sábado, 14 de abril de 2018

"La educación sentimental según los perros", de Miquel Martínez


Samaruc Editorial, 2018.            
Miquel Martínez
169 páginas.

Miquel Martínez (La Vila Joiosa, 1959) ha publicado la mayoría de sus obras en valenciano. En 2001 ganó el premio Ulisses de narrativa con la novela en torno a una historia familiar Nómina de dubtes. Anteriormente había publicado otras dos novelas: La lluna de Taa y El enigma de Sir Robert McLean. En 2005 ganó el premio Ausias March de Poesía, con El Raval de l’alegria. Su producción poética tiene otros importantes galardones. Es periodista de RNE . 
Lo primero que me ha llamado la atención de esta novela corta ha sido el título La educación sentimental, según los perros. Cuando se hace referencia a esas tres palabras colocadas en ese orden –la educación sentimental- nuestra mente evoca de inmediato la novela de Gustave Flaubert, que atañe al aprendizaje de la vida de un adolescente, Fredéric, a sus primeros encuentros sexuales y sus primeros conflictos sentimentales. Su enamoramiento de la exquisita Sra. Arnoux, una amor que no llegará a consumarse, supondrá, en la vida de Fredéric, el impulso que, mediante el despecho, la desesperación o la ilusión, irá provocando acciones con consecuencias sobre él y terceras personas. Pura vida. La novela de Miquel Martínez nos habla de una segunda educación sentimental, en una edad adulta, porque afecta al protagonista y relator que ha cumplido los 50 años, y comienza o viene provocada a partir del momento en que se hace cargo de su perro Mos.
La novela, contada en primera persona, nos sumerge en los pensamientos del relator, un hombre observador que inicia nuevas relaciones con otras personas que también tienen perros. Entra en la comunidad de las personas con perro y, en consecuencia, con otras preocupaciones y ocupaciones además de las normales y, sobre todo, con otro punto de vista sobre el mundo que te rodea, porque de los perros se puede aprender mucho y, sobre todo, tienen un don maravilloso e impagable: saben sacar lo mejor del carácter de sus dueños. 
La estructura de la novela descansa en una sucesión de capítulos cortos que funcionan como cuentos con cierta autonomía. Incluso pueden leerse saltándose el orden sucesivo (excepto los capítulos finales). El hilo que los une es el relator y Mos que aparecen en todos ellos, incluso se sostiene la tesis de que los mundos de las personas y los de sus mascotas están conectados. Las anécdotas que cuentan podrían demostrarlo y están llenas de ironía e incluso de sarcasmo y, sobre todo, de tolerancia hacia las debilidades de los seres humanos puestas en evidencia. La fantasía preside la concepción de la trama y no dudo en calificar la novela de fantástica (en especial los capítulos en los que el narrador juega a la impostura y conversa con Mos).
El narrador, ese personaje interpuesto entre Miquel Martínez y el lector, se detiene en la forma de hablarnos de los perros, a través de la mirada (como la de una persona reencarnada); en la confianza ciega que depositan en el amo, incluso cuando este lo trate mal; en los perros abandonados y en las personas que se sienten abandonadas; en las claves exclusivas que comparten los que tienen perro; en los riesgos de los perros peligrosos y la falta de preparación de algunos amos; en los pensamientos que surgen en los propietarios de perros mientras pasean a estos y en el papel de alcahuetas de los perros sabiendo poner en contacto a algunos amos solitarios. Hombres y mujeres que conversan en los parques con la excusa de algo que ha hecho su mascota y se despiden amigos, sin conocer aún sus nombres, pero con una información exhaustiva sobre los respectivos perros. A ese encuentro sucederán otros. .
Al final nos percatamos de que Miquel Martínez ha tejido una teoría de la conducta de las personas con perro. De hecho nos transmite la transformación del protagonista desde que comparte su vida con Mos.
En definitiva, una novela escrita con sensibilidad, la que requiere cuando se abordan las formas de actuar de nuestros semejantes, que se lee muy bien –la prosa se abstiene de toda retórica y está cerca de la crónica social- divierte y descubre facetas de la condición humana que podrían habérsenos pasado por alto.
Por eso su lectura es recomendable. Disfrútenla.
María García-Lliberós.

