viernes, 31 de julio de 2015

"Como la sombra que se va", de Antonio Muñoz Molina

Ed. Seix Barral, 2014                                 
531 páginas.
21,90 € en papel; 10,44 € en ebook.

          Esta novela, demasiado larga, de Muñoz Molina descansa en el trenzado de dos relatos, cada uno con entidad en sí mismos, que tienen en común la ciudad de Lisboa convertida en espléndido escenario literario, y un tercero que se traslada a Memphis. 
          Tal vez todo empezó cuando Muñoz Molina supo que el asesino de Martin Luther King, James Earl Ray, estuvo en 1969 diez días en Lisboa en su huida de catorce meses antes de su detención y se propuso, en 2014, novelar esa estancia que, a su vez, le evocaba la suya, en 1985, con la excusa de conocer la atmósfera que luego recrearía, marcando estilo propio, en la obra que lo encumbró a la cima del éxito, la maravillosa El invierno en Lisboa. Los seguidores de Muñoz Molina recordamos el impacto y la devoción hacia su autor que nos produjo esa novela.
          Un relato pues lo nutren los recuerdos autobiográficos de cuando vivía en Granada, tenía 31 años, estaba casado con dos hijos pequeños y se sentía cautivo de sus circuntancias familiares y laborales. Se nos presenta como un mal marido y mal padre, casi como buscando una expiación a cierto sentimiento culpable. Su primer viaje a Lisboa tuvo mucho de huida de esas circunstancias que siente axfisiantes. Fue solo en busca del paisaje y el sentimiento de la novela que escribía, cuyo enorme éxito le cambiaría por completo la existencia. Y es ese sentimiento de huida lo que le permite imaginar, 30 años más tarde, el yo profundo del otro prófugo, éste de la justicia, su deslumbramiento ante las luces de la ciudad, su extrañamiento ante una lengua que no comprende, su soledad. De forma que, el propio autor y el asesino de Martin Luther King, cuyo nombre se omite, comparten protagonismo, de forma alternante, unidos por esa casualidad de haber recalado en la ciudad de Lisboa. Un hilo demasiado frágil del que la historia se resiente. Las referencias sobre las andanzas de James Earl Roy, sacadas de los informe policiales, resultan demasiado descriptivas, repetitivas e incluso tediosas, a costa de un mayor análisis de la personalidad del autor y los motivos para cometer su crimen que se echan en falta. Lo más interesante de esta parte son las reflexiones sobre el proceso de escritura de una novela que "se escribe para confesarse y para esconderse" (página 257), su autoanálisis, y la mirada observadora y amorosa del autor sobre la ciudad.
          La otra historia se desarrolla en Memphis, a donde acude con su segunda mujer y siendo un escritor de éxito, para conocer los sitios en los que estuvo Martin Luther King y su asesino en los días anteriores al suceso. De nuevo mezcla hechos históricos con otros de su vida personal y familiar que enturbian el relato principal y lo debilitan. Muy interesante la desmitificación que efectua del líder americano, la distinta percepción que de él tienen blancos y negros, la violencia irracional hacia el negro de la comunidad blanca, caldo de cultivo para la aparición de solitarios salva patrias capaces, con frialdad de espanto, de apretar el gatillo de un fusil con mira telescópica, segar una vida y comenzar otra de perpetuo fugitivo.
          La novela, como todas las de Muñoz Molina, exhibe una prosa excelente, tiene páginas maravillosas y otras suprimibles con exceso de datos y repetición de los mismos. Según el texto, la terminó de escribir en septiembre de 2014 y la primera edición es de noviembre del mismo año. Tal vez, si la hubiera sometido a una última lectura, no hubiera sido superventas en la campaña de Navidad, pero, sin duda, la obra hubiera ganado mucho.

lunes, 20 de julio de 2015

"Asalto al tren pagador", de José Antonio Vidal Castaño

Ediciones de Mandor (Carena editors, SL)
febrero 2015            
195 páginas. 
17,00 €


         


