viernes, 2 de noviembre de 2018

Reseña de "La función perdida" en el blog "La librería de Chelo"

https://lalibreriadechelo.wordpress.com/2018/10/30/la-funcion-perdida/

LA FUNCIÓN PERDIDA 

María García-Lliberós
Edit. Sargantana, 2018

Emilio Ferrer, ingeniero y Jefe del Área de Proyectos de la Dirección General de Infraestructuras durante varias décadas, ha sido un hombre importante, respetado y temido, con influencia sobre los políticos de cualquier partido (nadie osó cesarle) debido a su capacidad para adoptar un perfil técnico bien informado y flexible. Era el funcionario que necesitaban a su lado para vestir el expediente y dar cobertura legal a sus tejemanejes. Y con el que no convenía indisponerse porque sabía demasiado. Tenía poder. Cuando en febrero de 2010 pierde su función, en medio de una crisis económica despiadada, su vida da un vuelco al tener que enfrentarse a nuevos retos, a su pasado familiar y a un futuro incierto.
Esta es la primera novela que leo de esta autora, hasta ahora desconocida para mí, pero creo que no será la última, dado que las más de 350 página de LA FUNCIÓN PERDIDA no me han supuesto ningún esfuerzo de lectura, si bien he de confesar que el inicio me costó un poco, pero le di una cuantas páginas más y me he encontrado con una historia muy interesante y bien narrada. Es la que se le plantea a un señor, que ha ocupado un alto cargo en su activa vida profesional en la Administración Pública, cuando llega el momento de su jubilación.
maría
María García-Lliberós – Valencia, 1950
Emilio y Guillermo son dos personajes que María García-Lliberós ha diseñado perfectamente y a los que ha dotado de un carácter y actuación en la vida tan diferentes entre ellos que hace que puedan mantener una férrea amistad que perdura a través de los años. Elena y Adelita, las hijas de ambos, son la antítesis de la bondad de unas hijas hacia sus padres, y están tan bien conseguidos sus caracteres que logra que se hagan antipáticas al lector. Sara y Trini son dos mujeres que se incorporan a sus vida en esta nueva andadura. Sólo por conocer a Nacho y Harry te irías de vacaciones a Nueva York y desearías ser acogido en su flamante apartamento frente a Central Park. Y por último quiero destacar a Marisa, la nieta adolescente de Emilio, una desconocida hasta ese momento en el que se produce un encuentro entre ambos que hará nacer el amor entre abuelo y nieta y que marcará su relación futura.
Una novela muy interesante que te deja un buen sabor de boca al constatar que se puede empezar una nueva vida después de la jubilación y que puede ser incluso más satisfactoria que la anterior. Os recomiendo que la leáis, no os defraudará.

martes, 30 de octubre de 2018

"Ordesa", de Manuel Vilas

Editorial Alfaguara, 2018                   
387 páginas.

Me sorprende que este libro se haya colado en la lista de los más vendidos y se mantenga en ella durante más de diez meses. O los españoles hemos elevado la calidad de nuestras lecturas a niveles impensables, o se ha producido un milagro, o nos están engañando. Porque Ordesa no es un libro fácil, ni está dirigido a los que solo buscan divertimento en las lecturas que son los que hacen realidad los best sellers, ni tiene una trama novelística de género. No, Ordesa es otra cosa, un libro de difícil clasificación, un largo monólogo sobre la vida y la muerte, un desahogo del autor ante el dolor causado por la pérdida de los padres, un paliativo para el remordimiento, una explosión para la ira y la melancolía, una forma de recuperarlos en su memoria.
Ordesa se publica en una colección de narrativa hispánica, un concepto amplio. ¿Es acaso una novela poco convencional o se trata de unas memorias? Sabemos que la voz narrativa en primera persona es la de un hombre que de niño le llamaban Manolito, que nació en Barbastro en una familia sin dinero, que tiene un hermano, datos que podrían identificarse con los del autor. Pero ello poco importa, nos quedamos con que escuchamos la voz de un hombre que cuando escribe ha cumplido cincuenta y cinco años, se siente solo, tiene un pobre concepto de sí mismo, perdió a su padre en 2004 y diez años más tarde a su madre, se ha divorciado y sus relaciones con los hijos son escasas. Un hombre que ha sido un bebedor y que se sabe frágil. “Para un bebedor el sexo es solo un aditamento del alcohol” llega a decir. Un hombre que se mueve por un escenario de desolación y tristeza. En esas circunstancias se propone estrujar su memoria y descifrar los enigmas de la vida de su progenitor.
El protagonista se da cuenta, al morir sus padres, de cuánto los amaba, sobre todo al padre con el que se identifica, porque de la madre habla menos y de forma mucho más crítica. Escribir sobre ellos, sobre sus fantasmas, hablar con sus muertos, es una forma de recuperarlos, porque es consciente de que nunca supo quien fue su padre y por eso escribe este libro. Describe al padre como un ser tímido, elegante, enigmático, jugador de cartas, representante de una empresa textil catalana para la zona de Aragón (vendía telas a los sastres de la zona a comisión, actividad en declive). Filosofa sobre la importancia de la materia, de los objetos que conservan en su interior el alma de los vivos que los poseyeron. Por eso se arrepiente de haber incinerado a sus padres, por haber destruido la materia ósea, una idea que repite con frecuencia. “La materia mantiene el tiempo viejo metido en un espacio”. Nos muestra el proceso de escritura como una forma de reconciliarse consigo mismo.
Un relato de 157 capítulos cortos que se van correspondiendo con recuerdos concretos de la niñez y la juventud, en esa España casposa de los sesenta y los setenta, con mucho pensamiento bastante original y una prosa hermosa, incluso lírica por la que asoma el poeta que es también Manuel Vilas.
Las primeras páginas de este libro me desconcertaron. No lo esperaba así, sin una trama novelística, pensé que no me  iba a gustar y, sin embargo, me vi interesada en esa lectura tan íntima, en esa exposición de sentimientos a veces ruda, siempre de apariencia sincera que toca tu sensibilidad sobre todo si ya has pasado por la experiencia de haber perdido a tus padres. Ordesa te atraviesa el alma con frases tremendas, como esta: “Edificamos entre todos un escabroso camino hacia la soledad” y muchas otras que te obligan a meditar.
Un libro diferente para lectores que gustan de hacerse preguntas e intentar contestarlas.
María García-Lliberós

martes, 23 de octubre de 2018

"Padres e hijos", de Ivan S. Turguéniev

Editorial Alba, 2015                                 

Traducción: Joaquín Fernández-Valdés.
288 páginas.