"Intemperie", de Jesús Carrasco


Ed. Seix Barral, 23ª edición, 2017 (1ª edición: 2013)    
Jesús Carrasco
221 páginas.
16,50 euros, en papel.

La enorme grandeza de esta novela contrasta con la sencillez de sus elementos: pocos personajes –un niño, del que ni siquiera sabemos su nombre o su edad, un cabrero viejo, también anónimo y un siniestro alguacil-; un escenario rural que se describe pero no se identifica sobre la geografía española –la llanura inmensa, azotada por la sequía y el sol inmisericorde-; y una historia tremenda de desolación y violencia hilvanada con brochazos gordos que impactan con dureza en la sensibilidad del lector. Y, por encima de ello, el lenguaje, una prosa castellana directa, seca, precisa, esencial en cuanto al uso de las palabras, las justas y necesarias y, al mismo tiempo rica, variada, culta y, en ocasiones lírica. Un relato intenso y profundo. Una gran lección de auténtica literatura.                                                
Comienza la novela con la imagen de un niño acurrucado en su escondrijo, un agujero de arcilla, y voces de sus perseguidores. Y a partir de entonces se ciñe a la historia de esa huida a través de una naturaleza salpicada de olivos, almendros e higueras en un llano de secano. La España interior atrasada, sedienta y agreste que parece unida a la violencia oculta y que solo proporciona una existencia durísima. Una historia de supervivencia llena de acción. Y de aprendizaje, de cómo extraer recursos en ese medio adverso. En la novela, al igual que los personajes y el lugar no tienen nombre, tampoco se menciona la época en que se desarrolla, se supone que en un tiempo pasado, anterior a la Guerra Civil (en algún sitio se menciona un retrato de los reyes, seguramente Alfonso XIII y Victoria Eugenia).
El niño huye del sometimiento del alguacil, consentido por su padre. Sabemos, porque deducimos, que ha sido objeto de abusos sexuales, pero en el texto no se describen porque no hace falta. El autor consigue transmitir la violencia de la humillación sin necesidad de recurrir a imágenes truculentas. En la página 89 aparece la primera referencia. …el cabrero terminó de orinar… cuando se dio la vuelta, el niño apreció la humedad en sus pantalones y cómo, de la bragueta, asomaba rosado su glande. El chico salió corriendo y se perdió en la oscuridad. Y en la 190: Dio por hecho el tormento al que sería sometido y no lloró, porque ese era un lugar que ya había visitado decenas de veces. Da a entender que los abusos han sido continuados en el tiempo. En la 192: Al chico se le aflojaron las piernas y se derrumbó con una sensación de desamparo que nunca antes había experimentado. Ni siquiera cuando su padre lo llevó por primera vez a la casa del hombre que ahora tenía delante, y lo dejó allí a merced de sus deseos.
La estructura se apoya en una voz omnisciente en tercera persona que relata los hechos que se van sucediendo sin tomar partido. Los personajes se describen con pocas palabras muy definitorias, sin que al lector le quepa error alguno de interpretación.
El perfil del padre es el de un hombre tosco, servil e hipócrita. El del alguacil, el de un cacique que controla todo en el pueblo, vidas y haciendas. La persona que provoca vergüenza en el chico. El tullido es otro personaje secundario  esencial, astuto, ambicioso que consigue que el chico se vuelva violento dejándose llevar por la rabia y el dolor.
Al niño lo conocemos a través de sus recuerdos y al cabrero por sus actos. Un hombre que antes de morir imparte justicia.
El aspecto más lírico y humano de la novela lo encontramos en la relación entre el niño y el cabrero viejo. De la desconfianza y estar a la defensiva el muchacho pasará a la aceptación de ayuda, al respeto y reconocimiento de una autoridad con origen en la sabiduría, a la amistad, la ternura y el amor. El cabrero actúa como si supiera lo que le pasa al chico. Está de su lado. Sabiendo que se muere le enseña a ordeñar las cabras, a buscar agua para aplacar la sed, y alimentos para paliar el hambre (impactante la cena de una rata desollada cazada dentro del cadáver de un buey), le transmite sus saberes para sobrevivir en aquel llano que impone unas especiales condiciones de vida. Porque la tierra y el paisaje son tan protagonistas como los personajes principales.
La novela se lee sin aliento, no da un momento de tregua y nos muestra una lucha desigual y desesperante de un muchacho desamparado contra la naturaleza y los hombres. Contada con una prosa perfecta y un lenguaje propio del mundo rural. Un relato épico que pasará a la historia de la literatura española y que termina con un último párrafo excelente lleno de belleza.
María García-Lliberós

