viernes, 2 de julio de 2021

"Viaje a la Grecia clásica" (Del monte Athos a Termópilas), de Antonio Penadés

                                                            

Editorial Almuzara, 2020                                                                

Prólogo de Pedro Olalla

374 páginas.

Premio de Ensayo de la Crítica Valenciana.


          Después de leer este libro he sentido una enormes ganas de volver a Grecia y hacer el recorrido que su lectura me ha permitido recrear en la mente. Lo que dice algo muy positivo de este ensayo tan instructivo como ameno. Se trata de un texto mixto, porque mezcla géneros. No solo es una crónica de un viaje perfecto, con descripciones atinadas de paisaje y paisanaje, y reflejo de las actividades y reflexiones del viajero, es un ensayo histórico pues el autor hace precisamente ese recorrido de 2.500  KM por la Grecia septentrional emulando la ruta del rey persa Jerjes en su intento de conquistar Grecia, años 480-479 a.C. El trayecto comienza en la frontera greco-turca junto al río Evros, sigue por la región de Tracia, la isla de Tasos, el monte Athos y Calcídica, la ciudad de Tesalónica, la Alta Macedonia, el Monte Olimpo y Tesalia, hasta terminar en el desfiladero de las Termópilas donde se fraguó la victoria de los griegos sobre los persas, de importancia esencial para el desarrollo de la cultura occidental.                             

Antecedente de este hermoso libro es otro del mismo autor, Tras las huellas de Herodoto (Almuzara, 2015) que, por supuesto, me he propuesto leer, que transcurrió por suelo turco, entre Caria hasta la frontera greco-turca e imagino una lectura tan deliciosa y enriquecedora como esta.

          Colocarse con la mirada de un contemporáneo en los lugares en los que hace más de dos mil años tuvieron lugar hechos determinantes para definir el curso del desarrollo del género humano, y hacerlo con un conocimiento profundo de los mismos, debe producir una emoción que sin duda anula las penalidades que exige llegar hasta allí. Antonio Penadés, con un lenguaje claro, accesible, ágil, ha tenido la deferencia de contárnoslo y permitirnos de ese modo acompañarle, tanto en la aventura física del viaje, extasiándonos ante la belleza mediterránea, como en la aventura mental, pues sus reflexiones, en ocasiones filosóficas, emanadas de la presencia en el lugar preciso, no tienen desperdicio y sus conexiones con el mundo de la Grecia clásica y el comportamiento humano nos ayudan a comprender la sociedad actual.

          Me ha gustado especialmente el capítulo dedicado al monte Athos, a pesar de la rabia que me produce que su acceso continúe vetado a las mujeres, donde se ubican más de ochenta monasterios habitados por monjes que mantienen el mismo estilo de vida que en la antigüedad, así como las diferencias entre la religión ortodoxa y la católica, y muchos otros detalles de singular interés para las mentes curiosas.

          En fin, una lectura muy recomendable que ha conseguido, merecidamente, el Premio de Ensayo 2020 de la Crítica Literaria Valenciana.

          



domingo, 30 de mayo de 2021

"Las hojas caídas", de Wilkie Collins

Editorial Navona, 2019                                                            

Traducción y posfacio de Miguel Martínez-Lage

555 páginas.


          Vaya por delante mi fervor por Wilkie Collins. Me gusta tanto que me impide ser objetiva. "La hojas caídas", esto es, las personas que no han tenido ninguna suerte en la lotería de la vida, las que se han esforzado mucho por conquistar la felicidad y que no han cosechado más que disgustos y pesares; los que no tienen amigos, los solitarios, los heridos, los perdidos,... como se definen en alguna página del libro, es el título metafórico de otro novelón del gran autor decimonónico, amigo y compinche literario de Charles Dickens. No es una de sus obras maestras (estoy pensando en La dama de blanco, La piedra lunar, Armandale, ·Sin nombre) pero lleva sin duda su sello como autor y, desde luego, atrapa y, a pesar de su extensión, cuando llegas al final, lamentas que se haya acabado.                           
          El protagonista de esta historia es Amelius, un joven educado dentro de una comunidad de socialistas cristianos americana que, expulsado temporalmente de la misma por haber incumplido alguna de sus estrictas normas, viaja a Londres con una carta de presentación para John Farnaby, un comerciante de éxito, poco escrupuloso, con un pasado oscuro y que detesta el socialismo. Amelius se implicará en los secretos familiares de esta familia atendiendo la demanda de la Sra. Farnaby, y ayudado por su amigo Rufus. Así se irá urdiendo esta trama llena de intriga, misterio, pasiones, dolor, muerte, confrontación entre el bien y el mal, búsqueda de la justicia y, también, felicidad.    
          La ciudad de Londres ocupa un lugar importante como escenario de los acontecimientos que se cuentan, sus calles y, sobre todo, las enormes diferencias sociales entre los barrios ricos y los pobres, en los que la miseria, el delito, la depravación moral se muestra visible y permite al autor ciertas consideraciones y crítica de la sociedad de su época.
          Las hojas caídas se publicó en su inicio por entregas en  una revista, lo que era muy frecuente entonces, y la estructura responde a esa necesidad de crear suspense tras cada una de las mismas para provocar curiosidad y una creciente tensión literaria que se tradujera en el aumento de ventas. Este es una de los secretos que hacen de las novelas de Wilkie Collins una lectura adictiva y apasionante.
          En Las hojas caídas el lector encontrará un gran melodrama, con presencia del amor y el desengaño, un gran trabajo en la definición de los personajes, un folletín muy bien contado, con esa prosa elegante que gastan los grandes autores anglosajones, que no decae en ningún momento. Entretiene y se devora. ¡Ganas tenía de una novela de estas características!