El inmenso atractivo de la literatura rusa se encuentra en que nos  descubre una sociedad muy particular y desconocida. Y la novela que fue escrita durante el siglo XIX permite vislumbrar las causas de la explosión revolucionaria que acaecería a comienzos del XX: una sociedad sin clase media ni proletariado industrial, una masa de campesinos hambrientos y analfabetos dominados por una Iglesia ortodoxa corrupta que, junto a la aristocracia con el zar a la cabeza, sustentaban un sistema decadente y medieval. Rusia ni tuvo Ilustración ni Renacimiento lo que la distancia de la evolución de otros países europeos. Esta novela fue escrita en 1862 tras la llamada liberación de los siervos (1861), un hito al que seguirían transformaciones más radicales hasta el estallido de la revolución bolchevique.                           
Ivan S. Turgueniev
El título, Padres e hijos, nos orienta sobre su objetivo, mostrarnos la relación entre dos generaciones pertenecientes a la clase alta de terratenientes agrarios. La de los padres, representantes del "hombre superfluo", cuya existencia está presidida por el aburrimiento, la ausencia de objetivos y, sobre todo, falta de actividad para emprender cambios que sí ven necesarios, y los hijos, o aquellos hijos que han abrazado el nihilismo como ideología. Turgueniev, precisamente, acuñó estos dos términos y definió al nihilista como la persona que no reconoce ninguna autoridad y solo cree en el conocimiento empírico.  
Yevgueni Bazárov, el protagonista, es un avanzado estudiante de medicina que encarna a la juventud rusa radical, positivista y materialista, que rechaza la religión y las convenciones morales y estéticas. Amigo y compañero de Arkadi Kirsánov, se enfrentará al tío de este, Pavel Kirsánov, ejemplo de hombre superfluo, devoto de las tradiciones que llegará a retarle en un duelo patético por resultarle insoportable su presencia, y menospreciará a Nikolai Petrovich Kirsánov, padre de Arkadi, pésimo gestor de su hacienda e incapaz de establecer relaciones racionales con los campesinos que trabajaban para él. "El campesino ruso sigue siendo ese desconocido misterio. ¿Quién es capaz de entenderlo?". Sin embargo, su hijo Arkadi iniciará un modelo nuevo más productivo.
Los nihilistas tenían un concepto pobre de las mujeres, las despreciaban, así como del amor galante y el matrimonio. No obstante Bazárov sucumbirá, a su pesar, ante una mujer hermosa, rica e inteligente a la que reconocerá su igual en una relación que, propia de los hihilistas, no llegará a nada. 
La publicación de Padres e hijos tuvo una enorme repercusión en la Rusia de su época. A Turgueniev le cayeron duras críticas, probablemente entre los que se reconocían retratados en estos estereotipos sociales, y tuvo una gran influencia sobre otros escritores.  Mucho se debió a la prosa clara y directa, al buen diseño de los personajes, a la naturalidad de los diálogos, a la forma como supo reflejar la mentalidad de la época  y a las reflexiones filosóficas que contiene. Entre ellas, sobre la indiferencia de la muerte hacia el mundo de los vivos. 
Una lectura recomendable.
María García-Lliberós  
       


viernes, 12 de octubre de 2018

"Trilogía de la guerra", de Agustín Fernández Mallo

Editorial Seix Barral, 2018.                                             
Premio Biblioteca Breve, 2018
496 páginas. 21 € en papel; 12,99 €  ebook.


     Hacía tiempo que no tropezaba con un libro tan complejo y sorprendente. Su lectura me ha resultado hipnótica, a pesar de que con frecuencia me estaba preguntando a dónde quería llevarnos el autor a través de ese torrente incontrolado de pensamientos trasladados al papel. Comienza con una cita inquietante: "es un error dar por hecho lo que ha sido contemplado".
     El relato se divide en tres partes, aparentemente inconexas y autónomas, relatadas en primera persona por tres
voces y desarrolladas en tres escenarios diferentes. En todas hay evocación de la muerte, exilio, desolación a través de las imágenes. 
     En la primera parte un escritor decide vivir durante un tiempo clandestinamente en la isla gallega de San Simón, que durante la Guerra Civil fue un campo de prisioneros republicanos, para recuperar la memoria de aquellos muertos. Lo que nos cuenta, poco conocido, es estremecedor y evidencia las huellas que la guerra deja sobre el territorio de los vivos. En la segunda parte, o segundo libro, el autor nos traslada a Nueva York donde toma la palabra Kurt, el cuarto astronauta que pisó la luna, el astronauta desconocido porque era el encargado de grabar a los otros y no aparecía en las imágenes. Un astronauta que después fue piloto en la guerra del Vietnam, un individuo que camina por la noche a través de la ciudad y reflexiona sobre la forma que toman las guerras en nuestro tiempo, sobre la soledad de la gente. Finalmente, en el tercer libro la voz narradora es la de una mujer que emprende un viaje a pie por las costas de Normandía, rememorando uno anterior que hizo con su compañero, deteniendo su mirada en el paisaje, en  el perfil de los pueblos, en la arena de las playas que pisa consciente de que en ellas se encuentran restos de huesos de aquellos que desembarcaron como liberadores.
     Esta lectura que, como digo, atrapa de forma inexplicable, tal vez por la excelente prosa, abarca demasiadas cosas, usa excesivas variables, literarias, pictóricas, científicas, que mezcla a su antojo para retratar la convivencia entre vivos y muertos y la imparable transformación del mundo que vivimos, que se desarrolla como un tumor que distorsiona sus contornos y crece hacia la autodestrucción.
     Tiene páginas brillantes y otras en las que consigue irritar, porque sospechas que pensamientos que te parecen ridículos contienen una simbología cuyo significado se te pudiera estar escapando. Agustín Fernández Mallo se mueve por un universo literario propio, innovador. El lector necesita esforzarse para seguirlo. Tiene su compensación.
     María García-Lliberós.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

"El último gin-tónic", de Rafael Soler.


Editorial Contrabando, 2018.
Rafael Soler

212 páginas.

