miércoles, 29 de julio de 2020

Comentario de Rafa Marí sobre "la función perdida", novela de María García-Lliberós

Siempre nos quedará la lectura

La pandemia y las altas temperaturas serán agobios menos angustiosos si tenemos entre las manos libros y prensa

RAFA MARÍ
CLa palabra 'casi' nos salva de las generalizaciones abusivas. Decir
'Casi todos sobreactúan en las redes sociales' es más preciso que decir 'Todos sobreactúan en las redes sociales'. Pero los 'casi' no quedan bien en los titulares. Este verano la pandemia y las altas temperaturas serán menos angustiosas si tenemos entre las manos libros y prensa. Por un rato y con ese apoyo, (casi) todos podremos olvidar los agobios de la realidad.
Es la última novela de María García-Lliberós ('Equívocos', Premio de la Crítica Valenciana, 1999; 'Babas de caracol', 2006 y 2014; 'Como ángeles en un burdel', Premio Ateneo de Sevilla, 2002; 'Lucía o la fragilidad de las fuertes', 2011...). Leo las 358 páginas de 'La función perdida' en la segunda edición de Sargantana (diciembre, 2017). Un monólogo de Emilio Ferrer, personaje de ficción cuyas vivencias -y los empresarios, políticos y abogados que las pueblan- 'suenan' a muchas cosas ocurridas en Valencia estas últimas décadas.
Mi madre Julia, cuando tenía mucho interés en conservar algo, unos pañuelos por ejemplo, los guardaba tan bien que luego, siendo una mujer de rutinas, se le olvidaba dónde lo había hecho. Se pasaba días murmurando: 'On hauré deixat jo els mocadors?».
Tenía tanto interés en 'La función perdida' que la escondí en un sitio especial. Días después no recordaba cual era. Igualito que mi madre. Estuve dándole vueltas al tema hasta que sospeché haberlo guardado en el altillo de un armario. Inspeccioné. Había allí dos libros. El poemario 'Una grieta en el tiempo', de María Teresa Espasa, editado por Verba Manent («Si me prestas tu vida y tus zapatos, / te enseñaré a amar y caminar»; «Yo no inventé a los hombres audaces/ cuyos sueños se malogran/ entre días de vino, pasión/ y nubes grises. / Solo creí»). Y ¡por fin!, 'La función perdida'. Leí la novela en tres tardes, ajeno durante su lectura al Covid-19 y a las altas temperaturas (evito el aire acondicionado, su zumbido me inquieta). La primera tarde leí con interés las iniciales 110 páginas de 'La función perdida'. Poco a poco el relato iba ganando mi atención. Auto-radiografía existencial de un jubilado que en sus años laborales había sido un hombre influyente como Jefe del Área de Proyectos de la Dirección General de Infraestructuras.
La pasión llegó en la segunda tarde, con sus magníficos pasajes de duros reproches familiares entre Emilio y su hija Adela, momento alto que me recordó el cine de Ingmar Bergman: la amarga conversación de padre e hijo en 'Saraband' (2003): "Padre, ¿por qué nunca me has querido?"); el rencor de Liv Ullmann hacia su famosa madre, Ingrid Bergman, en 'Sonata de otoño' (1978).
Las sorpresas me aguardaban en la tercera tarde. García-Lliberós abandona el tono severo para darle a su novela unos ribetes de comedia sexy (las vacaciones en Malta; la boda de Guillermo con su asistenta chilena) o de intriga (el acoso en la escuela a la nieta de Emilio; el espionaje de Emilio a unos vecinos).
La fecundidad de García-Lliberós para imaginar sub-tramas es formidable. Las historias paralelas de 'La función perdida' podrían protagonizar otras novelas. Pero yo me quedo con los abismos familiares de sus relatos. Es una sabia conocedora de la condición humana, sus miedos y coartadas. Narrando esos enfrentamientos, María es muy grande y muy honda y veraz.

Rafa Marí

sábado, 16 de mayo de 2020

"La virgen de los huesos", de Guillermo Galván.


Ed. Harper Collins, 2020                                                  
461 páginas.

