte adiós (Suma de Letras, 2010), donde unos hechos ocurridos en el Madrid de la rendición, en 1939, darán pie veinte años más tarde a una investigación criminal.  
Guillermo Galván
Tiempo de siega, o la hora de separar el trigo de la cizaña como explica en algún momento, cuenta con un buen protagonista: Carlos Lombardi, prestigioso criminalista que cumple condena como preso político, por haber sido fiel a la República, trabajando en la construcción del Valle de los Caídos en Cuelgamuros.  El espantoso crimen de un sacerdote que ha sido degollado y castrado, y que reúne características de otros anteriores investigados por Lombardi cuando estaba en activo y pendientes de resolver, hacen que Bernardo Ulloa, compañero anterior en el oficio y ocupando, ahora, un buen puesto en la policía franquista tras su pase oportuno al bando nacional, se acuerde de él y le ofrezca colaborar en la identificación y captura del asesino a cambio de una rebaja de la pena.
     Lombardi es un tipo duro, racional, con capacidad deductiva, irónico, vulnerable a las tentaciones carnales, a veces algo impulsivo o incluso ingenuo, tenaz, de buen corazón y generoso. Aceptará el encargo, a pesar de la repugnancia que le provoca el nuevo régimen, y se enfrentará a cinco macabros asesinatos de personas relacionadas con la Iglesia y alguna con enorme influencia en el aparato de poder del nuevo régimen.
     Tiempo de siega cuenta con un comienzo de la novela trepidante y atractivo que te predispone a disfrutarla, Tiene una trama lo suficiente enrevesada para mantener el interés hasta el final. Recrea la atmósfera de ese Madrid, herido por la guerra, en reconstrucción, con demasiadas sotanas y camisas azules por sus calles, con gente todavía escondida, muerta en vida y otra demasiado satisfecha, con una policía segura de su impunidad, al igual que el clero tan proclive a tapar sus muchas vergüenzas. 
     La novela puede calificarse de histórica por cuanto ha utilizado un puñado de personajes reales de oscura trayectoria como el periodista Lazar, avanzadilla de Hitler  en la embajada alemana en Madrid y con enorme influencia en la prensa española, Bernard Malley, diplomático homosexual incorporado a la embajada inglesa y mediador  en las relaciones con Serrano Suñer, el canónigo Leocadio Lobo, fiel a la República, suspendido a divinis por su obispo y exiliado a América y Bartolomé Llopis, médico psiquiatra del Hospital Provincial y depurado al acabar la guerra. Todos ellos, cada cual desde sus intereses, participan de alguna manera en el esclarecimiento del misterio.
     No quiero desvelar más de esta historia porque lo debe hacer el lector. Tan solo apuntar que me ha tenido obsesionada unos días, porque lo que cuenta deja su huella, y que su lectura es muy oportuna en estos tiempos en que afloran amenazantes nostalgias del franquismo a la conquista de nuevo del poder. Para los que no lo vivieron, para los que han decidido olvidar, para los que prefieren no creer lo que pasó, la lectura de Tiempo de siega les removerá un poco por dentro. En cualquier caso, es una estupenda y recomendable novela policíaca.
     María García-Lliberós

lunes, 18 de marzo de 2019

"Feliz final", de Isaac Rosa

Editorial Seix Barral, octubre de 2018
336 páginas.

