lunes, 29 de agosto de 2016

"El periodista deportivo", de Richard Ford

Traducción de Isabel Núñez y José Aguirre.
Editorial Anagrama (Colección Compactos). 
6ª edición, marzo 2016 (1ª ed. en español, 1990).
396 páginas.
11,90 €, en papel.


Mi curiosidad por Richard Ford surgió a raíz de su concesión del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016 y el aluvión de reportajes elogiosos en torno a su obra que el acontecimiento provocó. Y como el verano es una buena época para ponerse al día y cubrir lagunas de lectura, me puse a ello con expectativas muy altas. 
El periodista deportivo, la obra que "consagró internacionalmente a Richard Ford", como explica la contraportada, me ha interesado y la he leído con gusto y, también, me ha parecido que está sobre valorada por la crítica.
En El periodista deportivo Richar Ford crea un personaje, Frank Bascombe, que le va a acompañar como protagonista en otras dos novelas posteriores -El Día de la Independencia (Premio Pulitzer) y Acción de Gracias- conformando una trilogía que pretende reflejar el modo de vida americano y la visión de un americano sin problemas económicos sobre la sociedad que le rodea.
La novela está escrita en primera persona y toma la forma de un diálogo con el lector, o un monólogo ante él. Frank Bascombe después de haber escrito una novela de éxito, el suficiente para poder comprarse una buena casa en un barrio residencial, ante su incapacidad para sacar adelante la segunda, decide aceptar un trabajo como periodista deportivo (un empleo que desarrolló el propio autor), un trabajo que le permite viajar por los EE.UU., conocer a viejas glorias del deporte o entrevistar a nuevas estrellas, y disponer de bastante tiempo libre. Bascombe es un hombre que quiere creerse que es feliz, que se lo repite con frecuencia, que intenta analizar las cosas en positivo, que muestra tolerancia hacia los demás, que trata de no dar importancia a los reveses de la vida y está dispuesto a iniciar nuevas relaciones que alimenten su ansia de felicidad. Pero la muerte de su hijo de 9 años por una extraña enfermedad y la posterior ruptura de su matrimonio, planean por su espíritu y son una constante llamada al pasado condicionando, de forma ajena a su voluntad, su actitud hacia el presente.
La novela desconcierta en algunas secuencias. Su relación con Vicki, su actual novia, resulta inconsitente, los diálogos banales, livianos, engañosos respecto a unos sentimientos cuya intensidad no consigue la verosimilitud. La aparición, en la última parte de un tal Walter, miembro como él de un grupo de divorciados,  que entra en su vida de forma atropellada casi imponiendo su amistad y haciéndole partícipe de vivencias íntimas perturbadoras, resulta forzada, así como la reacción posterior a su muerte, sin descubrir qué se propone, como si el comportamiento de Frank no respondiera a lógica alguna. Más interesante es la relación que mantiene con X, su ex mujer.
Bascombe busca la felicidad, la forma de superar su pasado, y se convierte en un hombre "fácil" que con el trato decepciona, porque se auto engaña constantemente con las mujeres, confundiendo amor, deseo y matrimonio. Tiene ideas preconcebidas sobre la gente en función de su procedencia (Medio Oeste, Nueva Jersey, Michigan, etc.) y su constante movimiento, por el país y por el interior de sus pensamientos, transmite la inquietud de un hombre insatisfecho con su existencia, dominado por una apatía moral.
La novela se lee bien, distrae, tiene ritmo, propiciado por los constantes movimientos de vuelta al pasado para analizar el presente, de recuerdos imborrables, en ocasiones irrita, en otras muestra hondura de pensamiento. 
No comparto todavía las opiniones de algunos críticos encumbrados de que Richard Ford se esté convirtiendo en el mejor escritor norteamericano. Tal vez vaya cambiando de opinión con otras lecturas suyas.

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