                María García-Lliberós
         
        




martes, 25 de mayo de 2021

Lírios rojos, lírios negros, de Soledad Bletrán

Ed. La Pajarita Roja. Castellón, 2020.        

311páginas.     


          Soledad Beltrán (Albocàsser, 1951) es especialista en literatura medieval y ha escrito esta novela histórica que toma como eje vertebrador los hechos acaecidos en el Reino de Valencia durante la monarquía de Pere IV, el Ceremonioso (1319-1387), un rey astuto, rencoroso y cruel. Su desprecio a los Fueros de Valencia -designó como sucesora a su hija de cuatro años, ConstanÇa, sin haber convocado antes las Cortes de Aragón, Valencia y Cataluña, lo que suponía un contrafuero pues las mujeres tenían vetado el acceso al trono si había un varón como el conde Jaime de Urgel, hermano del rey- propició la aparición de la Unió de Valencia, que se levantó en armas en una guerra entre 1347 y 1349 que terminó en derrota para la causa valenciana. Ese período coincidió con la expansión de la peste negra lo que agravó el desastre. Las consecuencias de ambos hechos fueron terribles para la ciudad de Valencia, las villas del Maestrazgo y la villa de Castellón. Si a ello se añade las represalias por parte del monarca, que no escatimó castigos de índole económica, confiscación de propiedades, y ejecuciones ejemplares, no sorprende que el siglo XIV supusiera una involución demográfica y económica tremenda en los territorios del Reino de Valencia de la que costaría recuperarse. Lirios rojos, lirios negros nos ilustra de esta parte de nuestra historia, desconocida por la mayoría de los valencianos, y este es uno de los méritos esenciales de la novela, acercarnos a la verdad histórica con rigor, al tiempo que con amenidad. 
          Pero nos encontramos ante una novela, no un ensayo académico, y los elementos novelísticos los vamos a encontrar en la estructura de la obra y los personajes. La estructura adopta la forma de tres relatos en primera persona, lo que permite al lector reunir tres puntos de vista diferentes. En los tres nos hablan las mujeres: Elisenda de Montpalau, SanÇa de Albiol y Bruna Garcés, y las tres son personajes de ficción, casadas jóvenes con hombres casi desconocidos por ellas hasta el día de la boda, seleccionados de acuerdo con su estatus social, problemáticos, alguno homosexual o maltratador. Cabe hacer hincapié en esta mirada femenina sobre los hechos reales y el carácter feminista que adquiere la novela pues a través de ellas se evidencian las injusticias cometidas contra las mujeres en la época, su indefensión y la impunidad de los hombres.
          La novela agrega elementos de intriga, pues incorpora una serie de asesinatos, dos hombres, uno tío de SanÇa, y tres jovencísimas recién casadas cuyos cadáveres aparecen con una cadencia de meses en los marjales y contribuyen a acrecentar la inquietud entre la población. Pero en ningún momento cabe calificar la novela de policíaca, pues la revelación del autor de estas matanzas está expuesto al lector de una forma tan sorpresiva e inesperada que anula la potencial tensión literaria que cabía esperar de las mismas.
          Con todos estos factores la autora conforma un relato ágil que consigue interesar y le permite incluir hechos ciertos relativos al desarrollo de la guerra de la Unió, a la creación de la orden Santa María de Montesa que heredarían los bienes de los templarios y hospitalarios y que eligió Albocàsser como residencia del comendador, o sobre el litigio sucesorio real que explica el motivo por el cual Castellón se incorporó a la guerra de la Unió, y hasta el desarrollo urbano de esta villa cuyo trazado se conserva hoy, y hechos imaginados relativos a la vida doméstica de las relatoras protagonistas, sus maridos que llegaron a la consideración de héroes en la reyerta, pasiones y secretos familiares propio de la fantasía y creación literaria.
          Lírios rojos, lírios negros ha sido finalista de los Premios de la Crítica Valenciana 2020 y se justifica porque es una novela que se lee muy bien, a pesar de que se echa en falta una mejor diversificación del lenguaje al descansar el relato en tres voces distintas y que no explota en su totalidad los elementos de intriga como ha quedado dicho anteriormente. Es una lectura que interesa y, sobre todo, nos toca cerca.

          María García-Lliberós




        


sábado, 15 de mayo de 2021

"Etty Hillesum y la transformación. La huella de R. M. Rilke"

 

V. Javier Llop.                                                                              


Narcea, S.A. de ediciones, 2021.

