miércoles, 17 de mayo de 2017

"Olive Kitteridge", de Elizabeth Strout

Premio Puliztzer 2009                                   
Portada Ed.Austral
Traducción: Rosa Pérez Pérez
Editor digital: Titivillus
Editorial Austral y Ed. Aleph, 2010 (en papel y agotada)
231 páginas

     El título de esta obra, poco afortunado para el lector español, responde al nombre de la protagonista, una profesora de matemáticas jubilada, de carácter áspero, casada con Henry, el afable farmacéutico de Crosby, un pequeño pueblo costero de Nueva Inglaterra. La estructura la conforman trece relatos breves unidos por la presencia, en todos ellos, de Olive aunque en algunos de forma poco relevante, de manera que el conjunto acaba formando una novela. Una novela de personajes, porque éstos, a pesar de su escasa presencia, adquieren un enorme peso, como transmisores de su punto de vista y como portadores de sus respectivos dramas personales. De esta forma tan singular, mediante un relator en tercera persona implicado y subjetivo, el lector va conociendo la personalidad de Olive a través de las múltiples miradas y opiniones de los demás personajes sobre ella, vecinos suyos. El protagonismo recae tanto en la comunidad como en Olive.
Portada edición digital
     Sobre este paisaje humano de apariencia apacible, Elizabeth Strout nos habla de la vida, de las insatisfacciones personales que esconde cada cual, de los errores que cometemos cuando amamos, del miedo a la soledad, al envejecimiento y a la muerte y, sobre todo, al dolor, de los cambios en la cotidianidad de un matrimonio con el paso del tiempo, porque nada es igual que ayer, de la incomprensión mutua entre padres e hijos, de la crueldad de algunas conductas, de la necesidad de querer y sentirnos queridos o, al menos, necesarios, del horror a provocar indiferencia. 
     Escrita con una prosa poderosa y bella en la que cada frase y cada palabra están justificadas y tienen una motivación, cala en la conciencia del lector obligándole a pensar, reconociéndose en ocasiones, compartiendo sentimientos, aprendiendo del vivir. Los personajes (Kevin, Angie la pianista, Harmon y Bonnie, Daisy , el matrimonio formado por Jane y Bob, Henry, su marido, Cristopher, el hijo y otros) los presenta con pocos detalles, pero éstos, certeros y precisos y, por tanto, suficientes para alimentar el imaginario del lector.                                                                                  
Elizabeth Strout
      
     Una novela que te remueve las tripas y te renueva por dentro que no debemos dejar de leer.
      Con este libro Elizabeth Strout ganó el Pulitzer en 2009, tocó el cielo, del que no ha bajado desde entonces. La obra dio lugar a una serie de cuatro capítulos para TV que obtuvo varios premios Emmy y que estoy deseando ver.
     María García-Lliberós
     

miércoles, 19 de abril de 2017

"La amiga estupenda", de Elena Ferrante

Primer volumen de la tetralogía Dos amigas               
Traducción: Celia Fillipeto.
Editorial Lumen, 2016 (2ª edición)
386 páginas.
19,90 €, en papel.

