sábado, 29 de agosto de 2015

"El olvido que seremos", de Héctor Abad Faciolince

Editorial Seix Barral, 2010 (colección booket)
274 páginas.

          El 26 de agosto de 1987 el doctor Héctor Abad Gómez, padre del autor, fué asesinado en pleno centro de Medellín (Colombia), a la luz del día, con absoluta impunidad. La policía abrió un expediente y lo volvió a cerrar cinco años más tarde sin involucrar a nadie en el delito. Fueron los años de plomo en Colombia, en los que la vida humana valía nada, cuando gobiernos corruptos, apoyados por la clase social adinerada, junto a ejecutores grupos paramilitares, decidían en un casino la lista de las próximas víctimas.
          Veinte años más tarde, Héctor Abad Faciolince escribe este libro con el hermoso título El olvido que seremos, un verso de Borges, precisamente para conjurar su significado, para que nada se olvide y, al tiempo, aprovecharse de las propiedades terapéticas de la escritura.
          La obra tiene una primera parte bellísima en la que nos da a conocer la personalidad del doctor Abad en familia, la relación amorosa entre padre e hijo, el único varón entre seis hermanas, la alegría que contagiaba a su hogar de ese hombre enamorado de la vida, luchador nato contra las injusticias humanas, padre dispuesto a hacer felices a sus hijos, trabajador incansable para sensibilizar a las autoridades de la necesidad de velar por la salud pública, por la calidad del agua potable y el saneamiento de los barrios más pobres de la ciudad. Lo que a la larga lo enfrentará con las fuerzas económicas poderosas, incluso dentro de la universidad en la que era catedrático de salud pública.
          La segunda parte intenta contarnos de la manera más objetiva posible, siendo consciente de que la herida sigue abierta, lo que ocurrió aquel día de agosto y los que lo precedieron en que unos sicarios al servicio de un grupo cuya identidad se supone, mataron a su papá. Es un relato interesante porque aporta información sobre el entramado social de Medellín, esa ciudad con la mala fama de haber llegado a tener el índice mayor de asesinatos por persona del mundo, las fuerzas vivas, la mentalidad de la época, el comportamiento de la Iglesia o de algunos curas, tan lejano y desconocido por nosotros.
          También recrea la muerte natural de su hermana Marta, de dieciséis años, de cáncer, porque supuso un antes y un después en la familia. Sin duda debió conmocionar al autor  que le seguía en edad, y afectó hondamente a su padre, pero este capítulo, en exceso largo y minucioso, debilita a la postre el núcleo principal de la obra.
          Un libro muy valiente, pues el autor no duda en citar con nombres y apellidos a los enemigos de su papá, honesto, necesario como homenaje a todas las víctimas, clarificador, escrito con una prosa fluida que mezcla el estilo de la crónica con el intimista.
          Muy recomendable.

viernes, 21 de agosto de 2015

"Inmersión", de Cristophe Ono-Dit-Biot

Editorial Berenice, 2014                                     
Traducción de Iballa López.
Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, 2013.
Premio Renaudot des Lycéens, 2013.
448 páginas.
19,95 €, en papel; 6,49 €, en electrónico.

