viernes, 11 de abril de 2014

El retorno de "Babas de caracol". Cita en librería Ramón Llull de Valencia

Vuelve Babas de caracol, una novela esperada

     La noticia de la reedición de la novela Babas de caracol, de la autora valenciana María García-Lliberós, había generado mucha expectativaSe pudo apreciar ayer en el acto que tuvo lugar en la librería Ramón Llull de Valencia. Se congregaron seguidores de la autora y otros aficionados a la lectura que hasta entonces no habían tenido ocasión de conocer su obra o de leer la apasionante historia que se relata en Babas de caracol.
    María García-Lliberós explicó que la nueva edición de esta novela, publicada en 2006 y agotada en 2008, responde a la existencia de demanda pues el libro desapareció del mercado al poco tiempo de hacerlo la editorial originaria, una de las primeras víctimas de la crisis. El éxito se debió al boca-oído generado en torno a la novela lo que unido a la dificultad de encontrarla en los últimos años, la ha convertido en casi un mito literario, que ahora recupera Plataforma Editorial.
     El acto fue introducido por Almudena Amador, directora de la librería y anfitriona, y presentado con solvencia por la también escritora Isabel Barceló y asistieron entre otros Juan Ramón Barat, reciente premio de novela ciudad de Salamanca de este año, la novelista Elena Casero, el editor valenciano Marcos Zacarés. Barceló destacó que García-Lliberós es una autora “exquisita” capaz de elaborar una “prosa transparente” que permite adentrarse en el argumento con naturalidad y subrayó que Babas de caracol supone una evidencia de su madurez literaria a través de “una historia muy bien trabada y unos personajes “muy bien construidos”.
    Los personajes de Berta y de Pedro Ribera, protagonistas paralelos de la historia, centraron parte del discurso de la autora, que relató cómo a partir de una noticia que le impactó, encontró el hilo conductor de un argumento que al final contiene una lección de vida.
El original planteamiento de la novela, en la que Pedro Ribera, alter ego de la autora, narra el proceso de escritura de la propia novela inspirada en Berta, suscitó interés en este encuentro que concluyó con la firma de libros, una copa de vino y una conversación animada entre los asistentes.

      Mr. Georges. 11.04.2014 (prensa)



Escaparate de novedades
Intervención de Isabel Barceló

Isabel Barceló y María García-LLiberós
                                                                                     
Público en librería Ramón Llull

Juan R. Barat y María Garcia-Lliberós

Bienvenida de Almudena Amador

jueves, 27 de marzo de 2014

Nueva edición de BABAS DE CARACOL, en Plataforma Editorial.







¡LA NOVELA YA ESTÁ A LA VENTA!               

Babas de caracol  

Autor: María García-Lliberós

Editorial: Plataforma Editorial, 2014

Colección: Ficción

Formato: Rústica con solapas

ISBN: 978-84-15880-86-8

Páginas: 334

Precio: 19.00 


Una novela valiente que recorre el siglo XX

     Pedro Ribera, un escritor de éxito, recibe la llamada de un notario. Una desconocida, Berta Astomi, acaba de dejarle en herencia una cuantiosa suma de dinero. Pero hay una condición: deberá escribir una novela inspirada en la biografía de Berta en un plazo limitado. En sus indagaciones, el escritor no tardará en averiguar que su misteriosa testadora fue una mujer apasionada y orgullosa, víctima de una calumnia y consumida por un deseo desesperado de justicia.
     Babas de caracol es una novela valiente que recorre el siglo XX español, deteniéndose en los largos años de la posguerra. En sus páginas, el lector irá descubriendo que la historia con mayúsculas la forman pequeñas historias con minúscula, anónimas y reales.

     Publicada originariamente en 2006, Babas de Caracol fue Finalista del Premio de la Crítica Valenciana, con gran acogida entre los lectores de todas las edades. No en vano se adentra en una intriga familiar y social capaz de seducir a cualquier lector.

      Con esta edición revisada, Plataforma Editorial recupera para los lectores esta novela y, con ella, una apasionante historia llena de emoción y enseñanzas


*****

“El testamento era novelesco. ¿Por qué no podría serlo su vida? ¿Acaso la de cualquier persona no lo es en manos de un buen escritor? Ahí estaba el desafío. En la forma de contarla y de transformar la realidad en otra literaria que desvelara secretos y sombras del pasado”.

Extracto de Babas de Caracol.

«Uno de los mayores aciertos es haber tratado aspectos conflictivos en las relaciones familiares y de pareja sin caer en maniqueísmos. (…) una provechosa lección de vida.»
Ángel Basanta, El Cultural, de El Mundo

«La autora presenta lo más íntimo de sus personajes, lo que los convierte en seres tan paradójicos y ambivalentes como nosotros mismos.»
Mar Langa, Información

«María García-Lliberós nunca es sectaria, nunca es aburrida y nunca es superficial. De ahí la fuerza de sus relatos.»
Rafa Marí, Las Provincias

«Una obra de estructura compleja con resolución impecable, ordenada y en un tono libre de empalagos y dramatismos innecesarios.»
Ana Gimeno, Levante (suplemento Posdata)


miércoles, 12 de marzo de 2014

"Un gran profesional", corto realizado por Víctor Devesa

Duración: 4 minutos.

Como este blog está abierto a otras manifestaciones artísticas (aunque muestre preferencia por la literatura), hoy os ofrezco este corto, hecho con pocos medios, mucha imaginación y bastante esfuerzo. Me ha gustado el realismo de la historia que cuenta, la ironía que rezuma, la capacidad de hacernos sonreír con las pasiones del ser humano. Una delicia. Os dejo con el autor, 
María.  