Para analizar esta novela debemos situarnos en Nápoles en la década de 1950. Italia iniciaba la recuperación de los estragos padecidos durante dos décadas turbulentas, las que transcurren entre 1930 y 1950, marcadas por el ascenso de Mussolini al poder, la persecución racial y la lucha antifascista, elementos que dividieron a la sociedad, la segunda Guerra Mundial, que en Italia tuvo connotaciones de una guerra civil, con la ocupación nazi primero y, luego, la de los aliados, porque fue una potencia perdedora. A ello hay que añadir, en Nápoles, la presencia de la Camorra que controlaba, desde el siglo XVI, todos los resortes del poder y, por supuesto, los mecanismos de ascensión o aniquilación social. Es una sociedad herida aunque sus miembros vivan en el continuo disimulo.
En la novela, la ciudad de Nápoles, y el barrio de las protagonistas, son un personaje más, quizás el principal. Se trata de una ciudad peligrosa, violenta, sucia, seductora, diferenciada entre zonas míseras, lúgubres y marginales y otros lujosas, el lugar del que todos anhelan irse y del que nadie puede deshacerse. En este escenario se desarrolla la historia que cuenta la saga, la de la amistad entre dos niñas primero, nacidas ambas en 1944, y dos mujeres después.
La amiga estupenda es la primera entrega de una tetralogía. En ella las amigas pasan de niñas a adolescentes. Está narrada en 1ª persona por Linú que quiere contar lo que le dicta su memoria cuando su amiga, con sesenta años, desaparece, por voluntad propia, sin dejar el más mínimo rastro de su paso por este mundo. A un breve prólogo le siguen dos capítulos: historia de don Achille e historia de los zapatos, dos símbolos.
El punto de vista es el de Linú, pues por eso es la narradora, la niña, en principio más débil, fascinada por la fuerza y brillantez que emanaba de Lila, deseosa de ser su amiga incondicional, aceptando su superioridad e, incluso, sus vejaciones. Porque lo que no puede soportar es su indiferencia. Lila, hija de un zapatero remendón, es brillante y le contagia su amor por la lectura, por la de Mujercitas, e imaginan que para llegar a ser ricas, que es lo primero que se proponen, basta con estudiar y escribir un libro. Desde niñas son conscientes del ahogo que provoca la pobreza. 
La novela desvela cómo va creciendo entre ambas un sentimiento de ayuda mutua, de solidaridad. El desarrollo físico, emocional y mental de las amigas es el eje de la narración, pero la trama se sustenta en nueve familias residentes en el barrio, las relaciones entre ellas y entre los individuos que las conforman y que componen el universo literario de la voz narrativa. Lila posee una personalidad compleja, es inteligente, puede ser perversa y esconde su sensibilidad tras un muro de dureza. También es generosa y valiente, capaz de enfrentarse con sus mismas armas agresivas a los chulos del barrio en defensa de su amiga, o de sacrificarse por salvar a su hermano. Es víctima de la situación familiar, en la que la violencia doméstica es pan de cada día. Conforme crecen la relación se va haciendo desigual, porque Linú sigue estudiando mientras Lila abandona para ponerse a trabajar. Sin embargo, a pesar de las buenas notas de Linú, ésta siempre dependerá de Lila. 
La conciencia política de Lila despierta al empezar a trabajar. Pregunta (a su amigo comunista el albañil Pasquale Peluso), consulta libros de la biblioteca y así “puso motivos concretos, caras comunes al clima de tensión abstracta que de niñas habíamos respirado en el barrio”. Descubren que las personas a las que amaban  y que llevaban en la sangre cargan con culpas tenebrosas. Lila le descubre el barrio que ya existía antes que ellas, porque todos fingían (esenciales las páginas 184 y 185). Don Achille Carracci había ganado dinero en el mercado negro, lo temían, se hizo con la carpintería de la familia Peluso, de malos modos, convirtió el local en charcutería y fue asesinado más tarde. Stéfano Carracci se casará con Lila, única forma de evitar el asedio de Marcello Solara. Los Solara son de la Camorra, los ricos del barrio, propietarios del bar pastelería. Perdonar es algo que nadie hace en el barrio. Se heredan los odios, se resuelven con violencia que engendra más violencia, se respetan unas convenciones sociales propias, al margen de las leyes, cuya lógica interna es asumida por la comunidad de vecinos.
La narradora utiliza anécdotas para ilustrar ese ambiente del barrio: la guerra de los cohetes en una Noche Vieja, el regalo de Reyes de Rino a su padre (los zapatos diseñados por Lila), con escenas familiares tremendas (página 207). Las vacaciones en Ischia de Linú, el viaje en barco, la sensación de libertad, el descubrimiento del mar (viviendo en Nápoles) un mar del que puede disfrutar, el acoso sexual del ferroviario y poeta Donato Serratore, dándole placer y provocándole odio al mismo tiempo, distinguiendo en su mente los mundos separados del placer físico y el amor. Reflexionar sobre estos hechos es la manera como empieza a comprender de qué va la vida.
Los zapatos son el instrumento para salir de la pobreza, la transformación de la zapatería de remiendos en un taller de zapatos nuevos es el sueño que une a Rino y Lila, los hermanos, frente al padre, el elemento que hace aflorar las diferencias entre generaciones. Pero también son un símbolo del poder del hombre sobre la mujer, de humillación, pues los zapatos marca Cerullo, hechos por Lila, serán el elemento, al final de la novela, un final espléndido que te deja con hambre de más, de la cosificación de la mujer. La atmósfera napolitana rezuma un machismo primitivo insoportable, junto a un estricto y poco racional código de honor.
Leyendo la novela se escuchan los sonidos del barrio, se huelen sus aromas, se escenifica los movimientos internos, el bullicio, los conflictos y se escuchan los sentimientos de Linú y Lila, sus rivalidades, las transformaciones de sus cuerpos en la adolescencia y su amistad invencible ante las dificultades.
La amiga estupenda está bien escrita, destaca la creación de atmósferas y el calado psicológico de los personajes. Consigue que el lector entre en la dinámica de esta novela  y quede cautivo entre sus páginas de las que se libera mediante una lectura voraz.

María García-Lliberós

sábado, 15 de abril de 2017

FERIA DEL LIBRO DE VALENCIA 2017

 

Del 20 de abril al 1º de mayo, en los Jardines de Viveros.

Acudiré para firmar ejemplares de mis novelas (Lucía o la fragilidad de las fuertes, Babas de caracol y Diario de una sombra) a las siguientes casetas y fechas:

Jueves 20 de abril: librería BIBLIOMANÍA, casetas 79, 80 y 81, por la tarde.
Viernes 21 abril: librería BERNAT FENOLLAR, casetas 19 y 20, por la tarde.
Sábado 22 de abril: librería El PORT, casetas 45 y 46, por la mañana.
Sábado 22 de abril: librería BIBLIOMANÍA, casetas 79, 80 y 81, por la tarde.
Domingo 23 de abril: librería PRIMADO, casetas 40 y 41, por la mañana.
Lunes 24 de abril: librería SEGUÍ, casetas 13 y 14, por la mañana.
Lunes 24 de abril: librería LLUM DE LLUNA, caseta 22, por la tarde.
Sábado 29 de abril: librería BIBLIOMANÍA, casetas 79, 80 y 81, por la mañana.
Sábado 29 de abril: librería SOMNIS DE PAPER, casetas 1 y 2, por la tarde.
Domingo 30 de abril: librería SORIANO, casetas 47 y 48, por la mañana.
Domingo 30 de abril: librería EL CORTE INGLÉS, casetas 52 y 53, por la tarde.

Horario de mañana: de 11 a 14 horas.
Horario de tardes: de 17,30 a 20,30 horas.


viernes, 14 de abril de 2017

"El monarca de las sombras", de Javier Cercas

Edita Random House, 2017.
Javier Cercas, autor
281 páginas.
20,90 €, en papel.

