martes, 20 de noviembre de 2018

"El rey recibe", de Eduardo Mendoza










           Editorial Seix barral, 201. 
366 páginas
Cada vez que se anuncia un nuevo libro de Eduardo Mendoza me aflora la sonrisa, como un adelanto del placer que espero de su lectura. Es un autor que me cae muy bien, me gusta la actitud con que afronta entrevistas, su ejercicio de libertad y convincente sinceridad y, sobre todo, me gusta su forma de escribir con, ironía e inteligencia. Al autor de El misterio de la cripta embrujada, La verdad sobre el caso Savolta, La ciudad de los prodigios o Una comedia ligera, entre otros títulos, se le exige mucho lo que hace cada vez más difícil la posibilidad de no decepcionar. Es lo que empezaba a ocurrirme con la primera mitad larga de esta novela, donde la lectura fluye con facilidad pero sin divertir ni acabar de interesar.
El rey recibe está concebido como la primera entrega de una trilogía lo que hace arriesgado emitir un juicio con solo un tercio del total de la obra. El protagonista y narrador es Rufo Batalla, un personaje un tanto anodino o acomodaticio que en nada satisface las expectativas que genera su nombre. Entiende de música, abierto de mente, que aspira a pasar inadvertido de acuerdo con los consejos de su padre, que se deja llevar con facilidad hacia relaciones amorosas poco duraderas o convencer para prestar su nombre en asuntos financieros turbios que podrían tener fatales consecuencias futuras.
La novela se estructura en dos partes. En la primera Rufo Batalla, veinteañero, que trabaja como chico para todo en un periódico de Barcelona al que entró por recomendación, recibe el encargo de cubrir en Mallorca una boda real, la del príncipe exilado candidato al trono de Livonia con una señorita de la alta sociedad. Un montaje para la galería. Por razones no explicadas es escogido por el príncipe Tukuulo, mediante métodos poco ortodoxos, para una entrevista en exclusiva, en la que el príncipe sugiere las preguntas y las respuestas, lo que consolida su puesto de periodista. Estamos en 1968, con una tímida apertura tras la ley de Prensa de Fraga.
La segunda parte trascurre en Nueva York y no parece tener nada que ver con la anterior. Allí Rufo se incorpora en un pequeño equipo de funcionarios de la Cámara de Comercio que aparentan trabajar porque lo cierto es que nada es urgente ni necesario a las órdenes de un jefe que exige el respeto absoluto de las formalidades. Da una imagen tópica del funcionariado. Eduardo Mendoza trabajó como traductor en Naciones Unidas entre 1973 y 1982, por lo que ha podido aprovechar sus experiencias neoyorquinas. A través del relato de Rufo nos da una visión personal de la ciudad de la época y de cómo se percibía desde allí, con mucha distancia, los acontecimientos que pasaban en España: atentado a Carrero Blanco, inminente muerte de Franco. Relata una recepción en Nueva York de don Juan Carlos y doña Sofía entonces Príncipes de España, a los residentes españoles que no tiene desperdicio. Pero el lector sigue pensando que no parece que ocurra nada memorable, a pesar de algunas amistades interesantes que dan pie a conversaciones jugosas, en la cotidianidad de un español en la ciudad donde todo es posible.
El relato da un quiebro hacia la página 310, y aquí el lector que haya perseverado, lo que es fácil pues la prosa de Mendoza es fluida, verá recompensado su esfuerzo porque lo que queda hasta el final de libro es lo mejor, a pesar que desde un punto de vista argumental sea incluso suprimible: el reencuentro de nuevo con el príncipe y el relato que hace de la historia de su país, ubicado en la orilla del Báltico, objeto de conquista por parte de misioneros cristianos en el pasado. La ironía de Mendoza aflora con inusitada brillantez para evidenciar las lógicas dispares entre la de los salvajes y la de los misioneros, o el triunfo entre la ética naturalista sobre la perversión misionera cristiana, en tono de humor, pero no por ello menos clarividente. Crítica política de sublime sutileza.
Es lo que me ha decidido a esperar la continuación.

María GarcÍa-Lliberós

sábado, 17 de noviembre de 2018

Presentación de "La función perdida", por Emi Zanón


     El pasado jueves 15 de noviembre tuvo lugar la presentación en Buñol (Valencia) de mi última novela La función perdida.
     Para calentar el ambiente, por la mañana, Pilar Criado, directora de RADIO BUÑOL, me hizo una entrevista que podéis escuchar a través de este enlace:  
    

    Actuó de presentadora la escritora local Emi Zanón, autora de novelas como Yámana, Tierrra del Fuego (Carena, 2014 y Sargantana, 2016) o La hierba azul de Calíope (NPQ, 2018) entre otras, reseñadas en este blog.
    El acto tuvo lugar en la Biblioteca municipal de Buñol. El tiempo no acompañó, estuvo diluviando durante todo el día, y aún así, la presentación estuvo concurrida por un grupo de lectores a los que desde aquí quiero dar de nuevo las gracias. La verdad es que lo pasamos muy bien y en gran parte se debe a ellos. 
    Animó la velada la actuación del cantante y guitarrista Paco Paquito Pancho, un personaje lleno de arte y simpatía
     Reproduzco a continuación la parte de la introducción de Emi Zanón que se centra en la novela La función perdida.
      María García-Lliberós