La historia que nos cuenta Guillermo Galván ocurre en 1942, en Aranda de Duero, un municipio que siempre estuvo en la retaguardia durante la guerra Civil pero que no por eso dejó de ser escenario de crímenes ideológicos con causa en la represión franquista desatada contra los perdedores.
El protagonista es Carlos Lombardi, personaje creado por Galván en su anterior novela Tiempo de siega con la que La virgen de los huesos mantiene otros elementos en común. Lombardi fue policía en la época de la República y, represaliado, en 1942 todavía se encuentra en espera de indulto mientras trabaja como investigador privado en la agencia Hermes. Es un hombre duro, detective de raza que no deja cabos sueltos, leal a sus superiores y amigos, de izquierdas, un tanto enamoradizo, crítico con el régimen franquista establecido, realista y resignado a esas circunstancias. El personaje bebe de la fuente de inspiración de Chandler, por ejemplo, a mí me ha evocado a Marlowe y compañía, por su ironía, adaptado a nuestras características patrias que tampoco son tan diferentes.
Guillermo Galván

La historia comienza con la desaparición de un novicio, Jacinto Ayuso, del Monasterio de Santa María de la Vid (la presencia de sotanas, tan poderosas en el régimen de Franco, es otra coincidencia con la anterior novela) y el encargo a Lombardi de esclarecer el caso. La exposición en la puerta de una iglesia de la mano del novicio, cortada a un muerto según el forense, permite transformar el caso de una desaparición en otro de un asesinato. Luego habrá dos más durante un verano sofocante que alteran la tranquila vida de Aranda. Por supuesto que Lombardi sabrá resolverlos.
Lo que importa destacar es que esta novela que la editorial incluye en su colección de policíaca, bien puede calificarse también de ambientación histórica, ya que Galván se sumerge, y nos transmite a los lectores, en la atmósfera decadente, corrupta, caciquil, temerosa, de la España rural castellana de la época y rastrea conflictos domésticos resueltos durante la guerra civil al amparo de ejecuciones sumarias por motivos ideológicos, cuando en realidad respondían a intereses económicos y enemistades vecinales profundas. En este terreno, el del totalitarismo negro en España, como se indica en la portada, Guillermo Galván se está forjando un merecido respeto como especialista. Se lee muy bien, sobre todo la segunda parte que intensifica la tensión narrativa y clarifica con solvencia una trama enrevesada que hunde sus raíces en el pasado.
María García-Lliberós

martes, 28 de abril de 2020

"La segunda expedición", de Alan Pitronello



Ediciones Pàmies, 2019.
467 páginas

VIII Premio de novela histórica Ciudad de Úbeda.