Corto realizado el verano pasado por un servidor, con la inestimable ayuda del gran Daniel Descalzo Conde, la gran actuación de Cdf Paco Sarro, y la colaboración del presidente y gente del club Unió Benetússer Favara CF. Espero que os guste se hizo con cariño, 
Víctor Devesa

domingo, 2 de marzo de 2014

"Como ángeles en un burdel", de María García-Lliberós

Fue Premio de Novela Ateneo de Sevilla, en 2002.


Edición electrónica en:

- Amazon para los que tengan un lector Kindle. Para descargarlo pinchar aquí

- En TAGUS, para los que tengan cualquier otro lector.
Para descargar desde las librerías on line de Casa del libro
Desde la librería on line de El Corte Inglés.

El germen de esta novela surgió en 1998 tras un encuentro con un antiguo compañero de la facultad, entonces líder del movimiento estudiantil e intelectual marxista, convertido en la actualidad en ejecutivo de una empresa financiera. En aquella época de estudiante había tenido una hija con una joven de la alta burguesía a la que arrastró en su lucha política y con la que nunca se casó. Ahora ejercía de respetable padre de familia, formada con otra mujer. La existencia de aquella niña de la que se desentendió, se convirtió en una obsesión. Tendría casi treinta años, calculé. ¿Cómo habría sido su vida? No la conocía pero podía imaginarla y transformarla en personaje, incluso en protagonista y voz narradora. Es lo que hice. Me propuse meterme en la piel de una mujer joven para juzgar a mi propia generación, que tanto nos habíamos traicionado después. Así nació esta novela.

Sinopsis:
Angélica, de 31 años, ha crecido atrapada por la ausencia del padre y la relación destructiva con un hombre mucho mayor que ella, el doctor Pellicer, con el que, desde los 16 años, ha mantenido una relación de amor, sexo y odio.
Un relato con gran carga psicológica y erótica, llevado al terreno de los sentimientos, los intereses y las consecuencias derivadas de la heterodoxia social.
Cuenta la educación sentimental de Angélica, una muchacha seducida por un triunfador con el que inicia una relación lo suficientemente fascinante para que él pueda apropiarse de su voluntad. Una relación desequilibrada, clandestina, que le genera una dependencia absoluta. Angélica se convertirá en una mujer prisionera de una obsesión y víctima de un acosador moral hasta que, con crueldad y aprovechando las circunstancias, conseguirá librarse de él. Ambos lo pagarán caro.


Texto revisado para la edición electrónica en 2013.

"Ópera Magna", de Vicente Marco


XXIX Premio Jaén de novela.
Editorial Almuzara, 2013.
263 páginas.

Lo primero que aprecia el lector de esta novela es la brillantez en la puesta en escena. Tiene mucho que ver la prosa de frases cortas y concisas que no albergan posibilidad de equívoco alguno. Al igual que los diálogos, fluidos y al grano. Y las situaciones que al leerlas se transforman en imágenes de gran realismo. Es casi un guión cinematográfico. Leo en una de las contraportadas que Vicente Marco (Valencia, 1966), el autor, es también dramaturgo, algo que, sin duda, ha favorecido la estructura de esta novela.
Ópera Magna es un relato con enorme fuerza y que se lee de un tirón. El interés crece conforme avanza, incrementa la tensión, la curiosidad por el desenlace, el desasosiego que se comparte con el protagonista y el pánico. Diego Leonarte, uno de los protagonistas, escritor adicto a los concursos literarios de novelas de género, conoce a Nando y Aína, y se propone entrar en sus vidas para dirigirlas. Diego es inteligente, seguro, minucioso en el desarrollo de sus planes, obsesivo, manipulador y astuto, casi diabólico, que sabe aprovechar al máximo las debilidades de los otros. La pareja es vulnerable, a pesar de las apariencias de matrimonio consolidado. Diego se convierte en una cuña entre Nando y Aína, en una presencia permanente, complaciente para la esposa, agobiante para el marido que se ve desplazado, cuando no suplantado por este extraño que va asumiendo la autoridad en el núcleo familiar.
La novela no es perfecta. Contiene algunas debilidades argumentales (pretender vivir de los premios literarios es una falacia; los protocolos de las clínicas de fertilidad son rigurosos y no resulta creíble atribuirle a un tercero el semen de uno, una cuestión que da lugar a una inconsistencia al final; la falta de curiosidad de Nando y Aína, por la lectura de la novela Ópera Magna, escrita por Diego exprimiendo papeles de Nando y que acabará siendo la ruina de éste, antes de presentarla a un concurso importante, tampoco se sostiene), pero importan poco porque en esta novela, escrita en primera persona, de profundo contenido psicológico, lo realmente poderoso es la creación de esa atmósfera opresora, insegura, pavorosa para Nando e inquietante para el lector, y el proceso de transformación de ese trío –Diego, Aína, Nando- como individuos y de las relaciones entre ellos, dirigido por la enorme presión que despliega Diego en la ejecución de su implacable plan de apoderamiento de sus voluntades, hasta el desenlace final. Excelentes las escenas de sexo entre Aína y Diego imaginadas por Nando, un hombre normal, abocado hacia un deterioro ético inevitable.
Una novela que disfrutarán los amantes del género (de terror psicológico), y aquellos que gustan del análisis de las relaciones humanas en la distancia corta. Muy interesante.

Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE-EMV, el pasado viernes, 28 de febrero de 2014.

domingo, 16 de febrero de 2014

"Odio, amistad, noviazgo, amor y matrimonio", de Alice Munro

Editorial RBA, 2010
365 páginas.


     Cuando me enteré de que Alice Munro había ganado el premio Nobel, me propuse acercarme a su obra. Lo hago por primera vez con este libro que alguien me indicó que era el más adecuado para ello. Se trata de un conjunto de nueve relatos cortos, nueve trozos de vida que iluminan espacios oscuros de las personalidades de los protagonistas. Porque Alice Munro se mete en el interior de ellos y muestra los auténticos pensamientos y ambiciones que cada uno esconde y explican, de alguna manera, su conducta. Extraña conducta, en ocasiones. Las relaciones familiares y, sobre todo, las de pareja, son complejas, incluso las duraderas y con apariencia de balsa de aceite. Intereses varios, egoísmos, celos ocultos, decepciones, sumisiones engañosas, enemistades latentes, reproches ahogados, anhelos insatisfechos, se encuentran en la base de gran parte de las frustraciones que nos afectan. Querer es una acción difícil. Y dejarse querer, también.
     Por lo general, no me atraen los libros de relatos cortos. Prefiero una novela larga porque, si es buena, me deja una huella que no consiguen éstos. El estilo de Alice Munro es directo, franco y ameno. Sus historias se leen con interés. Gustan. Cada uno tiene un giro sorprendente e inesperado que te dice que la vida de cada cual no está contada de antemano y que las circunstancias tienen una importancia enorme en el curso de las mismas. También hay pensamiento y un conocimiento de la psicología de las relaciones humanas profundo.
     Seguiré aproximándome a esta autora, cada cierto tiempo, para empaparme de estas incisivas lecciones de vida. Valen la pena.









domingo, 9 de febrero de 2014

"Infierno de neón", de J. R. Barat.

Ediciones del Viento, 2013

235 páginas. 18,00 €.

Juan Ramón Barat (Valencia, 1959) amplía su registro literario con esta primera novela negra, ganadora del XVII Premio de Novela Ciudad de Salamanca. Lo hace con valentía y solvencia. Infierno de neón se lee con interés porque aborda un tema que es noticia, cada día más frecuente, en los medios de comunicación. El rapto y trata de mujeres, de cualquier raza y color, para obligarlas a
prostituirse es un negocio que mueve cantidades ingentes de dinero y está dando lugar a la proliferación a lo largo de los municipios costeros, sobre todo, de burdeles que son auténticas cárceles donde las mujeres se ven sometidas a humillaciones, daños corporales y amenazas de muerte.
El escenario geográfico es la costa de Murcia, aunque igual podría haber sido la valenciana, una zona machacada por la especulación inmobiliaria en los años del espejismo económico y el despilfarro, que ha dado cobijo al asentamiento de mafias, organizadas en férreas jerarquías, integradas por criminales sin alma, en las que un error se paga con la vida, dedicadas a la explotación sexual –de mujeres jóvenes, pero también adolescentes y niños- el tráfico de estupefacientes, el lavado de dinero negro a través de inversiones inmobiliarias, y hasta la venta de videos por internet conteniendo grabaciones de asesinatos en directo.
La fuerza de Infierno de neón se encuentra en la verosimilitud del entramado mafioso y sus procedimientos. El autor ha hecho un buen trabajo de documentación. La infiltración de topos, mediante sobornos, en la policía, la judicatura, entre los políticos, empresarios locales y funcionarios, les permite trabajar con unos márgenes de impunidad altísimos. Los métodos para engañar a las jóvenes, procedentes de países y familias pobres, y convertirlas en prostitutas, dan lugar a las escenas de mayor violencia, estremecedoras, precisamente, porque el lector las cree a pies juntillas. Ponen los pelos de punta y la novela, cumple así, una labor didáctica y de denuncia pues son los clientes de esos burdeles del siglo XXI los que a fin de cuentas financian la moderna esclavitud de las mujeres en el mundo desarrollado.
En cuanto a los personajes, la novela se ciñe al patrón del género y cumplen su función en el argumento. Matías Vidal, el pobre hombre abandonado por su esposa, profesor de filosofía y triste filósofo, testigo involuntario del asesinato nocturno de dos suramericanas, convertido en objetivo a eliminar por la trama criminal y en pequeño héroe romántico en su lucha por sobrevivir. El honesto inspector Corrales, a punto de jubilarse con la sensación de fracaso, al haber dedicado su vida a la persecución de delincuentes en una sociedad que favorece su crecimiento. Proteger a Matías se convierte en tarea titánica, al igual que desmontar el entramado mafioso. Sin embargo, son los perfiles de la pareja de policías corruptos, de Pepe el Negro, el Peque y el gitano Torres, Pancho Carrasco, Cesare Parelli y el resto de componentes de la banda los que surgen con potencia y generan mayor tensión en la lectura. Un conjunto de violadores, torturadores que gozan con el terror de las mujeres, asesinos, serviles con el jefe y crueles con los subordinados. Actúan con frialdad, sin permitir que los sentimientos se alojen sus espíritus. Saben matar y eliminar los cadáveres sin dejar huellas. Son profesionales del mal.

Para finalizar, una nota: España se ha perfilado en las últimas décadas como destino preferido de estos grupos criminales. Infierno de neón nos coloca frente a lo que es, también, parte de nuestra realidad. Por eso conviene leerla.