Rafael Soler (Valencia, 1947), es poeta y novelista y, en ambos campos se ha caracterizado por su audacia en el uso del lenguaje.
En 1978 publicó El grito, reeditada en 2014, una novela corta excelente que nos habla del fracaso de una pareja. Fue bien recibida por la
crítica que la calificó de ejemplo de la "nueva novela española".
En 1982 publicó El corazón del lobo, reeditada en 2012, una novela singular por su estructura y por el lenguaje que consigue hacer original un tema manido como la decadencia de un matrimonio tras más de una década de casados y la necesidad de introducir estímulos para reavivar el amor.
Otras novelas suyas son El sueño de Torba (1983) y Barranco (1985).
 En la biografía literaria de Rafael Soler viene un período de veinte años de silencio, en los que no publica nada, para reaparecer en 2009 como poeta: Maneras de volver, Las cartas que debía (2011), Ácido almíbar (2016, Premio de la Crítica Valenciana) y No eres nadie hasta que te disparan (2016).
En 2018, treinta y tres años más tarde desde su última novela, regresa a la narrativa con El último gin-tonic (Editorial Contrabando), una obra en la que, en palabras del autor, convierte al lenguaje en protagonista esencial.
La novela se estructura en cuatro partes que se corresponden con cuatro días del mes de febrero de 2018 (la novela salió al mercado en marzo y me ha sorprendido este detalle), cuatro fechas consecutivas que van a revolucionar la saga familiar de los Casares al morir Moisés, el patriarca, un hombre mayor, dependiente por su salud, aunque no lo suficiente como para dejar de espiar a las mujeres a través de un catalejo, y con dinero, el elemento que lo hace poderoso y respetable. Una muerte tomada con cierto desenfado, con naturalidad, incluso con sentido del humor, aunque no exenta de sentimientos.
Estamos ante un relato que se sumerge en el núcleo familiar desde una perspectiva muy masculina. Moisés tiene dos hijos, Alberto y Lucas, mellizos y de caracteres diferentes que pugnan por la misma mujer, María que, a su vez, no lo es de ninguno de los dos. Lucas tiene tres hijos, Marcos, Mateo y Juan, nombres bíblicos que algún crítico ha interpretado como una evocación a la última cena. Estos son los personajes que sostienen la trama de la novela, seis hombres, diferentes y bien diseñados, con sus ambiciones, vicios, anhelos, fracasos y deseos.
La muerte de Moisés los convocará a todos, pero cada uno seguirá con su vida, sus negocios, sus amores transitorios, sus trampas y malas relaciones, sus soledades. Pura vida.
Lenguaje irónico que arranca con frecuencia la sonrisa del lector para mostrarnos situaciones trágicas que pasan a ser cómicas al mostrarnos las debilidades humanas en un tono más condescendiente que punitivo.
En cierta forma, la novela respeta una estructura circular, pues empieza con una carta, un correo electrónico propio de nuestro tiempo, y acaba con otra. Esta relación epistolar es excelente y atrapa la curiosidad del lector de inmediato. Una correspondencia entre Lucas, el personaje con mayor presencia en el texto, y Diego Wiekman, guía turístico en Puerto Madryn, Argentina, especialista en elefantes marinos. Estos animales se caracterizan por su comportamiento sexual, pues un solo macho acapara a todas las hembras, como si de un harén se tratara, mientras al resto se les denomina los periféricos, y se mantienen al acecho para arrebatarle por la fuerza al sultán su privilegiada posición. En ese momento, haciendo una analogía, tanto Diego como Lucas pueden considerarse periféricos en relación con María.
Nos encontramos ante una novela visual y, por tanto, cinematográfica (al estilo de Pedro Almodovar, por ejemplo). Precisamente, aprovechando que uno de los personajes, Mateo, es guionista, mezcla realidad y ficción (dentro todo de la ficción, claro), al tomar algunas secuencias la forma de guión escrito desde el punto de vista de Mateo que en esos momentos es la voz narrativa, sustituyendo a la omnisciente.
Lenguaje directo, en el que los silencios cobran importancia, con escasas metáforas pero preciosas y llenas de sensualidad, como esta que sirve para describir a Paola, un personaje secundario: “del cuello a los talones era toda fruta”. El poeta Rafael Soler surge como la espuma entre las olas de la prosa novelística.
Una novela, El último gin-tónic, moderna, imaginativa, sin remilgos, con una visión tolerante y bien humorada de los perdedores, de esos periféricos con los que podemos identificarnos todos en períodos más o menos largos de nuestra vida.
Es lo que la hace recomendable.

María García-Lliberós.

jueves, 2 de agosto de 2018

"Cuando sale la reclusa", de Fred Vargas.

Editorial Siruela, 2018
Traducción de Anne-Helene Suárez.

304 páginas.


     Fred Vargas (París, 1957) está considerada como la reina de la novela negra actual. Sin embargo, no había leído nada de ella hasta ahora. El verano es buena época para cubrir nuestras lagunas y a eso me dedico en parte. 
     Después de leer La salida de la reclusa pienso que calificar a Fred Vargas sólo de autora de novelas de género es, como mínimo, inexacto y se le hace un mal favor. Esta novela es mucho más, es auténtica buena literatura de ficción para empezar. Por supuesto contiene los elementos de la novela policíaca: el inspector Adamsberg (que ya ha protagonizado nueve de sus novelas), un personaje inclasificable y muy intuitivo; un asesino o asesina en serie; diez crímenes en este caso; una venganza que tiene que ver con tomarse la justicia por su mano; una trama endiablada que hinca sus raíces en tradiciones medievales; una filosofía sobre el bien y el mal. En definitiva, una novela criminal que se aleja de los patrones habituales de las novelas de género.
     La novela comienza con Adamsberg de vacaciones en Islandia cuando es reclamado desde París para que resuelva un caso urgente. Lo hace de mala gana y lo resuelve con rapidez. El lector piensa que el asunto va a traer más cola porque la novela es gorda, pero no, solo ha servido para presentar a su personaje y mostrarnos su enorme capacidad deductiva. La historia que nos va a contar va por otros derroteros. Una noticia en prensa da cuenta del segundo anciano fallecido a causa de la picadura de una araña, conocida como la reclusa. Ello ha sembrado el desconcierto  entre la clase médica porque se necesitarían la picadura de 22 arañas para que la dosis de veneno inyectada fuera mortal. El instinto de Adamsberg le induce a iniciar una investigación, en contra del criterio mayoritario de la brigada, a buscar en el pasado posibles puntos de convergencia entre los fallecidos. Los encontrará, empezará a tirar del hilo, al tiempo que continúan los crímenes, hasta desentrañar el misterio que, por supuesto, me callo.
     La novela desvela la maldad que es capaz de ejercer el ser humano sobre sus semejantes, incluso sobre los que se encuentran unidos por lazos de sangre. Muestra la avaricia, secuela de la maldad, capaz de conducir a infamias inconfesables. Evidencia la fuerza de la complicidad grupal entre hombres dominantes conscientes de su conducta malévola. También los efectos sobre las víctimas, desde el desequilibrio mental y la incapacidad para vivir en sociedad a la reclusión voluntaria y la preparación meticulosa, durante años, de un plan perfecto para aniquilar a sus verdugos. 
     En esta novela encontrarán inteligencia, cultura histórica, conocimientos sobre el comportamiento de las arañas, diálogos irónicos, personajes singulares, una prosa más que correcta y una lectura que conseguirá hipnotizarlos hasta el final.
María García-Lliberós.