          He aquí una novela hermosa. César, Paz y Héctor podrían haber formado una familia feliz, si Paz hubiera querido. No fue así y, sin embargo, César decide escribir la historia de su amor por Paz para que Héctor, el hijo de ambos, cuando fuera mayor, pudiera explicarse la ausencia de su madre.
          Escrita por César en primera y segunda persona, porque lo mismo recuerda que habla a su hijo, recrea su enamoramiento de Paz, una asturiana joven y bella, dedicada a la fotografía artística, residente en París, enérgica, apasionada que, en todo momento sabe imponer su autoridad en la relación. César es un periodista francés, bastante mayor y sufre los altibajos de su pareja. La novela es interesante porque explica cómo el amor y la pasión sexual, por intensos que sean, no son suficientes para garantizar la estabilidad. Además, porque aporta una información valiosa sobre el mundo del arte, la interpretación de las obras artísticas y su capacidad de generar emociones en contraste con un mundo que va a la deriva hasta dar miedo, y sobre el mundo marino, el medio natural de los tiburones. César ha viajado y conocido paises lejanos y para él, Europa es el reducto de seguridad del que no quiere salir. Paz se ahoga en una Europa decadente e hipócrita y necesita ver por sus propios ojos otros paises y experimentar. Héctor se encuentra en medio de ambos egoísmos y, será en definitiva, quien sufrirá la mayor pérdida.
          Un desenlace sorprendente, en el espacio más artificial del mundo, los emiratos árabes, donde Paz edificará su mundo propio y encontrará su final, el que iba buscando, en el fondo del mar.
          Amor, felicidad, muerte, dolor, contados con una prosa fluida y con un punto de vista sobre la realidad actual que merecen la atención del lector.
          Una novela muy premiada en Francia con merecimientos para ello.
          María García-Lliberós

viernes, 14 de agosto de 2015

Reseña de José Antonio Vidal Castaño, en su blog

viernes, 14 de agosto de 2015

Mis notas sobre "Babas de caracol"



José Antonio Vidal Castaño.

Babas de caracol (Barcelona, Plataforma editorial, 2014), es una novela cuya lectura no decae a lo largo de sus más de trescientas páginas, lo que ya, de por si, es un mérito. Y lo es más para quienes apreciamos las dificultades que entraña escribir sobre problemas íntimos o de índole familiar. Babas de Caracol de María García-Lliberós (Valencia, 1950) nos traslada a ese mundo con historias y personajes superpuestos en torno a un sórdido asunto de familia.

La tragedia se palpa a través de la reconstrucción de la vida de Berta Astomi una mujer que acaba de fallecer, casada, con dos hijos y heredera de una cuantiosa fortuna. Su doliente biografía es investigada y novelada -por expreso encargo de la finada- por Pedro Ribera, un escritor de cierto éxito, que es convocado a la lectura de un insólito testamento.

Berta familiar y socialmente desahuciada, vive, según nos cuenta Ribera, desde el dolor y la impotencia -emociones que García-Lliberós plasma con maestría- su guerra silenciosa y sin esperanzas contra el machismo y la hipocresía. Ribera trasunto de la autora, no se olvida del contexto y nos introduce, con habilidad, en el clima de intriga y crueldad que reina en el seno de esta respetable familia cristiana. Y es que Berta ha cometido un grave pecado al separarse legalmente (al amparo de la ley de divorcio de 1932) de su marido, un advenedizo sin escrúpulos de quién estuvo enamorada. Su muerte, tras una vida de repudio y aislamiento, posibilita cierta reparación por medio de la recuperación de su memoria. Asombra la erudición desplegada para explicar los aspectos jurídicos del legado hereditario. Ribera entrega, dentro del plazo señalado, el libro que reivindicará personal y socialmente a Berta Astomi.          

No es lo mío hacer de crítico literario. Lo que si pretendo es recomendarles la lectura de estas Babas de caracol y hacer, a sus futuros lectores, una sugerencia: no se dejen seducir por Pedro Ribera, por sus dudas y dificultades (las propias de cualquier escritor); quédense con Berta Astomi protagonista de esta agridulce historia. Una mujer poco corriente, quién como la Rebeca de Daphne du Maurier, influye en la mente de los personajes que la aman y la odian, que la mencionan o la silencian.  

    

viernes, 7 de agosto de 2015

"Pan, educación, libertad", de Petros Márkaris

Editorial Tusquets, 
colección Ardanzas, 2013 (1ª edición epub) 
256 páginas.   
18,00 €, en papel; 7,99 € en electrónico.