 140 páginas.                                        


¿Quién era Etty Hillesum? Fue lo primero que me pregunté al leer el título de este ensayo y, supongo que, como yo, el nombre resulta por completo desconocido para una amplia mayoría de lectores. Este es el primer logro del trabajo de V. Javier Llop (Valencia, 1953), acercarnos a la experiencia, extraordinaria, de esta mujer y aprender de ella.

La Wikipedia comienza hablando de Etty de esta forma:

Ester "Etty" Hillesum (Middelburgenero1914 - Auschwitznoviembre, 1943) fue una joven judía neerlandesa que mantuvo un diario durante la Segunda Guerra Mundial.

Etty escribió un diario entre los años 1941 y 1943, que testimonia su propio fin en un campo de concentración de Auschwitz. Se parece al diario de Ana Frank, pero escrito por una mujer de 27 años.

El libro tuvo gran resonancia en Países Bajos y es considerado un documento de gran valor. Ha sido traducido a varios idiomas.

Etty Hillesum fue una joven inteligente, moderna, desinhibida y una original pensadora que inició la escritura de sus Diarios para conocerse mejor a sí misma, siguiendo los criterios y el método de R. M. Rilke, su poeta preferido y porque desea ser testigo de su tiempo. Por eso, el autor de este ensayo ha comenzado explicando, o interpretando, los principales textos del poeta –El libro de las horas, Notas sobre la melodía de las cosas, Cartas a un joven poeta- para familiarizarnos con su pensamiento radical, complejo, y su lenguaje, que Etty acabará por hacer suyos y llevar a la práctica.

Para Rilke, vida y muerte son un todo indisoluble y nos anima a asumir con tal intensidad la vida que nada de ella, ni sus peores horrores, se conviertan en objeto de rechazo. Conseguirlo no es fácil y requiere ejercitar el silencio activo para poder escuchar la melodía que nace del fondo de uno mismo y experimentar una transformación que conducirá hacia una verdad interior que nos hará, a la vez, más solitarios y más comunitarios, y tendrá el significado de una religión. La transformación de la que nos habla Rilke permite invertir el sufrimiento en una energía que nos hace fuertes como personas y nos permite crecer. Y esto es lo que intentará con éxito Etty, y lo que sus Diarios nos relatan, su peripecia interior, una autobiografía espiritual, y aconfesional, inaudita si consideramos la atmósfera de violencia y maldad extremas en la que se movía: primero en el campo de Westerwork, de tránsito hacia otros de exterminio donde, “entre sus barracones, llenos de seres vivos asustados y perseguidos, encuentra la confirmación de su amor por la vida” y, luego, en el de Auschwitz, en el que murió a los 27 años. Experimentó el bien absoluto en medio del mal absoluto. Supo encontrar belleza en cualquier pequeño elemento natural y nunca dudó de que la vida era bella y justa, lo cual, en el contexto histórico que le tocó vivir, resulta asombroso y admirable.

A su pensamiento le ayuda un gran sentido práctico: convencida de que la situación de los judíos es inevitable y que en los campos las posibilidades de resistencia efectiva son nulas, solo cabe la transformación de sí mismo y la entrega y evitar, así, resentimientos, odios y egoísmos para sobrevivir que únicamente supondrían dilapidación de energía y debilitamiento personal. Pero se sabe sola en esta tarea. En su proceso de transformación se irá despojando de afanes superfluos, creará su propio Dios, que identifica con la voz interior que la corrige y critica, un Dios al que habla -es su manera de orar- y le consuela en el terror, a pesar de que nada espera de la omnipotencia divina ante el horror del Holocausto, cuya responsabilidad atribuye íntegra de los humanos. Su espiritualidad, próxima al misticismo, es ajena a la religión cristiana, judaica o budista, nace del fondo de sí misma, del proceso de interiorización y aceptación de la vida sin alusión a la fe o el más allá. Le conduce al olvido del yo, al ascetismo y al amor a los demás, incluso a los alemanes nazis. No percibe inmolación como forma de ganar el cielo, solo intento de poner orden en su caos interior, desbloquear su mente, reorganizar sus energías, estar disponible para el Dios creado por ella sin intermediarios, sin iglesias, sin pecado, sin redención, vía crucis o fe alguna.

La lectura de Etty Hillesum y la transformación no es fácil, al menos no lo ha sido para mí, desacostumbrada a adentrarme en ensayos filosóficos. Demanda una atmósfera de quietud, bastante concentración y hacerlo despacio, incluso tomando notas, reflexionando y cuestionando de continuo la coherencia del discurso que nos expone. Sin embargo, una vez terminada, he sentido una emoción gratificante intensa, me ha descubierto otra forma de mirar la vida, la del poeta Rilke y la pensadora Etty Hillesum, positiva y lejos de optimismos inconscientes, confortable, en definitiva, en la etapa vital en la que me encuentro. Es el principal motivo por el que se la recomiendo.

María García-Lliberós.


Esta reseña fue publicada en POSDATA, el suplemento cultural de LEVANTE-EMV, el sábado 15 de mayo de 2021

sábado, 28 de noviembre de 2020

"Las cinco estaciones de Vivaldi", de Emi Zanón. Editorial Sargantana, 2020. 260 páginas.