María García-Lliberós

Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de lEVANTE-EMV, el viernes 7 de febrero de 2014.

miércoles, 22 de enero de 2014

"Blonde", de Joyce Carol Oates

Rodrigo Muñoz, seguidor de este blog, hace esta recomendación.

"BLONDE", de  Joyce Carol Oates 
Editorial Alfaguara, 2012.
936 páginas.
26,00 €, en papel. 9,99 €, edición electrónica.


     Segunda novela que leo de esta excelente autora americana. 
   Sin ser una biografía de Marilyn Monroe, se documenta en hechos reales y, de manera muy convincente, imagina lo que pudo ser su manera de pensar y de actuar. Narra su (lamentable) vida, desde su infancia hasta su muerte. Pone a parir a los directivos de Hollywood, a los actores que trabajaron con ella – a uno de los pocos que salva es a Marlon Brando- y a los políticos entre ellos a John Fitzgerald Kennedy que, por cierto, lo retrata como un condenado hijo de cien padres. Excelente prosa, por lo que sus casi mil páginas se leen sin que el lector se canse, aunque en algún momento sí que aprecié que quizás fuese demasiado extensa. 
De lo que no cabe la menor duda es de que la Oates adoraba a Marilyn. Y los lectores acabamos adorando a Oates.

R. Muñoz.



Gracias, Rodrigo, por colaborar en el blog.
He empezado a leer este monumento literario dedicado a Marilyn y, cuando lo acabe, aportaré también mi comentario. 
M. G-LL.

domingo, 12 de enero de 2014

"La casa del fin del mundo", de Luis Veres

Ed. Denes, SL. Valencia 2013.

92 páginas.

 Novela corta estructurada en cuatro capítulos que aborda, a modo de monólogo, temas trascendentales que nos afectan a todos. Buen ejemplo de un realismo intimista de clase media. La voz narrativa habla en segunda persona y se dirige a un hombre de más de 60 años, que más adelante se descubrirá como el padre, agonizante o ya muerto, pues el relato mantiene unos límites difusos entre realidad e irrealidad, para ayudarle a recordar su vida. Se trata de un fracasado aspirante a autor de teatro y buen cómico que quedó en profesor de instituto para sacar
adelante a su familia. La voz es implacable, crítica con la sociedad actual, decepcionada, convencida de que vivir es una sucesión de insensateces, errores, inseguridad, y miedo. Parece que de la derrota del padre eche la culpa a los otros y las circunstancias, una actitud que sólo ocurre en esta primera parte.
En la segunda el hijo sacude al padre en un reproche continuo que, en cierta forma, es un reproche hacia sí mismo, al comprobar que las decisiones equivocadas se repiten a través de las generaciones. Le acusa de haberle educado sin convicción. Contrapone lo que anhelamos ser en un momento y no pudimos, con lo que somos, profundiza en las causas de la derrota, las contradicciones entre deseos simultáneos -¿por qué te casaste tan joven, tuviste hijos en seguida y te cargaste de deudas?, ¿por qué te pusiste la argolla al cuello, perdiste la libertad y, con ella, la posibilidad de ser feliz?- rodeados de una atmósfera mentirosa, cruel, metidos en un proceso liderado por el reclamo del dinero que nos va convirtiendo en insignificantes.
En la tercera parte, recuerda épocas decisivas para ambos. La de la muerte de la madre o esposa, los meses anteriores de enfermedad y deterioro y los posteriores, anegados de la sensación de pérdida, desamparo, irreversibilidad, sentimiento de culpa por no haber hecho más, de ira, de impotencia ante el destino, de incomprensión.
Finalmente, cambia el punto de vista y, al final de su discurso adopta el papel de padre para explicar que el olvido es una empresa imposible porque los recuerdos, los que quieres enterrar, te asaltan de improvisto, como una penitencia perpetua. Ahonda en el origen de la desgracia personal y la adversidad.
Una novela filosófica, intensa, con mucha carga de pensamiento y bastante amargura. Densidad de la prosa acentuada por la ausencia de diálogos que, sin embargo, te va atrapando y envolviendo como haría una araña habilidosa, porque el lector, convertido en oyente, reconoce la voz hostigadora de la conciencia, pegada a la vida y, por tanto, a la muerte, ese asunto sobre el que preferimos no pensar pero sabemos que anda al acecho.

             Está muy bien escrita. Había leído dos novelas anteriores del autor –El hombre que tuvo una ciudad (1998) y El cielo de cemento (1998)- y en ambas fluye una visión pesimista sobre el género humano. En ésta última profundiza y analiza con mayor rigor, como si el autor se hubiera visto obligado a madurar de prisa. Recomendable, por supuesto.

             Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE, el 10 de enero de 2014.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

"Y las montañas hablaron", de Khaled Hosseini



Editorial Salamandra, 2013.
384 páginas. 
20,00 €; ebook: 14,24 €.




Sinopsis: En 1952, en una aldea afgana, un campesino pobre y su mujer, venden a la pequeña Pari de 3 años, a una familia rica de Kabul, decisión que pesará sobre ellos y sobre Abdulá, el hermano mayor de diez años. La novela es un desasosegante itinerario de destinos múltiples, un movimiento de esencias y ausencias que se complementan en la necesidad del olvido y, al mismo tiempo, en la no resignación de la memoria a darse por vencida y olvidar. Novela que entrelaza los destinos de varias generaciones y explora las infinitas formas en que el amor, el valor, la traición y el sacrificio desempeñan un papel determinante en las vidas de las personas. (La reproduzco de la portada porque es un buen resumen).