          Es evidente lo listo que ha sido Petros Márkaris (y la editorial que lo publica) al utilizar el género negro para mostrarnos los estragos que la crisis ha producido en la sociedad griega. Esta fórmula que combina características de la de novela social con otras propia de la policíaca, ha sido un éxito de ventas, especialmente en España que ve las orejas al lobo todavía griego. Pan, educación libertad es la quinta entrega, si no me he despistado, de la serie que protagoniza el comisario de homicidios Kostas Jaritos y su encantadora familia, porque la familia de Jaritos va a ser el ejemplo que toma el autor para explicarnos las estrategias de supervivencia ideadas por las amas de casa ante las imparables disminuciones de renta. 
          Esta novela se escribió como muy tarde en 2013, antes por tanto de las últimas negociaciones del gobierno griego con la Unión Europea, pero ya con la nación hundida en un pozo sin fin de frustración y miseria. Se adelanta a los acontecimientos e imagina un escenario a 1º de enero de 2014, fecha en la que se inicia el relato, con un país que sale de la economía del euro para regresar a la del dracma, con todas las consecuencias que ello conlleva. El miedo se agudiza, pues instalado llevaba un tiempo, en el centro social. Junto al miedo se acrecienta la desesperanza y la solidaridad, y también la sed de venganza de una generación joven y sin futuro que responsabiliza a otra mayor, o a personas individuales de esa generación, de ser los causantes, con su enorme ambición, del estropicio.
          Empezarán a aparecer cadáveres, en este caso tres identificados con los conceptos del título de la novela, y se plantearán las hipótesis de un asesino en serie, o de un grupo terrorista. Los lectores de Márkaris comprobarán que el esquema es similar a sus anteriores relatos. Interesantes, en este caso, los episodios históricos que cuenta relativos a la época de la dictadura de los coroneles, el encierro de la Politécnica en 1965, la represión con más de 200 muertos y muchos heridos, las torturas policiales posteriores y el nacimiento de los conocidos como generación de la Politécnica, formada por los supervivientes, unos héroes a los que se les atribuye la caída del régimen y que, por lo visto, no supieron administrar con sabiduría, justicia y solidaridad su victoria. 
          En definitiva, una novela ideal para el verano. Distrae, instruye y te hace reflexionar sobre su comparación con la realidad española, proporcionando temas de debate en cenas con amigos. Una prosa funcional sin mayores pretensiones. 
          María García-Lliberós





viernes, 31 de julio de 2015

"Como la sombra que se va", de Antonio Muñoz Molina

Ed. Seix Barral, 2014                                 
531 páginas.
21,90 € en papel; 10,44 € en ebook.