     El tema de esta novela es el desamor entre una pareja que se inició enamorada y, tras trece años juntos, se divorcia. Pero en lugar de intentar olvidar lo antes posible, estas personas deciden efectuar una disección detallada de lo que ha sido su relación, una especie de terapia que les permita valorar lo bueno que tuvieron y colocar en su sitio lo malo para reanudar sus vidas sin traumas. 
     Hay dos aspectos novedosos que me gustaría destacar.
Isacc Rosa
Por un lado, la estructura del relato sigue un orden cronológico singular pues no empieza por el principio para llegar al final, sino que lo hace al revés. Así, parte de los hechos más recientes, y también más dolorosos, para ir, cada uno de los protagonistas, desescombrando 
(como el trabajo de un arqueólogo) sus respectivas memorias hasta llegar al comienzo de su relación, al primer encuentro y reconocimiento del otro, la época del deslumbramiento, la más gozosa porque se forjan las ilusiones y se deposita la confianza en el otro. 
     El segundo aspecto es que hay dos voces narrativas alternantes, la de él y la de ella, que utilizan la segunda persona, pues el relato discurre como un intercambio epistolar entre ellos o una conversación, a la que el lector asiste pasivo aunque no indiferente pues hay múltiples elementos con los que identificarse.
     Isaac Rosa (Sevilla, 1974) despliega todo su potencial narrativo, que es mucho, para bucear en el alma de sus protagonistas, pues esta novela es profundamente psicológica. Muestra un gran conocimiento de la condición humana, del amor y de las primeras decepciones, de la pasión y el deseo, de los silencios que ocultan anhelos no compartidos, de los reproches, del desgaste que produce la convivencia, de las discrepancias respecto a la educación de los hijos, el rol de la madre en la familia y la desigual importancia del trabajo externo, del éxito profesional. Temas cercanos que nos afectan a todos, que hemos observado en otros o en nosotros mismos y que Feliz final (también el título está al revés porque el final de la novela es feliz porque cuenta el principio de la historia), en ese largo y denso diálogo nos muestra como en un espejo.
     Una lectura que interesa, pero exige lentitud para asimilar tanta reflexión. La prosa es rica y más que correcta.

     María García-Lliberós

domingo, 3 de febrero de 2019

"El salto de papá", de Martín Sivak


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Prólogo de Claudia Piñeiro.                  

Editorial Seix Barral, 2018.
313 páginas.

El salto de papá es un libro difícil de etiquetar que está teniendo un éxito extraordinario en Argentina porque, entre otras causas, los Sivak son, o han sido, una familia poderosa y con capacidad de influencia en los años terribles de las dictaduras militares y primeros gobiernos democráticos. El autor es hijo de Jorge Sivak, un financiero que se suicidó el 5 de diciembre de 1990, un día antes de que su banco fuera declarado en quiebra, tirándose desde un piso décimo sexto, de ahí el título, en el que vivía Samuel Sivak, patriarca de la dinastía. Entonces Martín tenía 15 años y admiraba a su padre. El impacto de su muerte fue brutal y encontrar una explicación a ese suicidio se convirtió en algo obsesivo. El salto de papá es el resultado de su investigación, una terapia intermitente en la que ha vivido durante casi treinta años.
Cinco años antes, en 1985, su tío Osvaldo, quien compartía con su padre la titularidad y gestión de los negocios, fue secuestrado y asesinado tras cobrar el rescate, por un grupo de policías corruptos que habían quedado en el paro tras la limpieza que hizo el presidente Raúl Alfonsín al llegar al poder poniendo fin a la dictadura militar. Osvaldo está considerado como uno de los “desaparecidos” de la época de las dictaduras. Estos dos hechos, el suicidio y el secuestro, van a condicionar en gran medida el desarrollo del libro, al igual que condicionaron la vida del autor.
El salto de papá es, en primer lugar, un homenaje al padre, hecho desde el amor filial más puro. Se concreta en una recuperación de su personalidad y es, en este afán, donde el autor crea un gran personaje literario: el de Jorge Sivak. Surge como un hombre contradictorio que vive con sinceridad esas contradicciones. De convicciones comunistas, admirador de Stalin por su lucha contra el nazismo, militante del Partido Comunista de Argentina, y presidente, al mismo tiempo, de una entidad bancaria del entramado de un sistema capitalista. Una combinación pintoresca, sin duda, que debió crearle problemas. Un hombre de personalidad arrolladora, caótico, desastrado, con encanto a pesar de ello, generoso, leal a sus amigos y a su equipo de fútbol, pésimo gestor económico –intentó negocios con los países del bloque soviético para traer un poco de socialismo a su país y no salió bien ninguno-, atormentado por el secuestro y asesinato de su hermano y el curso de los acontecimientos posteriores, por los reproches de Marta, su ambiciosa cuñada que le acusó del desenlace del mismo. Martín Sivak no oculta los grandes defectos de su padre y, sin embargo, consigue despertar en el lector cariño por él, comprensión, tolerancia y simpatía.
Martín Sivak (Buenos Aires, 1975)
El salto de papá es también una crónica social y política de la Argentina durante las dictaduras militares y de cómo “el horror se filtró por distintas fisuras durante los primeros años de la democracia”, según palabras del acertado prólogo de Claudia Piñeiro que abre el texto. Martín Sivak, para llevar a cabo su investigación, se entrevista con decenas de personas que tuvieron alguna relación con su padre, y deja constancia de ellas. Políticos, editores, periodistas, militares, empleados suyos que le robaron, personas conocidas en la sociedad de allá, que aparecen con sus nombres y apellidos, pues el libro tiene también su parte importante de ajuste personal de cuentas, una cuestión que, sin duda, le guste o no al autor, haya sido o no su objetivo, ha debido contribuir en el incremento comercial del libro. Estas múltiples referencias locales despiertan menos interés en España donde la mayoría son actores desconocidos.
Finalmente, El salto de papá es un ejercicio de introspección en torno a los sentimientos del autor hacia su familia y, en especial, hacia su padre. También respecto al dolor y su superación, a la muerte y la ausencia. Martín Sivak nos habla de sí mismo o se habla sobre sí mismo y expone su largo proceso de duelo hasta que supo encontrar su punto final.
Un libro emotivo que se lee con gusto. Un acierto de la edición el haber mantenido el lenguaje, el español de Argentina, sin cambios.