Emi Zanón y María García-Lliberós

     Gracias María y bienvenida a este pueblo que con tanto cariño te acoge, y yo más por la amistad que nos une, y por el honor que supone hablar de tu nueva obra que, como en tus anteriores novelas, deja manifiesto tu gran capacidad narrativa, tu prosa siempre ágil y bien cuidada, y tu gran conocimiento de la naturaleza humana.
    María nos tiene acostumbrados al universo femenino -han sido mayoría sus protagonistas mujeres con un perfil fuerte y frágil a la vez, luchadoras y con gran poder-, y en esta ocasión se mete en la piel de un hombre para narrar esta historia, cuyo protagonista es Emilio Ferrer, un ingeniero jefe del Área de Proyectos de la Dirección General de Infraestructuras, con gran influencia sobre los políticos de cualquier partido, que tras la crisis, en 2010, y cuarenta años de servicio, se ve obligado a una jubilación para nada deseada.
     Este nuevo estado le lleva a una situación personal en la que de pronto es consciente del gran vacío existencial que ocupa su vida. Le han despojado de lo más valioso que creía tener: su trabajo. Toda su vida dedicada a él, descuidando lo demás: su matrimonio, su familia, sus seres queridos, las relaciones personales, su mundo interior… como él bien dice en un momento de la novela: “haber caminado ciego por la vida”.
     Al igual que al protagonista de la novela anterior Diario de una sombra, Gabriel Pradera, recordaréis, un ambicioso imparable que llega a la cima del poder financiero, Emilio durante su vida ha puesto su poder fuera de él, proyectado en un objetivo, su trabajo, su ego, y cuando éste desaparece, le alcanza el sinsentido de su vida, que tanta angustia y desesperanza le crea, debiendo enfrentarse a nuevos retos, a su pasado familiar y a un futuro incierto.
     Ello genera que su naturaleza cínica y escéptica, en un principio, se incremente a niveles que podríamos llamar de malvados, porque ¡ojo con el tal Emilio, ¡qué chache! como diríamos aquí, en nuestro pueblo, un villano que se cree con el derecho a juzgar a la gente por los mismos errores que él cometió, por sus propios fracasos, descargando todo su rencor y venganza sobre ellos como un acto de redención propia, y no sigo…
     Afortunadamente, sabemos que las crisis son como catalizadores que nos ayudan a salir de donde estamos, nos ayudan a evolucionar. Emilio, decepcionado del género humano, de la vida, poco a poco, aún manteniendo un cierto grado de cinismo, que añade a la novela un toque de humor, algunas veces negro, (la autora introduce este nuevo elemento del humor en su trabajo) que te lleva a la risa y puede que a la carcajada, (Emilio) va sufriendo una profunda transformación gracias en parte  a su gran amigo Guillermo, el otro protagonista, un personaje antagónico, bonachón, optimista, de lealtad inquebrantable, podríamos decir que ambos forman una pareja cervantina, a Marisita, su nieta, y a Trini, una antigua secretaria que viene a ser su tabla de salvamento.
     A lo largo pues de las 350 páginas de la novela, distribuidas en 20 capítulos, a través de la voz del propio Emilio -la novela está escrita en primera persona lo que la hace muy cercana- en un escenario socio-económico y un entorno social conocido, la historia se desarrolla en Valencia entre 2010 y 2015, vamos a ver cómo la autora, después de hacer un recorrido por los temas más relevantes de nuestro tiempo: la soledad, la vejez, la muerte, la viudedad, la amistad, el matrimonio, los hijos, las herencias, el acoso escolar, las nuevas tecnologías… es una temática amplia, nos conduce a la necesidad de revisar y darle sentido a nuestras vidas, pues como bien dice y repite en la novela: “nunca es demasiado tarde”. Para mí, un bello mensaje de esperanza. La esencia misma de la obra.

     La función perdida, editada por Sargantana, en 2017, con un acierto de portada (me ha parecido ese rostro perfecto para el personaje descrito, de hecho cuando la leía lo estaba viendo a él en todo momento), es una novela que ensalza la amistad como el afecto personal más altruista y desinteresado, pero sobre todo hace hincapié, como en su anterior novela, en la dualidad del ser humano, por un lado en el desamor y el vacío existencial que asola a gran parte de nuestra sociedad gobernada como dice el protagonista “por tecnócratas liberales sin alma”, y por otro,en el amor y la esperanza en la capacidad del ser humano para reformarse a sí mismo y reformar el mundo. Yogananda, el padre del yoga en occidente, decía que “el hombre que puede reformarse a sí mismo, es capaz de reformar el mundo”.
     Enhorabuena, María, creo que en esta novela sociológica, podemos ver claramente, una vez más tu capacidad de profundizar en la naturaleza humana y tu propio horizonte personal que evoluciona hacia una visión más optimista y amorosa del ser humano, como dejas patente en estas palabras, que cito a continuación, y que realmente me emocionaron:
   Me siento mejor persona. Me digo, soy un hombre corriente que ha tenido bastante fortuna. Incluso cuando me levanto, siendo un agnóstico declarado, he tomado la costumbre de dirigirme a quien sea, ese Desconocido (en mayúscula), para darle las gracias por estar despierto, por haber dormido bien, por tener a Trini a mi lado y hacer que las personas próximas se sientan queridas por mí. Lo de ir de duro por el mundo se acabó.
     ¡Qué decisión y actitud tan sabia! ¿Verdad?
    En definitiva, La función perdida, una novela interesante y muy amena, recomendable que nos invita a dar un repaso a nuestra vida porque nunca es demasiado tarde.
     Y no me gustaría finalizar sin mencionar, el selecto recorrido literario que hace la autora, como gran lectora y crítica que es, por algunos títulos universales como “Sonata francesa”, de Irene Nevirovsky, una de las historias de amor más bonitas que he conocido.
   Gracias a todos por escucharme, y de nuevo mi querida María ¡Enhorabuena y muchos éxitos!
    Gracias al Ayuntamiento de Buñol y a Ana Perelló, la bibliotecaria, por todo su apoyo, y especialmente gracias a nuestro artista Paco Paquito Pancho que a continuación nos deleitará con su guitarra. A Paco, que ya colaboró en la anterior presentación de María, le pedí, por esto del mensaje de la novela, que interpretara la canción “Nunca es demasiado tarde” de (diferentes grupos)… pero creo que él nos ha preparado una sorpresa (Viva la Vida).