La última novela de Javier Cercas da para el debate. El monarca de las sombras toma como hilo vertebrador del argumento la reconstrucción de la vida de Manuel Mena, nacido en Ibahernando, un pueblo mísero de Extremadura, falangista a los 17 años y muerto en la batalla del Ebro a los 19, convertido por su familia en héroe, una forma de consuelo y, en este caso, algo más. Porque Manuel Mena era el tío abuelo de Javier Cercas y éste, como autor y persona pública posicionada en contra del golpe que provocó la guerra civil, siente la necesidad de aflorar esta historia familiar que había mantenido oculta hasta ahora. Como ocurría con El impostor el autor necesita justificarse ante el lector por escribir esta novela, al sentirse responsable de lo que hicieron sus antepasados, una cuestión discutible.
Portada
Javier Cercas lleva a cabo su empeño de forma un tanto enrevesada porque la historia está contada por dos narradores. El primero, llamado Javier Cercas, es el encargado de los capítulos impares, habla en primera persona y asume el papel del literato en busca de documentación para una novela sobre su tío abuelo y abunda en detalles sobre las personas a las que entrevistó, los escasos testigos vivos de su existencia, los viajes a Ibahernando, alguno acompañado por David Trueba, y hasta la visita la casa en Bot (Lérida), hospital para oficiales en 1938 y donde murió Manuel Mena. Se permite elucubrar, ponerse en la piel del protagonista, imaginar sus sentimientos, su seducción por Falange al principio, su decepción posterior ante los horrores de la guerra. El segundo narrador, que también se llama Javier Cercas, se ocupa de los capítulos pares, y es una voz que pretende objetiva, incluso llega a afirmar “no soy un literato y no puedo fantasear, sólo puedo atenerme a los hechos”. De esta forma introduce, deliberadamente, la confusión en el lector que en su mente identifica al autor con los dos narradores y compone un libro que mezcla elementos propios de la novela con con otros del ensayo histórico. Los personajes, incluidos los narradores, adoptan nombres que coinciden con los reales.
En cualquier caso, Javier Cercas, muestra una habilidad narrativa extraordinaria y salva su principal escollo, el escaso material novelable generado por un joven de 19 años, convirtiendo su historia individual en otra colectiva, la del primer Tabor de Tiradores de Ifni, regimiento al que lo destinaron, una unidad de choque, en la que consiguió llegar a ser alférez y fue herido en varias ocasiones hasta encontrar la muerte. El libro es, también, un texto sobre batallas militares, producto de una investigación, contadas con excesivo detalle.
Hay más temas incluidos a lo largo de la novela: el análisis sociológico de Ibahernando y las causas del odio, el antibelicismo que impregna el texto, el origen de las leyendas, el desarraigo que produce la emigración (la familia de Javier Cercas acabó asentándose en Cataluña), la importancia de las mitologías para comprender y aceptar los hechos como la muerte.
El monarca de las sombras es un libro que volveré a leer más adelante, porque, a pesar de algunas objeciones (repeticiones machaconas, descripciones demasiado detallistas), me ha interesado y lo he disfrutado. El último capítulo, muy hermoso y lleno de lirismo. Me agrada la prosa de Cercas, me gusta que haya destripado el proceso de escritura de este libro, he aprendido con él y, por supuesto, discrepo de algunas críticas malévolas que han acusado a su autor de intentar blanquear su árbol genealógico. Nada más lejos de la realidad, desde mi modesta opinión.
Una lectura muy recomendable.

María García-Lliberós

miércoles, 22 de marzo de 2017

"La ley del menor", de Ian McEwan

Editorial Anagrama, 2016                             

Traducción de Jaime Zulaika.
210 páginas.
Una de las características de Ian McEwan es que no pierde tiempo en introducir al lector en la historia que quiere contar. El primer capítulo de esta novela constituye una puesta en escena perfecta en la que el autor proporciona, en pocas páginas, mucha información sobre su protagonista, su entorno doméstico y el nudo argumental: Fiona Maye es jueza del Tribunal Superior de Menores, tiene cerca de 60 años, sin hijos (el típico caso de mujer que ha ido subordinando la maternidad a la carrera profesional hasta que se le ha hecho demasiado tarde), el trabajo la absorbe con casos difíciles que plantean dilemas morales y conflictos interculturales que atraen los focos de la opinión pública, y su matrimonio atraviesa una fase de languidez rutinaria aburrida hasta el punto de que su marido le plantea el deseo de, sin romper el vínculo ni hacer peligrar el statu quo privilegiado que poseen, vivir una aventura con una mujer joven porque quiere volver a sentir la pasión sexual. 
Ian McEwan
La crisis personal de Fiona se ve sacudida por un caso especial, el de un menor, Testigo de Jehová, enfermo terminal de leucemia que se niega a recibir transfusiones de sangre por motivos religiosos. La decisión, y por tanto la vida del joven, está en sus manos. La novela muestra la dificultad del trabajo de un juez de familia. Se extiende en el procedimiento jurídico, la interpretación adecuada de las leyes para proteger el bienestar del menor, la presión de la secta, a través de los ancianos y los padres, sobre el joven Adam, inteligente y sensible. Un tema inquietante y actual, la contraposición entre razón (la del Estado) y fe. Y otro tema importante: ¿hasta dónde llega la responsabilidad de la jueza, termina con la sentencia? (página 209).
Como siempre, la prosa de McEwan es precisa, fluye con facilidad, remueve la conciencia del lector porque lo coloca ante problemas que nos afectan y asume el rol de conciencia moral de la sociedad. La intransigencia de la religión, tan presente en nuestra época y tan temible, a nivel individual y colectivo. La convivencia conyugal cuando el entorno es confortable, demasiado valioso para echarlo a perder, aunque carezca de emoción. Genial la escena del regreso de Jack, el marido, a casa, y la decepción de que lo haya hecho tan pronto y las vacaciones matrimoniales de la esposa humillada hubieran durado tan poco. Le estaba cogiendo gusto a la soledad (página 150-151).
En definitiva, una novela bien documentada que se lee con avidez. No deslumbra como Expiación o Amor perdurable, títulos del autor, pero lleva el sello de uno de los grandes.

María García-Lliberós

miércoles, 22 de febrero de 2017

"Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout


Duomo Ediciones, 2016                

Traducción de Flora Casas. 
208 páginas.
16,80 €, en papel.