María García-Lliberós


martes, 22 de enero de 2019

"Las óperas perdidas de Francesca Scotto", de Elena Casero


 
Elena Casero y la portada de la novela
Talentura Libros, 2018
310 páginas.

Elena Casero (Valencia, 1954) es una escritora prolífica, autora de novelas como Tango sin memoria (1996) y Donde nunca pasa nada (2014), y libros de relatos cortos y microrrelatos como Discordancias (2012) y Luna de Perigeo (2016), en los que brilla con luz propia. En esta ocasión nos ofrece una novela larga sobre la maldad que genera el rencor. A su lado, la venganza y la crueldad emergen como instrumentos esenciales al servicio de la misma. El tema obliga a profundizar en los aspectos psicológicos de los personajes, pues el rencor profundo no es un sentimiento espontáneo sino que viene provocado por alguna injusticia o humillación en el pasado que ha abierto una herida en el interior de las personas.
El desarrollo argumental de esta idea sitúa la trama en el mundo de la ópera. Con músicos, directores de orquesta, críticos, estudiosos musicales, coleccionistas de partituras antiguas y otros intelectuales afines, teje la autora una intriga que se desarrolla en el mundo contemporáneo pero tiene sus raíces en la Italia del siglo XVII, en el que vivió Fracesca Scotto, autora de la ópera L’amore del cavaliere, y algunas otras, pero su condición de mujer, como en tantas ocasiones, favoreció su olvido por la Historia.
Ricardo, argentino de nacimiento, con un pasado que intenta borrar, prestigioso y arrogante director de orquesta, compra a un librero de viejo una partitura de la ópera mencionada sin tener la seguridad de su autenticidad. La existencia de ese documento, valiosísimo de ser el original, pondrá en marcha una reacción sorprendente en Karolina, violinista y compañera de vida que, a su vez, provocará la repentina muerte de Ricardo.  Sus más allegados, Alberto, su asistente personal, Patricia, su ama de llaves, Fernando, crítico musical, y George propietario inicial de la partitura, se unirán para investigar los hechos, descubrir la verdad y desvelar el misterio.
Una novela que sólo puede haberla escrito una persona con conocimientos musicales, que ame y conozca esos ambientes. Elena Casero cumple esta condición, me consta que ha estudiado música y toca el oboe en la banda de su pueblo. Resulta interesante e instructivo el descubrimiento para el lector de este mundo deslumbrante con entresijos capaces de acoger la tragedia y las pasiones.
Elena Casero
Los personajes están diseñados con inteligencia. El que más interés me ha despertado es el de Patricia, también de procedencia argentina que ha vivido la terrible época de las dictaduras militares, alejada de estereotipos y con fuerza, con la pizca de ironía necesaria y bastante generosidad. Karolina constituye el personaje ausente que desde la distancia está moviendo a todos, la mujer fatal que no perdona y se condena a la soledad.
Las óperas perdidas de Francesca Scotto no es una novela negra propiamente dicha, pero toma algunos de sus elementos, como la turbiedad del texto. El lector ni siquiera está seguro de encontrarse ante un crimen aunque haya un muerto que reclame justicia. La autora juega con la elipsis y la confusión, deja al lector de imagine escenas y posterga explicaciones para alimentar el enigma que alimenta la curiosidad. La primera parte se sucede con un ritmo lento, como si el texto quedara suspendido en el aire mientras toma impulso, lo que consigue plenamente en la segunda.
Una novela amena y de interés creciente. Léanla.
María García-Lliberós