    Emi Zanón


Podéis encontrar también la crónica que ha publicado Emi en su blog literario Emi Zanón-escritora. Aquí el enlace:

http://emizanonsimon.blogspot.com/2018/11/sobre-la-novela-la-funcion-perdida.html













viernes, 2 de noviembre de 2018

Reseña de "La función perdida" en el blog "La librería de Chelo"

https://lalibreriadechelo.wordpress.com/2018/10/30/la-funcion-perdida/

LA FUNCIÓN PERDIDA 

María García-Lliberós
Edit. Sargantana, 2018

Emilio Ferrer, ingeniero y Jefe del Área de Proyectos de la Dirección General de Infraestructuras durante varias décadas, ha sido un hombre importante, respetado y temido, con influencia sobre los políticos de cualquier partido (nadie osó cesarle) debido a su capacidad para adoptar un perfil técnico bien informado y flexible. Era el funcionario que necesitaban a su lado para vestir el expediente y dar cobertura legal a sus tejemanejes. Y con el que no convenía indisponerse porque sabía demasiado. Tenía poder. Cuando en febrero de 2010 pierde su función, en medio de una crisis económica despiadada, su vida da un vuelco al tener que enfrentarse a nuevos retos, a su pasado familiar y a un futuro incierto.
Esta es la primera novela que leo de esta autora, hasta ahora desconocida para mí, pero creo que no será la última, dado que las más de 350 página de LA FUNCIÓN PERDIDA no me han supuesto ningún esfuerzo de lectura, si bien he de confesar que el inicio me costó un poco, pero le di una cuantas páginas más y me he encontrado con una historia muy interesante y bien narrada. Es la que se le plantea a un señor, que ha ocupado un alto cargo en su activa vida profesional en la Administración Pública, cuando llega el momento de su jubilación.
maría
María García-Lliberós – Valencia, 1950
Emilio y Guillermo son dos personajes que María García-Lliberós ha diseñado perfectamente y a los que ha dotado de un carácter y actuación en la vida tan diferentes entre ellos que hace que puedan mantener una férrea amistad que perdura a través de los años. Elena y Adelita, las hijas de ambos, son la antítesis de la bondad de unas hijas hacia sus padres, y están tan bien conseguidos sus caracteres que logra que se hagan antipáticas al lector. Sara y Trini son dos mujeres que se incorporan a sus vida en esta nueva andadura. Sólo por conocer a Nacho y Harry te irías de vacaciones a Nueva York y desearías ser acogido en su flamante apartamento frente a Central Park. Y por último quiero destacar a Marisa, la nieta adolescente de Emilio, una desconocida hasta ese momento en el que se produce un encuentro entre ambos que hará nacer el amor entre abuelo y nieta y que marcará su relación futura.
Una novela muy interesante que te deja un buen sabor de boca al constatar que se puede empezar una nueva vida después de la jubilación y que puede ser incluso más satisfactoria que la anterior. Os recomiendo que la leáis, no os defraudará.

martes, 30 de octubre de 2018

"Ordesa", de Manuel Vilas

Editorial Alfaguara, 2018                   
387 páginas.

Me sorprende que este libro se haya colado en la lista de los más vendidos y se mantenga en ella durante más de diez meses. O los españoles hemos elevado la calidad de nuestras lecturas a niveles impensables, o se ha producido un milagro, o nos están engañando. Porque Ordesa no es un libro fácil, ni está dirigido a los que solo buscan divertimento en las lecturas que son los que hacen realidad los best sellers, ni tiene una trama novelística de género. No, Ordesa es otra cosa, un libro de difícil clasificación, un largo monólogo sobre la vida y la muerte, un desahogo del autor ante el dolor causado por la pérdida de los padres, un paliativo para el remordimiento, una explosión para la ira y la melancolía, una forma de recuperarlos en su memoria.
Ordesa se publica en una colección de narrativa hispánica, un concepto amplio. ¿Es acaso una novela poco convencional o se trata de unas memorias? Sabemos que la voz narrativa en primera persona es la de un hombre que de niño le llamaban Manolito, que nació en Barbastro en una familia sin dinero, que tiene un hermano, datos que podrían identificarse con los del autor. Pero ello poco importa, nos quedamos con que escuchamos la voz de un hombre que cuando escribe ha cumplido cincuenta y cinco años, se siente solo, tiene un pobre concepto de sí mismo, perdió a su padre en 2004 y diez años más tarde a su madre, se ha divorciado y sus relaciones con los hijos son escasas. Un hombre que ha sido un bebedor y que se sabe frágil. “Para un bebedor el sexo es solo un aditamento del alcohol” llega a decir. Un hombre que se mueve por un escenario de desolación y tristeza. En esas circunstancias se propone estrujar su memoria y descifrar los enigmas de la vida de su progenitor.
El protagonista se da cuenta, al morir sus padres, de cuánto los amaba, sobre todo al padre con el que se identifica, porque de la madre habla menos y de forma mucho más crítica. Escribir sobre ellos, sobre sus fantasmas, hablar con sus muertos, es una forma de recuperarlos, porque es consciente de que nunca supo quien fue su padre y por eso escribe este libro. Describe al padre como un ser tímido, elegante, enigmático, jugador de cartas, representante de una empresa textil catalana para la zona de Aragón (vendía telas a los sastres de la zona a comisión, actividad en declive). Filosofa sobre la importancia de la materia, de los objetos que conservan en su interior el alma de los vivos que los poseyeron. Por eso se arrepiente de haber incinerado a sus padres, por haber destruido la materia ósea, una idea que repite con frecuencia. “La materia mantiene el tiempo viejo metido en un espacio”. Nos muestra el proceso de escritura como una forma de reconciliarse consigo mismo.
Un relato de 157 capítulos cortos que se van correspondiendo con recuerdos concretos de la niñez y la juventud, en esa España casposa de los sesenta y los setenta, con mucho pensamiento bastante original y una prosa hermosa, incluso lírica por la que asoma el poeta que es también Manuel Vilas.
Las primeras páginas de este libro me desconcertaron. No lo esperaba así, sin una trama novelística, pensé que no me  iba a gustar y, sin embargo, me vi interesada en esa lectura tan íntima, en esa exposición de sentimientos a veces ruda, siempre de apariencia sincera que toca tu sensibilidad sobre todo si ya has pasado por la experiencia de haber perdido a tus padres. Ordesa te atraviesa el alma con frases tremendas, como esta: “Edificamos entre todos un escabroso camino hacia la soledad” y muchas otras que te obligan a meditar.
Un libro diferente para lectores que gustan de hacerse preguntas e intentar contestarlas.
María García-Lliberós