Me llamo Lucy Barton es un relato en primera persona que destila aromas de confesión. La protagonista, Lucy Barton, es la narradora, una mujer en torno a los 30 años, casada y con dos hijas pequeñas cuando sucedió lo que nos cuenta: la visita que su madre le hizo para cuidarla, durante cinco días seguidos, mientras ella estuvo ingresada 9 semanas, de mediados de 1980, en un hospital de Nueva York. El hecho tiene enorme importancia pues madre e hija llevaban años sin verse y apenas sin hablarse. La aparición de la madre remueve sentimientos y recuerdos, provoca nuevas sensaciones y hasta predispone cambios de futuro. 
Estamos pues ante un libro intimista, que bucea en el interior de Lucy, que nos lleva a conocer su infancia, plagada de miseria y ausencias, en una familia poco estructurada y las relaciones con su padre y hermanos.
El primer capítulo, y de forma fragmentada en los siguientes, nos pinta un cuadro familiar sombrío: marginados por la pobreza, vivían en un garaje de un pueblo pequeño de Illinois. Aislados del núcleo urbano. Sin TV, ni radio, ni periódicos o revistas. La gente del pueblo los evitaba, los compañeros del colegio se burlaban de ella y sus hermanos, los profesores se mostraban poco amigables. El padre era intolerante con el hijo gay, vicioso (sacaba “la cosa” y se masturbaba por toda la casa), y tierno en ocasiones. Lucy conoció el terror a la oscuridad y el frío. Se quedaba hasta tarde en el colegio, donde había calor, para estudiar y leer. De sus lecturas nació su deseo de ser escritora.
La madre, para distraerla, le menciona personas que habían conocido tiempo atrás y asistimos a la conversación de dos mujeres de pueblo, que son más complicadas de lo que parecen, confidencias entre madre e hija como nunca lo habían hecho antes. A Lucy oír la voz de su madre le hace feliz. Y estas conversaciones configuran con sencillez y eficacia la estructura de la novela: lenguaje claro de frases breves y directas, capítulos cortos que van y vienen en el tiempo y actúan como flashes que iluminan el recuerdo de una persona o un acontecimiento y conducen a una reflexión moral. El estilo propio de tomar un detalle de vida y extraer consecuencias. 
Especial importancia tiene el personaje de Sarah Payne porque a través de esta escritora ficticia que Lucy conoce en una tienda (y que luego irá a sus clases) la autora nos explica lo que pide a la literatura, como lectora y como escritora, y nos dice cómo interpretar su novela. Le gustan los escritores que tratan de contarte algo verdadero y considera que la escritura de ficción debe ayudar a conocer la condición humana, esto es, quienes somos, qué pensamos y qué hacemos. Por eso escribió esta novela que no es otra cosa que una historia de amor, la de una madre que quiere a una hija de una manera imperfecta, la de una hija que ha sufrido la nostalgia del amor de su madre y anhela sentirlo y gozarlo y hacer las paces con ella. 
Lucy (o Elizabeth) escribe porque necesita reconciliarse con su pasado. Comprendió que tuvo una familia malsana de la que huyó en cuanto se le presentó una ocasión, algo que abrió una herida en su conciencia, porque dejó unas raíces y unos sentimientos anclados en su interior y condicionan su existencia. 
Una novela intensa para desnudar un alma, escrita con enorme sensibilidad, cuya grandeza se aprecia más con una segunda lectura. Es importante lo que dice y  lo que silencia. El último párrafo es prosa poética.

María García-Lliberós

miércoles, 18 de enero de 2017

"La España del maquis (1936-1965), de José Antonio Vidal Castaño

Punto de Vista Editores, 2016.                   

317 páginas.
    José Antonio Vidal Castaño (Valencia, 1941) es doctor en Historia Contemporánea de España y ha dedicado años de investigación a la Guerra Civil española y las tremendas heridas abiertas, algunas pendientes de cicatrizar, en ciertos segmentos de nuestra sociedad. Uno de los temas que más ha trabajado es el de la guerrilla rural antifranquista, conocida como el maquis.
J. A. Vidal Castaño
     En este mismo blog colgué el año pasado la reseña de un libro de relatos cortos titulado Asalto al tren pagador (2015) entre los que se incluían algunos sobre el maquis. El autor, una autoridad en la materia, utilizaba sus conocimientos sobre la guerrilla para fabular en torno a ciertos hechos reales permitiéndose penetrar en los sentimientos de sus protagonistas. El libro que ahora les comento es un ensayo y, como tal, la mirada del investigador se impone de la manera más objetiva posible. Vidal Castaño nos ofrece una visión completa del movimiento guerrillero en España, hombres en su mayoría, y algunas mujeres, que quedaron atrapados en suelo español y se echaron al monte para, sin dar por terminada la Guerra Civil, sobrevivir y seguir su lucha contra el régimen de Franco. A ellos se añadieron otros muchos españoles que regresaron de Francia, antiguos exiliados, con el único objetivo de hacérselo difícil a una dictadura implacable.    
     En La España del maquis (1936-1965) el autor nos explica la organización interna de la guerrilla y objetivos políticos, su código de conducta, la expansión territorial de la misma, su forma de financiación que incluía secuestros y asaltos a casas de labor y entidades bancarias, la importancia de sus enlaces, los nombres y personalidades de los líderes más carismáticos y la forma de conducirse de cada uno. Elabora un mapa de las zonas territoriales de influencia de cada grupo guerrillero, su principales éxitos y sus principales fracasos que condujeron a su desaparición. También ilumina la actividad desplegada por la guardia civil, fundamentalmente, reforzada en ocasiones por las policías locales e incluso el ejército en la captura y muerte de algunos guerrilleros destacados, ayudados por delaciones y traiciones alimentadas por el miedo o por sentimientos menos honrosos.
     Este libro, bien escrito y de lectura amena, está dirigido a un público amplio, no especializado, que puede instruirse y, al mismo tiempo, asombrarse, incluso, del amplio número de guerrilleros comprometidos que poblaron los montes en condiciones precarias, del largo período que necesitó el régimen para aniquilarlos, a pesar del palmario desequilibrio de las fuerzas enfrentadas. 
    Muy interesante resulta la cantidad de referencias culturales que ha inspirado el maquis, ya sean novelas como Requiem por un campesino español de Sender (1953), Un día volveré de Juan Marsé (1982), Beltenebros de Muñoz Molina (1989) o El lector de Julio Verne de Almudena Grandes (2012), entre otras de las que da cumplida información, o películas como Llegó el día de la venganza de Fred Zinnemann(1964), El año del diluvio de Jaime Chávarri (2004) o Los días del pasado de Mario Camus (1977) cuyas tramas explica a la luz de la documentación que posee.
     Un libro necesario para conocer y comprender nuestro pasado. 
      María García-Lliberós

sábado, 17 de diciembre de 2016

La reseña del escritor Jesús Moncho sobre "Diario de una sombra"