A José Antonio Vidal Castaño (Valencia, 1941) lo conozco desde hace tiempo por motivos ajenos por completo a la literatura, pero fue esta pasada primavera cuando, tras décadas sin vernos, nos reencontramos en un club de lectura, precisamente, y descubrí esta faceta suya. Es un hombre culto, experimentado, con un sólido bagaje cultural, una conversación amena y con capacidad de observación, cualidades necesarias todas ellas que deben acompañar a quien aspire a ser escritor. Aunque no suficientes. Vidal Castaño, además, por fortuna, sabe escribir, y lo hace muy bien.
          Bajo el título Asalto al tren pagador se reunen doce relatos cortos. Algunos inspirados en hechos ciertos, otros con mayor presencia de la fantasía. De mucho le ha servido ser doctor en Historia Contemporánea y sus conocimientos de la época de la segunda República, la guerra civil, y los durísimos años de la posguerra franquista y su implacable persecución a la guerrilla escondida en los montes de Valencia y Teruel. Pero no piense el lector que los relatos se ciñen sólo a este período ni a esta temática. A eso une su capacidad para fabular y armar historias, su conciencia política, su cultura cinematográfica, nutriente de ensoñaciones literarias, y libresca y, sobre todo, un pulso narrativo poderoso que convierte, sin perseguirlo, lo que cuenta en importante. Así consigue cautivar la atención del lector. Me ha gustado su prosa adaptada con precisión a momentos trágicos y a otros sensuales, de un erotismo carnal, diáfano, con personajes fuertes que gozan del sexo sin contemplaciones. Tampoco le falta ironía ni sentido del humor.
          En definitiva, un libro que se lee con placer, en el que cada relato incrementa las expectarivas respecto al siguiente, que sorprende a veces por su crudeza, otras por el argumento o por los personajes y que en ningún caso deja indiferente. Se lo dice una lectora que no tiene al relato corto como su género preferido.
          María García-Lliberós
          

sábado, 11 de julio de 2015

"Sus ojos en mí", de Fernando Delgado



Fernando Delgado











Premio Azorín de novela 2015
Editorial Planeta, 2015

301 páginas. 20,00 € en papel.


            Nos encontramos ante la obra más ambiciosa y de estructura más compleja de Fernando Delgado. Sus ojos en mí figura ser una novela firmada por Ronald Weyler en 1980, resultado de la fusión de tres relatos para convertirlos en uno. El primero es una novelita escrita por su sobrino, Julio Weyler o Fray Casto del Niño Jesús, con el apoyo de Fray Humberto (ambos protagonizarán una misteriosa desaparición) y el propio Ronald, en 1966; el segundo procede de escritos de Jerónimo Gracián enviados, junto con la novelita anterior, en un paquete misterioso diez años más tarde; y, finalmente, el tercero corresponde al jesuita Barmant que escribió en A las puertas de Bruselas, el testimonio de Gracián, próximo a morir, explicando su punto de vista sobre el amor habido entre él y santa Teresa. Ronald Weyler reúne este material, aporta algo de su propia cosecha y suscribe la novela como suya. Como se ve, una estructura un tanto enrevesada que exige la máxima atención al lector.

            El libro recrea los últimos seis años de la vida de la santa, ocupada en la reforma del Carmelo y la fundación de nuevos conventos en medio de una guerra confusa y sin cuartel entre los carmelitas descalzos y los calzados. Nos cuenta su deslumbramiento al conocer a Jerónimo Gracián, un hombre joven, bien parecido, ambicioso, con disposición para la mística, que acude al convento de Beas en 1575 para poner orden. Entre ellos se produjo el encantamiento, un flechazo intenso de comprensión y simpatía mutua, de amor e, incluso, deseo amoroso que Teresa atribuyó a la voluntad de Dios e incluyó en su oración mental o interior. Tal fue su entrega, que aceptó la pérdida de libertad que conlleva el amor e hizo a Gracián la promesa de obediencia absoluta de por vida.

Por interés de él, se decidirá a ir a Sevilla para fundar un nuevo convento. Mayor, enferma y tras un viaje lleno de penalidades, tropezó con una sociedad diferente a la castellana en la que nunca estuvo a gusto. La amistad entre ellos dos provocará murmuraciones y, a Gracián, le generará enemigos acérrimos y penalidades que se alargarían después de la muerte de Teresa y que la novela detalla en sus dos últimas partes. De ahí su lamento porque la santa pusiera sus ojos en él.

            La muerte de Teresa en Alba de Tormes le pilla a Gracián lejos. Teresa, cual novia enamorada, conoció el dolor que le provocaba su ausencia. Nueve meses más tarde, Gracián regresa y manda desenterrar el cuerpo para trasladarlo a otro lugar. Descubrirá que está incorrupto y, como fetichista, corta el dedo meñique de una mano para su relicario particular y la otra mano para depositarla en el convento, empezando así ese descuartizamiento cruel para veneración de almas piadosas, tan incomprensible en la época actual.