martes, 23 de octubre de 2018

"Padres e hijos", de Ivan S. Turguéniev

Editorial Alba, 2015                                 

Traducción: Joaquín Fernández-Valdés.
288 páginas.


El inmenso atractivo de la literatura rusa se encuentra en que nos  descubre una sociedad muy particular y desconocida. Y la novela que fue escrita durante el siglo XIX permite vislumbrar las causas de la explosión revolucionaria que acaecería a comienzos del XX: una sociedad sin clase media ni proletariado industrial, una masa de campesinos hambrientos y analfabetos dominados por una Iglesia ortodoxa corrupta que, junto a la aristocracia con el zar a la cabeza, sustentaban un sistema decadente y medieval. Rusia ni tuvo Ilustración ni Renacimiento lo que la distancia de la evolución de otros países europeos. Esta novela fue escrita en 1862 tras la llamada liberación de los siervos (1861), un hito al que seguirían transformaciones más radicales hasta el estallido de la revolución bolchevique.                           
Ivan S. Turgueniev
El título, Padres e hijos, nos orienta sobre su objetivo, mostrarnos la relación entre dos generaciones pertenecientes a la clase alta de terratenientes agrarios. La de los padres, representantes del "hombre superfluo", cuya existencia está presidida por el aburrimiento, la ausencia de objetivos y, sobre todo, falta de actividad para emprender cambios que sí ven necesarios, y los hijos, o aquellos hijos que han abrazado el nihilismo como ideología. Turgueniev, precisamente, acuñó estos dos términos y definió al nihilista como la persona que no reconoce ninguna autoridad y solo cree en el conocimiento empírico.  
Yevgueni Bazárov, el protagonista, es un avanzado estudiante de medicina que encarna a la juventud rusa radical, positivista y materialista, que rechaza la religión y las convenciones morales y estéticas. Amigo y compañero de Arkadi Kirsánov, se enfrentará al tío de este, Pavel Kirsánov, ejemplo de hombre superfluo, devoto de las tradiciones que llegará a retarle en un duelo patético por resultarle insoportable su presencia, y menospreciará a Nikolai Petrovich Kirsánov, padre de Arkadi, pésimo gestor de su hacienda e incapaz de establecer relaciones racionales con los campesinos que trabajaban para él. "El campesino ruso sigue siendo ese desconocido misterio. ¿Quién es capaz de entenderlo?". Sin embargo, su hijo Arkadi iniciará un modelo nuevo más productivo.
Los nihilistas tenían un concepto pobre de las mujeres, las despreciaban, así como del amor galante y el matrimonio. No obstante Bazárov sucumbirá, a su pesar, ante una mujer hermosa, rica e inteligente a la que reconocerá su igual en una relación que, propia de los hihilistas, no llegará a nada. 
La publicación de Padres e hijos tuvo una enorme repercusión en la Rusia de su época. A Turgueniev le cayeron duras críticas, probablemente entre los que se reconocían retratados en estos estereotipos sociales, y tuvo una gran influencia sobre otros escritores.  Mucho se debió a la prosa clara y directa, al buen diseño de los personajes, a la naturalidad de los diálogos, a la forma como supo reflejar la mentalidad de la época  y a las reflexiones filosóficas que contiene. Entre ellas, sobre la indiferencia de la muerte hacia el mundo de los vivos. 
Una lectura recomendable.
María García-Lliberós  
       


viernes, 12 de octubre de 2018

"Trilogía de la guerra", de Agustín Fernández Mallo

Editorial Seix Barral, 2018.                                             
Premio Biblioteca Breve, 2018
496 páginas. 21 € en papel; 12,99 €  ebook.