             

           Emi Zanón (Buñol, Valencia) nos ofrece esta novela romántica que sitúa en la Venecia barroca de la primera mitad del siglo XVIII. La autora ya dio muestras de sus dotes para recrear tiempos pasados con la deliciosa novela Su último viaje (Ed. Araña, 2009) cuya trama ubicó entre España y París en pleno siglo XVII.

Las cinco estaciones de Vivaldi es, pues, una novela de ambientación histórica con personajes reales –el compositor y violinista Antonio Vivaldi, la cantante Anna Giraud y su hermana Paulina, el músico Arcángelo Corelli, conocido como el príncipe de los músicos, el caricaturista Pier Leone Ghezzi, el arquitecto Giorgio Massari- y otros, los principales protagonistas –la familia de Carlo Salvadore Ghezzi y su hija Anna Isabella-, de ficción. Y ahí se encuentra la gracia de este relato: la ingeniosa manera de aprovechar parte de la biografía de Vivaldi, el prette rosso, como le apodaban, por su condición sacerdotal y el color de su pelo, durante la época en que estuvo contratado por el Ospedale de la Pietà, para desarrollar una intensa historia de amor y perdón.

El Ospedale de la Pietà era un conventohospicioorfanato y escuela de música en Venecia, activo en los siglos XVII y XVIII, y Vivaldi trabajó allí como profesor de violín y canto de 1703 a 1715 y de 1723 a 1740. Se trataba del orfanato de Venecia con mayor prestigio, precisamente, por la calidad del coro y la excelencia de algunas de las huérfanas como solistas de canto o instrumentistas. Vivaldi compuso decenas de obras para que fueran interpretadas por sus pupilas que alcanzaron un reconocimiento que transcendía los límites de la república de Venecia. Sus conciertos se hicieron famosos y se convirtieron en eventos sociales de primera magnitud que atraían a la sociedad más selecta, y la música suponía un estímulo para las huérfanas y un trampolín social para ellas en muchos casos.

Nos lo cuenta una voz omnisciente en tercera persona, una voz extremadamente culta que inicia su relato en julio de 1715 cuando una niña sin nombre, de tres años, es entregada en el Ospedale de la Pietà.

Entonces, Venecia era el centro  turístico y cultural de Europa, y no podía haber escogido la autora mejor escenario para desarrollar la trama, porque uno de los mayores méritos de esta novela es la forma como consigue que el lector se sumerja en la atmósfera cosmopolita, brillante, imaginativa, fastuosa de la vida cultural veneciana, predispuesta a celebrar la llegada de cada estación, con cantidad de apuntes interesantes sobre las costumbres de sus ciudadanos. No en balde Vivaldi nos legó los cuatro conciertos conocidos como Las cuatro estaciones, escritos para violín, orquesta y declamador, y sus respectivos sonetos, que recitaba antes de la ejecución musical, y que contenían las emociones que la primavera, el verano, el otoño y el invierno le despertaban y que él trataba de comunicar a través de la música. Me ha resultado muy hermosa la interpretación que Emi Zanón hace de los mismos, pues incluye los sonetos en la novela (en italiano y su traducción al castellano), hasta el punto que no he podido resistirme a volver a escuchar el maravilloso concierto de Las cuatro estaciones con este nuevo conocimiento que me lo ha hecho más conmovedor. Una novela, por tanto, que despierta emociones en el lector.

Las novelas de Emi Zanón, Su último viaje, mencionada al principio, Yámana, Tierra del Fuego, La hierba azul de Calíope, y esta misma contienen, a pesar de la diversidad de su temática, un elemento común: la filosofía de la autora, cuatro principios de convivencia que, sin duda, si fueran practicados con mayor entusiasmo, la vida sería más dichosa y que, en esta ocasión pone en boca de sor Consolata, una monja que poseía conocimientos sobre las propiedades mágicas de las hierbas, que sufría, o gozaba, de alucinaciones y que conservaba la sabiduría acumulada por sus antepasados, el personaje más rico y misterioso de esta novela. Destaco también otros femeninos, Anna Isabella Ghezzi y su madre, así como la cantante Anna Giraud, mujeres innovadoras en su tiempo que quieren ser libres y tomar decisiones por sí mismas, aún a riesgo de equivocarse y ser penalizadas por ello.

Al principio he definido esta novela como romántica, porque lo es. La heroína principal Anna Isabella sufrirá de mal de amores y en la trama hay pasión, traición, enredos familiares, secretos inconfesables y los tópicos propios de la novela romántica que azuzan la curiosidad del lector, incluso lindando lo folletinesco. Sin embargo, la corrección de la prosa de Emi Zanón, en ocasiones muy bella, la bondad del discurso intelectual que transmite, así como los conocimientos históricos, musicales y la perfecta contextualización espacio temporal, hacen de Las cinco estaciones de Vivaldi, una novela muy recomendable.

María García-Lliberós.



Esta reseña ha aparecido publicada en POSDATA, el suplemento cultural de LEVANTE-EMV, el sábado 28 de noviembre de 2020.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

"Hermanos de sangre", de Juan Vergara

 

Editorial Sargantana, 2020.                                  


150 páginas.