martes, 31 de julio de 2018

"Apenas unos segundos", de Amparo Tórtola

Editorial Samaruc, 2017.
184 páginas.

     Amparo Tórtola es periodista de amplia experiencia y valenciana, y ambas factores dejan su huella en esta su primera novela.
     Apenas unos segundos toma la forma de una crónica del rastreo de la autora por documentos históricos para novelar hechos ciertos como fue el viaje en el barco "Winnipeg" iniciado el 4 de agosto de 1939 desde el Puerto de Trompeloup (Francia) al de Valparaíso, a donde arribó el 3 de septiembre, organizado por el poeta Pablo Neruda, entonces cónsul de Chile en París, y su compañera Delia del Carril. Llevaba en sus bodegas habilitadas para ello dos mil exiliados republicanos españoles seleccionados entre los muchos miles que se encontraban en infames campos de concentración en las costas de Francia. El otro gran tema de la novela es el exilio en tierras del país vecino, lo mal que recibieron los franceses a los refugiados españoles huidos de la guerra traicionando de esta forma su buena fama de nación de acogida. 
     Nos encontramos pues ante una novela de ambientación histórica cuyo argumento descansa sobre la biografía de cuatro personajes femeninos: Paz, Guillermina, Alegría y Lucía, bisabuela, abuela y madre de la última mencionada, respectivamente. Lucía adopta el rol de narradora en primera persona. Cuatro mujeres de una misma familia de la alta burguesía valenciana, afincada en la elegante calle de la Paz, que sufrieron la tiranía, incomprensión y maldad de la primera, con consecuencias más allá de su muerte, así como las derivadas del tiempo que a cada una le tocó vivir.
     La estructura del relato va y viene entren el presente literario y el pasado sin que el lector pierda el hilo de la historia, entre 1984, inicio de la investigación de Lucía en Casa Michoacán de los Guindos en Chile, residencia de una Delia del Carril nonagenaria pero aún lúcida, y 1932 en la residencia familiar de la calle de la Paz con Guillermina adolescente y su madre Paz, una mujer llena de soberbia y desdén, en pleno proceso de agriamiento de su carácter. 
     La novela se lee bien, a pesar de que algunos personajes carezcan de una mayor profundidad psicológica, consigue captar el interés del lector desde el principio, va adquiriendo fuerza con el paso de las páginas, siendo la segunda parte superior a la primera, y adquiere su mayor tensión narrativa en los sucesos de 1939 relativos a los sufrimientos de los refugiados españoles en las playas francesas y la travesía hacia un mundo nuevo en el "Winnipeg". Es en esos capítulos donde Amparo Tórtola muestra con claridad sus dotes como novelista y consigue tocar la sensibilidad del lector y emocionar. 
     María García-Lliberós
     

sábado, 28 de julio de 2018

"La hierba azul de Calíope", de Emi Zanón

NPQ Editores, 2018

117 páginas


Hoy os voy a hablar de una novela juvenil. Se trata de "La hierba azul de Calíope", de Emi Zanón (NPQ Editores,
2018).

     Yo hacía mucho tiempo que no leía una novela juvenil, desde las aventuras de los cinco de Enid Blyton, ¡puf!, hace de esto muchos años. Cuando era una adolescente, mis héroes fueron Guillermo Brown, Celia, Daniel, Antoñita la Fantástica y alguno más. Les debo a ellos mi vocación lectora. Así que lo primero que me ha ocurrido mientras estaba leyendo "La hierba azul de Calíope" era que volvía al mundo de la adolescencia, con unos personajes -Olivia, Cristina, David, estudiantes de instituto- que responden a patrones del siglo XXI (¡naturalmente!) y que nada tenían que ver con mis héroes de ayer, a pesar de mantener algunos elementos como el afán de aventura o el romanticismo. La lectura de esta novela de Emi Zanón me ha rejuvenecido y, de paso, me ha actualizado en cuanto a las preocupaciones y forma de relacionarse de los jóvenes de hoy, además de haberme interesado. Por eso os la recomiendo como lectura, a todos, porque aunque está dirigido al mundo juvenil, los adultos podemos aprender de ella.
     La autora es una mujer que ama la vida, que cree en una transcendencia más allá del tránsito por este mundo de cada individuo, que confía en el amor como energía positiva para orientar las conductas y eso, su filosofía vital y mucho más se encuentra en las páginas de esta novela que se lee de un tirón. 
     Emi la escribió para su hija Laura y tenemos la suerte de poder aprovecharnos de ello.

sábado, 21 de julio de 2018

"El juicio de Soren Qvist", de Janet Lewis

Título original: The Trial of Soren Qvist, 1947
Janet Lewis
Editorial Reino de Redonda, 2017.
Prólogo de José Carlos Llop.
Traducción de Antonio Iriarte.
287 páginas.