          Esta novela, demasiado larga, de Muñoz Molina descansa en el trenzado de dos relatos, cada uno con entidad en sí mismos, que tienen en común la ciudad de Lisboa convertida en espléndido escenario literario, y un tercero que se traslada a Memphis. 
          Tal vez todo empezó cuando Muñoz Molina supo que el asesino de Martin Luther King, James Earl Ray, estuvo en 1969 diez días en Lisboa en su huida de catorce meses antes de su detención y se propuso, en 2014, novelar esa estancia que, a su vez, le evocaba la suya, en 1985, con la excusa de conocer la atmósfera que luego recrearía, marcando estilo propio, en la obra que lo encumbró a la cima del éxito, la maravillosa El invierno en Lisboa. Los seguidores de Muñoz Molina recordamos el impacto y la devoción hacia su autor que nos produjo esa novela.
          Un relato pues lo nutren los recuerdos autobiográficos de cuando vivía en Granada, tenía 31 años, estaba casado con dos hijos pequeños y se sentía cautivo de sus circuntancias familiares y laborales. Se nos presenta como un mal marido y mal padre, casi como buscando una expiación a cierto sentimiento culpable. Su primer viaje a Lisboa tuvo mucho de huida de esas circunstancias que siente axfisiantes. Fue solo en busca del paisaje y el sentimiento de la novela que escribía, cuyo enorme éxito le cambiaría por completo la existencia. Y es ese sentimiento de huida lo que le permite imaginar, 30 años más tarde, el yo profundo del otro prófugo, éste de la justicia, su deslumbramiento ante las luces de la ciudad, su extrañamiento ante una lengua que no comprende, su soledad. De forma que, el propio autor y el asesino de Martin Luther King, cuyo nombre se omite, comparten protagonismo, de forma alternante, unidos por esa casualidad de haber recalado en la ciudad de Lisboa. Un hilo demasiado frágil del que la historia se resiente. Las referencias sobre las andanzas de James Earl Roy, sacadas de los informe policiales, resultan demasiado descriptivas, repetitivas e incluso tediosas, a costa de un mayor análisis de la personalidad del autor y los motivos para cometer su crimen que se echan en falta. Lo más interesante de esta parte son las reflexiones sobre el proceso de escritura de una novela que "se escribe para confesarse y para esconderse" (página 257), su autoanálisis, y la mirada observadora y amorosa del autor sobre la ciudad.
          La otra historia se desarrolla en Memphis, a donde acude con su segunda mujer y siendo un escritor de éxito, para conocer los sitios en los que estuvo Martin Luther King y su asesino en los días anteriores al suceso. De nuevo mezcla hechos históricos con otros de su vida personal y familiar que enturbian el relato principal y lo debilitan. Muy interesante la desmitificación que efectua del líder americano, la distinta percepción que de él tienen blancos y negros, la violencia irracional hacia el negro de la comunidad blanca, caldo de cultivo para la aparición de solitarios salva patrias capaces, con frialdad de espanto, de apretar el gatillo de un fusil con mira telescópica, segar una vida y comenzar otra de perpetuo fugitivo.
          La novela, como todas las de Muñoz Molina, exhibe una prosa excelente, tiene páginas maravillosas y otras suprimibles con exceso de datos y repetición de los mismos. Según el texto, la terminó de escribir en septiembre de 2014 y la primera edición es de noviembre del mismo año. Tal vez, si la hubiera sometido a una última lectura, no hubiera sido superventas en la campaña de Navidad, pero, sin duda, la obra hubiera ganado mucho.

lunes, 20 de julio de 2015

"Asalto al tren pagador", de José Antonio Vidal Castaño

Ediciones de Mandor (Carena editors, SL)
febrero 2015            
195 páginas. 
17,00 €


         


A José Antonio Vidal Castaño (Valencia, 1941) lo conozco desde hace tiempo por motivos ajenos por completo a la literatura, pero fue esta pasada primavera cuando, tras décadas sin vernos, nos reencontramos en un club de lectura, precisamente, y descubrí esta faceta suya. Es un hombre culto, experimentado, con un sólido bagaje cultural, una conversación amena y con capacidad de observación, cualidades necesarias todas ellas que deben acompañar a quien aspire a ser escritor. Aunque no suficientes. Vidal Castaño, además, por fortuna, sabe escribir, y lo hace muy bien.
          Bajo el título Asalto al tren pagador se reunen doce relatos cortos. Algunos inspirados en hechos ciertos, otros con mayor presencia de la fantasía. De mucho le ha servido ser doctor en Historia Contemporánea y sus conocimientos de la época de la segunda República, la guerra civil, y los durísimos años de la posguerra franquista y su implacable persecución a la guerrilla escondida en los montes de Valencia y Teruel. Pero no piense el lector que los relatos se ciñen sólo a este período ni a esta temática. A eso une su capacidad para fabular y armar historias, su conciencia política, su cultura cinematográfica, nutriente de ensoñaciones literarias, y libresca y, sobre todo, un pulso narrativo poderoso que convierte, sin perseguirlo, lo que cuenta en importante. Así consigue cautivar la atención del lector. Me ha gustado su prosa adaptada con precisión a momentos trágicos y a otros sensuales, de un erotismo carnal, diáfano, con personajes fuertes que gozan del sexo sin contemplaciones. Tampoco le falta ironía ni sentido del humor.
          En definitiva, un libro que se lee con placer, en el que cada relato incrementa las expectarivas respecto al siguiente, que sorprende a veces por su crudeza, otras por el argumento o por los personajes y que en ningún caso deja indiferente. Se lo dice una lectora que no tiene al relato corto como su género preferido.
          María García-Lliberós
          

sábado, 11 de julio de 2015

"Sus ojos en mí", de Fernando Delgado



Fernando Delgado











Premio Azorín de novela 2015
Editorial Planeta, 2015

301 páginas. 20,00 € en papel.


