miércoles, 11 de septiembre de 2013

"Cuando cae el crepúsculo", de Emilio Piqueras



Carena editors, SL. Valencia, 2013.
272 páginas.
15,00 €

     En 1996, un asesino en serie tenía amedrentada a la población de Valencia. Efectuaba sus fechorías al caer la noche (de ahí el título), en espacios poco concurridos como los aledaños al parque del Turia, y elegía sus víctimas entre el colectivo de prostitutas o de entre el de homosexuales, como si tratara de hacer limpieza, a su manera. No parece un asesino sofisticado pues se vale de su instinto, sus manos y su capacidad para aprovechar las oportunidades. Sus delitos no están planificados y, tal vez, sea esta característica la que los haga imprevisibles y mantenga a los detectives faltos de pistas para llevar a cabo sus pesquisas. Tampoco necesita tener una relación con la víctima pues le sirven las deducciones que pueda hacer sobre sus conductas derivadas de la observación. Los medios de comunicación y la gente en general, acaba llamándole el asesino del empujón, pues de eso se vale, de empujar a una despistada en el borde de una acera cuando pasa un autobús, o en el andén del metro al llegar el tren, o a otro desde el pretil de alguno de los puentes que atraviesan el parque. Es fácil matar y desaparecer a continuación.
     Una novela de género, con un asesino en serie que toma como escenario Valencia, suma demasiados alicientes para no dejarla perder. El autor, Emilio Piqueras, es de Albacete, pero conoce bien la ciudad del Turia y se mueve con soltura por el barrio de Orriols, dónde ubica la residencia y puntos de reunión de los principales personajes, las proximidades de las Torres de Serranos, las cafeterías en el entorno del Ayuntamiento. Los protagonistas pertenecen a una clase social media-baja, algunos con antecedentes familiares poco edificantes que han influido en su desarrollo psíquico y social, y explican, sin justificarlos, unos comportamientos, cuando menos, oscuros. Refleja la vida de barrio desde el punto de vista de uno de ellos, el narrador. Esta voz alterna con otra omnisciente cuando el relato requiere adoptar otra perspectiva.
     Una ciudad agitada por el miedo es una buena excusa para mostrar la conducta de la policía, los políticos, los medios de comunicación y la ciudadanía ante unos sucesos que les mantiene perplejos, frente a los que exigen medidas para que la seguridad retorne cuanto antes, aunque éstas se ejerzan sobre un sospechoso cogido por los pelos, víctima propiciatoria de esta locura compartida.
      Novela ingeniosa que se lee bien (aunque se leería mejor si la prosa y los diálogos estuvieran más cuidados), con personajes conseguidos –César, el narrador, Loli y su madre la Coja (a la que se le podría haber dado más juego), Suburbio y el inspector Tejada (aunque la vulnerabilidad de éste ante ciertas mujeres lo hagan parecer poco profesional), con un componente psicológico que le da profundidad al argumento y un final poco convencional que se aleja de los patrones del género. Entretiene.

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