     De vez en cuando la literatura te proporciona regalos maravillosos como esta novela de Janet Lewis, nacida en Chicago en 1899 y fallecida en California en 1998, catalogada como cuentista y poeta. De hecho, El juicio de Sören Qvist posee la música de un cuento largo. Una lectura interesante y deliciosa que me ha recordado el estilo de las novelas de Willkie Collins, por ejemplo, uno de mis escritores favoritos.
Portada

     El juicio de Sören Qvist, publicada en 1947, forma parte de un conjunto de tres novelas -esta y La mujer de Martín Guerre y El fantasma de Monsieur Scarron, publicadas en Reino de Redonda- inspiradas en un libro sobre "Casos famosos de pruebas circunstanciales" del jurista británico Samuel March Phillips. 
     Janet Lewis ha novelado unos sucesos acaecidos en Dinamarca, en 1646, en la penísula de Jutlandia, que llevaron a Sören Qvist, pastor protestante párroco de Aalsö, a ser juzgado, condenado y ejecutado por la muerte de Niels Bruus, hermano del odiado Morten, el más rico de la región, tras la valoración de pruebas circunstanciales de apariencia incontestable. Todos estos detalles los conoce el lector en los dos primeros capítulos a causa de la aparición del "muerto" Niels Bruus veinte años más tarde para reclamar la herencia de su hermano, lo que remueve el caso de Sören Qvist y las conciencias de aquellos que con la mejor voluntad intervinieron en el asunto e impartieron justicia a su pesar.
     A partir del capítulo V, la estructura del relato da un salto al pasado y cuenta con excelente pulso la sucesión de acontecimientos que condujeron a una sentencia que, de pronto, se desvela errónea, injusta y de imposible reparación, esclarecidos ahora con la nueva información que aporta el resucitado.
     La novela pues aborda un interesante caso judicial que pone en cuestión las pruebas circunstanciales, pero es mucho más, porque lo que nos cuenta Janet Lewis profundiza en la dimensión moral de los individuos. Al reconstruir el personaje de Sören Qvist nos muestra a un hombre de extrema bondad y generosidad, querido por sus vecinos y amigos, con un punto débil: su propensión a encolerizarse al observar algo que considera mal, dejándose llevar por explosiones de ira de las que pronto se arrepiente y trata de enmendar. Un defecto de su carácter que sabrá aprovechar con alevosía y meticulosidad Morten Bruus, el vecino que simboliza la maldad, mediante un plan perfecto para acabar con el párroco y malograr la vida de sus allegados. El triunfo del mal sobre el bien, un asunto que no es nuevo en la literatura.
     Una historia excelente, por argumento y por su prosa, a la que no es ajena el trabajo del traductor, que motiva para leer las otras dos novelas que mencioné antes y conocer más de esta autora Janet Lewis, y que recomiendo con la seguridad de que los que se animen a leerla, si no lo han hecho antes, lo agradecerán.
     La edición es muy grata en cuanto a la traducción, al tamaño de la letra, la textura del papel y el cuidado en la composición de las páginas, pero no entiendo a qué obedecen unos apéndices que ocupan 30 páginas sobre títulos nobiliarios y diplomáticos otorgados por los reyes de Redonda, entre ellos, Javier Marías que parece ser el último de la dinastía hasta ahora.
     María García-Lliberós





miércoles, 11 de julio de 2018

4 3 2 1, de Paul Auster



Traducción de Benito Gómez Ibáñez.

Editorial Seix Barral, 2017
960 páginas.
22,71 € en papel; 12,34 € en electrónico.

Termino de leer 4 3 2 1 de Paul Auster y lo primero que pienso es que tenía ganas de acabarlo y dejar de sentirme atrapada por esas 960 páginas a todas luces excesivas. Me gusta la escritura aparentemente sencilla de Auster, su prosa poderosa con ritmo que se reconoce porque cultiva un estilo propio. En este caso, el tocho ha acabado resultando algo monótono.

4 3 2 1 es la historia de Archie Ferguson durante sus primeros veinte años o, mejor, la historia de Archie Ferguson y las otras tres que también podrían haber sucedido en función de la circunstancias, accidentes o incidentes que aparecen a lo largo de nuestra existencia para cambiar el curso de la misma. Porque esta novela de Paul Auster nos habla del azar y de todos aquellos elementos ajenos a nuestra voluntad en el diseño de nuestro camino existencial. También nos habla de la presencia de la muerte en nuestras vidas. Por eso los cuatro protagonistas Ferguson son hijos únicos, nacidos el mismo día de marzo de 1947, en Newark, en el seno de la misma familia judía no religiosa, mantienen una relación intensa con su madre, Rose, una fotógrafa dinámica, y otra con su padre mucho más compleja y con dificultades en la comunicación. Los cuatro presentan una fijación por Amy que jugará el papel de hermanastra, amiga, novia o amante, en cualquier caso la mujer de la que depende parte de su equilibrio emocional. 
La muerte del padre en un aparatoso incendio de su negocio provoca un escenario crucial en la vida de uno de los Ferguson, bien diferente al divorcio de sus padres, por ejemplo, que condicionará la de otro. Ambos son puntos de inflexión que, como tales, provocarán cambios no previstos e incluso no queridos. Igual que el posterior matrimonio de su madre, otra circunstancia que conlleva la aparición de nuevos personajes y abre otros escenarios.
Pero la personalidad de los cuatro Ferguson se mantiene porque es la misma necesariamente y causa de que suenen a repetición algunos pasajes. Esta viene definida por su amor por el cine y la literatura (demasiadas referencias de títulos de películas y novelas, incluye hasta una larga lista de los libros que lee), incluso incorpora algún relato dentro de la novela, su vocación por el periodismo como posible salida profesional, su afición a los deportes, el beisbol y el basket (exceso de descripción de jugadas), la importancia de los amigos y la lealtad hacia los mismos, el descubrimiento del placer sexual (muy interesantes las páginas que relatan el descubrimiento de la homosexualidad de uno de los Ferguson), su cuidado en las relaciones familiares y en el mundo universitario.
Este planteamiento condiciona la estructura de la novela conformada por bloques sucesivos de cuatro capítulos, dedicados cada uno de estos a cada Ferguson, como forma de mostrarnos el crecimiento paralelo de los jóvenes y dejando en blanco el capítulo cuando uno de ellos muere explicitando así su falta de progreso en la vida. Esto confunde en un principio al lector, por poco tiempo, hasta que comprende el planteamiento.
4 3 2 1 puede leerse también como un fresco de la Historia de América durante la década de los sesenta, unos años cruciales durante los cuales se intensificó la guerra en Vietnam y la oposición interna a la misma, tuvieron lugar los asesinatos de los Kennedy, el de Martin Luther King, las revueltas raciales, las luchas por los derechos civiles y las revueltas estudiantiles con especial virulencia en las Universidades de Columbia y Nueva York, y de las que el autor da una extensa cuenta de como afectan estos sucesos a sus protagonistas. Uno de los alicientes de la novela es la de estar ubicada principalmente en el estado y la ciudad de Nueva York.
Una novela que he leído con gusto porque Auster me cautivó con La trilogía de Nueva York en 1996 y desde entonces lo sigo con entusiasmo a veces y condescendencia otras, nunca con indiferencia. En este caso si 4 3 2 1 la hubiera dejado en torno a las quinientas páginas, en mi opinión, habría ganado en intensidad y sería una obra redonda.
María García-Lliberós

miércoles, 20 de junio de 2018

"Mujeres de Roma. Heroísmo, intrigas y pasiones", de Isabel Barceló Chico.