Diario de una sombra                                                  
María García-Lliberós
Editorial Sargantana
València, octubre 2015, noviembre 2016              

   Que una novela, en el transcurso de su primer año, haya alcanzado su tercera edición, ya habla por sí de su valor. Si le sumamos el nombre de María García-Lliberós como autora, aumenta nuestro interés al tratarse de mano reconocida por galardones como el Ramón Sijé (1992), el de la Crítica Valenciana (1999), o el Ateneo de Sevilla (2002). Diario de una sombra nos coloca ante una obra de compleja realización formal y claro contenido sicológico-social, al hilo de una historia de amor (o desamor), sobre la realidad de la España franquista y de la Transición. Más bien, sobre la moral convencional de dichos tiempos. Y sus consecuencias.
   Pero lo primero que percibe el lector es el flujo, el torrente de palabras que desborda la narración, vehículos de un discurso en un doble plano, tanto en el propiamente narrativo a través de la precisión y profundización de los personajes y situaciones, como en la configuración y transmisión de valores (o no valores) que envuelven una historia de tintes realistas cuyo leitmotiv sobrevuela des de la primera página: la culpa, el engaño; o el engaño y la culpa.
   Para el desarrollo de la idea principal, la autora recurre a un relato en tercera persona, omnisciente, capaz de mostrar en toda su dimensión la naturaleza de las tramas, que dé credibilidad a los hechos, reservándose la primera persona para el relato paralelo de la protagonista principal, como una visión más vívida, emotiva y por tanto portadora de aspectos añadidos a la realidad, que se constituirá en el detonante y avance principal de la acción en la obra. Acción, tiempo y lugar que, en la obra, van alternándose y mezclándose según los ritmos exigidos, sin atenerse a linealidad o consecutividad alguna. Londres, donde se fraguará la relación de los protagonistas y motor de las intrigas; Valladolid, símbolo de existencia gris; Madrid, proyectos, ascenso; Lucerna (Suiza), lejanía, soledad; València, volver a empezar... Amor y entrega, esperanza e ilusión, lujo y avaricia, maquinación, soledad, desengaño... Elsa, heroína real o irreal (da título a la novela: Diario de una sombra); Gabriel, calculador y ambicioso; Gonzalo, síntesis de los dos como proyección positiva de la historia; tres personajes a la busca de un futuro, pero cuyo pasado les ata, en un perenne retorno, que condiciona fatalmente su presente («recuerda... que cada uno es su pasado y que la responsabilidad derivada del mismo, de ciertos actos, no prescribe jamás», pág. 308).
   Pero... la culpa nos remite siempre a una causa, a un origen, a una falta o pecado en la terminología convencional (aunque «el azar influye más que los hechos en la aparición y magnitud de la  culpa», pág. 285). Y necesita reparación para la redención o sosiego del infractor. Aquí nos encontramos con el punto álgido de la(s) trama(s). ¿Es posible la reparación? ¿Se atreve el protagonista a afrontarla, a sus consecuencias? Todo un corolario de respuestas que nos conducirán a un desenlace de fuerte impacto, en el que los personajes se verán empujados a asumir su irremediable destino, en un contraste de sensaciones y emociones en las que el lector se sentirá convocado para dar por finalizados un tiempo, unas actitudes y valores afortunadamente superados.


Jesús Moncho

Jesús Moncho es escritor, autor de las novelas Puerto del este (2008) y Gran Bulevard (2005), entre otras.

viernes, 16 de diciembre de 2016

La reseña de "Diario de una sombra" en El Heraldo de Aragón

El pasado 15 de diciembre, en el suplemento cultural del periódico El Heraldo de Aragón, apareció esta reseña de mi última novela. La firma Julio Cristellys.



miércoles, 14 de diciembre de 2016

"Las pequeñas virtudes", de Natalia Ginzburg

Editorial El Acantilado, 2002 (7ª reimpresión, 2016)    
Traducción de Celia Filipetto.                    

11 euros, en papel
163 páginas

El conjunto de once relatos incluidos en Las pequeñas virtudes son una mezcla de ensayo y autobiografía de una autora que se muestra como una gran observadora de lo cotidiano y con una singular capacidad deductiva.
El libro se desarrolla en dos partes bien diferenciadas. En la primera los relatos giran sobre su pasado en una Italia en guerra (1930 a 1950: ascenso de Mussolini, persecución racial, lucha antifascista y ocupación alemana), en el que Ginzburg conoció el destierro, la guerra y la pobreza que genera, la muerte de su primer marico torturado en la cárcel de Roma,  e impresiones sobre Inglaterra y los ingleses, donde pasó estancias con su segundo esposo. En éstos, se muestra muy crítica con los ingleses, dejándose llevar por una antipatía manifiesta que merma el interés de los mismos.                                       
Natalia Ginzburg
La segunda parte es mucho más reflexiva y consigue elevar a pensamiento moral y filosófico sus deducciones obtenidas de la cotidianidad. En “El hijo del hombre” nos habla del miedo. “Aquellos de nosotros que hayan sido perseguidos nunca volverán a tener paz”. Miedo al timbrazo nocturno.
Me ha gustado mucho el relato “Mi oficio” que define como escribir historias, inventadas o recordadas. La memoria más la fantasía son sus herramientas de inspiración. Nos habla del proceso de escribir y de cómo repercute en el autor y de la caza de personajes para urdir nuevas historias.
De nuevo en “Silencio” se ve la profunda huella que dejó la guerra. El sentimiento de culpa anidando en el interior porque “nos sentimos implicados en una historia cada día más sucia”. Cuando se padece sensación de pánico, se calla ante las atrocidades, y el silencio genera la culpa. 
Los dos últimos relatos -“Las relaciones humanas” y “Las pequeñas virtudes”- me parecen complementarios. El repaso a las fases de la vida, desde la infancia a la vejez, pasando por la adolescencia, juventud y madurez, basadas en observaciones que aquejan a cualquier humano y a cualquier familia, está lleno de agudeza. La elección de la persona adecuada con la que pasar el resto de tu vida, no tiene desperdicio, al igual que la transformación que provoca la llegada de los hijos, y la preocupación que transmite por educarlos en las grandes virtudes (generosidad, indiferencia ante el dinero, saber gastar mejor que saber ahorrar, etc.), son conclusiones de una madre con un criterio personal y crítica ante el sistema. En definitiva, hay que “recorrer un largo camino hasta llegar a tener un poco de misericordia”.