        Hermanos de sangre es la segunda novela de Juan Vergara que leo y me ha sorprendido porque supone un cambio de registro absoluto sobre la anterior. Meridiano maldito (2011) trataba sobre la expedición que hicieron seis académicos franceses, acompañados por dos marinos españoles –Jorge Juan y Antonio de Ulloa- a Perú, entre 1734 y 1744, para medir un grado del meridiano terrestre y confirmar que la Tierra no era una esfera perfecta, sino achatada por los polos. Se trata de una novela de aventuras, viajes, científica, política, histórica y social, porque Vergara con un lenguaje cuidado, abre el relato a una infinidad de aspectos. 

Hermanos de sangre se aparta de esta senda, lo que indica que Juan Vergara va definiendo su imaginario literario, amplio y variable, sin agarrarse todavía a obsesiones fijas. La trama se desarrolla en la actualidad, en las primeras décadas del siglo XXI, toma como escenario la Valencia del ensanche, un barrio de clase media, predomina la ficción, adopta como objeto literario el interior de dos familias bien distintas si atendemos a su nivel económico y otras cuestiones derivadas del mismo, y está protagonizada por tres jóvenes, uno de los cuales asume la voz narradora.

Hermanos de sangre puede emparentar con el género negro, por eso de que un asesinato forme parte del núcleo central del relato, pero me ha parecido más una novela con interés en el diseño de los personajes dotándoles de la suficiente profundidad psicológica que justifique sus conductas. No sigue el curso de una investigación policíaca, aunque haya alguna referencia, pues el narrador, Marc, que escribe desde la cárcel, se presenta como el autor confeso del asesinato apresurándose a desvelar el misterio sobre la identidad del asesino. Hay en la novela cierta denuncia social, pues asuntos como el maltrato, la tiranía familiar y sus consecuencias, la codicia económica y el consumismo, aparecen como causas impulsoras de acciones delictivas, aunque estas se ejecuten con un afán justiciero o impulsadas por sentimientos amorosos. Motivos que dulcifican la cara del asesino. 

La novela, de 150 páginas, se desarrolla en 16 capítulos. Es corta, y se hace corta, lo cual es bueno, y es de lectura ágil porque avanza a buen ritmo. El primer capítulo adopta la forma de apertura clásica de presentación del narrador y su situación: un joven de veinte años, condenado a quince de reclusión mayor por asesinato con alevosía. Ha matado al padre de sus amigos Raúl y Patricia. Ha abandonado los estudios y arruinado su vida, sin obtener nada a cambio, y no está arrepentido. ¿Cómo es eso?, se pregunta enseguida el lector, atrapado ya en la intriga.

Pero las cosas no son tan sencillas como sugieren las apariencias. Y tras los hechos desnudos, descritos así, por las consecuencias, se encuentra una madeja de relaciones que impulsan sus conductas. Las familias de ellos habitan en el mismo edificio pero mientras la de Marc ocupa, alquilados, la que fue estrecha vivienda de los porteros en el último piso, la de Raúl y Patricia vive en el amplio piso principal, en calidad de propietarios, con las connotaciones propias de las diferentes clases sociales. Unos viven de un pequeño comercio de mercería de barrio y los otros son hijos de un empresario hecho a sí mismo y orgulloso de ello, constructor, especulador y sabedor de los secretos que conducen a un pelotazo urbanístico y a engrosar la burbuja inmobiliaria. Van a un colegio privado, Marc a un instituto público, veranean en un chalet en Dénia mientras Marc los espera en una tórrida Valencia. Vidas próximas y diferentes, a pesar de compartir la misma escalera y los elementos comunes. Y les afectará de forma distinta la terrible crisis económica y financiera de 2008. 

Comento esto por el interés que despierta la descripción, sin grandes honduras, las necesarias para una novela, de la situación socioeconómica de España en la primera década del siglo XXI, el aumento del desempleo, con especial crueldad entre los jóvenes, el auge de los comedores sociales, el incremento de la pobreza y las desigualdades. Saber contextualizar un relato en sus dimensiones espacio-tiempo es lo que le aporta realismo y lo hace creíble.

Otro aspecto primordial lo constituye el diseño de los personajes. Y en este caso tiene una importancia enorme, hasta el punto de que la credibilidad de la novela descansa en ello, en que el lector acepte el motivo por el cual Marc se embarca, nada menos que en un asesinato, para “hacerles un favor” a sus amigos, asumiendo el destrozo en su propia vida, cuando no es un sicario. El difunto responde a un estereotipo del padre y esposo maltratador: un hombre con capacidad para herir, desconfiado, cínico y violento, que controla los movimientos de la familia, veta amistades, y hasta la forma de vestirse, provoca miedo y es un elemento de conflicto que impide la paz intra familiar. La madre, una mujer guapa chapada a la antigua, no se plantea ni el divorcio, ni la denuncia del marido ante la justicia. Pensarlo le produce pánico. 

Raúl sufre las afrentas del padre, al que teme y del que ha sido objeto de su ira en más de una ocasión, está necesitado de afecto y la amistad con Marc surgirá como algo necesario, sedante y enriquecedora. E incluso como una rebeldía ante el padre que tilda a Marc de don nadie. Una amistad que, por su parte, se aproxima al enamoramiento. Patricia, fría y calculadora, tiene mente de estratega. Se sabe atractiva y le resulta fácil manejar a Marc, consciente del deseo sexual que le despierta. Pero el final, agridulce, nos deparará una sorpresa que obligará al lector a redefinir al personaje de Patricia.