martes, 15 de enero de 2019

"30 maneras de quitarse el sombrero", de Elvira Lindo


Ed. Seix Barral,  2018.       
     
285 páginas.

Colección de 30 micro ensayos en torno a mujeres (y algunos personajes literarios femeninos) que, de alguna manera, por su vida o por sus escritos, han influido sobre Elvira Lindo, de las que ha aprendido algo y con las que se ha sentido identificada. Rasgos comunes son la valentía, la rebeldía, el inconformismo ante las actitudes que la sociedad ha atribuido a las mujeres para que sean como “deben ser”, la tenacidad y el afán de justicia. El trigésimo es un autorretrato de la autora en el que se califica como mujer inconveniente y lo acompaña de un dibujo de ella como una payasa con chistera. Sin embargo, en este libro Elvira Lindo, una escritora que domina los recursos de la comicidad, no busca hacer gracia ni ser graciosa, porque aborda asuntos que no la tienen y que, al contrario, le han provocado indignación o tristeza en su momento por injustos, o admiración, piedad, y empatía por la mujer que los ha protagonizado y sufrido.                                       
Elvira Lindo
En esta obra Elvira Lindo evidencia varias cosas: que posee una amplísima cultura literaria al igual que una enorme capacidad crítica y que sus valoraciones sabe exponerlas con una prosa cuidada y rica. Me ha gustado, especialmente, el ensayo titulado Tristana o el amor libre, por la forma cómo nos presenta el personaje y las conexiones con la biografía de su creador, don Benito Pérez Galdós, reflejado en ese don Lope egoísta, mujeriego, alejado de cualquier compromiso que trata a la mujer como pieza de placer sin importarle su deshonra, y territorio en el que ejercer el dominio, mientras respeta las formas exquisitas de su educación burguesa. Tristana fue escrita en 1891 cuando Galdós mantenía una relación con la joven aspirante a actriz Concha Morell, en quien se inspiró. Incisiva la conexión que hace con la película de Luis Buñuel inspirada en la novela de Galdós y la interpretación que hizo el genial director del deseo erótico de don Lope. Un análisis muy inteligente, de alto valor intelectual y ponderado pues muestra también la parte feminista de Galdós que siempre se preguntó qué habría sido de las mujeres si la sociedad no les hubiera cortado las alas.
El recorrido comienza con otro personaje literario, el de Pippi Calzaslargas “una criatura que estando sola en el mundo no se presenta jamás como víctima”, una anarquista salvaje y libre, con la que Lindo mantuvo gran sintonía durante su infancia. En este tipo de relatos es dónde aflora con mayor nitidez la sensibilidad de la autora.
De alguna manera, la biografía y personalidad de Lindo está presente a lo largo del libro al enfatizar los rasgos de sus protagonistas en los que ella se ha sentido próxima. Nos habla de ella a través de otras mujeres. Así conocemos su frustrada vocación de actriz y su conexión melancólica con el mundo de los cómicos cuando se acerca a la figura de María Guerrero. O su condición de niña especial que no cumplía con las exigencias de la feminidad establecida, al hablarnos de Elena Fortún, la creadora de Celia.
Especial interés me ha provocado la figura de Joyce Maynard y su terrible experiencia con J. D. Salinger, ya famoso por su obra El guardián entre el centeno, un manipulador misántropo de 53 años ante una presa inocente de 18. Por contarlo, por evidenciar la resistencia de los intelectuales a la igualdad de las mujeres y su fascinación por el poder sobre ellas, Maynard sufrió las críticas más feroces de sus coetáneos.
En definitiva, un libro interesante del que se aprende mucho, resultado de muchas horas de investigación y lectura por parte de Lindo, que nos muestra de manera interpuesta la cara más intelectual de la autora, la más intimista y oculta hasta el momento. Me ha sorprendido que en su autorretrato dedique atención a lo que significó en su vida Manolito gafotas y sus artículos de la serie Tinto de verano que publicó El País y no diga nada de su faceta como novelista. Respecto a los artículos, parece como si necesitara justificarse ante críticas recibidas, no por la calidad literaria de los mismos sino por la sátira que incluía respecto a “su santo” que confundieron con el entonces director del Instituto Cervantes en Nueva York. No me ha parecido necesario porque las críticas necias no merecen respuesta. Un pequeño reproche que no ensombrece los méritos del libro.