La reseña de Teresa Argilés, en el foro alicantino El Libro Durmiente

La función perdida – María García-LLiberós

TÍTULO DE LA OBRA: La función perdida
AUTOR (A): María García-LLiberós
EDITORIAL: Sargantana
AÑO DE EDICIÓN: 2017
ISBN N.º: 978-84-16900-56-5
N.º DE PÁGINAS: 358
TEMÁTICA: Narrativa actual
PRECIO: 17,90 €
ENCUADERNACIÓN: tapa blanda
Reseña realizada por Teresa Argilés:
No es la primera novela que leo de García-Lliberós, quizás en las otras no había reparado, o bien no era de este mismo corte, la ironía con la que trata los temas de actualidad.
Es un libro escrito en primera persona; el propio protagonista va escribiendo sus memorias o vivencias en un momento de su vida en el que se siente fuera de lugar, echa la vista atrás y no le gusta, ahora, como ha sido, lo que no quiere decir que no la viviera con plenitud mientras se desarrollaba.
Ha utilizado cada capítulo, de los veinte que tiene, para abordar una situación vivida: cómo la trató en su momento y cual es su visión ahora. Nos muestra cómo llevó la infidelidad, la muerte de su esposa, la relación con sus hijos, su vida ahora en soledad, etc…
Ha utilizado párrafos muy largos; en un capítulo de dieciséis páginas, pueden haber quince o veinte con diálogos muy largos. Entiendo que al querer contar el protagonista su día a día, él mismo se eterniza en describir al detalle lo que piensa y lo que quiere contarnos; creo que aquí el personaje manda y la autora con su buen hacer le ha dejado. Tal vez, en esta novela María ha seguido los dictados de una frase que le decía Ana, la difunta mujer de Emilio, el protagonista: Leer novelas y vivir otras vidas, la de los personajes,…
Así le puede ocurrir al lector que cada capítulo es un momento incierto de esta España sumida en una crisis que algunos dicen que ya está superada, pero, ¿qué crisis está superada?, la económica, la de los valores, la de la moral…
Es difícil saber cual de ellas está superada, cuando se han traspasado muchas líneas. Emilio mismo, el protagonista, un hombre temido y respetado en su trabajo, también tuvo su momento de “gloria” firmando algún proyecto que no debía. Cuando lees esta novela también te das cuenta de que en este número de páginas ocurren las mismas cosas que están pasando, han sucedido y ocurrirán en la vida cotidiana.
A veces es difícil ponerse en la piel del autor para saber de qué fuentes ha bebido para contarnos lo que nos cuenta, o bien, hasta donde llega su capacidad de imaginación para contarnos una ficción, pero que es tan real como la vida misma.
Gracias María por estas hermosas y delatadoras letras que he leído y que han salido de tu pluma; espero tu siguiente obra.
Y cierro mi opinión volviendo a una frase de Ana: Como lectora me siento una exploradora de un mundo sin final.
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jueves, 29 de marzo de 2018

Antonio Rey, psiquiatra, presentó en Godella "La función perdida"

Antonio Rey y María García-Lliberós, en Godella


Presentación del libro de
María García-Lliberós. La función perdida (2017).
Ed. Sargantana
[Godella, 8 de marzo de 2018]




En este día, ya histórico, del 8 de marzo de 2018 nos unimos al clamor de todas las mujeres del mundo y su justa petición de plena igualdad de derechos y condiciones de vida.