            El libro aborda las relaciones de Teresa y Gracián con las autoridades eclesiásticas y monárquicas, con los papas, con la Inquisición, la atmósfera interna de los conventos, los amores masculinos entre frailes, las luchas por el poder dentro de la Orden. Entre otros personajes, destaca la figura de Doria, experto en lanzar calumnias y enemigo declarado de Gracián y la madre María de San José, mujer de carácter, que asumió con riesgo de su vida, preservar el legado de la santa.

            Sus ojos en mí es una novela arriesgada, cuya lectura atrapa a pesar de su dificultad, de enorme interés y donde no falta el sentido del humor, en la que sólo he echado de menos un mayor buceo por el interior de la mente de Teresa y conocer esa oración mental de la que sacaba fuerza para vivir al dictado de su conciencia.
            María García-Lliberós

Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE, el viernes 10 de julio de 2015.


jueves, 21 de mayo de 2015

Relectura de "La muerte en Venecia", de Thomas Mann

Thomas Mann
Edición de 1972
Dick Bogarde, como Gustavo Aschenbach
Leí por primera vez esta novela en 1972, después de haber visto la película de Visconti. Por una vez, fue el cine el que me puso en contacto con la literatura, porque Visconti y Dick Bogarde me dejaron tan impresionada que, recuerdo, la necesidad que me crearon de leer el texto que los inspiró y conocer más de su autor. Entonces era yo muy joven y aunque disfruté más con la película que con la novela, fui capaz de reconocer dos obras maestras.
     Han pasado más de cuatro décadas y con ocasión del Club de lectura de Librería Gaia de Valencia, que dirige Justo Serna, he vuelto a leerla. He buscado en la biblioteca y recuperado el librito tamaño bolsillo de tapas duras de la edición de Planeta y Plaza & Janés  de 1972, con la traducción a cargo de Martín Rivas y Raúl Schiaffino, publicada, junto con otra novela de Mann titulada Las Tablas de la  Ley. Un libro de letra pequeña y un total de 157 páginas. Sentí emoción al volver a abrirlo y empezar de nuevo a leerlo con otra mirada, la de una mujer con muchas lecturas a su espalda, con un criterio mejor formado y mayor capacidad crítica. También con mayor capacidad para exprimir el placer que pone a nuestra disposición una lectura exquisita.
     La muerte en Venecia la escribió Thomas Mann en 1912, cuando tenía 37 años y discurre como una parábola. Nos habla de la belleza, del arte, del enamoramiento, la sexualidad y la muerte. Y, sobre todo, nos habla de la decadencia, la de la sociedad, reflejada en el deterioro de esa bellísima ciudad sacudida por una epidemia de peste, y la decadencia física y moral del protagonista, Gustavo Aschenbach, ese aristócrata intelectual entregado a la creatividad del espíritu, admirado por su compatriotas que, en la vejez, se ve arrastrándose tras un adolescente cuya contemplación fomenta su concuspicencia. Interesantísimo el monólogo íntimo que mantiene Aschenbach consigo mismo tratando de sublimar de alguna manera lo que es un deseo sexual o una excitación sentimental que le genera una ansiedad incontrolada. Necesita intelectualizarlo para justificarse y convertirlo en arte.
     Una novela de apenas 100 páginas, de estructura perfecta e intensa.  
     Ahora me han entrado ganas de volver a ver la película de Visconti.

miércoles, 6 de mayo de 2015

"La tristeza del Samurái", de Víctor del Árbol

Editorial Alrevés, SL, 
Febrero de 2011 (1ª edición)
413 páginas.
20,00 €, en papel;   2,99 €, en ebook.                            