Un libro corto, íntimo y jugoso, amargo y tierno, perspicaz, que tal vez merezca más de una lectura para sacarle todo el partido posible.
María García-Lliberós

miércoles, 23 de noviembre de 2016

"El pasado no existe", de Justo Serna

Editorial Punto de Vista editores, 2016.        

226 páginas.

Al título enigmático de este libro añade su autor, el historiador cultural -¡qué hermosa expresión!- y catedrático de Historia Contemporánea Justo Serna, las palabras “Ensayo sobre la historia”. Es un ensayo sobre la historia entendida como una disciplina académica, un proceso de investigación sujeto a protocolos exigentes que garanticen su rigor, un relato consecuencia de esas indagaciones previas y,  también, es algo más. Es un ensayo sobre la figura del historiador, su actitud ante su trabajo y su responsabilidad con la sociedad.
A los historiadores profesionales se les conoce poco. Encerrados en sus Universidades, dedicados a impartir clases, dirigir tesis o a escarbar en archivos los legajos del pasado, cuya información sustentarán sus próximas publicaciones dirigidas, en primer lugar y en ocasiones en único lugar, a sus colegas, parece que se mantienen al margen del curso de los acontecimientos que afectan a la sociedad y que pasarán, en breve, a ser históricos y, en consecuencia, material de sus estudios. El profesor Serna, con un lenguaje asequible, tiende un puente hacia el mundo no académico, se nos muestra, y nos ofrece un pensamiento inquieto, rebelde y reivindicativo.                                                  
Justo Serna, historiador cultural.
Me han gustado bastantes cosas de este ensayo: la sorpresa por la variación de temas que aborda; la forma como lo hace, con un engañoso desorden, como si se hubiese permitido el gusto (y el lujo) de dejar que los pensamientos fueran fluyendo de su mente y de ésta a la pluma, sin encorsetarlos en un esquema premeditado; la defensa a ultranza del rigor científico y la mayor defensa, si cabe, de la necesidad de relatar con una prosa cuidada, con auténtico estilo capaz de seducir al lector más exigente. Se acerca mucho a los escritores de novela, a pesar de que estos últimos se zambullen en la mentira –toda ficción lo es- y el historiador pelea por mostrar la verdad. Ambos, sin embargo, se someten a la prueba de la verosimilitud y belleza del relato. El autor cita a los novelistas que más pueden haberle influido: Antonio Muñoz Molina, Javier Cercas, Umberto Eco, entre otros.
El pasado no existe, es cierto, pero ha existido y el peso del mismo se deja ver en todas nuestras manifestaciones individuales y sociales. Conviene conocerlo porque el progreso está cimentado en el saber acumulado por anteriores generaciones. No sólo para no repetir errores, algo a lo que tan aficionados somos los humanos, sino para vivir mejor. Lo que también conecta con otra obsesión de Justo Serna, la del papel de los intelectuales en la conformación de la opinión pública, su gusto por escribir en prensa y las diferencias que se plantea cuando se dirige a un público ajeno al mundo universitario. En este sentido resultan muy esclarecedoras las tres entrevistas que le realizaron en 2007, 2009 y 2012, por María Canelles, Liriana Carrera y Alejandro Lillo, respectivamente, que se incluyen en la última parte del libro.
La lectura de El pasado no existe me ha proporcionado unas horas de ejercicio intelectual placentero, por las cuestiones que plantea, por sus respuestas y, como parte del público no académico, me ha reconciliado con el género ensayístico. Buenas razones para sugerirles que lo lean.
María García-Lliberós 


lunes, 21 de noviembre de 2016

El escritor Julio Cristellys Barrera habla de "Diario de una sombra", novela de María García-Lliberós

El pasado jueves 24 de noviembre de 2016 se presentó en Zaragoza, en la Casa del Libro, mi última novela Diario de una sombra (Editorial Sargantana, 2015). Hizo la introducción el escritor aragonés Julio Cristellys y éstas fueron sus palabras:

Julio Cristellys
     La carrera literaria de María García-Lliberós está jalonada de importantes premios literarios como el "Gabriel Sijé", el "Premio de la Crítica Valenciana" y el "Premio de novela Ateneo de Sevilla". De aquí que la publicación de una obra suya vaya acompañada de interés y expectación ,transmutados en elevadas cifras de venta de ejemplares.
     Así ha sucedido con Diario de una sombra, novela que ya ha alcanzado la tercera edición, algo que no es de extrañar pues la escritora tiene la habilidad de brindar a sus lectores una historia interesante y entretenida, a la par que muy actual, sin dejar de lado las exigencias formales de una buena obra literaria.
     Amante que soy de la novela realista de la segunda mitad del siglo XIX, me ha sorprendido gratamente encontrarme con una trama eterna -la del burlador-, que la novelista ha sabido adecuar a las exigencias estilísticas y argumentales de la presente centuria.
     Componen dos partes la novela: una la del narrador omnisciente, imprescindible para familiarizar al lector con los aspectos más contemporáneos del devenir de los personajes de la historia, tanto en el planteamiento como en el nudo y desenlace del tema a contar; otra, esencial para completar la anterior, consistente en el monólogo interior de esa "sombra" a la que alude el título, una sucesión de hechos que nos serán confiados en forma epistolar y con la lectura de un diario.
     Precisamente, el "stream of consciousness" de ese fantasma al que la novelista denomina "sombra" trae a la memoria del lector, por el estilo y asunto tratado, ecos de los mejores pasajes de Stefan Zweig o de Sándor Marai: a nadie dejará indiferente esa voz llegada de otros años y sin interlocutor.
Por otro lado, el sujeto tratado en el bloque destilado por el narrador omnisciente, el lector asistirá, cual espectador de una película, al devenir existencial de unos personajes en plena actualidad.
    Si en la obra reseñada encontramos temas, no ya contemporáneos, sino eternos, tales como el amor burlado, la ambición la mezquindad, sería importante que se indicara que María García-Lliberós ha conseguido con su novela realista, sazonada con aderezos del mejor melodrama victoriano, que el lector asista al cambio generacional de quienes, nacidos en la década de los años 50 del pasado siglo, descubrieron la libertad de costumbres propia de otros países europeos y paulatinamente, sin la rapidez alardeada por algunos, se hubieron de ir adaptando a la velocidad de los aires que nos llegaban allende los Pirineos.
Julio Cristellys Barrera.

Julio Cristellys es autor de las novelas Madrugada (2008) y Marejada (2014), ambos publicados por Huerga & Fierro Editores.

Unas fotos para el recuerdo de la presentación en Zaragoza.




sábado, 19 de noviembre de 2016

"La otra Libertad", de José Morán

Ediciones Vitruvio y Nostrum, 2016.                       
357 páginas. 20,00 €, en papel.

La otra libertad es una novela histórica, ubicada en Cuba cuando se iniciaba la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la primera guerra de independencia cubana contra la metrópoli española. Comenzó en la noche del 9 de octubre, en una finca perteneciente a Carlos Manuel de Céspedes, nombrado general del ejército independentista, nutrido por esclavos negros a los que se les sedujo con la promesa difusa de conseguir la libertad. Terminó con el Pacto de Zanjón, donde se establece la capitulación del ejercito cubano frente a las tropas españolas. Cuba no consiguió ni la independencia ni la abolición de la esclavitud.
La acción que nutre el argumento de la novela hinca sus raíces en el contexto socio político de la isla en aquella época, regida por un Capitán General con un poder absoluto. El anti españolismo lo fomentaba la política impositiva abusiva por parte de la Corona, la prohibición a los cubanos del derecho de reunión, la ausencia de libertad de prensa, la falta de legalidad para formar partidos políticos. Todo ello agudizaba la confrontación colonia-metrópoli.
José Morán
La novela está narrada en tercera persona pero el interés de la misma crece al tomar como protagonista a Pedro Montejo, un esclavo de la Hacienda Sitges, emplazada a 50 km de Santiago, dedicada al cultivo y laboreo del café, y su mujer Juliana. Un matrimonio modélico en el que se cebarán un sinfín de calamidades. De esta forma, se combina el punto de vista particular, el de los héroes anónimos, con el de los protagonistas de la Historia cubana.
El diseño de estos dos personajes es, tal vez, el elemento que más brillo da a este relato. Montejo es una persona que no se deja seducir por nadie, que tiene miedo a quedarse como está (la crueldad ejercida en el trato con los esclavos en la hacienda es tremenda) y a cambiar su situación, siempre a peor. Detesta la violencia, la que se ejerce contra él y su familia, y la que pudiera ejercer él contra otros. Odia la guerra, odia las armas, no quiere matar a nadie. Sabe ser compasivo y tiene un hermoso concepto de la amistad. Me ha recordado la figura de Gandhi en la India. Ama la vida, a pesar de que ésta sólo le ofrece sufrimiento. Cree posible comprar su libertad tras decenas de años de trabajo esclavo. Pero no podrá evitar verse arrastrado por la situación, aunque no crea que luchando bajo el mando de amos independentistas acabe consiguiendo la libertad.
La novela penetra en los comportamientos de la comunidad negra de esclavos, donde impera la solidaridad entre ellos pero, también, la traición, la delación, incluso calumniosa, a cambio de mínimos ascensos, con consecuencias terribles, constatando que la maldad humana es una mala hierba demasiado extendida.
Juliana, la esposa dulce, amorosa, la esclava sumisa, la madre frustrada que reacciona con una capacidad de liderazgo nueva y de organización a través de las mujeres, ante una injusticia que la afecta de cerca, una reivindicación de mejoras higiénicas para sus hijos pequeños, que los españoles abortarán, con tal ferocidad, que sembraron a la par terror y un odio que fructificaría más adelante.
Las figuras de Pedro Montejo y Juliana son ficticias y, a la par, verídicas, a pesar de la bondad de Pedro, excesiva, de su posición de hombre de paz y de palabra en un tiempo y lugar en que no se le escuchaba y se imponía el ruido del látigo o de los machetes.
Una novela apasionante, muy bien escrita, eso se aprecia desde la primera página y no decae hasta el final, cuidada la prosa, trabajado el argumento, que se lee con interés creciente y que recomiendo con entusiasmo. 
María García-Lliberós.





viernes, 28 de octubre de 2016

"Los señores del Fin del Mundo", de Enrique Vaqué.

Ed. Almuzara, 2016.     
410 páginas.
19,95 €, en papel.