Al entrar en esta sala de lectura de la Biblioteca de Godella, la
mayoría de vosotros os habréis fijado en el cartel de propaganda del acto, en el que se dice que intervendrán María García-Lliberós. Autora y Antonio Rey. Psiquiatra; y seguro que a continuación os habréis preguntado: ¿y qué pinta aquí un psiquiatra? Yo me he preguntado lo mismo y me he contestado: “nada”. De todas maneras, y para tranquilidad de todos, aclaro que estoy aquí más por viejo que por diablo, o lo que es lo mismo: estoy aquí por amigo de María y no por psiquiatra, ya que ella, como es evidente, no lo necesita para nada. 
He venido a presentar la última novela de María: La función perdida, nada menos que la octava de su producción como novelista. La novela nos ofrece una visión realista y, a la vez, optimista de esa etapa de la vida que se abre tras la jubilación, que nos conduce hacia el final de la vida y que cada uno de nosotros debe hacer que sea lo mas feliz posible. Y lo cuenta a través de su protagonista Emilio Ferrer al que sitúa en un barrio de la ciudad de Valencia, coincidiendo con el inicio de la crisis económica de 2010. Pero en la obra, además de los ya famosos recortes de Zapatero, se habla de muchas otras cosas como la corrupción, la explotación de los abuelos por el cuidado de sus nietos, de Garzón y de la memoria histórica, de la transición y los ‘trepas’, del timo de las preferentes, del acoso escolar, de los recuerdos imborrables, de las relaciones padre-hijos y, por supuesto, de la muerte, de la amistad, del amor, y una cosa que me ha gustado mucho: del daño irreparable que pueden ocasionar los malos psicólogos. María incluso nos regala algunas recetas de cocina. La novela está narrada desde la subjetividad del protagonista, en el espacio de tiempo de 5 años aprox.; la narración es lineal, de progresión cronológica y los personajes principales son, además de Emilio, su entrañable amigo Guillermo, sus hijos, su nieta y tres mujeres: Trini, Merche y Sara. Pero no me corresponde a mi hacer de crítico literario ‘silvestre’ porque eso se lo dejo a los profesionales. Solo me atreveré a analizar, desde mi modesto punto de vista, algunos elementos de relacionados con la novela y la literatura.
Os prometo que seré breve, así que para entrar ya en materia empezaría recordando que la existencia humana está estructurada en base a dos ejes fundamentales: la familia y el trabajo; y los cambios que afectan a cualquiera de estos dos elementos, con la edad elevan el riesgo de aparición de una serie de problemas psicológicos que pueden llegar a ser importantes. En el eje familiar la viudez o la muerte de la pareja, y en el trabajo la jubilación, son los acontecimientos más traumáticos y los que con frecuencia he vivido como profesional de la psiquiatría, destacando las depresiones por jubilación, o que también pueden llamarse depresiones por balance.
Por otro lado, es casi un tópico decir que María, nuestra autora, trabaja muy bien eso que se suele llamar la ‘psicología de los personajes’ o, dicho de otra manera (no sé si más académica), que tiene bastante perspicacia o agudeza psicológica. Es decir, que comprende y describe bien los mecanismos psicológicos que condicionan la conducta de los personajes y hacen que se comporten de una manera o de otra.
Lo digo, no porque yo sea un experto en temas de psicológicos, ni mucho menos. Me explico; soy psiquiatra de profesión y confieso, que después de más de 35 años de ejercicio, me considero un bicho raro, por la sencilla razón de que el psiquiatra es una persona que ha estudiado medicina, pero no la ejerce, y ejerce la psicología, que no la ha estudiado. Me hice psiquiatra porque, aunque realicé los estudios de medicina y necesariamente soy de ciencias, en realidad, toda mi vida quise ser de letras, y esta era la especialidad que más se aproximaba o eso creía yo entonces. Aunque he sido autodidacta debo añadir que ‘ma non tropo’, porque tuve la suerte durante un año de tener a un experimentado maestro que me llevó de la mano durante esa primera fase de mi formación. Así pues, en quinto curso de carrera y ya decidido a ser psiquiatra (debido a un azaroso acontecimiento casual), un día le pedí que me recomendara textos de psicología, porque estaba convencido que serían importantes para mi formación. Sin pensárselo mucho me dijo que si quería aprender psicología me olvidara de los manuales y de los textos académicos y leyera las grandes obras de la literatura; un buen consejo, sin duda, y además por partida doble porque me inició sin pretenderlo en el hábito casi adictivo de la lectura.