     Había leído muchos comentarios sobre esta novela y es lo primero que leo de Víctor del Árbol. Me alegro de haberlo hecho porque he descubierto a un autor interesante, capaz de construir tramas complejas con la precisión de un cirujano y mantener en tensión al lector hasta el final, sin dejarse seducir por la necesidad de que éste sea feliz.
     La tristeza del Samurái nos habla de nuestra propia historia, esa que no se cuenta en los libros de Historia. Nos habla de las heridas causadas en épocas feroces, cuando en la posguerra se estableció en España un régimen vengativo e implacable en la que unos personajes adictos al mismo se convirtiron en intocables amos de las vidas en ambientes rurales. Nos habla de los odios generados y la necesidad de ejercer la venganza, no la justicia, incluso sobre los descendientes ignorantes de aquellos que perpetraron los crímenes. En el fondo es ésta una novela sobe la maldad que anida en el ser humano.
     La estructura de la novela descansa en un continuo ir y venir de unos hechos sucedidos en la Extremadura de 1941 a un presente narrativo situado en Barcelona en 1981, el año del golpe de Estado del 23 de febrero, y en unos personajes que arrastran el peso de la culpa, el odio y la necesidad de desquitarse durante cuarenta años. Estremece reconocer una condición humana tan resistente al olvido cuando se ha sido víctima de una injusticia. En la historia que nos cuenta hay poco espacio para el amor y el perdón. Por contra, el temor a la llegada de un ajuste de cuentas pondrá en marcha otro reguero de crímenes en el que se verán involucrados personas inocentes instrumentalizadas cual marionetas por una mente diabólica, cuyo único fin es la posesión del poder.
     Una lectura que en ocasiones te revuelve las tripas y, desde luego, provoca la toma de postura por parte del lector.
      La prosa, en la última parte, me ha parecido menos cuidada que en la primera. Los personajes están bien definidos aunque hay alguna oscuridad en torno al padre de los hermanos Mola y su muerte, al odio que respira hacia sus hijos y respecto a la personalidad y forma de vida de Fernando el hermano mayor, pieza fundamental en la resolución del misterio. Con todo, una novela notable que no defrauda.
     María García-Lliberós
 
     
 

viernes, 1 de mayo de 2015

"Finales deslumbrantes", de Pedro J. Cañada



Premio de Cuentos Ciudad de Coria 2013.
Edita Institución Cultural El Broncense. Diputación de Cáceres, 2013
117 páginas.

Pedro Jesús Cañada (Valencia, 1954) es un escritor de larga trayectoria que ha cultivado distintos géneros (narrativa, poesía, artículos periodísticos) y obtenido premios significativos, entre ellos el Valencia de Literatura, el Gabriel Sijé de novela corta, el Alcalá de Henares, también de novela y, sin embargo, es poco conocido entre los lectores. Sin duda merece mayor atención por parte de los medios de comunicación de la que se le ha prestado.
Bajo el título de Finales deslumbrantes se reúne una colección de catorce cuentos con la que ganó el Premio Ciudad de Coria en 2013. Toca temas muy variados que le permiten mostrar una mirada penetrante sobre la sociedad actual, sus mitos y creencias, sus prejuicios, su crueldad ante las injusticias. Lo hace con unos relatos imaginativos, algunos de tinte fantástico, otros propios del género de terror, la mayoría escritos en primera persona lo que da fuerza a esa transmisión de pensamientos íntimos, o convicciones, que recibe el lector. No falta la ironía ni esos finales que, más que deslumbrantes como reza el título, resultan inesperados y consiguen dar un giro inquietante a los relatos en el último párrafo.
El relato corto es un género difícil. Contar una historia en ocho páginas, que es la media de estos cuentos, requiere dominar la técnica. Pedro Jesús Cañada conoce sus claves a la perfección y, además, posee una prosa rica, aunque, en mi opinión, abuse del uso de adjetivos. Ello no impide que la lectura fluya con facilidad y que algunos de estos cuentos consigan dejar huella en la memoria, la prueba de su calidad. Los titulados Cementerio de automóviles, Las ratas, quizás el que más me ha impresionado, La patera con un final éste no sólo sorprendente sino aleccionador, El sujetador que exigía demasiado en que homenajea a los hombres y mujeres del circo, se encuentran entre ellos.
María García-Lliberós

Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE e, 1 de mayo de 2015

martes, 21 de abril de 2015

Miércoles 22 de abril en ALICANTE


El programa incluye una entrevista, hacia las 13,45 h en la Cadena SER de Alicante, con el periodista Carlos Arcaya.
De 18 a 20 h estaré en la FERIA DEL LIBRO, en la caseta del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, firmando ejemplares o hablando con lectores.
Y a las 20,15, en la sede del Instituto, impartiré la conferencia.

Esta mañana me han hecho una entrevista en ONDA CERO ALICANTE en un programa de libros, con el crítico literario Manuel Avilés. Se había leído la novela y la ha recomendado con entusiasmo. Gracias.