El editor, en la cotraportada del libro, lo califica de novela histórica, esto es, aquella que, siendo una obra de ficción, recrea un periodo lejano y toman parte en la acción personajes reales y ciertos. 
Los señores del fin del mundo transcurre en el período que va de 1444 a 1491 aproximadamente, pues Isabel I de Castilla, con unos 40 años, se encuentra en Guadix, preparando la conquista de Granada y asume en el relato el rol de ser la impulsora del mismo.
La primera parte de la novela transcurre en Al Ándalus y el sur de Castilla, cuando la penísula Ibérica se encontraba dividida entre los reinos de Portugal, Castilla y Leon, Aragón y el reino nazarí de Granada, las órdenes de caballería de Calatrava y de Santiago luchaban entre ellas y la invasión de Castilla por parte de navarros y aragoneses llegó a Olmedo dando lugar a la cruenta batalla con este nombre entre reinos cristianos con la participación de la nobleza. Figuras como Juan Ramírez de Guzman, Pedro Girón, la familia Pacheco, los Padilla, apellidos que encontramos en los libros de Historia, tienen su papel como personajes reales, secundarios, que ayudan a desarrollar la acción.     
En la segunda parte, el escenario cambia para seguir el camino hacia Oriente, con destino en la Meca y más lejos. En 1453 cayó Constantinopla en manos de los turcos, un hecho que marcó el final de la Edad Media y modificó el mapa geopolítico del momento, y permite de paso a nuestros personajes protagonistas, de los que luego hablaré, la vuelta a Castilla. La novela recrea un período histórico fascinante.                 
Pero es algo más que una novela histórica. Es, sobre todo, una novela de aventuras con influencia de la tradición cuentista y la cervantina. La primera tiene que ver con la estructura del relato que evoca el de Las mil y una noches, pues si en éste Sherezade con enorme sabiduría consigue retrasar y evitar su muerte enredando al sultán con sus cuentos, en Los señores del Fin del Mundo va a ser la reina Isabel quien le da, a Hasib ibn Al-Shariff, personaje protagonista que asume el papel de relator, cuatro noches, las que debe permanecer en Guadix para tratarse una quemadura en el brazo, para que entretenga su insomnio contándole su vida mientras fue el ayudante del médico ibn Nasar, famoso por haber vencido a la peste y maestro de Hasib. Así comenzará el relato oral que da lugar a la novela.                                             
Enrique Vaqué
La influencia cervantina se encuentra en el diseño de los personajes protagonistas que son, ambos, ficticios. El médico ibn Nasar, inspirado en Averroes, es un hombre que va tras “la aventura de la vida o el existir y la aventura de la ciencia o el saber”. Miembro de la familia real nazarí, aunque alejado de intereses políticos, fue un hombre inteligente, astuto, pragmático, culto, con predisposición a la diplomacia, viajero vocacional, humano y propicio a aceptar tentaciones eróticas, y frío y distante cuando se hace necesario, residente, en un principio, en un barrio de Córdoba. Su profesión de médico con buena reputación, era el mejor salvoconducto en ambos bandos, cristianos y musulmanes, tan necesitados de estos profesionales y tan escasos en la época. Buen observador que juega con habilidad sus bazas. Pero también, un iluminado y un radical al que la conciencia de culpa por la muerte de su esposa le hace perder algo la cabeza y le exige un esfuerzo supremo de redención. Iniciará una peregrinación como monje mendicante a la tumba de un gran sufí buscando la purificación del alma, la pobreza, el sacrificio, la libertad que proporciona la ausencia de posesión alguna. Nasar, como el Quijote, es de la clase de hombres en torno a los cuales se forjan las leyendas.
Hasib, su ayudante enfermero, es un joven con los pies en la tierra. Ve las cosas como son, reflexiona con la lógica del sentido común. De origen humilde, en su fuero interno discrepa del rumbo tomado por su señor, añora los placeres que pueden ofrecerle los sentidos, la vida confortable de Córdoba, ni le interesa el sufismo, ni ve necesidad alguna de hacerse pobres y emprender ese viaje que vislumbra lleno de penalidades y peligros y, aún así, sigue a su señor, por gratitud, lealtad y amor hacia él, como un Sancho Panza cualquiera, con algunas características tomadas de la novela picaresca, porque sabe que el médico, tan sabio y tan inútil para las necesidades cotidianas de la vida, lo necesita a su lado. Y él, por su parte, junto a su señor aprenderá una profesión y aprenderá a vivir. De lo que se deduce que el libro tiene mucho de novela de iniciación o de formación. Una pareja protagonista cervantina que se complementa de esta forma.
La novela, a partir de la segunda parte, va a seguir la crónica de ese largo viaje, un concepto propio de las novelas de aventuras: el viaje, lo desconocido, la curiosidad por ver otras partes del mundo, otras culturas, otras gentes, los obstáculos a salvar, los peligros enormes, e incluso, para Hasib, el descubrimiento del sexo, el enfrentamiento con la maldad, las penalidades y el regreso. Todo está presente en Los señores del Fin del Mundo, como lo estuvo también en Ulises, la primera gran novela de aventuras que recuerdo.
En Los señores del Fin del Mundo se observa un enorme trabajo de documentación. El autor ha respetado los nombres árabes de los parajes y elementos geográficos y de la  naturaleza que va mencionando. Asimismo, es puntilloso con los acontecimientos históricos en cuanto a fechas, lugares e intervinientes en los sucesos que usa para sustentar el argumento novelesco. Aporta información interesante sobre los usos médicos de la época y la composición de ciertos medicamentos. Y plantea un conflicto moral con el método que ibn Nasar utiliza para atajar la temible peste y su relación con la práctica de la eutanasia selectiva, motivo que enfrentará a nuestros protagonistas en 1453 y acabará separándolos.
La lectura del Los señores del Fin del Mundo proporciona un enorme placer porque el relato que nos cuenta interesa desde el principio y mantiene la tensión literaria hasta el final, entretiene y está bien escrita. Se aprende mucho y no sólo de historia, sino de las pasiones y ambiciones humanas, estimula la imaginación y te ayuda a comprender el mundo. Una novela muy recomendable.
María García-lliberós

La novela se presentó ayer, 27 de octubre, en Valencia. Tuve el honor de hacer la introducción y análisis de la misma. Aquí, unas fotos para el recuerdo.



Mapa de visitantes


Visitor Map