            Nos encontramos ante la obra más ambiciosa y de estructura más compleja de Fernando Delgado. Sus ojos en mí figura ser una novela firmada por Ronald Weyler en 1980, resultado de la fusión de tres relatos para convertirlos en uno. El primero es una novelita escrita por su sobrino, Julio Weyler o Fray Casto del Niño Jesús, con el apoyo de Fray Humberto (ambos protagonizarán una misteriosa desaparición) y el propio Ronald, en 1966; el segundo procede de escritos de Jerónimo Gracián enviados, junto con la novelita anterior, en un paquete misterioso diez años más tarde; y, finalmente, el tercero corresponde al jesuita Barmant que escribió en A las puertas de Bruselas, el testimonio de Gracián, próximo a morir, explicando su punto de vista sobre el amor habido entre él y santa Teresa. Ronald Weyler reúne este material, aporta algo de su propia cosecha y suscribe la novela como suya. Como se ve, una estructura un tanto enrevesada que exige la máxima atención al lector.

            El libro recrea los últimos seis años de la vida de la santa, ocupada en la reforma del Carmelo y la fundación de nuevos conventos en medio de una guerra confusa y sin cuartel entre los carmelitas descalzos y los calzados. Nos cuenta su deslumbramiento al conocer a Jerónimo Gracián, un hombre joven, bien parecido, ambicioso, con disposición para la mística, que acude al convento de Beas en 1575 para poner orden. Entre ellos se produjo el encantamiento, un flechazo intenso de comprensión y simpatía mutua, de amor e, incluso, deseo amoroso que Teresa atribuyó a la voluntad de Dios e incluyó en su oración mental o interior. Tal fue su entrega, que aceptó la pérdida de libertad que conlleva el amor e hizo a Gracián la promesa de obediencia absoluta de por vida.

Por interés de él, se decidirá a ir a Sevilla para fundar un nuevo convento. Mayor, enferma y tras un viaje lleno de penalidades, tropezó con una sociedad diferente a la castellana en la que nunca estuvo a gusto. La amistad entre ellos dos provocará murmuraciones y, a Gracián, le generará enemigos acérrimos y penalidades que se alargarían después de la muerte de Teresa y que la novela detalla en sus dos últimas partes. De ahí su lamento porque la santa pusiera sus ojos en él.

            La muerte de Teresa en Alba de Tormes le pilla a Gracián lejos. Teresa, cual novia enamorada, conoció el dolor que le provocaba su ausencia. Nueve meses más tarde, Gracián regresa y manda desenterrar el cuerpo para trasladarlo a otro lugar. Descubrirá que está incorrupto y, como fetichista, corta el dedo meñique de una mano para su relicario particular y la otra mano para depositarla en el convento, empezando así ese descuartizamiento cruel para veneración de almas piadosas, tan incomprensible en la época actual.

            El libro aborda las relaciones de Teresa y Gracián con las autoridades eclesiásticas y monárquicas, con los papas, con la Inquisición, la atmósfera interna de los conventos, los amores masculinos entre frailes, las luchas por el poder dentro de la Orden. Entre otros personajes, destaca la figura de Doria, experto en lanzar calumnias y enemigo declarado de Gracián y la madre María de San José, mujer de carácter, que asumió con riesgo de su vida, preservar el legado de la santa.