26.04.2015
 José Luis Ferris me ha enviado algunas fotos de la conferencia.
Gracias a los muchos amigos que acudistéis al instituto Juan Gil Albert, a Toni del Bello y Ana, Efi Giménez, el escritor de Benidorm Pedro Menchén, a los miembros del Club de Lectura "El libro durmiente", el escritor Joaquín Juan Penalva y  otras personas que confío se decidieran a leer mi novela. Por lo menos, en el debate, mostraron bastante interés.
Una fotopara el recuerdo:
Con José Luis Ferris, director del IAC Juan Gil Albert

sábado, 18 de abril de 2015

"Abrir en caso de muerte", de Bel Carrasco





CARENA Editors, S.L., 2015.                           

351 páginas.

18,00 € (en papel)


      El libro se inicia con dos citas. La primera de Baltasar Gracián dice no hay venganza como el olvido y casa mal con el desarrollo de la trama; la segunda de Kill Bill la venganza no es un camino recto, sino un bosque donde puedes perderte, es una señal para el lector de lo que viene a continuación.

     Abrir en caso de muerte sigue el modelo de la novela negra americana y su protagonista, el detective privado Samuel Campos, se inspira en Sam Spade, personaje creado por Dashiel Hammet (a Bel Carrasco no le ha importado dejar demasiadas pistas), aunque a mí me recuerda más a Philip Marlowe, de Raymond Chandler, que tiene un fondo sentimental que aviva su vulnerabilidad. En cualquier caso, la acción no se ubica en San Francisco o en Hollywood sino en Valencia, en el corazón del centro histórico, en 1986, cuando en España aún teníamos como moneda la peseta, acabábamos de estrenar una democracia, carecíamos de teléfonos móviles y nos encontrábamos a punto de entrar en la Unión Europea.

     Una mañana calurosa la señorita Sandra Llombart, alta, delgada, elegante, bella y misteriosa, aparece en el destartalado despacho de nuestro protagonista para hacerle un extraño encargo: localizar a las personas –dos hombre y una mujer de las que sólo sabe sus nombres de pila- que aparecen en una foto tomada a principios de los años setenta en una finca de naranjos en Alzara, junto a la madre de Sandra y doña Clotilde la dueña. El motivo confesable: averiguar la verdad sobre la muerte de estas últimas, un asunto que la atormenta y no le permite vivir en paz. Así empieza esta aventura de Samuel Campos a quien, el atractivo de la joven le hace aceptar un caso que le irá llevando por múltiples peligros arrastrando tras de sí un reguero de muertos.

     La trama es compleja, está bien urdida y no deja cabos sueltos. Bel Carrasco sabe concatenar los hechos, recuperar el relato cuando parece que las pesquisas lo han conducido a un callejón sin salida, mantener la tensión del mismo y resolverlo con brillantez aunque recurra, para clarificar los misterios del pasado, al diario de Luisa Soler, madre de Sandra, encontrado de manera demasiado propicia.

    Llama la atención que la autora introduzca un elemento fantástico en un relato de género, un collar único de propiedades extraordinarias, que distorsiona el realismo de la tragedia criminal, al igual que enturbiará la mente de un personaje influenciable.

     Samuel Campos se diferencia de sus colegas americanos en sus rasgos humanos. Tiene amigos, aunque sea un solitario, y carece de cinismo. Y se asemeja en que busca la verdad pero no la justicia. Se desentiende del castigo que merezca el criminal, incluso de ponerlo en manos de la policía, a pesar de la crueldad desplegada, sobre todo si le inspiran sentimientos de afecto.

   
Bel Carrasco
Con esta tercera novela de Bel Carrasco publicadas en el período record de dos años (El relojero de Real y Las semillas del Madomus), de temáticas completamente diferentes, la autora valenciana entra en la minoritaria categoría de escritores todoterrenos.
      María García-Lliberós

Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE, el viernes 17 de abril de 2015.