Nos encontramos ante una buena novela de ambientación histórica pues, aunque algunos de sus personajes existieron y algunos hechos sucedieron, el peso protagónico de la trama lo sustentan seres de ficción. Hay que decir que el trabajo llevado a cabo por el autor de documentación y contextualización geográfica y temporal, en lo que hace al paisaje, lenguaje, costumbres, indumentaria, y demás detalles, como la lucha con espada, ha sido formidable y si algún reproche cabe hacer es que ha pecado por exceso. Los lectores aficionados a este género, disfrutarán de lo lindo.
La segunda expedición es una novela de aventuras dirigida a lectores mayores de doce años, sin límite de edad. Predomina la acción sobre el pensamiento. Sus protagonistas, Beatriz y el joven Martín del Castillo, tienen las características de auténticos héroes. Son valientes, hermosos, nobles de espíritu y se enfrentan con coraje al mal, personificado en otros personajes, y a una sucesión de obstáculos a su felicidad a cual más imaginativo y feroz. Todo ello en el siglo XVI, pues el relato se inicia en 1518, en Villa de Santiago de Cuba, bajo la dominación española.
Alan Pitronello
El argumento aprovecha la expedición alentada por el entonces gobernador Diego Velázquez de Cuéllar para explorar “los límites de los mapas” de la isla de Yucatán, descubierta hacía poco. Los españoles que se apuntaron lo hicieron animados por la codicia, el ansia de encontrar oro, de apresar indios para utilizarlos como mano de obra gratis, aunque la palabra esclavo estuviera prohibida, en encomiendas de tierra que el gobernador distribuiría en compensación a su esfuerzo. Hacerse ricos era el único objetivo. En esta parte, cobra importancia el lenguaje marinero, y las técnicas de la esgrima porque son numerosos los lances, con resultado de muerte, para resolver asuntos de honor, algunos bastante pintorescos. La sociedad, diseñada por los varones, responde a un patrón que premiaba la violencia, el machismo y la ambición. Las mujeres, ya fueran indias o españolas, eran consideradas como otras posesiones. En este sentido, la novela tiene la virtud de desmitificar los comportamientos épicos de los conquistadores españoles en las Américas.
La segunda expedición es una novela que contiene elementos propios de la literatura fantástica. Martín, elegido por la diosa Ixchel para liberar su templo de las fuerzas del mal, librará una guerra particular en la que los sueños, las profecías, creencias y leyendas de los pueblos primitivos, serán su orientación intelectual y le abrirán una nueva perspectiva sobre su posición en el mundo.
Los personajes adolecen, en general, de una liviana profundidad psicológica, a excepción de Beatriz cuyo diseño conviene destacar. Beatriz surge como la mujer moderna, feminista, que se rebela ante su destino, que quiere ser libre y progresar. Dotada con capacidad para los negocios, sabrá salir airosa de situaciones comprometidas y llegará a levantar la primera fábrica de azúcar de caña en Santiago de Cuba. El autor, a través de ella, redime al género femenino de su insoportable sometimiento al desprecio de los hombres de su tiempo.
La segunda expedición se lee muy bien, porque el relato, omnisciente, mixto entre realidad y ficción, fluye con el pulso poderoso de Alan Pitronello (Chile, 1986), tiene una prosa rica, con ritmo, atrapa y mantiene el interés del lector con quiebros narrativos y suspense.
Un Premio de Novela Histórica de la Ciudad de Úbeda 2019 merecido.

María García-Lliberós


domingo, 12 de abril de 2020

"La primera mano que sostuvo la mía", de Maggie O'Farrell

Editorial Libros del Asteroide, 2018.
Traducción de Concha Cardeñoso.
340 páginas.

Es el primer libro que leo de esta autora y, adelanto, que no será el último. Me ha llamado la atención el talento que muestra para construir la compleja estructura de la novela que desarrolla con una prosa tan ágil que consigue que el lector casi no perciba esa dificultad. El relato está contado con una voz omnisciente en tercera persona que habla siempre en presente, cuando hay dos líneas narrativas que se corresponden con dos tiempos distintos: el Londres de la década de 1950 y el contemporáneo. Una voz que, de tanto en tanto, se dirige con desparpajo al lector con frases que empiezan con un “veamos” o “imaginemos”, y hace fácil que este reproduzca en su mente la acción que nos cuenta y, sin embargo, capte sentimientos. Se trata de una prosa visual, que usa técnicas de guión de cine. Frases cortas y claras. En algún momento de la primera parte el lector se da cuenta de que las dos historias que protagonizan Elxie y Elina, dos madres jóvenes, no discurren de forma paralela en el tiempo, produce una pizca de desconcierto y de incremento de tensión literaria, pero la autora sabe llevar a puerto las piezas del rompecabezas que encajarán por completo en la última parte.
Maggie O'Farrell Irlanda del Norte, 1972)