            Sus ojos en mí es una novela arriesgada, cuya lectura atrapa a pesar de su dificultad, de enorme interés y donde no falta el sentido del humor, en la que sólo he echado de menos un mayor buceo por el interior de la mente de Teresa y conocer esa oración mental de la que sacaba fuerza para vivir al dictado de su conciencia.
            María García-Lliberós

Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE, el viernes 10 de julio de 2015.


jueves, 21 de mayo de 2015

Relectura de "La muerte en Venecia", de Thomas Mann

Thomas Mann
Edición de 1972
Dick Bogarde, como Gustavo Aschenbach
Leí por primera vez esta novela en 1972, después de haber visto la película de Visconti. Por una vez, fue el cine el que me puso en contacto con la literatura, porque Visconti y Dick Bogarde me dejaron tan impresionada que, recuerdo, la necesidad que me crearon de leer el texto que los inspiró y conocer más de su autor. Entonces era yo muy joven y aunque disfruté más con la película que con la novela, fui capaz de reconocer dos obras maestras.
     Han pasado más de cuatro décadas y con ocasión del Club de lectura de Librería Gaia de Valencia, que dirige Justo Serna, he vuelto a leerla. He buscado en la biblioteca y recuperado el librito tamaño bolsillo de tapas duras de la edición de Planeta y Plaza & Janés  de 1972, con la traducción a cargo de Martín Rivas y Raúl Schiaffino, publicada, junto con otra novela de Mann titulada Las Tablas de la  Ley. Un libro de letra pequeña y un total de 157 páginas. Sentí emoción al volver a abrirlo y empezar de nuevo a leerlo con otra mirada, la de una mujer con muchas lecturas a su espalda, con un criterio mejor formado y mayor capacidad crítica. También con mayor capacidad para exprimir el placer que pone a nuestra disposición una lectura exquisita.
     La muerte en Venecia la escribió Thomas Mann en 1912, cuando tenía 37 años y discurre como una parábola. Nos habla de la belleza, del arte, del enamoramiento, la sexualidad y la muerte. Y, sobre todo, nos habla de la decadencia, la de la sociedad, reflejada en el deterioro de esa bellísima ciudad sacudida por una epidemia de peste, y la decadencia física y moral del protagonista, Gustavo Aschenbach, ese aristócrata intelectual entregado a la creatividad del espíritu, admirado por su compatriotas que, en la vejez, se ve arrastrándose tras un adolescente cuya contemplación fomenta su concuspicencia. Interesantísimo el monólogo íntimo que mantiene Aschenbach consigo mismo tratando de sublimar de alguna manera lo que es un deseo sexual o una excitación sentimental que le genera una ansiedad incontrolada. Necesita intelectualizarlo para justificarse y convertirlo en arte.
     Una novela de apenas 100 páginas, de estructura perfecta e intensa.  
     Ahora me han entrado ganas de volver a ver la película de Visconti.

miércoles, 6 de mayo de 2015

"La tristeza del Samurái", de Víctor del Árbol

Editorial Alrevés, SL, 
Febrero de 2011 (1ª edición)
413 páginas.
20,00 €, en papel;   2,99 €, en ebook.                            