Comentario
Khaled Hosseini ya había demostrado en "Cometas en el cielo" y "Mil soles espléndidos" lo buen contador de historias que es. Con esta nueva novela, que no defraudará a sus seguidores, se consolida como tal. Abarca un período que va de 1952 a 2009. Recorre, por tanto, una época de Afganistán convulsa, triste, en la que las sucesivas guerras internas  e invasiones del exterior han ido destrozando ciudades y aldeas, corrompiendo el poder político y animando a gran parte de la población a huir a otros paises para poder sobrevivir.
En torno a la historia de Pari y de Abdulá, hermanos separados a la edad de 3 y 10 años respectivamente, para seguir caminos por completo diferentes -Pari se educará en París y Abdula, tras muchas penalidades, acabará poniendo un restaurante en los EE.UU-, el autor aborda una serie de personajes con enorme profundidad, poniendo de manifiesto el papel fundamental de la familia, en cualquier sociedad, el apoyo que supone y los límites a la libertad individual que impone, los anhelos, sufrimientos y avatares que conlleva el existir. Las vueltas que da la vida, imprevisibles, sorpresivas, la dependencia del azar, la impotencia ante la injusticia, el desasosiego del exilio, la importancia de las referencias culturales para afirmar la identidad del individuo.
Una novela hermosa que se lee con enorme interés, casi con pasión, y que tiene la virtud de modificar nuestra distorsionada visión de Afganistán y de los afganos en general, y de dejar huella.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

"Siempre hemos vivido en el castillo", de Shirley Jackson

Editorial Minúscula, 2012                               

224 páginas.

Esta novela es extraordinaria y cuánto más la recuerdo, más me gusta. Recientemente la hemos analizado un grupo de amigas en un club de lectura que mantenemos desde hace años. La ponente fue la profesora Carmina Pastor e hizo una exposición tan interesante que le pedí que me pasara el texto para compartirlo en este blog, abierto a colaboraciones de interés. Se lo agradezco mucho. Estoy segura de que quien lo lea no resistirá la tentación de acercarse a la novela y engullirla. Un auténtico placer.

La reseña de Carmina Pastor.                                                  