María García-Lliberós




miércoles, 26 de diciembre de 2018

Los personajes femeninos en la novela "La función perdida"

Este fue el título de la conferencia que impartí el pasado 19 de diciembre en la Biblioteca de la Dona de Valencia. La introducción la hizo la poeta y crítica literaria Gloria de Frutos y se extendió también sobre personajes femeninos de otras de mis novelas. Ella ha leído toda mi obra y sabía de lo que hablaba. Ha sido tan amable de enviarme el texto que con gusto comparto con los lectores de este blog.

Introducción de Gloria de Frutos.
Gloria de Frutos y María García-Lliberós
Buenas  tardes. Es para mí  un privilegio y motivo de alegría estar hoy en la Biblioteca de la Dona, lugar de encuentro y consulta donde siempre somos bien acogidas por Carmen su bibliotecaria. Hoy de manera especial es un honor estar con la escritora María García-Lliberós a la que conozco desde hace muchos años y con la que comparto el placer por la lectura. María es una de mis escritoras predilectas a la que admiro profundamente, mi fascinación  por  ella se ha ido consolidando a través de su obra, desde “La Encuestadora” publicada en 1992, ganadora del premio Gabriel Sijé, hasta la “La función perdida”, la novela que hoy nos reúne. María ha colmado las expectativas de una lectora habitual, como son, el hecho de disfrutar con la lectura y  la posibilidad de aprender siempre algo nuevo. Es una gran crítica literaria pues desde su blog “Crónicas de lecturas” ejerce una estupenda labor de fomento de la lectura, por medio de las reseñas y las recomendaciones que todos los veranos nos sugiere con títulos que nunca defraudan. Admiro a María como mujer comprometida y solidaria con la que siempre se puede contar y a la que tengo un cariño muy especial.
Al preparar esta presentación he revisado as novelas de María García-Lliberós y me doy cuenta de lo importante que es su obra para conocer el tiempo que nos ha tocado vivir. Siempre he mantenido la teoría de que la persona que escribe novelas es el “otro historiador”. El que muestra la vida cotidiana  de un tiempo, las costumbres, los conflictos, los sentimientos. No se limita a exponer unos hechos puntuales con sus causas y consecuencias políticas sino que nos muestra la sociedad de una época determinada, deja que hablen esos protagonistas anónimos que la forman. Para entender el siglo XX y lo que llevamos del XXI os recomiendo leer las novelas de María.
En La función perdida María se vale del protagonista, Emilio Ferrer, personaje que atrapa desde el principio, para abordar realidades sociales  que se han convertido en verdaderos iconos de la actualidad: la supervivencia después de la jubilación con todas las circunstancias sociales y personales que esto implica. La soledad tras la pérdida de la pareja, las relaciones con los hijos, el empleo del tiempo, etcétera. Emilio Ferrer hace una revisión de la vida que ha llevado hasta ese momento y de alguna manera se rebela ante el hecho de ser un ciudadano pasivo. Pero hay mucho más, en esta novela. María ha construido unos personajes que a través del  escepticismo y la ironía de Emilio, la amistad incondicional de Guillermo y la naturalidad de Nacho se oponen a Jaime Fontelles, Eduardo Palacios, José Luis Simó y Gerardo. Tengo que confesar  que Emilio Ferrer es un personaje que me ha cautivado con todos sus defectos y virtudes por  ese sentido práctico que le lleva a adaptarse a cada  circunstancia.
Se puede considerar que La función perdida recrea un mundo masculino, pero no es del todo cierto.  Los personajes femeninos de los que nos va a hablar luego María son cruciales para el desarrollo de la trama y componen un puzzle donde todo encaja y se resuelve de manera impecable. Como la conferencia de María trata de las mujeres en La función perdida yo he hecho una breve revisión de los personajes femeninos de sus novelas anteriores para ampliar esa evolución de la mujer en un mundo de poder masculino, porque mirando hacia atrás se entiende mejor el presente.