     Había leído muchos comentarios sobre esta novela y es lo primero que leo de Víctor del Árbol. Me alegro de haberlo hecho porque he descubierto a un autor interesante, capaz de construir tramas complejas con la precisión de un cirujano y mantener en tensión al lector hasta el final, sin dejarse seducir por la necesidad de que éste sea feliz.
     La tristeza del Samurái nos habla de nuestra propia historia, esa que no se cuenta en los libros de Historia. Nos habla de las heridas causadas en épocas feroces, cuando en la posguerra se estableció en España un régimen vengativo e implacable en la que unos personajes adictos al mismo se convirtiron en intocables amos de las vidas en ambientes rurales. Nos habla de los odios generados y la necesidad de ejercer la venganza, no la justicia, incluso sobre los descendientes ignorantes de aquellos que perpetraron los crímenes. En el fondo es ésta una novela sobe la maldad que anida en el ser humano.
     La estructura de la novela descansa en un continuo ir y venir de unos hechos sucedidos en la Extremadura de 1941 a un presente narrativo situado en Barcelona en 1981, el año del golpe de Estado del 23 de febrero, y en unos personajes que arrastran el peso de la culpa, el odio y la necesidad de desquitarse durante cuarenta años. Estremece reconocer una condición humana tan resistente al olvido cuando se ha sido víctima de una injusticia. En la historia que nos cuenta hay poco espacio para el amor y el perdón. Por contra, el temor a la llegada de un ajuste de cuentas pondrá en marcha otro reguero de crímenes en el que se verán involucrados personas inocentes instrumentalizadas cual marionetas por una mente diabólica, cuyo único fin es la posesión del poder.
     Una lectura que en ocasiones te revuelve las tripas y, desde luego, provoca la toma de postura por parte del lector.
      La prosa, en la última parte, me ha parecido menos cuidada que en la primera. Los personajes están bien definidos aunque hay alguna oscuridad en torno al padre de los hermanos Mola y su muerte, al odio que respira hacia sus hijos y respecto a la personalidad y forma de vida de Fernando el hermano mayor, pieza fundamental en la resolución del misterio. Con todo, una novela notable que no defrauda.
     María García-Lliberós
 
     
 

viernes, 1 de mayo de 2015

"Finales deslumbrantes", de Pedro J. Cañada



Premio de Cuentos Ciudad de Coria 2013.
Edita Institución Cultural El Broncense. Diputación de Cáceres, 2013
117 páginas.

Pedro Jesús Cañada (Valencia, 1954) es un escritor de larga trayectoria que ha cultivado distintos géneros (narrativa, poesía, artículos periodísticos) y obtenido premios significativos, entre ellos el Valencia de Literatura, el Gabriel Sijé de novela corta, el Alcalá de Henares, también de novela y, sin embargo, es poco conocido entre los lectores. Sin duda merece mayor atención por parte de los medios de comunicación de la que se le ha prestado.
Bajo el título de Finales deslumbrantes se reúne una colección de catorce cuentos con la que ganó el Premio Ciudad de Coria en 2013. Toca temas muy variados que le permiten mostrar una mirada penetrante sobre la sociedad actual, sus mitos y creencias, sus prejuicios, su crueldad ante las injusticias. Lo hace con unos relatos imaginativos, algunos de tinte fantástico, otros propios del género de terror, la mayoría escritos en primera persona lo que da fuerza a esa transmisión de pensamientos íntimos, o convicciones, que recibe el lector. No falta la ironía ni esos finales que, más que deslumbrantes como reza el título, resultan inesperados y consiguen dar un giro inquietante a los relatos en el último párrafo.
El relato corto es un género difícil. Contar una historia en ocho páginas, que es la media de estos cuentos, requiere dominar la técnica. Pedro Jesús Cañada conoce sus claves a la perfección y, además, posee una prosa rica, aunque, en mi opinión, abuse del uso de adjetivos. Ello no impide que la lectura fluya con facilidad y que algunos de estos cuentos consigan dejar huella en la memoria, la prueba de su calidad. Los titulados Cementerio de automóviles, Las ratas, quizás el que más me ha impresionado, La patera con un final éste no sólo sorprendente sino aleccionador, El sujetador que exigía demasiado en que homenajea a los hombres y mujeres del circo, se encuentran entre ellos.
María García-Lliberós

Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE e, 1 de mayo de 2015

martes, 21 de abril de 2015

Miércoles 22 de abril en ALICANTE


El programa incluye una entrevista, hacia las 13,45 h en la Cadena SER de Alicante, con el periodista Carlos Arcaya.
De 18 a 20 h estaré en la FERIA DEL LIBRO, en la caseta del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, firmando ejemplares o hablando con lectores.
Y a las 20,15, en la sede del Instituto, impartiré la conferencia.

Esta mañana me han hecho una entrevista en ONDA CERO ALICANTE en un programa de libros, con el crítico literario Manuel Avilés. Se había leído la novela y la ha recomendado con entusiasmo. Gracias.