Desde entonces me intrigó el por qué algunos escritores habían desarrollado, sin estudiarla, capacidades de comprensión de la conducta humana, y que esa psicología intuitiva era en la indagación de los personajes muy superior, en muchos casos, a los que podía hacer la psicología llamada profesional. Es evidente que muchos escritores nos han proporcionado valiosas descripciones sobre temas tan transcendentes como el amor, los celos, la infidelidad, los remordimientos o la culpa, las emociones y los sentimientos de venganza y, en general sobre las relaciones humanas, muy especialmente en la novela. Ahí está, sin ir más lejos, el análisis y estudio de la conducta en El Quijote o en La Celestina, antes de la aparición de la psicología como disciplina, por no hablar de las obras de grandes autores como Shakespeare o Balzac. Nadie podrá negar que los mejores estudios de psicología femenina los hizo Flaubert en La señora Bovary o Tolstoi en Ana Karenina, por poner solo dos ejemplos notables.
Esto enlaza con la observación adquirida en mi práctica profesional con respecto a las habilidades naturales que he podido comprobar que poseen determinadas personas que, sin ninguna formación ni conocimiento especializado, tienen una capacidad poco común para comprender los trastornos mentales y manejar a los pacientes.
¿Que tienen esas personas (y algunos novelistas) que no tienen muchos profesionales formados académicamente durante años? He reflexionado algo sobre este tema y ahora que he conocido más de cerca a una experimentada novelista y he podido leer y relacionar su obra con su persona, he llegado a la conclusión de que tienen al menos tres características básicas; en primer lugar, la curiosidad, entendida como una actitud interesada por el ser humano, que es fuente inagotable para la imaginación y la fantasía, y que provee al escritor de un gran caudal de información y experiencia (Dice una persona que admiro mucho que la curiosidad es lo que diferencia al hombre del caballo). En segundo lugar, la empatía, es decir, la capacidad para ponerse en el lugar del otro, la habilidad de poseer un sentimiento de participación afectiva en la realidad que afecta a los otros; y en tercer y último lugar (last but not least) el sentido común, o sea, la poco común capacidad natural de juzgar los acontecimientos y eventos de una manera razonable. Y me consta que estas tres habilidades, que no se aprenden con el estudio en ninguna academia, las posee de forma natural la autora de estas novelas.
Para terminar, quería deciros que habitualmente cuando le piden a uno que presente un libro se siente muy importante y se accede a la tarea creyendo íntimamente hacer un gran favor. Yo no era ajeno a esta cuestión cuando María me pidió que presentara su nueva novela La función perdida y, lógicamente, me sentí muy halagado como amigo y compañero que somos en el Taller de lectura de la Asociación Amigos de la Nau Gran. Comencé a hojear la novela, debo confesar que, al principio con un poco de displicencia, pero poco a poco y conforme iba leyendo el interés se fue apoderando de mí, de tal manera que me olvidé de mi primitiva función para convertirme en lector entusiasta. Pero ahí me esperaba un merecido castigo, porque una vez acabada la novela no pude dejar de pensar que ojalá fuese María la presentadora y yo el autor.
Gracias a todos por vuestra asistencia e interés, así como a María Castelló, bibliotecaria de Godella, por su eficaz trabajo en la organización del acto. Y os dejo enteramente con la autora, verdadera protagonista del día, y su nueva novela ‘La función perdida’.