     Hacía tiempo que no tropezaba con un libro tan complejo y sorprendente. Su lectura me ha resultado hipnótica, a pesar de que con frecuencia me estaba preguntando a dónde quería llevarnos el autor a través de ese torrente incontrolado de pensamientos trasladados al papel. Comienza con una cita inquietante: "es un error dar por hecho lo que ha sido contemplado".
     El relato se divide en tres partes, aparentemente inconexas y autónomas, relatadas en primera persona por tres
voces y desarrolladas en tres escenarios diferentes. En todas hay evocación de la muerte, exilio, desolación a través de las imágenes. 
     En la primera parte un escritor decide vivir durante un tiempo clandestinamente en la isla gallega de San Simón, que durante la Guerra Civil fue un campo de prisioneros republicanos, para recuperar la memoria de aquellos muertos. Lo que nos cuenta, poco conocido, es estremecedor y evidencia las huellas que la guerra deja sobre el territorio de los vivos. En la segunda parte, o segundo libro, el autor nos traslada a Nueva York donde toma la palabra Kurt, el cuarto astronauta que pisó la luna, el astronauta desconocido porque era el encargado de grabar a los otros y no aparecía en las imágenes. Un astronauta que después fue piloto en la guerra del Vietnam, un individuo que camina por la noche a través de la ciudad y reflexiona sobre la forma que toman las guerras en nuestro tiempo, sobre la soledad de la gente. Finalmente, en el tercer libro la voz narradora es la de una mujer que emprende un viaje a pie por las costas de Normandía, rememorando uno anterior que hizo con su compañero, deteniendo su mirada en el paisaje, en  el perfil de los pueblos, en la arena de las playas que pisa consciente de que en ellas se encuentran restos de huesos de aquellos que desembarcaron como liberadores.
     Esta lectura que, como digo, atrapa de forma inexplicable, tal vez por la excelente prosa, abarca demasiadas cosas, usa excesivas variables, literarias, pictóricas, científicas, que mezcla a su antojo para retratar la convivencia entre vivos y muertos y la imparable transformación del mundo que vivimos, que se desarrolla como un tumor que distorsiona sus contornos y crece hacia la autodestrucción.
     Tiene páginas brillantes y otras en las que consigue irritar, porque sospechas que pensamientos que te parecen ridículos contienen una simbología cuyo significado se te pudiera estar escapando. Agustín Fernández Mallo se mueve por un universo literario propio, innovador. El lector necesita esforzarse para seguirlo. Tiene su compensación.
     María García-Lliberós.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

"El último gin-tónic", de Rafael Soler.


Editorial Contrabando, 2018.
Rafael Soler

212 páginas.

Rafael Soler (Valencia, 1947), es poeta y novelista y, en ambos campos se ha caracterizado por su audacia en el uso del lenguaje.
En 1978 publicó El grito, reeditada en 2014, una novela corta excelente que nos habla del fracaso de una pareja. Fue bien recibida por la
crítica que la calificó de ejemplo de la "nueva novela española".
En 1982 publicó El corazón del lobo, reeditada en 2012, una novela singular por su estructura y por el lenguaje que consigue hacer original un tema manido como la decadencia de un matrimonio tras más de una década de casados y la necesidad de introducir estímulos para reavivar el amor.
Otras novelas suyas son El sueño de Torba (1983) y Barranco (1985).
 En la biografía literaria de Rafael Soler viene un período de veinte años de silencio, en los que no publica nada, para reaparecer en 2009 como poeta: Maneras de volver, Las cartas que debía (2011), Ácido almíbar (2016, Premio de la Crítica Valenciana) y No eres nadie hasta que te disparan (2016).
En 2018, treinta y tres años más tarde desde su última novela, regresa a la narrativa con El último gin-tonic (Editorial Contrabando), una obra en la que, en palabras del autor, convierte al lenguaje en protagonista esencial.
La novela se estructura en cuatro partes que se corresponden con cuatro días del mes de febrero de 2018 (la novela salió al mercado en marzo y me ha sorprendido este detalle), cuatro fechas consecutivas que van a revolucionar la saga familiar de los Casares al morir Moisés, el patriarca, un hombre mayor, dependiente por su salud, aunque no lo suficiente como para dejar de espiar a las mujeres a través de un catalejo, y con dinero, el elemento que lo hace poderoso y respetable. Una muerte tomada con cierto desenfado, con naturalidad, incluso con sentido del humor, aunque no exenta de sentimientos.
Estamos ante un relato que se sumerge en el núcleo familiar desde una perspectiva muy masculina. Moisés tiene dos hijos, Alberto y Lucas, mellizos y de caracteres diferentes que pugnan por la misma mujer, María que, a su vez, no lo es de ninguno de los dos. Lucas tiene tres hijos, Marcos, Mateo y Juan, nombres bíblicos que algún crítico ha interpretado como una evocación a la última cena. Estos son los personajes que sostienen la trama de la novela, seis hombres, diferentes y bien diseñados, con sus ambiciones, vicios, anhelos, fracasos y deseos.
La muerte de Moisés los convocará a todos, pero cada uno seguirá con su vida, sus negocios, sus amores transitorios, sus trampas y malas relaciones, sus soledades. Pura vida.
Lenguaje irónico que arranca con frecuencia la sonrisa del lector para mostrarnos situaciones trágicas que pasan a ser cómicas al mostrarnos las debilidades humanas en un tono más condescendiente que punitivo.
En cierta forma, la novela respeta una estructura circular, pues empieza con una carta, un correo electrónico propio de nuestro tiempo, y acaba con otra. Esta relación epistolar es excelente y atrapa la curiosidad del lector de inmediato. Una correspondencia entre Lucas, el personaje con mayor presencia en el texto, y Diego Wiekman, guía turístico en Puerto Madryn, Argentina, especialista en elefantes marinos. Estos animales se caracterizan por su comportamiento sexual, pues un solo macho acapara a todas las hembras, como si de un harén se tratara, mientras al resto se les denomina los periféricos, y se mantienen al acecho para arrebatarle por la fuerza al sultán su privilegiada posición. En ese momento, haciendo una analogía, tanto Diego como Lucas pueden considerarse periféricos en relación con María.
Nos encontramos ante una novela visual y, por tanto, cinematográfica (al estilo de Pedro Almodovar, por ejemplo). Precisamente, aprovechando que uno de los personajes, Mateo, es guionista, mezcla realidad y ficción (dentro todo de la ficción, claro), al tomar algunas secuencias la forma de guión escrito desde el punto de vista de Mateo que en esos momentos es la voz narrativa, sustituyendo a la omnisciente.
Lenguaje directo, en el que los silencios cobran importancia, con escasas metáforas pero preciosas y llenas de sensualidad, como esta que sirve para describir a Paola, un personaje secundario: “del cuello a los talones era toda fruta”. El poeta Rafael Soler surge como la espuma entre las olas de la prosa novelística.
Una novela, El último gin-tónic, moderna, imaginativa, sin remilgos, con una visión tolerante y bien humorada de los perdedores, de esos periféricos con los que podemos identificarnos todos en períodos más o menos largos de nuestra vida.
Es lo que la hace recomendable.