Editorial Sargantana, 2018.

458 páginas.

De Isabel Barceló Chico he leído todo lo que ha publicado, siempre con gusto e interés. Tiene una prosa fluida, un lenguaje rico que se adapta a todo tipo de matices, de la ironía a la pesadumbre, de la cólera a la risa, y con la capacidad de contagiar al lector esos estados de ánimo. La descubrí en 2009 con una novela histórica deliciosa, Dido Reina de Cartago. Cuatro años más tarde publicó La muchacha de Catulo, novela corta ubicada en la Roma del año 56 a.C. Con ellas, y con una serie de novelas cortas sobre héroes de la mitología griega publicadas por la editorial Gredos, puso de manifiesto sus vastos conocimientos sobre la antigua Roma y la antigua Grecia, y sus aptitudes para compartirlos aunando el respeto por los hechos históricos con la fabulación.
Isabel Barceló Chico
Mujeres de Roma. Heroísmo, intrigas y pasiones es su obra más ambiciosa hasta el momento, y su publicación ha supuesto un salto de gigante en su trayectoria literaria. Un libro de difícil clasificación pues aunque sin duda es un ensayo histórico que atañe a la ciudad de Roma, la autora no ha renunciado a la ficción cuando penetra en el interior de algunas heroínas en momentos trágicos para mostrarnos los sentimientos que anidan en sus almas, las reflexiones que sustentan sus conductas y las pasiones que mueven sus sacrificios, aspectos literarios propios de la novela.
El elemento más interesante de este libro y que lo hace único, es su estructura. Pues esta historia de la ciudad de Roma no atiende un criterio cronológico o temático de los hechos, sino a otro geográfico. Por eso es conveniente leerlo con un plano al lado (cosa que no hice pero haré en una relectura). Asumido esto, nada más lógico que iniciar el relato por la vía Appia Antica, urbanizada en el año 312 a. C. de entrada a la ciudad para los viajeros procedentes del sur, magnífica, de trazado recto atravesando una campìña hermosa, animada a sus lados de villas suntuosas, tabernas y casas de posta y, también, sepulturas monumentales, como la de Cecilia Metela, una de las pocas que han sobrevivido al paso de los siglos, lo que da pie a la autora para contarnos la historia de Cecilia y relatar, de paso, cómo las mujeres casadas de Roma adquirieron, a principios del siglo IV a. C. el derecho a ser honradas con un funeral público. Vamos descubriendo así los principales secretos metodológicos de esta obra que se preocupa, preferentemente, de las mujeres, protagonistas, junto a los hombres, de la historia de Roma pero mantenidas hasta ahora ocultas en los libros de Historia, una aportación que les hace justicia. El otro aspecto que quiero resaltar es que profundiza no sólo en los acontecimientos históricos, sino en las costumbres, la moral, la filosofía de los ciudadanos romanos, su manera de entender la justicia y de ejercer la política, sus relaciones con los dioses, detalles sobre la cotidianidad de sus vidas. Pues este libro se nutre de la tradición de la microhistoria, acercando la mirada de la autora a casos particulares para, a partir de ellos, obtener una perspectiva más general de la época.
Continuando por via Appia, a pocos metros de la tumba de Cecilia, se encuentran los restos de la de Séneca, pero Isabel Barceló dirigirá la mirada hacia Paulina, su viuda, otra mujer casi anónima y de enorme dignidad que intentó morir junto a su esposo, condenado por Nerón a quitarse la vida, y no lo consiguió.
Al principio de via Appia se encuentra la puerta Capena, el lugar de acceso a Roma por excelencia, donde, en el s. VII a. C., Horacia, una muchacha enamorada a destiempo, encontró la muerte. Era hermana del trillizo romano vencedor del duelo contra los trillizos Curiáceos albanos, uno de los cuales era su novio. Una historia llena de sabiduría –se evitó el enfrentamiento entre ambos ejércitos romano y albano- y de tragedia.
Las personas nacemos, vivimos y morimos. Los hechos importantes permanecen en la memoria, se transmiten oralmente o, en el mejor de los casos, se escriben para la posteridad. Pero las ciudades permanecen, crecen, en altura y en extensión, cambian el uso de los edificios importantes, a veces se construye sobre ruinas, algunos se rehabilitan o se protegen. Las huellas del pasado hablan. Este libro recorre la historia de Roma desde el siglo VIII a. C. hasta el siglo XIX, ubicando los acontecimientos vividos por sus héroes en su espacio físico. 
Así, en el Trastévere, al otro lado del Tibet, se encontraba la casa de recreo del gran Julio César, el Hortus Ceasaris, hoy mercadillo municipal. En ella vivió Cleopatra mientras estuvo en Roma. Excelente el capítulo del asesinato de Julio César por Bruto y las actitudes de Calpurnia y Porcia, esposas respectivas. Tiene tensión narrativa, es muy ágil y visual, esto es, muy novelesco. En ese mismo barrio del Trastévere viviría también santa Cecilia que murió martirizada. Para no olvidarla, sobre lo que fue su casa se levantó un templo. Vecina del Trastévere fue la bella Margherita Luti, hija de un hornero, modelo y amante del pintor Rafael en 1520.
Acompañando a Isabel Barceló por su minucioso recorrido romano,  antes de llegar a la Plaza de la Subura, se encuentra la empinada calle Salita dei Borgia, o la cuesta del crimen. Allí recordaremos a Vanozza Cattanei, amante del Papa Alejandro VI y madre de sus cuatro hijos Borja y el asesinato de Juan, duque de Gandía. Otras heroínas que, hasta llegar a 44, tienen cabida en esta selección son Gala Placidia, Cornelia, mujer de Tiberio Graco, santa Francesca Romana, Pero, hija de Cimón, un anciano condenado a muerte, a quien salvó del hambre amamantándolo en la cárcel y a quien los romanos le consagraron el templo Caridad Romana, o las sabinas, raptadas un 21 de agosto por Rómulo, para desposarlas. Hersilia se casó con Rómulo y así, cuando se garantizó la descendencia, comenzó la fundación efectiva de la ciudad.
Roma es una ciudad con mucha historia y con muchos hombres y mujeres cuyas vidas han transcendido sus existencias. Según la cita de F. Dupont con la que se abre el capítulo 17, “sacraliza los lugares, su memoria se arraiga en el suelo sagrado de la ciudad”. El trabajo que ha hecho Isabel Barceló Chico ha sido formidable, minucioso, coordinando sus conocimientos sobre la Historia de Roma, como la cuentan los libros convencionales, las leyendas, las novelas (hay una bibliografía al final interesante) con su conocimiento de la ciudad resultado de la observación directa y con su capacidad deductiva.
Mujeres de Roma. Heroísmo, intrigas y pasiones, se lee con avidez, está escrito con buen pulso, en algunos momentos emociona, sobre todo cuando pone en valor el coraje de las mujeres, su capacidad mediadora para conseguir la paz, los roles ejercidos en la historia de Roma que fueron la fuente de su prestigio. Además, remueve las ganas de volver a esa maravillosa ciudad para seguir por nosotros mismos el recorrido que con sabiduría nos propone la autora.
Un libro muy recomendable.
María García-Lliberós