Antonio Rey.

domingo, 18 de febrero de 2018

La reseña de Jaime Millás sobre "La función perdida"

domingo, 18 de febrero de 2018


LA ÚLTIMA NOVELA DE MARÍA GARCÍA-LLIBERÓS

La escritora María García-Lliberós ha roto sus habituales períodos de transición entre novela y novela al presentarnos "La función perdida", su nueva propuesta literaria, cuando todavía los ecos de su última narración "El diario de un sombra" seguían vivos, ocupando espacio preferente en los estantes de las librerías valencianas. Y es que, precisamente, la amplia difusión que ha tenido el diario ha sido la razón, creo, para que emprendiera pocos meses después la aventura de contarnos una ficción realista, en clave de humor e ironía, sobre lo que significa jubilarse en la administración cuando los tribunales están ocupados con procesos de corrupción y los representantes políticos hablan del ocaso de "los últimos jubilados de oro" si no se capitalizan las arcas de la seguridad social. Editorial Sargantana, firma responsable de la edición de los dos títulos, tiene en María uno de los principales carteles de su colección de literatura.
El tono realista que caracterizan las ocho novelas escritas hasta ahora por la autora, una trayectoria profesional que estrenó oficio el año de las Olimpiadas de Barcelona, mantiene un excelente tono y forma literarios en este volumen, de carácter introspectivo y reflexivo sobre lo que significa la jubilación para un ingeniero que lo ha sido todo en la administración pública y que se mira ante el espejo el primer día que no suena el despertador, preguntándose cómo reinventar su vida, cómo adaptar sus hábitos, con quien compartir sus días.

Este punto de arranque ya forma parte del código literario de nuestra querida amiga. Habitualmente la protagonista, en anteriores libros, comienza la relación con el lector poniendo al descubierto un reto que le angustia al mirar el pasado, al vislumbrar el futuro. La diferencia entre las anteriores tramas y la actual es que las 360 páginas de "La función perdida" no reconstruyen un laberinto de conflictos para alcanzar la comprensión y la explicación final de los personajes al término del relato, sino más bien aquí se apunta hacia una vida sin sobresaltos, un entorno social familiar y de amistades en el que más o menos cada pequeña epopeya ya está situada en su sitio, precisamente el espacio de la jubilación laboral, que no vital, donde los proyectos, a juicio de la escritora, son básicamente el disfrute diario de la vida, de los sentimientos del amor y la amistad, y de la libertad de disponer de un tiempo lento y previsible. 
Emilio Ferrer Fontana, exjefe del área de proyectos de una Dirección General de Infraestructuras, ha estado durante muchos años en el centro de las conspiraciones y presiones para conseguir contratas, para anticipar información sobre regulación de suelo urbano, para compensar favores políticos. Ante si mismo tiene la conciencia tranquila, excepto con un expediente en proceso de revisión judicial, y ante los demás, jefes y empleados, proyecta la misma imagen de haber sido un técnico justo y honrado, que nunca perdía el control de los procedimientos. 

Es la primera vez que María construye un personaje varón, a través de cuya mirada pasa todo el relato y sus tramas. Emílio es la única voz narrativa que juzga y analiza a hombres y mujeres, que señala y desenmascara miserias de propios y extraños. En esta ocasión algunos perfiles de mujer están marcados por un trazo grueso, casi odioso, mientras los personajes masculinos despiertan mayor complicidad. En el caso de su amigo de juventud Guillermo, también jubilado, se construye una especie de alter egoque alcanza objetivos a los que Emilio, por tener un talante más conservador, no presta suficiente atención. Varios caracteres femeninos, sin embargo, también tienen su variante positiva: corresponde al de mujeres, con un papel subalterno en la estructura social y profesional de Emilio y Guillermo, que aportan la bondad del amor, la lealtad y la fidelidad como el valor máximo para jubilarse con el corazón activo y emocionado.