La primera mano que sostuvo la mía es una novela que se ocupa de la maternidad, de los destrozos de todo tipo que produce y, al mismo tiempo, de la profunda relación, inexpugnable, que se crea entre una madre y su hijo durante los primeros meses de su vida, “una peripecia de la que algunas mujeres sacan sentimientos de heroísmo, mientras que otras lo viven como un exilio del mundo que conocían”, según palabras citadas de Rachel Cusk que debieron inspirar a Maggie O’Farrell.
Elxie es una mujer impulsiva que no duda en abandonar el hogar familiar en el campo para ir a Londres siguiendo los pasos de Innes Kent, un periodista brillante que dirige una revista de arte, y a la que parece no importarle romper con sus padres y hermanos para siempre. Ambos saben lo que quieren, son directos, avasalladores, poseen determinación y ternura, se hacen amantes y se enamoran, por este orden. Forman una pareja encantadora y con fuerza aunque el narrador, de vez en cuando atempera el entusiasmo que producen con adelantos como “no sabe que va a morir joven, que no tiene tanto tiempo como cree”, una forma de avivar la curiosidad.
En esta novela, la muerte está presente, una muerte inesperada  y rápida, que trastoca la existencia del que sobrevive. Evidencia la fragilidad del ser humano, lo azarosos que son los días felices, la nostalgia insoportable que provoca, el absurdo de la vida. El amor, la pasión, la venganza ciega, la ambición, la importancia de la amistad, los traumas de la niñez dispuestos a atacar en la edad adulta, también se encuentran entre sus páginas.
Elina, la otra protagonista, es diferente. Para empezar es finlandesa, añora a su madre y a su país. Es una artista emparejada con Ted, montador de cine. Tienen un hijo tras un parto en el que casi muere desangrada y provoca un impacto emocional devastador que trastoca la comunicación entre ellos. Ella tiene lagunas de memoria de acontecimientos próximos y él, en cambio, recuperará escenas de su infancia que dormían en su subconsciente y tendrán consecuencias. Ambos aprenden, cada uno a su manera, a ser padres. La relación entre Elina y su bebé, primaria, se describe llena de sensaciones físicas íntimas al mismo tiempo que la madre sufre el asalto violento de las tareas domésticas nuevas, la dependencia de su hijo respecto a la alimentación, y observa con disgusto la mujer en la que se ve obligada a transformarse.
Las dos historias se encontrarán, en un giro argumental ingenioso, con intriga y bien armado, en el que otros personajes –Félix, periodista famoso de la BBC con quien Elxie discutía mucho y bien, Margot, Gloria- tendrán un importante papel y pondrán en evidencia que en la vida de cada cual decisiones de terceras personas determinan tu existencia tanto como las propias.
Una novela que se lee a gusto, que está bien escrita y bien traducida, que estimula la  reflexión y la fantasía llevándote a las calles del Londres elegante, cosmopolita y vanguardista de la segunda mitad del siglo XX, con personajes bien diseñados con lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Muy recomendable.
María García-Lliberós


martes, 3 de marzo de 2020

"María Cambrils. El despertar de la conciencia", de Ana Noguera. (Poemario)


Olé Libros, 2019.
Texto de la presentación del poemario en el Espai d'Igualtat de Alfafar (Valencia), el 02.03.2020, organizada por la Asociación Mujeres en marcha.
Concha Prieto (coordinadora), Ana Noguera y María García-Lliberós
Ana Noguera es doctora en Filosofía y muchas cosas más. Ha sido concejala del Ayuntamiento de Valencia, diputada en las Cortes Valencianas, en la actualidad es miembro del Consejo de Cultura, siempre por el partido Socialista, porque Ana es una mujer comprometida, luchadora por sus ideas y generosa compartiendo su tiempo. Ha escrito novelas y ensayos, artículos periodísticos que desmenuzan la actualidad política y, además, es poeta. Escucharle declamar sus poesías es un auténtico placer y hoy, confío, tendrán oportunidad de verificarlo. Pero, por encima de todo, Ana Noguera es una amiga y una mujer consciente de su género, feminista y femenina, decidida a hacer justicia a las mujeres inmerecidamente olvidadas, como María Cambrils que ha inspirado este poemario.