Todas las mujeres en la obra de María García-Lliberós tienen en común la lucha por la libertad, la búsqueda de su identidad como ciudadanas de pleno derecho y la conquista de la felicidad. Cada una desde diferentes profesiones y estatus social, con distintas estrategias aportan una visión de las dificultades que han tenido que superar hasta conseguir la igualdad, el  reconocimiento o el poder.
No voy a seguir un orden cronológico de publicación de sus novelas sino que voy a empezar por una protagonista que sentí muy cercana, quizás porque tendría más o menos la edad de mi madre y me ayudó a entender a la generación  que me precedió.
Se trata de Berta, la protagonista de Babas de caracol publicada en el 2006, una mujer que es toda una lección de resistencia a la adversidad. Nace a principios del siglo XX y muere en el 2002, sufre el peso de una educación orientada para ser una buena esposa y mejor madre: algo de cultura general, costura y mucha moral religiosa. Babas de caracol es, bajo mi punto  de vista   la novela más elaborada o completa ya que abarca casi cien años de nuestra historia y está  bien documentada respecto a la  época en la que suceden los acontecimientos y sobre los términos legales de los que depende la  ejecución  de la  última  voluntad de la protagonista. Berta es testigo de nuestra historia, conoce una república, una guerra, una dictadura y una transición. Sin embargo Berta es víctima de la  calumnia en una sociedad intolerante cuyas consecuencias marcarán  su vida para siempre,  se  comete con ella una  injusticia desde la intimidad del hogar, siendo el blanco perfecto para los hombres que la rodearon, el padre, el marido incluso el hijo.
 En Equívocos (1999) los personajes son los propios narradores que cuentan la historia  desde su punto de vista personal. Según se avanza en la lectura, es el lector quien ordena todas las piezas hasta llegar a una de las protagonistas que, para  mi, se convierte en el eje de la historia: Pilar cambia la perspectiva de la trama. Relata las  falsas  apariencias de una sociedad injusta que se divide entre ganadores y perdedores generando amargura y frustración. Pilar es un personaje que todas hemos podido conocer de alguna manera, son esa clase de mujeres que se someten a una vida de falso bienestar y a unas ideas que no comparte para favorecer a sus padres y devolverles la casa que les fue arrebatada de manera ilegal. Equívocos fue finalista del Premio de novela Ateneo de Sevilla. Obtuvo el Premio de la Crítica Valenciana y se llevó al cine por el director valenciano Miguel Perelló con el  título de Mentiras.
Eva, la protagonista de La encuestadora muestra cómo la soledad interior de muchas mujeres, aun estando acompañadas, genera la necesidad de vivir algo diferente para liberarse de una existencia anodina. Eva encarna a esa mujer de finales del siglo XX que con valentía asume su sexualidad. Se trata de la liberación de la mujer en el terreno emocional, en el profesional ya se había dado, pero en el ámbito sentimental todavía era necesario derribar ciertos tabúes y Eva hace una incursión en este territorio femenino tan desconocido a veces por la propia mujer.
 El juego de los espejos (1996) narra  con un lenguaje muy dinámico una historia con cierta intriga cercana a la novela negra. Violeta Navarro es una mujer de 35 años tan atractiva como ambiciosa, tiene una gran intuición que utiliza para conseguir sus propósitos. Violeta dirige una empresa pública y se encuentra con Emerano Alcántara, auditor y poeta, un escritor con poca  fortuna con una vida insulsa que se ve  envuelto en la intriga de un premio literario. Paula, la esposa de Emerano es también una mujer astuta, poco atractiva pero constante hasta conseguir conquistar a Emerano ya que para ella el matrimonio es un seguro de vida.