La intención humorística y sarcástica es evidente en este libro de García-Lliberós, pero no en todas las situaciones que describe resulta tan brillante como cuando el narrador se dedica a investigar las infidelidades de su vecina o cuando su amigo Guillermo comparte con él los deseos irrealizables de eliminar a su esposa. El buen humor es un recurso humano imprescindible para abordar la jubilación y compensar la marginación a la que la sociedad quiere abocar a aquellos que ya no aportan fuerza laboral y genio creativo.
En las primeras líneas de "El juego de los espejos" Emerano Alcántara, de 46 años recién cumplidos, mira a su esposa Paula y emite un largo suspiro, testimonio de la batalla existencial y matrimonial que está librando en su interior, en silencio. En "Cómo ángeles en un burdel" Angélica nos anuncia el comienzo de la escritura de su diario para poder escuchar las voces interiores que le oprimen por haber vivido mucho y muy rápido. La toma de conciencia del personaje femenino en  "Lucía o la fragilidad de las fuertes" consiste en contarse su propia historia, ponerla por escrito, ordenarla, para empezar a quererse. El personaje central del abogado Joaquín, en "Equívocos", confiesa en las primeras líneas de la novela que quiere levantar acta imaginaria de su vida después de ser abandonado por su amigo y compañero Sergio. Al comienzo del "Diario de una sombra" Gabriel Pradera proyecta su muerte por no haber sabido resolver un conflicto moral que arrastra desde joven. 

Los arranques de los textos literarios de María indican, a menudo, que el personaje busca la introspección para ofrecer la explicación que el lector y el seguimiento de las tramas merecen. En "La función perdida", una buena novela de madurez literaria y vital, esa introspección no está marcada especialmente por la acción o las intrigas literarias, ni por la interacción y la evolución de los numerosos personajes de la novela. Prima más bien la reflexión del narrador, la descripción de sus observaciones, el análisis de la conducta propia y ajena, la aceptación de una realidad que viene determinada por todo lo que Emilio ya ha vivido y que ya conoce. Prima su voluntad de adaptarse a esa realidad, evitando conflictos y cambios, y de vivir el amor que su propia vida le ofrece como fruta madura de un árbol que fué poderoso, manipulador y eficiente.

El blog de Jaime Millás:
http://jaime-desietensiete.blogspot.com.es/

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viernes, 16 de febrero de 2018

"Nunca me abandones", de Kazuo Ishiguro



Editorial Anagrama, 11ª edición, julio 2017  

(1ª edición en 2005)
Traducción de Jesús Zulaika.
351 páginas.