Vivimos en una época favorable a las mujeres, como nunca antes, a pesar de las enormes diferencias que existen con los hombres en lo que hace a remuneraciones económicas (igual trabajo, igual sueldo) y a reconocimiento social. Nos lo hemos ganado a pulso, nadie nos ha regalado nada, y somos nosotras, en primer lugar, las que debemos trabajar para sacar del armario la legión de mujeres que merecen tener su lugar en la memoria de la Historia. Yo desconocía a María Cambrils, por ejemplo, no sabía nada de su paso por este mundo, ni de su trabajo, ni de sus artículos periodísticos, ni de su pensamiento y su lucha por dignificar la vida de las mujeres. Y ahora sé quién es, puedo sentirme orgullosa de la huella que dejó, y se lo debo a Ana Noguera que ha contribuido a que se le haga justicia. Y lo ha hecho a través de la poesía, el más hermoso homenaje que María Cambrils hubiera podido soñar.
Los novelistas admiramos a los poetas por su capacidad de síntesis. Un poema no deja de ser un relato, esto es, una historia que exige al lector un trabajo de interpretación. Es como un mensaje cifrado, misterioso. La poesía demanda intensidad al lenguaje, precisión. Las emociones se estrujan para que quepan en una palabra, en un verso que tenga la capacidad de estremecernos. Los novelistas podemos permitirnos el lujo de explayarnos en describir circunstancias, personajes y situaciones, pero los poetas no, porque la síntesis es la esencia del género.
 En María Cambrils. El despertar de la conciencia hay 39 poemas inspirados en esta mujer nacida en Valencia, en el barrio de El Cabañal en 1878 y muerta en Pego (Alicante), en diciembre de 1939, recién terminada la Guerra Civil. Una mujer autodidacta, de clase trabajadora, hija de obrero y madre analfabeta, que llegó a publicar, en 1925, un libro con el título Feminismo socialista, sobre los derechos de las mujeres, prologado por Clara Campoamor, y escribió decenas de artículos e impartió conferencias para cuestionar el papel de la Iglesia en la sociedad, explicar la vinculación entre socialismo y feminismo, defender el voto femenino, identificar los enemigos de la mujer, o manifestarse por cuestiones relativas a la enseñanza, el divorcio o las relaciones laborales en el sector agrícola. Una mujer que vivió sin miedo o que consiguió vencerlo, asumiendo riesgos en una época en que se pagaban muy caros, valiente, y que trabajó para abrir caminos que condujeran a una mayor igualdad.
Este poemario está escrito para que nuestra generación se entere de la huella que dejó María Cambrils en este mundo, y por una persona que se siente reflejada en ella, que la considera su compañera, a pesar de que sobre la obra y la vida de María Cambrils, Ana Noguera pose una mirada, llena de admiración, amor y gratitud, formada cien años más tarde. Encontramos en esa mirada indignación por el silencio con que la rodearon predecesor del olvido, tan solo por ser mujer, pues no ocurrió con otros compañeros masculinos de méritos similares. Encontramos también dolor, contextualización histórica, conciencia política y denuncia social. ¡No queremos piedad sino justicia! Con este verso comienza uno de los poemas más significativo del libro.
La poesía es un género que no admite la neutralidad ni la objetividad pues se alimenta de emociones y la medida de su éxito se encuentra en el grado en que estas son asimiladas y comprendidas por el lector. Si este las hace suyas, la partida está ganada. Y les aseguro que en este caso es un triunfo compartido de la homenajeada y de la autora, y les invito a comprobarlo por ustedes mismos decidiéndose a abordar su lectura y gozar con ella.
Yo no soy poeta, soy novelista, no entiendo de métrica ni de la técnica de la versificación, pero puedo decirles que la poesía de Ana Noguera suena bien al oído, tiene la armonía necesaria para que penetre en nuestra conciencia provocando curiosidad, reflexión y ansia por desvelar su misterio. Por eso, como una lectora más, prefiero hablarles del mensaje y el pensamiento que se esconde detrás de sus palabras.
El título del poemario merece algún comentario: María Cambrils. El despertar de la conciencia. Un despertar que va unido a su “ser socialista”. En 1924, ya en el partido, escribió en una carta a una amiga la siguiente reflexión: jamás hubiese oído hablar de Socialismo a ninguna de mis amigas, de mis conocidas, que hoy siguen lo mismo que ayer: sin darse cuenta de que son consideradas como bestias, sin ningún derecho, como objetos del mobiliario, como bártulos acopladas al menaje de las cocinas. Palabras fuertes, altas y claras, para despertar conciencias. Pequeños y oportunos textos como este de María Cambrils se intercalan entre los poemas de Ana y nos permiten detectar la energía de su personalidad y asomarnos a la lucidez de su mente.
El poemario sigue de alguna manera el curso de la biografía de María Cambrils resumida al final a la manera de un epílogo. Ana Noguera manifiesta sus intenciones en el primer poema titulado Sobre tiLa autora se centra en los sentimientos que provoca el silencio, el miedo, el olvido impuestos a la España vencida. Son unos poemas que rezuman dolor, en los que se dirige a la “veterana compañera”, porque sabe que en su recuerdo encontrará comprensión y firmeza. Me ha gustado especialmente el titulado Mujer tenías que ser.
El conjunto es un libro entrañable hecho para el placer de la mirada y, también, un artefacto eficaz para despertar las conciencias de los lectores porque la evidencia de las injusticias irritan, enardecen y, finalmente, el conocimiento que transmite justifica e impulsa la acción. Una obra que pide una lectura tranquila para digerir cada verso, descifrarlo e interpretarlo, deleitarse con su estética y desentrañar sus secretos.
Confío que mis palabras les haya inculcado, por lo menos, curiosidad para acercarse a la pareja María Cambrils-Ana Noguera que tanto tienen en común a pesar del siglo que las separa.