              La lectura de esta novela publicada en 1962 deja una sensación extraña. El argumento es sencillo. Dos hermanas viven en el castillo familiar junto a su viejo tío. Son los supervivientes de un envenenamiento que, seis años atrás, acabó con el resto de la familia. Aunque la justicia acusó a Constance -la hermana mayor, absuelta por falta de pruebas-, el lector intuye pronto que fue la perversa protagonista -la pequeña Merricat- la asesina. Con un contacto mínimo con la gente del pueblo, viven en una armonía que se verá rota cuando aparezca el primo Charles, que aspira a casarse con Constance y conseguir los bienes de las hermanas. Decidida a evitarlo, Merricat provoca un incendio que consigue alejar al primo, pero que destruye casi por completo la casa. Sin embargo, cuando parecía abocada a un final dramático, la historia da un giro que conducirá a un final feliz, mágico e inesperado, en el que las hermanas, recluidas en la cocina -lugar cargado de simbología- conseguirán una felicidad superior a la que tenían al comenzar la narración.
               Merricat narra la historia en primera persona, por lo que los hechos pasan por su particular punto de vista. Los relata con lucidez, habilidad para mantener la tensión, y con toques de humor que aparecen incluso en los momentos más dramáticos. Su voz lo inunda todo. Junto a ella, los otros habitantes del castillo: Constance, que tiene un papel esencial, y el tío Julián. Frente a ella, los odiosos habitantes del pueblo y el primo Charles, que viene de lejos con la pretensión de quedarse, y que representan el peligro y el desorden. Y, aunque muertos, también están presentes sus antepasados, “los Blackwood”, habitantes del castillo que fueron envenenados, y “las mujeres de los Blackwood”, a las que se alude en varias ocasiones.
               El espacio adquiere una importancia crucial en la novela. Se centra en el castillo –ambiente de novela gótica- los campos que lo rodean y el pueblo sobre el que la autora proyecta una visión crítica.
               Frente a la precisión del espacio, sorprende la imprecisión del tiempo. Aunque a menudo se remonta a una época anterior en la que se sitúan los recuerdos y el trágico suceso, la narración comienza “un viernes a finales de abril” y termina en el tiempo indiferenciado en el que, tras el incendio, se sumergen las hermanas para el resto de sus vidas. A pesar de que el tiempo es impreciso, su presencia en la vida cotidiana –las horas de las comidas, los días de la semana, las mañanas y las tardes, etc...- va a ser importante, porque irá marcando los ritos diarios y el orden vital de los habitantes del castillo.
              En la novela el conflicto y el deseo de exorcizarlo aparecen explícitos. La autora subvierte nuestros valores morales y sociales al hacer que simpaticemos con los desequilibrados habitantes del castillo, especialmente con la hechicera asesina Merricat, despreciando a los habitantes del pueblo. La historia está a medio camino entre la novela gótica y el cuento de hadas. Pero, es un cuento de hadas con otros valores: las princesas son asesinas, el príncipe que viene a salvarlas y conseguir la mano de la princesa, lo que busca es su dinero, representando para ellas el caos absoluto. Y el final feliz está lejos de consistir en la boda o en la socialización de las hermanas. Adoramos a la perturbada Merricat, que ha envenenado a su familia y no dudaría en asesinar al pueblo entero para salvarse de lo que ella vive como caos.
               Es cierto que los medios que utiliza son desproporcionados al peligro que la acecha -los castigos de los padres, el matrimonio de su hermana-. Eso nos parece a los lectores. Pero no a ella, pues Merricat tiene algún trastorno mental y, por ello, su cabeza, en la que no cabe el arrepentimiento, funciona de forma diferente a la nuestra. O debería hacerlo, porque con su narración Merricat consigue que veamos las cosas como ella las ve y sintamos lo que ella siente. Lo que nos perturba es que no hay valoración ética en la novela, pues por sus actos malvados no recibe castigo, sino recompensa. Y los lectores nos alegramos asumiendo la impunidad que se desprende de la historia y la normalización de lo que en la vida real nos parecería monstruoso.
               En el capítulo primero, en un párrafo de antología, Merricat se presenta a sí misma. Con prosa sencilla, directa y eficaz, lucidez cautivadora y un corrosivo sentido del humor, nos pondrá al corriente de lo que ella considera importante sobre su vida, sus gustos y deseos. Desde el comienzo la vemos como un ser algo salvaje, asocial y solitario y con una atracción especial por la muerte. Este capítulo es esencial porque Merricat nos va a presentar el espacio en el que se desarrollará la novela: el castillo de los Blackwood y el pueblo al que tiene que acudir martes y viernes movida por “la necesidad de conseguir libros y comida”. Espacio doble en el que podemos ver reflejado el conflicto entre el orden del castillo y el que representa para ella el caos (“La gente del pueblo siempre nos ha odiado”). Los lectores vamos a acompañarla “un viernes a finales de abril” en una de sus incursiones por el pueblo. Nos describe las casas corrientes sucias y feas, que contrastan con las casas señoriales y a sus habitantes (“gente fea de rostro malvado”, “insípidas caras grises y ojos llenos de odio”).
               Accedemos a los pensamientos que la asaltan (el sentimiento de ser odiada y de odiar, el miedo y los mecanismos para conjurarlo, el empeño por mantener su orgullo y dignidad sin enseñar su terror) y a algunos recuerdos del pasado. Vemos las reacciones de la gente que se burlan de ella. Hasta los niños la atemorizan persiguiéndola y cantándole la canción que actuará a lo largo del libro como una especie de estribillo: “Merricat, dijo Connie, ¿una taza de té querrás? / Oh, no, dijo Merricat, me envenenarás...” y que alerta de algún hecho misterioso que tiene que ver con Constance y su imposibilidad de salir de casa.
               Al terminar el capítulo, el lector está atrapado por el personaje de Merricat. La percibe indefensa, oprimida por angustiosos temores, sola ante un poder exterior que la supera. Es la protagonista típica de la novela gótica y de muchos cuentos de hadas, que despierta la inmediata simpatía del lector. Sin embargo, aquí el personaje está lleno de odio y anhelo de venganza que le lleva a desear la muerte de sus enemigos. Empezamos a dudar de si Merricat no ve las cosas distorsionadas. Pero estas objeciones no impiden que deseemos protegerla y que le perdonemos -como hace Constance-, aceptando como normal e inevitable lo que vaya sucediendo.