 Para Violeta, el poder y el dinero, son la clave del éxito y para conseguirlo no duda en utilizar todos los medios de los que dispone. El juego de los espejos nos muestra  una sociedad egoísta, agresiva y competitiva. Se trata del mundo de los ejecutivos que con la nueva moral de los tiempos que corren a finales del milenio, parece disculpar la manera de ser de estos personajes como aceptando que son la consecuencia de la era que les toca vivir.  
El  hecho  de que el  mundo literario esté presente  en la  novela, añadió para mí un interés especial dado que entonces yo desconocía en parte los entresijos de los concursos literarios y todo lo relacionado con los jurados de los premios.
Como ángeles en un burdel (2002), Premio de novela Ateneo de Sevilla, es una novela  con un punto de crudeza que  inquieta. María  García-Lliberós se mete en la piel de la joven Angélica, de 31 años, que tiene una  relación tormentosa, desde muy jovencita, con un hombre mucho mayor que ella, Miguel, quien la seduce y manipula hasta crearle una dependencia absoluta. Una se pregunta cómo a finales del siglo XX con los cambios sociológicos conseguidos, con una transición que no fue perfecta pero que dio paso a libertades imprescindibles, todavía hubiera  mujeres tan necesitadas de afecto para sentirse bien y que esta circunstancia las llevara a un sometimiento tremendo. Esta necesidad de sentirse querida la obliga a hacer cosas que no desea, por agradar a Miguel, el hombre que la domina de manera calculadora,  para luego echarle en cara que  carece de criterios propios o que es insegura.El desenlace de la novela es muy fuerte porque la única salida que ve Angélica de ese dominio es la desaparición de su amo. Tengo que reconocer que este es uno de los personajes de la obra de María que más me ha hecho reflexionar. Sin querer he juzgado a Angélica y el veredicto no ha sido indulgente. Puedo entenderla, pero no aprobarla.
Lucía o la fragilidad de las fuertes (2011) nos presenta otra clase de mujer independiente, heredera  de la fortaleza  de las  mujeres  que  la han precedido. El descubrimiento de un secreto  familiar cambiará el  concepto  que  Lucía  tenía  del pasado  y le hará  tomar  decisiones importantes sobre su  futuro. Lucía se reencuentra con  Paloma y Lola sus amigas de la infancia. Se trata de mujeres cuya independencia económica les ha proporcionado una  libertad  que las tres amigas han aprovechado, cada una a su estilo. Lucía o la fragilidad de las fuertes habla de una nueva generación de mujeres viviendo en una democracia por la que lucharon en su juventud. El título de esta novela me inspiró un poema llamado “La fragilidad de las fuertes” que ha sido publicado en diversas antologías. Por supuesto pedí permiso a María para utilizar el título de su novela pues me parecía muy acertado.
En Diario de una sombra (2015) Elsa es una mujer que habla por medio de su diario y dos o tres cartas que tardan 30 años en leerse por el abogado Gabriel Pradera con el que tuvo un romance en Londres. Como todo acto tiene sus consecuencias, esta relación la tuvo con el  nombre de Gonzalo. Elsa no se valora lo suficiente por lo que se deduce de su diario, tiene a su amante en un pedestal y cuando este desaparece de su vida asume el abandono con dignidad aunque nunca deja de amarlo. Nuria, la esposa de Gabriel no tiene la culpa de ser la hija de un banquero que la convierte en la esposa útil para que un hombre ambicioso  medre  en un mundo de influencias y lujo. Hay otra mujer en la trama de la novela, Cristina,  cuya ambición y malas artes precipita el desenlace. Doña Manuela es un personaje entrañable con la sabiduría que da la edad para comprender a los seres queridos y la capacidad de olvidar todo cuanto lesione el sosiego de su vejez.
Y llegamos a La función perdida: Ana, Trini, Elena y Marisita en la vida de Emilio. Adela, Adelita y Sara en la vida de Guillermo y como secundarias están Scarlett, Cristina y  Mercedes. Todas son mujeres auténticas que dan mucho juego a la trama y merecen un amplio debate, pero para eso cedo la palabra a la autora para que nos desvele la psicología de cada una de ellas.
Gloria de Frutos