Una novela, por tanto, que, en el marco de un crimen horripilante, navega por el interior de los personajes, que nos habla de sentimientos encontrados, anhelos, pasiones, en el contexto de una sociedad en derribo, que enfrenta problemas de gran actualidad mediática que tienen que ver con el dominio de unas personas sobre otras y las formas que las víctimas potenciales practican para intentar evadirlo, cuando, sobre todo, falta el coraje para dejarse ayudar por la Justicia. Una novela que consigue mucho más que entretener, obliga al lector a comprender las tragedias que, hoy en día, tienen lugar en la intimidad de los hogares.

Léanla.

 

María García-Lliberós

 

 

 

 

 

miércoles, 29 de julio de 2020

Comentario de Rafa Marí sobre "la función perdida", novela de María García-Lliberós

Siempre nos quedará la lectura

La pandemia y las altas temperaturas serán agobios menos angustiosos si tenemos entre las manos libros y prensa

RAFA MARÍ
CLa palabra 'casi' nos salva de las generalizaciones abusivas. Decir
'Casi todos sobreactúan en las redes sociales' es más preciso que decir 'Todos sobreactúan en las redes sociales'. Pero los 'casi' no quedan bien en los titulares. Este verano la pandemia y las altas temperaturas serán menos angustiosas si tenemos entre las manos libros y prensa. Por un rato y con ese apoyo, (casi) todos podremos olvidar los agobios de la realidad.
Es la última novela de María García-Lliberós ('Equívocos', Premio de la Crítica Valenciana, 1999; 'Babas de caracol', 2006 y 2014; 'Como ángeles en un burdel', Premio Ateneo de Sevilla, 2002; 'Lucía o la fragilidad de las fuertes', 2011...). Leo las 358 páginas de 'La función perdida' en la segunda edición de Sargantana (diciembre, 2017). Un monólogo de Emilio Ferrer, personaje de ficción cuyas vivencias -y los empresarios, políticos y abogados que las pueblan- 'suenan' a muchas cosas ocurridas en Valencia estas últimas décadas.
Mi madre Julia, cuando tenía mucho interés en conservar algo, unos pañuelos por ejemplo, los guardaba tan bien que luego, siendo una mujer de rutinas, se le olvidaba dónde lo había hecho. Se pasaba días murmurando: 'On hauré deixat jo els mocadors?».
Tenía tanto interés en 'La función perdida' que la escondí en un sitio especial. Días después no recordaba cual era. Igualito que mi madre. Estuve dándole vueltas al tema hasta que sospeché haberlo guardado en el altillo de un armario. Inspeccioné. Había allí dos libros. El poemario 'Una grieta en el tiempo', de María Teresa Espasa, editado por Verba Manent («Si me prestas tu vida y tus zapatos, / te enseñaré a amar y caminar»; «Yo no inventé a los hombres audaces/ cuyos sueños se malogran/ entre días de vino, pasión/ y nubes grises. / Solo creí»). Y ¡por fin!, 'La función perdida'. Leí la novela en tres tardes, ajeno durante su lectura al Covid-19 y a las altas temperaturas (evito el aire acondicionado, su zumbido me inquieta). La primera tarde leí con interés las iniciales 110 páginas de 'La función perdida'. Poco a poco el relato iba ganando mi atención. Auto-radiografía existencial de un jubilado que en sus años laborales había sido un hombre influyente como Jefe del Área de Proyectos de la Dirección General de Infraestructuras.
La pasión llegó en la segunda tarde, con sus magníficos pasajes de duros reproches familiares entre Emilio y su hija Adela, momento alto que me recordó el cine de Ingmar Bergman: la amarga conversación de padre e hijo en 'Saraband' (2003): "Padre, ¿por qué nunca me has querido?"); el rencor de Liv Ullmann hacia su famosa madre, Ingrid Bergman, en 'Sonata de otoño' (1978).
Las sorpresas me aguardaban en la tercera tarde. García-Lliberós abandona el tono severo para darle a su novela unos ribetes de comedia sexy (las vacaciones en Malta; la boda de Guillermo con su asistenta chilena) o de intriga (el acoso en la escuela a la nieta de Emilio; el espionaje de Emilio a unos vecinos).
La fecundidad de García-Lliberós para imaginar sub-tramas es formidable. Las historias paralelas de 'La función perdida' podrían protagonizar otras novelas. Pero yo me quedo con los abismos familiares de sus relatos. Es una sabia conocedora de la condición humana, sus miedos y coartadas. Narrando esos enfrentamientos, María es muy grande y muy honda y veraz.

Rafa Marí

sábado, 16 de mayo de 2020

"La virgen de los huesos", de Guillermo Galván.


Ed. Harper Collins, 2020                                                  
461 páginas.