                   A partir del capítulo segundo, el espacio en el que va a desarrollarse la narración será el castillo de los Blackwood. Veremos moverse y hablar a los otros habitantes del castillo -Constance y el tío Julián- y al gato negro Jonás, compañero de Merricat. Conoceremos parte del pasado familiar a través de los recuerdos de Merricat y del tío Julián. Comprobaremos la necesidad que las hermanas tienen la una de la otra. Constance se irá colocando en el centro del misterio. Sus territorios son el jardín, el huerto y la cocina, en la que prepara todo tipo de alimentos. Vamos adentrándonos en sus temores y esfuerzos por controlar a la poco convencional Merricat. Pero la hábil y traviesa narradora, aunque conoce los hechos, va dosificando su esclarecimiento, manteniendo la intriga de los lectores. Vamos enterándonos de que no tenía permiso para preparar la comida ni para buscar setas, no podía servir el té ni lavar los platos, ni entrar en la habitación del tío Julián, ni coger cuchillos... Veremos a los habitantes del castillo con sus cotidianos ritos llevando una vida ordenada, armónica y feliz.
               Sin embargo, la perspicaz y adivina Merricat percibe, al volver del pueblo, un cambio en Constance, que interpreta como un presagio del caos. En una escena memorable, asistimos a la visita que Helen Clarke para tomar té. Este viernes acude con Mrs Wrigth, e insiste a Constance -ante el enfado de Merricat- para que vueva a retomar el contacto con el mundo. Será ahora cuando los lectores nos enteremos del envenenamiento que terminó con el resto de la familia y que el tío Julián cuenta ante una escandalizada Helen Clarke y una curiosa Mrs Wright. Los tres supervivientes están divirtiéndose al ver cómo el relato aterra a las visitantes. Los percibimos como geniecillos traviesos que estuvieran contando un relato de terror que nada tuviera que ver con ellos.
               A partir de esta tarde, Merricat sabe que el peligro se materializa en la figura del primo Charles que aparece en el castillo el domingo. Su llegada rompe la rutina y acapara una parte de los cuidados de Constance. El primo Charles nos va cayendo cada vez peor. Es cierto que es Merricat la que nos está contando los hechos, pero desde el principio lo vemos interesado por el dinero. Charles adquiere poder, el ambiente de la casa se va enrareciendo y el duelo entre ambos se manifiesta abiertamente.
               Constance defiende al primo Charles y se muestra contenta con su presencia. No resulta fácil acceder a lo que siente ya que Merricat solo nos enseña lo que a ella le interesa. Es posible que Constance se haya enamorado de Charles, pues -aunque nunca se llegue a decir- está pensando en casarse. En la novela no se habla de amor, porque la celosa, egoísta y malvada Merricat lo impide, sólo de peligro. Un peligro doble ya que la presencia de Charles pone a Constance frente al amor y la normalidad.
               Constance está teniendo una lucha interna entre las formas de vida y de amor que representan Charles y Merricat. Por su parte, éstos se enfrentan por poseer a Constance. Merricat, la gran manipuladora, comprende la dimensión del peligro y el poder del adversario y decide destruirlo.
               En una extraña ceremonia imaginaria, conjura a los muertos familiares que han cambiado y  aprendido a quererla, a darle todos los caprichos y a no castigarla. El recuerdo del castigo ha despertado algo muy fuerte en su interior. Sube a la habitación de Charles y allí, sobre la mesa, ve su pipa encendida y la arroja a la papelera provocando un incendio del que aparecerá Charles como responsable. La intención era quemar la habitación que contenía las cosas de Charles, pero pronto el fuego se extiende por el viejo castillo.
                   El incendio actúa como elemento desencadenante de una catarsis colectiva en la que las pasiones se desbocan sin freno. En una escena terrible en la que todo el pueblo acude al castillo para contemplar cómo las llamas lo devoran, vemos estallar el odio y la crueldad de los habitantes del pueblo. La gente mira cómo se quema la casa y ríe sin parar. Apagado el fuego, se desencadena el afán de destrucción y las hermanas serán acorraladas por una multitud salvaje y enfurecida.
               Será Jim Clarke quien consiga detener la violencia con unas palabras: “Escuchadme, Julián Blackwood está muerto […] Marchaos. Hay un muerto en esta casa.” La presencia de la muerte desactiva la furia. La gente abandona el lugar. Merricat, que durante todo el tiempo parece haber conservado la sangre fría, llevando a la atemorizada Constance casi a rastras, consigue llegar a su escondite secreto y será en este momento cuando Merricat haga su confesión:
     “-Les pondré veneno en la comida y observaré cómo mueren.
     -¿Como la otra vez?
     --Sí --respondí un instante después-. Como la otra vez.
               Ha elegido el momento adecuado. Tras la terrible escena, en la que Charles y la gente del pueblo han mostrado su lado malvado, los lectores nos ponemos de parte de las hermanas y podemos perdonarle a la valerosa Merricat, cualquier cosa que haya hecho en el pasado.
               A la mañana siguiente, comprueban lo que el incendio ha destruido. Sin embargo, la cocina sigue intacta, aunque sucia y llena de cosas rotas. En torno a ella las hermanas reconstruirán el nuevo orden. Constance se ocupará de la comida y la limpieza y Merricat de la seguridad, de la protección frente al resto del mundo. Se han quedado sin nada, sin cama, sin ropa, sin la casa de sus padres y antepasados, sin contacto con el exterior, habitando en una cocina en la que todavía queda comida, pero que acabará terminándose.
               Entonces se produce el milagro. Alguna gente del pueblo, arrepentida, empieza a llevarles comida y dejársela delante de la puerta. Es una ofrenda de expiación. El fuego ha actuado como elemento destructor del antiguo orden y como elemento purificador, que posibilita un nuevo comienzo que conduce a un orden que supera en perfección al orden primero. Ha cumplido su función catártica. La gente del pueblo comienza a acercarse al castillo, pasean por el campo o se sientan a comer en el césped mientras los niños juegan. Nadie las molesta. Va forjándose la leyenda de esas señoritas a las que nadie ve que viven entre las ruinas del castillo. Un día apareció Charles con un periodista. Venía buscando el dinero o alguna foto de las hermanas que le reportara beneficios económicos, pero llamó a Connie infructuosamente, porque está curada del amor que llegó a sentir por su primo. El caos que representó Charles en la vida de Merricat está exorcizado y nadie podrá separarla de su hermana.