María García-Lliberós.

jueves, 2 de agosto de 2018

"Cuando sale la reclusa", de Fred Vargas.

Editorial Siruela, 2018
Traducción de Anne-Helene Suárez.

304 páginas.


     Fred Vargas (París, 1957) está considerada como la reina de la novela negra actual. Sin embargo, no había leído nada de ella hasta ahora. El verano es buena época para cubrir nuestras lagunas y a eso me dedico en parte. 
     Después de leer La salida de la reclusa pienso que calificar a Fred Vargas sólo de autora de novelas de género es, como mínimo, inexacto y se le hace un mal favor. Esta novela es mucho más, es auténtica buena literatura de ficción para empezar. Por supuesto contiene los elementos de la novela policíaca: el inspector Adamsberg (que ya ha protagonizado nueve de sus novelas), un personaje inclasificable y muy intuitivo; un asesino o asesina en serie; diez crímenes en este caso; una venganza que tiene que ver con tomarse la justicia por su mano; una trama endiablada que hinca sus raíces en tradiciones medievales; una filosofía sobre el bien y el mal. En definitiva, una novela criminal que se aleja de los patrones habituales de las novelas de género.
     La novela comienza con Adamsberg de vacaciones en Islandia cuando es reclamado desde París para que resuelva un caso urgente. Lo hace de mala gana y lo resuelve con rapidez. El lector piensa que el asunto va a traer más cola porque la novela es gorda, pero no, solo ha servido para presentar a su personaje y mostrarnos su enorme capacidad deductiva. La historia que nos va a contar va por otros derroteros. Una noticia en prensa da cuenta del segundo anciano fallecido a causa de la picadura de una araña, conocida como la reclusa. Ello ha sembrado el desconcierto  entre la clase médica porque se necesitarían la picadura de 22 arañas para que la dosis de veneno inyectada fuera mortal. El instinto de Adamsberg le induce a iniciar una investigación, en contra del criterio mayoritario de la brigada, a buscar en el pasado posibles puntos de convergencia entre los fallecidos. Los encontrará, empezará a tirar del hilo, al tiempo que continúan los crímenes, hasta desentrañar el misterio que, por supuesto, me callo.
     La novela desvela la maldad que es capaz de ejercer el ser humano sobre sus semejantes, incluso sobre los que se encuentran unidos por lazos de sangre. Muestra la avaricia, secuela de la maldad, capaz de conducir a infamias inconfesables. Evidencia la fuerza de la complicidad grupal entre hombres dominantes conscientes de su conducta malévola. También los efectos sobre las víctimas, desde el desequilibrio mental y la incapacidad para vivir en sociedad a la reclusión voluntaria y la preparación meticulosa, durante años, de un plan perfecto para aniquilar a sus verdugos. 
     En esta novela encontrarán inteligencia, cultura histórica, conocimientos sobre el comportamiento de las arañas, diálogos irónicos, personajes singulares, una prosa más que correcta y una lectura que conseguirá hipnotizarlos hasta el final.
María García-Lliberós.

martes, 31 de julio de 2018

"Apenas unos segundos", de Amparo Tórtola

Editorial Samaruc, 2017.
184 páginas.