María García-Lliberós.



martes, 18 de febrero de 2020

"Ficciones", de Jorge Luis Borges


                                       

Alianza editorial, 1980 (8ª edición; 1ª edición en 1971).
206 páginas.

Mi experiencia con Jorge Luis Borges no la calificaría de rara, a pesar de que este libro cuando lo adquirí en 1980 se me hizo insoportable y abandoné su lectura (Editorial Lumen acaba de publicar una nueva edición muy cuidada). Borges se me atragantó, no lo entendí, lo consideré pedante y no me interesaron sus construcciones intelectuales de enorme complejidad que no demostraban nada. Ha sido ahora, cuarenta años más tarde, con ocasión del Club de Lectura de la librería Gaia que dirige Justo Serna, cuando lo he retomado, con otra mirada, y he podido terminarlo. Ello no me ha convertido en una forofa seguidora del escritor argentino, pero sí ha despertado en mí curiosidad, fascinación por una mente única y admiración sin reservas hacia su prosa de potencia hipnótica con la que consigue imponer sus extravagancias con autoridad incontestable.
Jorge Luis Borges
Ficciones está compuesto de dos libros: El jardín de senderos que se bifurcan y Artificios, cada uno compuesto por un breve prólogo y ocho y nueve relatos respectivamente. El primero fue escrito en 1941 y el segundo en 1944. Tiene la virtud de abarcar todos los temas que conforman el universo literario de Borges, sus obsesiones, sus motivos para escribir, su personalísima manera de contemplar y concebir el mundo, su afición por los secretos, las sociedades ocultas, los buscadores de un conocimiento perdido, el esoterismo, la cábala y la geometría, el simbolismo, el laberinto infinito, las bibliotecas interminables, el innombrable nombre de Dios, aparte de sus bromas al lector con los ejercicios de anacronismos deliberados y atribuciones erróneas. No falta, en el segundo libro, la presencia del mundo local, los gauchos y su sentido trágico de la vida, la tradición criolla, la violencia absurda y su afición a las peleas a cuchillo, a cielo abierto, que conducen a una muerte segura que, probablemente, el protagonista la hubiera soñado.
El primer relato titulado Tlon, Uqbar, Orbis Tertius supone una prueba para el lector de lo que le espera, está escrito en primera persona y comienza confesando que debe a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar, producto de una sociedad secreta que surgió para inventar un planeta: Tlon, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres. Al leerlo recientemente comprendí que en mi juventud desistiera de seguir a Borges. Sin embargo, ahora he persistido y he encontrado mi recompensa. El acercamiento de Almotasim o la insaciable búsqueda de un alma a través de los reflejos que esta ha dejado en otros, Las ruinas circulares, en el que expresa la existencia aparente o porque otro está soñándote, pueden resultar inverosímiles pero no por ello menos atractivos. Son artificios literarios que funcionan, aunque como expresa en algún momento el propio autor “no hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil” (página 57-58).
El lector se sentirá más cómodo con La forma de la espada, Tema del traidor y del héroe, muy interesante e inspirada en Shakespeare, El milagro secreto, El fin y El Sur, para Borges su mejor cuento, incluidas en el segundo libro que relatan historias que nos resultan más próximas, protagonizadas por personajes que se mueven en el mundo real, aunque no falten algunos elementos fantásticos.
De alguna manera me he reconciliado con este autor santificado por la crítica académica, y comienzo a vislumbrar su genialidad.
María García-Lliberós.