martes, 31 de marzo de 2015

"Cruce de caminos", programa de radio de la Universidad Politécnica de Valencia


http://www.upv.es/rtv/radio/cruce-de-caminos/53931

Aquí, en el enlace de referencia, se puede escuchar el programa emitido ayer, 30 de marzo de 2015, dedicado a la literatura. El programa lleva por nombre Cruce de caminos y lo escuchan, sobre todo, estudiantes universitarios, gente joven, lo que es un plus estimulante. Lo dirige Carmen Laínez que me hizo una entrevista en el estudio. A Carmen Jandra, también escritora, se la hizo por teléfono. Acudí preparada para hablar sobre Babas de caracol, pero de ese libro hablé poco pues me encontré recordando mis comienzos literarios, la aventura, por llamarla de alguna manera, que dio origen a La encuestadora, mi primera novela, con la que di el salto de escribir para que otros me leyeran, con la que estaba tomando la decisión de convertirme en escritora. También hablamos de El juego de los espejos y de Equívocos, de mis personajes femeninos y las obsesiones que marcan mi obra. Resultó una conversación muy espontánea y auténtica, porque Carmen Laínez supo crear una atmósfera confortable que propiciaba las confidencias. Se me hizo corta y quedaron muchas cosas en el tintero. Valió la pena.

Carmen Laínez y yo tras la entrevista

viernes, 13 de marzo de 2015

"El libro definitivo de las citas", de Albert Einstein


Compilación y edición a cargo de Alice Calaprice.

Plataforma Editorial, 2014
488 páginas.
25,00 €, en papel.

     De Albert Einstein sabemos que nació en 1879 en Ulm (Alemania) y murió en 1955 en Princeton (EE.UU), vivió por tanto las dos guerras mundiales, que fue un físico que formuló la teoría de la relatividad en 1915 abriendo la puerta a una era de enormes descubrimientos, que ganó el Premio Nobel de Física de 1921, que era judío y agnóstico, pacifista, a pesar de que algunos lo tildan como el padre de la bomba atómica, que renunció a la nacionalidad alemana y acabó haciéndose ciudadano americano y que su imagen de sabio despistado alcanzó una enorme popularidad. Pero sabemos poco de su vertiente como persona, de sus relaciones domésticas y sus opiniones como ciudadano normal. De ahí el interés del texto que les comento.
     El libro definitivo de citas, es el resultado de un trabajo académico arduo, extenso en el tiempo, metódico y meticuloso, llevado a cabo por Alice Calaprice, experta en Einstein y editora en la Universidad de Princeton. Ha expurgado centenares de documentos que aportaran algo sobre el pensamiento y la personalidad de Einstein, desde cartas a amigos o instituciones, entrevistas, artículos y conferencias, extrayendo citas en torno a una pluralidad de temas que ha ido ordenando cuidadosamente, junto con la referencia a la fecha y otras variables que codifican la cita. Nos encontramos ante un libro especial, cuya autoría comparten Einstein y Calaprice, pues esta última, a la que atribuyo honestidad profesional, ha seleccionado las frases más representativas del pensamiento del sabio, lo que supone iluminar unas y descartar otras, para ofrecérnoslas y acercarnos a la parte humana, sencilla, incluso errática de un hombre de enorme talento.
Las citas están agrupadas en 19 temas que aglutinan desde opiniones sobre sí mismo, su familia, la vejez, los niños, la muerte, América y los americanos, Alemania y los alemanes, los judíos, el judaísmo, el sionismo, el pacifismo, la religión, la ciencia y los científicos, la guerra, la bomba, los militares, la raza, y algún otro. Como se ve, temas candentes en la época que le tocó vivir y otros eternos que preocupan al ser humano desde siempre por nuestra incapacidad para encontrar respuestas.
     Einstein fue un judío agnóstico que se sentía “sólo un ser humano, sin ningún aprecio especial por ningún estado o entidad nacional”. Daba un enorme valor a la imaginación y a la curiosidad, tanto o más que al talento. Poseía sentido del humor (“estoy bastante bien, teniendo en cuanta que he sobrevivido con éxito al nazismo y a dos esposas”), conciencia de no haber sido un buen padre (en su biografía hay un paréntesis oscuro respecto a una hija que tuvo antes de casarse y que desapareció de su vida sin dejar huella), y de pertenecer a una especie lamentable que odia más que ama y hace inevitables las guerras. No confiaba en la mente de la mujer científica y de sus comentarios se deduce que en su relación con el sexo opuesto se dejó llevar por los prejuicios. Le repelía la injusticia social. Fue partidario de reconocer el estado palestino.

     El libro definitivo de citas pide una lectura pausada porque en ocasiones genera un debate del lector consigo mismo, las frases provocan, sorprenden o te arrancan una sonrisa. Su lenguaje es sencillo y transmite buena voluntad. Un libro editado con mimo y del que cada cual sacará sus enseñanzas.

Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE, el 13.03.2015.

Mapa de visitantes


Visitor Map