     Amparo Tórtola es periodista de amplia experiencia y valenciana, y ambas factores dejan su huella en esta su primera novela.
     Apenas unos segundos toma la forma de una crónica del rastreo de la autora por documentos históricos para novelar hechos ciertos como fue el viaje en el barco "Winnipeg" iniciado el 4 de agosto de 1939 desde el Puerto de Trompeloup (Francia) al de Valparaíso, a donde arribó el 3 de septiembre, organizado por el poeta Pablo Neruda, entonces cónsul de Chile en París, y su compañera Delia del Carril. Llevaba en sus bodegas habilitadas para ello dos mil exiliados republicanos españoles seleccionados entre los muchos miles que se encontraban en infames campos de concentración en las costas de Francia. El otro gran tema de la novela es el exilio en tierras del país vecino, lo mal que recibieron los franceses a los refugiados españoles huidos de la guerra traicionando de esta forma su buena fama de nación de acogida. 
     Nos encontramos pues ante una novela de ambientación histórica cuyo argumento descansa sobre la biografía de cuatro personajes femeninos: Paz, Guillermina, Alegría y Lucía, bisabuela, abuela y madre de la última mencionada, respectivamente. Lucía adopta el rol de narradora en primera persona. Cuatro mujeres de una misma familia de la alta burguesía valenciana, afincada en la elegante calle de la Paz, que sufrieron la tiranía, incomprensión y maldad de la primera, con consecuencias más allá de su muerte, así como las derivadas del tiempo que a cada una le tocó vivir.
     La estructura del relato va y viene entren el presente literario y el pasado sin que el lector pierda el hilo de la historia, entre 1984, inicio de la investigación de Lucía en Casa Michoacán de los Guindos en Chile, residencia de una Delia del Carril nonagenaria pero aún lúcida, y 1932 en la residencia familiar de la calle de la Paz con Guillermina adolescente y su madre Paz, una mujer llena de soberbia y desdén, en pleno proceso de agriamiento de su carácter. 
     La novela se lee bien, a pesar de que algunos personajes carezcan de una mayor profundidad psicológica, consigue captar el interés del lector desde el principio, va adquiriendo fuerza con el paso de las páginas, siendo la segunda parte superior a la primera, y adquiere su mayor tensión narrativa en los sucesos de 1939 relativos a los sufrimientos de los refugiados españoles en las playas francesas y la travesía hacia un mundo nuevo en el "Winnipeg". Es en esos capítulos donde Amparo Tórtola muestra con claridad sus dotes como novelista y consigue tocar la sensibilidad del lector y emocionar. 
     María García-Lliberós
     

sábado, 28 de julio de 2018

"La hierba azul de Calíope", de Emi Zanón

NPQ Editores, 2018

117 páginas


Hoy os voy a hablar de una novela juvenil. Se trata de "La hierba azul de Calíope", de Emi Zanón (NPQ Editores,
2018).

     Yo hacía mucho tiempo que no leía una novela juvenil, desde las aventuras de los cinco de Enid Blyton, ¡puf!, hace de esto muchos años. Cuando era una adolescente, mis héroes fueron Guillermo Brown, Celia, Daniel, Antoñita la Fantástica y alguno más. Les debo a ellos mi vocación lectora. Así que lo primero que me ha ocurrido mientras estaba leyendo "La hierba azul de Calíope" era que volvía al mundo de la adolescencia, con unos personajes -Olivia, Cristina, David, estudiantes de instituto- que responden a patrones del siglo XXI (¡naturalmente!) y que nada tenían que ver con mis héroes de ayer, a pesar de mantener algunos elementos como el afán de aventura o el romanticismo. La lectura de esta novela de Emi Zanón me ha rejuvenecido y, de paso, me ha actualizado en cuanto a las preocupaciones y forma de relacionarse de los jóvenes de hoy, además de haberme interesado. Por eso os la recomiendo como lectura, a todos, porque aunque está dirigido al mundo juvenil, los adultos podemos aprender de ella.
     La autora es una mujer que ama la vida, que cree en una transcendencia más allá del tránsito por este mundo de cada individuo, que confía en el amor como energía positiva para orientar las conductas y eso, su filosofía vital y mucho más se encuentra en las páginas de esta novela que se lee de un tirón. 
     Emi la escribió para su hija Laura y tenemos la suerte de poder aprovecharnos de ello.

sábado, 21 de julio de 2018

"El juicio de Soren Qvist", de Janet Lewis

Título original: The Trial of Soren Qvist, 1947
Janet Lewis
Editorial Reino de Redonda, 2017.
Prólogo de José Carlos Llop.
Traducción de Antonio Iriarte.
287 páginas.


     De vez en cuando la literatura te proporciona regalos maravillosos como esta novela de Janet Lewis, nacida en Chicago en 1899 y fallecida en California en 1998, catalogada como cuentista y poeta. De hecho, El juicio de Sören Qvist posee la música de un cuento largo. Una lectura interesante y deliciosa que me ha recordado el estilo de las novelas de Willkie Collins, por ejemplo, uno de mis escritores favoritos.
Portada

     El juicio de Sören Qvist, publicada en 1947, forma parte de un conjunto de tres novelas -esta y La mujer de Martín Guerre y El fantasma de Monsieur Scarron, publicadas en Reino de Redonda- inspiradas en un libro sobre "Casos famosos de pruebas circunstanciales" del jurista británico Samuel March Phillips. 
     Janet Lewis ha novelado unos sucesos acaecidos en Dinamarca, en 1646, en la penísula de Jutlandia, que llevaron a Sören Qvist, pastor protestante párroco de Aalsö, a ser juzgado, condenado y ejecutado por la muerte de Niels Bruus, hermano del odiado Morten, el más rico de la región, tras la valoración de pruebas circunstanciales de apariencia incontestable. Todos estos detalles los conoce el lector en los dos primeros capítulos a causa de la aparición del "muerto" Niels Bruus veinte años más tarde para reclamar la herencia de su hermano, lo que remueve el caso de Sören Qvist y las conciencias de aquellos que con la mejor voluntad intervinieron en el asunto e impartieron justicia a su pesar.
     A partir del capítulo V, la estructura del relato da un salto al pasado y cuenta con excelente pulso la sucesión de acontecimientos que condujeron a una sentencia que, de pronto, se desvela errónea, injusta y de imposible reparación, esclarecidos ahora con la nueva información que aporta el resucitado.
     La novela pues aborda un interesante caso judicial que pone en cuestión las pruebas circunstanciales, pero es mucho más, porque lo que nos cuenta Janet Lewis profundiza en la dimensión moral de los individuos. Al reconstruir el personaje de Sören Qvist nos muestra a un hombre de extrema bondad y generosidad, querido por sus vecinos y amigos, con un punto débil: su propensión a encolerizarse al observar algo que considera mal, dejándose llevar por explosiones de ira de las que pronto se arrepiente y trata de enmendar. Un defecto de su carácter que sabrá aprovechar con alevosía y meticulosidad Morten Bruus, el vecino que simboliza la maldad, mediante un plan perfecto para acabar con el párroco y malograr la vida de sus allegados. El triunfo del mal sobre el bien, un asunto que no es nuevo en la literatura.
     Una historia excelente, por argumento y por su prosa, a la que no es ajena el trabajo del traductor, que motiva para leer las otras dos novelas que mencioné antes y conocer más de esta autora Janet Lewis, y que recomiendo con la seguridad de que los que se animen a leerla, si no lo han hecho antes, lo agradecerán.
     La edición es muy grata en cuanto a la traducción, al tamaño de la letra, la textura del papel y el cuidado en la composición de las páginas, pero no entiendo a qué obedecen unos apéndices que ocupan 30 páginas sobre títulos nobiliarios y diplomáticos otorgados por los reyes de Redonda, entre ellos, Javier Marías que parece ser el último de la dinastía hasta ahora.
     María García-Lliberós