La oveja Dolly nació en julio de 1996 y murió en febrero de 2003. Fue el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta. Este avance científico abría la posibilidad de llevar a cabo la clonación con otros mamíferos, incluso con seres humanos. La ciencia conduce a territorios inquietantes y, aunque las legislaciones se apresuraron a prohibir esta posibilidad por lo que de aberrante, desde el punto de vista moral, pudiera tener, es obvio que en el campo de la ficción creativa se convirtió en una fuente de inspiración. Ishiguro publicó Nunca me abandones en 2005, dos años después de la muerte de Dolly. Los críticos literarios califican esta novela de ciencia ficción, aunque en un futuro próximo o, quizás ya, podría ser una novela realista. Es lo que genera pánico, la posibilidad de lo que nos cuenta, con un lenguaje tranquilo, suave, al estilo oriental, sin una palabra más alta que otra, pueda pasar a formar parte de nuestra cotidianidad. Y, visto así, sin duda es una novela de terror, un nuevo tipo de terror, mucho más intelectual, que no necesita de atmósferas góticas ni efectos especiales de carácter truculento para provocarlo. 
Kazuo Ishiguro
La novela toma la forma de un relato en primera persona. La voz narradora es la de Kathy a los 31 años, cuando se ha quedado sola y recuerda su vida, su infancia y adolescencia, su relación con Ruth y Tommy, sus mejores amigos, ya desaparecidos. Nunca me abandones, se apoya en dos elementos que aparecen en toda la obra de Ishiguro: la memoria y la pérdida. En algún momento Kathy dice: es muy importante sentirse nostálgico. Cuando nos sentimos nostálgicos, recordamos. 
La primera parte transcurre en Hailsham y abarca la infancia y adolescencia, un internado mixto en medio del paisaje inglés, rodeado de bosques, donde los alumnos crecen felices, practican deportes, desarrollan actividades artísticas –importantes pues a juicio de algunos patronos sirven para comprobar que tienen alma y, en consecuencia, deben ser tratados con humanidad-, y mantienen entre ellos relaciones sexuales con total libertad, aunque vigilados por los custodios. Mientras lees, con esa prosa calmosa y diáfana, parece que en Hailsham no ocurra nada importante. Sin embargo, el lector se va impregnando de un clima extraño. Se percibía en el aire como un barrunto de que alguien estaba callando algo. Los niños y adolescentes jamás salen de Hailsham, nunca hablan de sus padres o hermanos, sus preocupaciones se ciñen al interior del centro, impermeable a cualquier influencia ajena. Saben que son especiales pero ignoran en qué se concreta eso, aunque saben que no tienen padres y que son estériles. También saben que tienen una función en el mundo y es lo que justifica los continuos controles sobre su salud. Pero todavía no han visto como se materializa esa función. Viven felices –Hailsham es su Arcadia-, son obedientes y sumisos.
La segunda parte transcurre en los Cottages, los restos de una granja que había dejado de funcionar, donde pasan dos años. Es un período de abandono de la época arcádica y preparación de la que les espera, porque allí deben de optar entre ejercer de cuidadores, como Kathy o de donantes, como Ruth y Tommy. Carecen de otras alternativas. Seguirán de por vida sin mezclarse con las personas normales y resolviendo sus problemas entre ellos.
Especial interés tiene la escena de la excursión a Norfolk para conocer una “posible” de Ruth (la original de la que ella es una copia). Los jóvenes clonados anhelan conocer a sus posibles porque buscan sus señas de identidad, tan necesarias para saber su lugar en el mundo, tras descubrir y asumir su destino que es convertirse en el suministro de órganos diseñados para prolongar la existencia de las personas que les han servido de modelo, y en abastecer a la ciencia médica.
La tercera parte es dura porque el trabajo de cuidador de donantes está lleno de dolor, soledad y pérdidas, y éstas conllevan las despedidas. Mueren tras la tercera o cuarta donación. Transcurre en diversos escenarios pero, especialmente, en Kingsfield, la residencia de Tommy. Kathy cuidará a Ruth y hará las paces con ella tras múltiples desencuentros y, después, cuando ella haya “completado”, cuidará a Tommy, con quien volverá a sentirse muy unida, y a muchos otros, en un trabajo extenuante y satisfactorio, a pesar de todo.
Nunca me abandones es una novela que exige una lectura lenta y que deja una profunda huella en el alma. Su temática no se olvida, porque te obliga a reflexionar. ¿Por qué aceptan su destino con docilidad y no se sublevan? El autor deja interrogantes en el aire. Lo que cuenta está al alcance de la ciencia actual y permitiría ofrecer a una población de privilegiados una vida más larga y en plena forma. Sin embargo, mientras la estás leyendo no tienes esa sensación, porque fluye con ligereza, parece que se detenga demasiado en cuestiones sin importancia. Los diálogos entre los amigos y los hechos que cuenta adquirirán sin urgencias su valor en el tablero de la novela. Su prosa es poética en ocasiones, capaz de mostrar con enorme dulzura la crueldad de las personas normales frente a la ingenuidad de los especiales. Es una novela que no sólo admite una segunda lectura sino que esta es recomendable para extraer todo su jugo y sabiduría.
Nunca me abandones fue llevada al cine en 2010 de la mano del director británico Mark Romanek, interpretada por Carey Mulligan, Keira Knightley y Andrew Garfield. La película, con el mismo título, es muy hermosa y la recomiendo sin dudar, es fiel a la novela, la completa, la hace más comprensible y emociona. Se puede encontrar en NETFLIX.
María García-Lliberós

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