"Filek. El estafador que engañó a Franco", de Ignacio Martínez de Pisón.


Editorial Seix Barral, 2018.
Ignacio Martínez de Pisón
261 páginas.

Como el mismo autor se preocupa de aclarar en algún párrafo del texto, no estamos ante una novela, sino ante los resultados de una exhaustiva investigación histórica. El objeto de la misma: Albert von Filek, austríaco, hijo ilegítimo en una familia de militares, nacido en 1889, que llegó a España en 1931, con 42 años. Él mismo se presentaba como capitán de artillería del ejército del emperador hasta que se disolvió en 1918 con la desaparición del Imperio Austro-Húngaro. Pero no hay constancia de que esto fuera cierto, como tampoco la hay de los títulos de químico o ingeniero que también se atribuía según estimaba oportuno. Filek fue un brillante estafador y manipulaba su historial a conveniencia. Su mayor hazaña fue atribuirse el invento de la gasolina sintética, mediante una fórmula imposible de tintes caseros que no superaría un examen científico, timar con ella a media docena de incautos inversores ávidos de beneficios, e intentarlo también con el gobierno de España, primero con el de la República y después con el de Franco. Consiguió que el Consejo de Ministros de Franco aprobara dos decretos concediendo todos los beneficios legales a Filek derivados de su invento y la declaración de urgentes a las obra para instalar una Fabrica del Carburante Nacional, incluyendo subvenciones y capacidad para expropiar terrenos y demás. El engaño fue formidable.
Martínez de Pisón tuvo referencias de Filek e intuyó que detrás de ese nombre había una buena historia, y acertó. La investigación efectuada ha sido apabullante. Podría haberlo convertido en personaje de ficción de una estupenda novela cómica pero ha optado por reprimir su imaginación y, ante lagunas de la biografía del protagonista, prefiere advertir al lector de que lo que sigue son conjeturas deducidas de la información que posee de lo que pudo pasar, porque las andanzas de Filek en España,  durante quince años, hasta marzo de 1946, están llenas de claroscuros y sucesos asombrosos. Sin duda, su decisión es más eficaz para mostrar la ineficacia e ignorancia de un gobierno patético atrapado en la autarquía económica.
Un libro muy interesante por varios motivos: pone en evidencia las arbitrariedades cometidas por el Gobierno, republicano y franquista, en las prisiones españolas, la disposición del tiempo de vida de los presos a su antojo, la existencia de presos gubernativos (sin intervención de un juez), de todo esto fue víctima Filek, lo que contribuye a que el lector lo juzgue con cierta simpatía cuando era un pájaro de cuenta; evidencia también la ignorancia supina del círculo próximo a Franco, la osadía para tomar decisiones de enorme trascendencia y cuantioso gasto sin pedir información a un comité científico, embaucados por un charlatán fantasioso adulador del régimen; nos da detalles de episodios históricos importantes, como las sacas de presos para su ejecución en Paracuellos, visto desde el interior de las cárceles; o el trato en el campo de Nanclares de la Oca; nos muestra la personalidad de Filek, un maestro del engaño, un artista de la impostura, a partir de las huellas documentales que su vida ha ido dejando. Un retrato rico y contenido a pesar del freno puesto a la fantasía, cuando el personaje proporciona abundante material novelable.
Ignacio Martínez de Pisón es un gran narrador de historias, lo ha demostrado con obras anteriores y la presente lo corrobora. Al igual que Filek embaucó a sus víctimas con sutiles argumentos, Pisón embauca a sus lectores con su prosa ágil, con mucho ritmo, el interés de lo que cuenta y la documentación que aporta que hace creíble lo que parece el delirio de un soñador y que por desgracia no lo fue.
María García-Lliberós

viernes, 25 de mayo de 2018

"Las defensas", de Gabi Martínez


Editorial Seix Barral, 2017.

496 páginas.

El interés de esta novela se encuentra sobre todo en lo que nos cuenta: la locura relatada por un neurólogo que se volvió loco. Porque Gabi Martínez, el autor, convierte al doctor Escobedo en personaje protagonista y relator en primera persona de esta historia real con escasas probabilidades de volver a repetirse.
¿Qué desencadena un ataque de locura? El doctor Escobedo se pondrá a la faena para desentrañar las causas de su caso particular. Con sus conocimientos científicos tratará de encontrar un diagnóstico, y nos hablará de su entorno familiar, la falta de amor a su madre en justa correspondencia, la frialdad con su padre, la complejidad de su matrimonio con Sol, la relación con sus hijas, el sentimiento de falta de libertad que le provoca su familia, su afición a las mujeres y su éxito con ellas, su forma de amar, su debilidad autodestructiva con el alcohol y el tabaco, el estrés laboral y el acoso por parte de su jefe, un tal doctor Subirats, experto en prácticas de mobbing que lleva a cabo con calculada exactitud. Todo esto y sus consecuencias –frustración, victimismo, descreimiento, ironía caústica- se encuentra en esta novela que no respeta la sucesión cronológica de los hechos y consigue, sin embargo, que el lector siga sin problemas el hilo argumental.