miércoles, 11 de julio de 2018

4 3 2 1, de Paul Auster



Traducción de Benito Gómez Ibáñez.

Editorial Seix Barral, 2017
960 páginas.
22,71 € en papel; 12,34 € en electrónico.

Termino de leer 4 3 2 1 de Paul Auster y lo primero que pienso es que tenía ganas de acabarlo y dejar de sentirme atrapada por esas 960 páginas a todas luces excesivas. Me gusta la escritura aparentemente sencilla de Auster, su prosa poderosa con ritmo que se reconoce porque cultiva un estilo propio. En este caso, el tocho ha acabado resultando algo monótono.

4 3 2 1 es la historia de Archie Ferguson durante sus primeros veinte años o, mejor, la historia de Archie Ferguson y las otras tres que también podrían haber sucedido en función de la circunstancias, accidentes o incidentes que aparecen a lo largo de nuestra existencia para cambiar el curso de la misma. Porque esta novela de Paul Auster nos habla del azar y de todos aquellos elementos ajenos a nuestra voluntad en el diseño de nuestro camino existencial. También nos habla de la presencia de la muerte en nuestras vidas. Por eso los cuatro protagonistas Ferguson son hijos únicos, nacidos el mismo día de marzo de 1947, en Newark, en el seno de la misma familia judía no religiosa, mantienen una relación intensa con su madre, Rose, una fotógrafa dinámica, y otra con su padre mucho más compleja y con dificultades en la comunicación. Los cuatro presentan una fijación por Amy que jugará el papel de hermanastra, amiga, novia o amante, en cualquier caso la mujer de la que depende parte de su equilibrio emocional. 
La muerte del padre en un aparatoso incendio de su negocio provoca un escenario crucial en la vida de uno de los Ferguson, bien diferente al divorcio de sus padres, por ejemplo, que condicionará la de otro. Ambos son puntos de inflexión que, como tales, provocarán cambios no previstos e incluso no queridos. Igual que el posterior matrimonio de su madre, otra circunstancia que conlleva la aparición de nuevos personajes y abre otros escenarios.
Pero la personalidad de los cuatro Ferguson se mantiene porque es la misma necesariamente y causa de que suenen a repetición algunos pasajes. Esta viene definida por su amor por el cine y la literatura (demasiadas referencias de títulos de películas y novelas, incluye hasta una larga lista de los libros que lee), incluso incorpora algún relato dentro de la novela, su vocación por el periodismo como posible salida profesional, su afición a los deportes, el beisbol y el basket (exceso de descripción de jugadas), la importancia de los amigos y la lealtad hacia los mismos, el descubrimiento del placer sexual (muy interesantes las páginas que relatan el descubrimiento de la homosexualidad de uno de los Ferguson), su cuidado en las relaciones familiares y en el mundo universitario.
Este planteamiento condiciona la estructura de la novela conformada por bloques sucesivos de cuatro capítulos, dedicados cada uno de estos a cada Ferguson, como forma de mostrarnos el crecimiento paralelo de los jóvenes y dejando en blanco el capítulo cuando uno de ellos muere explicitando así su falta de progreso en la vida. Esto confunde en un principio al lector, por poco tiempo, hasta que comprende el planteamiento.
4 3 2 1 puede leerse también como un fresco de la Historia de América durante la década de los sesenta, unos años cruciales durante los cuales se intensificó la guerra en Vietnam y la oposición interna a la misma, tuvieron lugar los asesinatos de los Kennedy, el de Martin Luther King, las revueltas raciales, las luchas por los derechos civiles y las revueltas estudiantiles con especial virulencia en las Universidades de Columbia y Nueva York, y de las que el autor da una extensa cuenta de como afectan estos sucesos a sus protagonistas. Uno de los alicientes de la novela es la de estar ubicada principalmente en el estado y la ciudad de Nueva York.
Una novela que he leído con gusto porque Auster me cautivó con La trilogía de Nueva York en 1996 y desde entonces lo sigo con entusiasmo a veces y condescendencia otras, nunca con indiferencia. En este caso si 4 3 2 1 la hubiera dejado en torno a las quinientas páginas, en mi opinión, habría ganado en intensidad y sería una obra redonda.
María García-Lliberós

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