martes, 25 de diciembre de 2018

"Hotel Voramar", de González de la Cuesta



Editorial Sargantana, 2018.
266 páginas.

Tercera novela de González de la Cuesta (Madrid, 1958). La acción transcurre entre Castellón y Benicasim, donde se encuentra el Hotel Voramar en un enclave delicioso frente al Mediterráneo. Ese hotel, inaugurado en 1930 y todavía prestando servicio en la actualidad, ha sido escenario privilegiado de importantes encuentros. Durante la Guerra Civil fue hospital de las Brigadas Internacionales en una primera fase y de las tropas de Franco después. También fue, en la posguerra, sede de la Sección Femenina hasta 1950 momento en que recupera su función de hotel. Los que conocemos la belleza de la costa de Benicasim, su Paseo Marítimo y las conocidas Villas o casas de veraneo de las familias burguesas de Valencia y Castellón, no nos sorprende que se escoja como escenario de una trama novelesca porque cumple los requisitos para el encuentro romántico y para la tragedia criminal, dos elementos presentes en esta obra. González de la Cuesta, que aunque nacido madrileño reside en Castellón, lo ha tenido claro y convierte con acierto al Hotel Voramar y al paisaje de su entorno en protagonista esencial de la novela.
González de la Cuesta
La novela tiene dos partes y un epílogo. La primera atiende a un encuentro en el Hotel Voramar, en 1957, entre Marcos Sampedro, propietario de un próspero comercio en Madrid y miembro del Comité Central del Partido Comunista de España, y Petra Müller, bella mujer alemana portadora de una dolorosa carga derivada de su pasado como esposa de un nazi miembro de las SS y su posterior paso por un campo de concentración al descubrirse su origen judío. Ambos se hallan huyendo de algo. El autor tiene aquí el segundo acierto al tratar dos temas literariamente poco explotados y con abundante material novelable: las interioridades del PCE, en aquellos años feroz con cualquier disidencia aunque esta se limitara a expresar una opinión crítica con la dirección, y penetrar en la vida doméstica y en las instituciones menos conocidas del régimen nazi, como las Lebesborn, el sitio donde chicas convencidas acudían a engendrar hijos arios para la nueva Alemania, temas jugosos que dan mucho de sí y aseguran la tensión narrativa.
La segunda parte transcurre en la actualidad y adopta técnicas del género negro. Sesenta años más tarde Lola Vallard, nieta de Petra, una mujer también muy bella, se encontrará con Jacobo López, abogado de Castellón en el Hotel Voramar para encargarle un caso: desentrañar el misterio en torno a la identidad de su abuelo Marcos y su extraño asesinato.
El Hotel Voramar volverá a ejercer su influjo sobre esta pareja convirtiéndose en escenario de una historia de amor que recordará la anterior a la par que se desarrolla el curso detectivesco de la acción. Aquí González de la Cuesta nos depara una sorpresa al conectar con las cloacas del régimen de Franco y la protección que ejerció, desde el Ministerio del Interior, sobre los nazis refugiados en nuestro país.
Una novela de ambientación histórica que incentiva la curiosidad conforme avanza y, si bien la prosa es mejorable y la resolución del caso descansa en un exceso de intuición por parte del abogado detective, el lector queda atrapado por el relato que nos cuenta apoyado en abundante documentación sólida con la que teje una trama atractiva, en el tratamiento cosmopolita de la ciudad de Castellón y Benisasim, y en el encanto de los personajes protagonistas y algunos secundarios. Son los elementos que hacen recomendable el libro.
Se adjunta un listado de personajes ficticios y otro de personajes no ficticios esclarecedor sobre los famosos clientes del Hotel Voramar y las figuras políticas relevantes de la época.
María García-Lliberós



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