La voz narrativa es única, la del doctor Escobedo, si bien hace frecuente uso del relato indirecto: “Sol dirá que…”, “Diana dirá después …”, con lo que, respecto a diferentes situaciones, nos aporta las opiniones de otros personajes esenciales interpretadas desde su punto de vista, lo que enriquece el texto.
Surgen muchas cuestiones inquietantes al leer este libro, cuestiones que afectan al lector en cuanto a posible futuro paciente, como las relaciones, no siempre fluidas, entre neurólogos, psiquiatras y psicólogos. La hipótesis de la enfermedad mental con causa siempre en una patología física y sean las variables sociales y las circunstancias personales (estrés, víctima de mobbing, etc) sólo coadyuvantes para su activación, incluso violenta, como es el caso que nos ocupa. De hecho, se descubrirá que el doctor Escobedo tiene una enfermedad de las llamadas autoinmunes (anticuerpos del sistema defensivo que atacan al organismo en lugar de defenderlo), de ahí el título metafórico de la obra.
Estos son los motivos por los que pienso que esta novela merece leerse, porque entretiene e interesa, aunque su prosa sea mejorable y acuse un exceso de páginas que le restan intensidad al relato.
María García-Lliberós

miércoles, 23 de mayo de 2018

"El legado de los espías", de John le Carré



Editorial Planeta, 2018 
362 páginas.
21,50 €, en papel.

En esta novela John Le Carré regresa a dos de sus mejores obras: El espía que surgió del frío y El topo. En la primera, la necesidad de proteger a un agente infiltrado en la cúpula de la Stasi, requirió urdir un engaño –la operación Carambola- y sacrificar la vida del agente Alec Leamas, responsable del espionaje inglés en Alemania Oriental, y a Elizabeth Gold, su amante. Cincuenta años más tarde, un hijo de Leamas y una hija de Gold denuncian a los servicios secretos británicos y exigen responsabilidades por esas muertes, lo que provoca la creación de una Comisión Parlamentaria y una investigación interna que persigue culpabilizar a Peter Guilliam, sucesor de Smiley y a sus órdenes, como responsable final.
John le Carré
La novela arranca con un primer párrafo y un primer capítulo insuperable: Lo que sigue es una relación verídica –la mejor que puedo ofrecer- de mi participación en la operación británica de desinformación, de nombre clave Carambola, organizada a finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta contra el servicio de inteligencia de Alemania Oriental (Stasi), y que tuvo como resultado la muerte del mejor agente secreto británico con el que he trabajado y de la mujer inocente por la que dio su vida.
Una frase potente de Peter Guillam, el relator, en primera persona, en la que nos adelanta el argumento y con la que consigue agarrar al lector con fuerza.
El andamiaje de esta novela es complejo y sigue el curso de dos fuentes: por un lado el relato de Guillam –un agente retirado, beneficiario de una pensión y, por tanto, susceptible de extorsión, que vive en la Bretaña francesa- del proceso al que es sometido por los actuales ocupantes de Circus ansiosos de encontrarle culpable y, por otro, la mirada a lo que sucedió hace muchos años, ayudado por la lectura de los informes que se redactaron con ocasión de Carambola y del caso de Bill Haydon, agente doble al servicio de los soviéticos y Jefe del Circus que durante tres décadas estuvo pasando información al enemigo (trama de El topo), y los recuerdos y emociones que le producen. Ambos cursos permiten mostrar al lector los procedimientos propios del oficio de espía, los métodos para interrogar empleados o de persuasión, de hace cincuenta años y los de ahora, y los elementos que envuelven ese mundo en una atmósfera de misterio tan novelesca.
Los personajes son esenciales. A Georges Smiley lo describe Guillam como “barrigón, con gafas y en estado de permanente preocupación” que cuando su captación como espía “se estaba ofreciendo para ser la figura paterna que más adelante llegaría a ser para mí” al tiempo que concretaba su oferta con “No pagamos mucho y aquí las carreras tienden a interrumpirse abruptamente. Pero nos parece que es un trabajo importante, siempre que creas en los fines y no te preocupen demasiado los medios”. También aparece como el “portador de mensajes falsos”, retorcidos, sofisticados y sin límites, pero que siempre ha tenido un problema: ”ver las cosas desde el punto de vista del otro, y eso acaba con cualquiera”. “Sabía de la fragilidad de los demás, pero se negaba a reconocer la suya”. Es un personaje frío, duro, que antepone el cumplimiento de lo que cree su deber a la salvación de una vida, pero que tiene convicciones morales y sentido de la lealtad y, de ahí, sus problemas de conciencia.
Las novelas de Le Carré son buenas porque, además de ser enrevesadas y oscuras como pide el género, no se quedan en el relato de los hechos, en lo que es la acción, sino que siempre entra en los conflictos morales que se plantean los espías. Guillam confiesa en el segundo párrafo que “Un funcionario profesional de los servicios de inteligencia no es más inmune a los sentimientos que el resto de la humanidad”. En las novelas de Le Carré hay sexo, parece algo que forma parte del oficio, pero también hay pasión y amor, como el que surge entre Tulipán y Guillam, que el autor describe con una prosa llena de lirismo. Otra característica de su narrativa es que hay reflexión sobre la geopolítica mundial, análisis de una realidad que nos concierne. 
El compañerismo entre los viejos espías, la solidaridad entre los que saben la verdad y saben que no será comprendida en la época actual, la piedad y generosidad a su manera, todo eso está en esta novela que te atrapa porque la prosa de Le Carré es precisa, limpia, escueta y directa y porque nos devuelve a la etapa en la que el autor se consagró como el mejor escritor de ficción sobre el tema. El legado de los espías tiene un final un tanto brusco, que, tras el encuentro entre Guillam y Smiley, deja bastante a la aportación del lector, pero cumple con creces el principal objetivo de una novela: hacer disfrutar al lector, relamerse de gusto con sus palabras. No hay que perdérsela.
María García-Lliberós

Mapa de visitantes


Visitor Map