La historia que nos cuenta Guillermo Galván ocurre en 1942, en Aranda de Duero, un municipio que siempre estuvo en la retaguardia durante la guerra Civil pero que no por eso dejó de ser escenario de crímenes ideológicos con causa en la represión franquista desatada contra los perdedores.
El protagonista es Carlos Lombardi, personaje creado por Galván en su anterior novela Tiempo de siega con la que La virgen de los huesos mantiene otros elementos en común. Lombardi fue policía en la época de la República y, represaliado, en 1942 todavía se encuentra en espera de indulto mientras trabaja como investigador privado en la agencia Hermes. Es un hombre duro, detective de raza que no deja cabos sueltos, leal a sus superiores y amigos, de izquierdas, un tanto enamoradizo, crítico con el régimen franquista establecido, realista y resignado a esas circunstancias. El personaje bebe de la fuente de inspiración de Chandler, por ejemplo, a mí me ha evocado a Marlowe y compañía, por su ironía, adaptado a nuestras características patrias que tampoco son tan diferentes.
Guillermo Galván

La historia comienza con la desaparición de un novicio, Jacinto Ayuso, del Monasterio de Santa María de la Vid (la presencia de sotanas, tan poderosas en el régimen de Franco, es otra coincidencia con la anterior novela) y el encargo a Lombardi de esclarecer el caso. La exposición en la puerta de una iglesia de la mano del novicio, cortada a un muerto según el forense, permite transformar el caso de una desaparición en otro de un asesinato. Luego habrá dos más durante un verano sofocante que alteran la tranquila vida de Aranda. Por supuesto que Lombardi sabrá resolverlos.
Lo que importa destacar es que esta novela que la editorial incluye en su colección de policíaca, bien puede calificarse también de ambientación histórica, ya que Galván se sumerge, y nos transmite a los lectores, en la atmósfera decadente, corrupta, caciquil, temerosa, de la España rural castellana de la época y rastrea conflictos domésticos resueltos durante la guerra civil al amparo de ejecuciones sumarias por motivos ideológicos, cuando en realidad respondían a intereses económicos y enemistades vecinales profundas. En este terreno, el del totalitarismo negro en España, como se indica en la portada, Guillermo Galván se está forjando un merecido respeto como especialista. Se lee muy bien, sobre todo la segunda parte que intensifica la tensión narrativa y clarifica con solvencia una trama enrevesada que hunde sus raíces en el pasado.
María García-Lliberós

martes, 28 de abril de 2020

"La segunda expedición", de Alan Pitronello



Ediciones Pàmies, 2019.
467 páginas

VIII Premio de novela histórica Ciudad de Úbeda.

Nos encontramos ante una buena novela de ambientación histórica pues, aunque algunos de sus personajes existieron y algunos hechos sucedieron, el peso protagónico de la trama lo sustentan seres de ficción. Hay que decir que el trabajo llevado a cabo por el autor de documentación y contextualización geográfica y temporal, en lo que hace al paisaje, lenguaje, costumbres, indumentaria, y demás detalles, como la lucha con espada, ha sido formidable y si algún reproche cabe hacer es que ha pecado por exceso. Los lectores aficionados a este género, disfrutarán de lo lindo.
La segunda expedición es una novela de aventuras dirigida a lectores mayores de doce años, sin límite de edad. Predomina la acción sobre el pensamiento. Sus protagonistas, Beatriz y el joven Martín del Castillo, tienen las características de auténticos héroes. Son valientes, hermosos, nobles de espíritu y se enfrentan con coraje al mal, personificado en otros personajes, y a una sucesión de obstáculos a su felicidad a cual más imaginativo y feroz. Todo ello en el siglo XVI, pues el relato se inicia en 1518, en Villa de Santiago de Cuba, bajo la dominación española.
Alan Pitronello
El argumento aprovecha la expedición alentada por el entonces gobernador Diego Velázquez de Cuéllar para explorar “los límites de los mapas” de la isla de Yucatán, descubierta hacía poco. Los españoles que se apuntaron lo hicieron animados por la codicia, el ansia de encontrar oro, de apresar indios para utilizarlos como mano de obra gratis, aunque la palabra esclavo estuviera prohibida, en encomiendas de tierra que el gobernador distribuiría en compensación a su esfuerzo. Hacerse ricos era el único objetivo. En esta parte, cobra importancia el lenguaje marinero, y las técnicas de la esgrima porque son numerosos los lances, con resultado de muerte, para resolver asuntos de honor, algunos bastante pintorescos. La sociedad, diseñada por los varones, responde a un patrón que premiaba la violencia, el machismo y la ambición. Las mujeres, ya fueran indias o españolas, eran consideradas como otras posesiones. En este sentido, la novela tiene la virtud de desmitificar los comportamientos épicos de los conquistadores españoles en las Américas.
La segunda expedición es una novela que contiene elementos propios de la literatura fantástica. Martín, elegido por la diosa Ixchel para liberar su templo de las fuerzas del mal, librará una guerra particular en la que los sueños, las profecías, creencias y leyendas de los pueblos primitivos, serán su orientación intelectual y le abrirán una nueva perspectiva sobre su posición en el mundo.
Los personajes adolecen, en general, de una liviana profundidad psicológica, a excepción de Beatriz cuyo diseño conviene destacar. Beatriz surge como la mujer moderna, feminista, que se rebela ante su destino, que quiere ser libre y progresar. Dotada con capacidad para los negocios, sabrá salir airosa de situaciones comprometidas y llegará a levantar la primera fábrica de azúcar de caña en Santiago de Cuba. El autor, a través de ella, redime al género femenino de su insoportable sometimiento al desprecio de los hombres de su tiempo.
La segunda expedición se lee muy bien, porque el relato, omnisciente, mixto entre realidad y ficción, fluye con el pulso poderoso de Alan Pitronello (Chile, 1986), tiene una prosa rica, con ritmo, atrapa y mantiene el interés del lector con quiebros narrativos y suspense.
Un Premio de Novela Histórica de la Ciudad de Úbeda 2019 merecido.