26.04.2015
 José Luis Ferris me ha enviado algunas fotos de la conferencia.
Gracias a los muchos amigos que acudistéis al instituto Juan Gil Albert, a Toni del Bello y Ana, Efi Giménez, el escritor de Benidorm Pedro Menchén, a los miembros del Club de Lectura "El libro durmiente", el escritor Joaquín Juan Penalva y  otras personas que confío se decidieran a leer mi novela. Por lo menos, en el debate, mostraron bastante interés.
Una fotopara el recuerdo:
Con José Luis Ferris, director del IAC Juan Gil Albert

sábado, 18 de abril de 2015

"Abrir en caso de muerte", de Bel Carrasco





CARENA Editors, S.L., 2015.                           

351 páginas.

18,00 € (en papel)


      El libro se inicia con dos citas. La primera de Baltasar Gracián dice no hay venganza como el olvido y casa mal con el desarrollo de la trama; la segunda de Kill Bill la venganza no es un camino recto, sino un bosque donde puedes perderte, es una señal para el lector de lo que viene a continuación.

     Abrir en caso de muerte sigue el modelo de la novela negra americana y su protagonista, el detective privado Samuel Campos, se inspira en Sam Spade, personaje creado por Dashiel Hammet (a Bel Carrasco no le ha importado dejar demasiadas pistas), aunque a mí me recuerda más a Philip Marlowe, de Raymond Chandler, que tiene un fondo sentimental que aviva su vulnerabilidad. En cualquier caso, la acción no se ubica en San Francisco o en Hollywood sino en Valencia, en el corazón del centro histórico, en 1986, cuando en España aún teníamos como moneda la peseta, acabábamos de estrenar una democracia, carecíamos de teléfonos móviles y nos encontrábamos a punto de entrar en la Unión Europea.

     Una mañana calurosa la señorita Sandra Llombart, alta, delgada, elegante, bella y misteriosa, aparece en el destartalado despacho de nuestro protagonista para hacerle un extraño encargo: localizar a las personas –dos hombre y una mujer de las que sólo sabe sus nombres de pila- que aparecen en una foto tomada a principios de los años setenta en una finca de naranjos en Alzara, junto a la madre de Sandra y doña Clotilde la dueña. El motivo confesable: averiguar la verdad sobre la muerte de estas últimas, un asunto que la atormenta y no le permite vivir en paz. Así empieza esta aventura de Samuel Campos a quien, el atractivo de la joven le hace aceptar un caso que le irá llevando por múltiples peligros arrastrando tras de sí un reguero de muertos.

     La trama es compleja, está bien urdida y no deja cabos sueltos. Bel Carrasco sabe concatenar los hechos, recuperar el relato cuando parece que las pesquisas lo han conducido a un callejón sin salida, mantener la tensión del mismo y resolverlo con brillantez aunque recurra, para clarificar los misterios del pasado, al diario de Luisa Soler, madre de Sandra, encontrado de manera demasiado propicia.

    Llama la atención que la autora introduzca un elemento fantástico en un relato de género, un collar único de propiedades extraordinarias, que distorsiona el realismo de la tragedia criminal, al igual que enturbiará la mente de un personaje influenciable.

     Samuel Campos se diferencia de sus colegas americanos en sus rasgos humanos. Tiene amigos, aunque sea un solitario, y carece de cinismo. Y se asemeja en que busca la verdad pero no la justicia. Se desentiende del castigo que merezca el criminal, incluso de ponerlo en manos de la policía, a pesar de la crueldad desplegada, sobre todo si le inspiran sentimientos de afecto.

   
Bel Carrasco
Con esta tercera novela de Bel Carrasco publicadas en el período record de dos años (El relojero de Real y Las semillas del Madomus), de temáticas completamente diferentes, la autora valenciana entra en la minoritaria categoría de escritores todoterrenos.
      María García-Lliberós

Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE, el viernes 17 de abril de 2015.

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