                   Este inesperado final feliz hace inevitable que nos preguntemos qué ha pretendido la autora con este giro desde el verismo salvaje, con su carga de crítica social, hacia lo irreal e inverosímil. La respuesta parece sencilla: Shirley Jackson (1916-1965) nos coloca al final de la narración en un plano distinto del que estábamos, pues con una lectura literal no accedemos al sentido profundo de la novela. Es necesaria una lectura metafórica que nos lleve y nos sitúe en otro plano diferente del de los hechos que se relatan en ella. Porque hay cuestiones que no han quedado claras. Es cierto que Merricat ha conseguido lo que quería. Pero, ¿por qué quiere lo que quiere?; ¿quién es Merricat, ese personaje que encierra una profunda complejidad?; ¿y quién Constance o qué representa?, ¿de qué quiere protegerla y salvarla Merricat? Un abanico de posibilidades interpretativas se abre ante nosotros.
               La primera es que Merricat es la típica niña-adolescente que no quiere crecer y enfrentarse con el mundo. Tiene doce años cuando envenena a los padres y se provee de un ambiente protector. Se busca una madre perfecta que la alimente y la cuide, que la quiera y no la castigue. La llegada de Charles y su boda con la hermana la obligarían a crecer y, por eso, Charles supondrá para ella un enemigo terrible. Joyce Carol Oates ve latente un elemento de sexualidad reprimida que envuelve a las dos hermanas, atrapadas en una relación casi incestuosa. También sería posible interpretar los actos de Merricat como la búsqueda de una relación perfecta madre-hija. La niña o adolescente necesita una madre que la alimente y la cuide, y la quiera.
                   Se ha sugerido que Merricat y Constance podrían representar los dos planos vitales en los que se movía la autora: Constance representaría al ama de casa y madre de cuatro hijos, y Merricat, la escritora de historias de terror, una bruja –su marido difundió el rumor de que era una bruja para promocionar sus novelas- que vivía en compañía de seis gatos negros y que a lo largo de su vida estuvo aquejada de diversos trastornos psíquicos y de enfermedades psicosomáticas (murió a consecuencia de su adicción a las anfetaminas, el alcoholismo y la obesidad mórbida. Sufrió agorafobia lo que la incapacitaba y le impedía salir de su habitación).
                   Otra interpretación de la novela es en clave feminista. Para hacer esta lectura voy a apoyarme en el libro La loca del desván de Sandra M. Gilbert y Susan Gubar. Tras estudiar las obras de las grandes escritoras del siglo XIX y de algunas del XX, se sorprendieron por la coincidencia de temas e imágenes en autoras distantes geográfica, histórica y psicológicamente.
               En la Inglaterra victoriana se tenía el convencimiento de que la sexualidad masculina estaba asociada con el poder literario mientras que la femenina implicaba la ausencia de dicho poder. Así, las mujeres que osaron escribir tuvieron que enfrentarse a un dilema: o confesaban sus limitaciones femeninas y concentraban sus esfuerzos en los temas menores reservados para las damas, o se rebelaban aceptando la crítica y la marginación, pues eran calificadas de locas por descuidar los deberes propios de las mujeres intentando realizar actividades a las que sólo los hombres tenían acceso.
               Tuvieron que enfrentarse a una tradición literaria masculina, que presenta unos estereotipos de las mujeres, creados por los hombres y repetidos durante siglos, que las escritoras tienen asimilados pero en los que no se reconocen. La autora debe luchar con su miedo a no ser capaz de crear por su condición de mujer y al retrato que de ellas se hacía en los libros escritos por los hombres. Para escribir es necesaria la autoafirmación, interiorizar y creerse sus capacidades creativas, y después buscar una definición de sí mismas al margen de las creadas por los varones.
                   La tradición literaria masculina ha encerrado a la mujer en su modelo patriarcal de sociedad, que entra en conflicto profundo con su autonomía y  creatividad. Por ello, la revuelta que supone escribir la identifica con un ser monstruoso que vive para sus placeres, utiliza a los hombres y, en su locura, intenta ser como ellos. Es una bruja que posee artes poderosas y peligrosas. Y era con ella con quien se identificaba a las mujeres que intentaban coger la pluma e igualarse a los hombres.
               Estas escritoras evitaron la imitación de los modelos masculinos creando significados ocultos dentro o debajo del contenido público más accesible de sus obras. Emplearon una amplia gama de tácticas de ocultamiento para oscurecer, aunque no borrar, sus impulsos subversivos. Surge así el personaje de la loca furiosa una y otra vez en sus escritos. La loca-monstruo-bruja se vuelve una encarnación crucial del yo de la escritora. Tuvieron que esconder su furia bajo fachadas aceptables para una sociedad en la que se sentían recluidas -en las casas y en los textos de los hombres-. Las imágenes de enclaustramiento, de reclusión y el sentimiento de impotencia abundan en sus novelas. Las casas y su mobiliario doméstico son el símbolo primordial del aprisionamiento contra el que expresaron su ira escenificando huidas rebeldes, que a veces conducían hacia la nada.
                   Resulta más fácil comprender aspectos que nos habían quedado oscuros de Siempre hemos vivido en el castillo si colocamos a la autora y su novela dentro de esta tradición literaria. Aunque con una salvedad: Shirley Jackson no crea el personaje de la loca-bruja para ser destruido, como hicieron sus predecesoras. Las hermanas representan los dos polos opuestos de mujer, los dos estereotipos que aparecen en los relatos que los hombres han escrito durante siglos; y la autora las crea en su novela para salvarlas del destino de “las mujeres de los Blackwood”.
                   Shirley Jackson, una escritora trasgresora que utiliza el cuento gótico para criticar a la sociedad de su tiempo, crea el personaje de Merricat para proyectar su desasosiego. Un desasosiego que se manifiesta en los trastornos que padeció y que parecen tener relación con la ansiedad que la autoría femenina provoca. Lo novedoso es que convierte a la perturbada Merricat en triunfadora y dueña de su destino, al superar la contradicción que supone venerar la casa de sus antepasados y quemarla, librándose de un espacio doméstico que representa las tradiciones familiares que rechaza, conservando la simbólica cocina-útero, lugar mítico de poder femenino, que acoge la fusión feliz de las dos figuras femeninas opuestas, sin nada ni nadie que la perturbe. Y, así, el libro termina con esa imagen de las hermanas compenetradas que, encerradas en una cocina oscura de una casa en ruinas, bromean y miran sonrientes, por unas rendijas que han dejado en los cartones que tapan las ventanas, a las gentes del pueblo que, sin estar seguros de su existencia, hablan de ellas, creando y propagando su leyenda.

               Carmina Pastor.

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