María García-Lliberós


domingo, 12 de abril de 2020

"La primera mano que sostuvo la mía", de Maggie O'Farrell

Editorial Libros del Asteroide, 2018.
Traducción de Concha Cardeñoso.
340 páginas.

Es el primer libro que leo de esta autora y, adelanto, que no será el último. Me ha llamado la atención el talento que muestra para construir la compleja estructura de la novela que desarrolla con una prosa tan ágil que consigue que el lector casi no perciba esa dificultad. El relato está contado con una voz omnisciente en tercera persona que habla siempre en presente, cuando hay dos líneas narrativas que se corresponden con dos tiempos distintos: el Londres de la década de 1950 y el contemporáneo. Una voz que, de tanto en tanto, se dirige con desparpajo al lector con frases que empiezan con un “veamos” o “imaginemos”, y hace fácil que este reproduzca en su mente la acción que nos cuenta y, sin embargo, capte sentimientos. Se trata de una prosa visual, que usa técnicas de guión de cine. Frases cortas y claras. En algún momento de la primera parte el lector se da cuenta de que las dos historias que protagonizan Elxie y Elina, dos madres jóvenes, no discurren de forma paralela en el tiempo, produce una pizca de desconcierto y de incremento de tensión literaria, pero la autora sabe llevar a puerto las piezas del rompecabezas que encajarán por completo en la última parte.
Maggie O'Farrell Irlanda del Norte, 1972)

La primera mano que sostuvo la mía es una novela que se ocupa de la maternidad, de los destrozos de todo tipo que produce y, al mismo tiempo, de la profunda relación, inexpugnable, que se crea entre una madre y su hijo durante los primeros meses de su vida, “una peripecia de la que algunas mujeres sacan sentimientos de heroísmo, mientras que otras lo viven como un exilio del mundo que conocían”, según palabras citadas de Rachel Cusk que debieron inspirar a Maggie O’Farrell.
Elxie es una mujer impulsiva que no duda en abandonar el hogar familiar en el campo para ir a Londres siguiendo los pasos de Innes Kent, un periodista brillante que dirige una revista de arte, y a la que parece no importarle romper con sus padres y hermanos para siempre. Ambos saben lo que quieren, son directos, avasalladores, poseen determinación y ternura, se hacen amantes y se enamoran, por este orden. Forman una pareja encantadora y con fuerza aunque el narrador, de vez en cuando atempera el entusiasmo que producen con adelantos como “no sabe que va a morir joven, que no tiene tanto tiempo como cree”, una forma de avivar la curiosidad.
En esta novela, la muerte está presente, una muerte inesperada  y rápida, que trastoca la existencia del que sobrevive. Evidencia la fragilidad del ser humano, lo azarosos que son los días felices, la nostalgia insoportable que provoca, el absurdo de la vida. El amor, la pasión, la venganza ciega, la ambición, la importancia de la amistad, los traumas de la niñez dispuestos a atacar en la edad adulta, también se encuentran entre sus páginas.
Elina, la otra protagonista, es diferente. Para empezar es finlandesa, añora a su madre y a su país. Es una artista emparejada con Ted, montador de cine. Tienen un hijo tras un parto en el que casi muere desangrada y provoca un impacto emocional devastador que trastoca la comunicación entre ellos. Ella tiene lagunas de memoria de acontecimientos próximos y él, en cambio, recuperará escenas de su infancia que dormían en su subconsciente y tendrán consecuencias. Ambos aprenden, cada uno a su manera, a ser padres. La relación entre Elina y su bebé, primaria, se describe llena de sensaciones físicas íntimas al mismo tiempo que la madre sufre el asalto violento de las tareas domésticas nuevas, la dependencia de su hijo respecto a la alimentación, y observa con disgusto la mujer en la que se ve obligada a transformarse.
Las dos historias se encontrarán, en un giro argumental ingenioso, con intriga y bien armado, en el que otros personajes –Félix, periodista famoso de la BBC con quien Elxie discutía mucho y bien, Margot, Gloria- tendrán un importante papel y pondrán en evidencia que en la vida de cada cual decisiones de terceras personas determinan tu existencia tanto como las propias.
Una novela que se lee a gusto, que está bien escrita y bien traducida, que estimula la  reflexión y la fantasía llevándote a las calles del Londres elegante, cosmopolita y vanguardista de la segunda mitad del siglo XX, con personajes bien diseñados con lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Muy recomendable.
María García-Lliberós


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