martes, 28 de enero de 2020

"Mi vida querida", de Alice Munro.

Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino. 
Alice Munro
Editorial Lumen, 2013.
336 páginas.


A Alice Munro se le ha llegado a llamar la Chèjov canadiense, nada menos, quizás por cultivar el cuento en medios rurales y diseñar algunos personajes que se dejan llevar por la pasividad. Opino que no es para tanto, y eso que en 2013 recibió el premio Nobel, justo antes de publicarse Mi vida querida, esta colección de catorce relatos cortos que paso a comentar.
Los sitúa en la provincia de Ontario, en la que nació la autora, que ocupa el centro de Canadá y cuya capital es Toronto, una zona de valles amplios, bosques y un clima de aire frío, seco y ártico cuando en invierno llega del norte, y están ambientados en los años de la Segunda Guerra Mundial y posteriores, de depresión económica, aunque alguno alcanza la década de los setenta. Alice Munro nació en Ontario en 1931, y vivió durante su infancia y juventud en una granja, sabe de lo que habla y esa experiencia es decisiva para contextualizar sus relatos sobre el mundo real canadiense. Estos cuentos no responden a una autobiografía aunque es evidente que aprovecha su experiencia para impulsar su creatividad literaria. Se detiene en la cotidianidad de personas humildes, entra en la intimidad de un hogar de apariencia apacible para descubrirnos un submundo insospechado en el interior de la familia o de la pareja, suele escoger mujeres como protagonistas o narra desde una perspectiva femenina, pero no la considero una escritora feminista como se la ha etiquetado en alguna ocasión. Alice Munro muestra pedazos de vida en un momento determinado. Se dirige al lector para decirle: así son las cosas, tanto si te gustan como si no, sin juzgarlas, sin mostrar cómo se ha llegado hasta ahí ni cómo continuará en un futuro. Por eso sus cuentos, algunos, resultan desconcertantes, e incluso irritantes, por la ausencia de planteamiento, nudo y desenlace y, al mismo tiempo consigue, con esa magia e ironía que despide su prosa, alcanzar nuestra sensibilidad.
Mi vida querida es lo primero que leo de esta autora que, sin duda, posee un universo propio y un estilo personal. Me ha gustado, aunque no me ha entusiasmado todavía. Se preocupa por las relaciones humanas en la distancia corta, aprovecha recuerdos personales, aquellos que nos marcan durante la infancia, se fija en detalles de la vida cotidiana y muestra la conducta de los personajes sin tapujos, en ocasiones de una frialdad que espanta, con problemas sexuales graves que determinan el carácter, que huyen de cualquier compromiso, que luchan solos contra prejuicios arraigados en los usos sociales, que son capaces de ayudarse pero no de comunicarse, que esconden la ternura, el deseo, la necesidad de amar incapaces de tomar la iniciativa, que pueden ser violentos. Las relaciones entre madre autoritaria y puritana e hija observadora que discrepa en silencio y se distancia cuando no acumula rencor, es otro de los temas recurrentes.
Amudsen, Orgullo, Tren, Dolly, Voces y Vida querida son los que más me han interesado y que mejor representan las características expuestas en los párrafos anteriores. Alguno es conmovedor y todos con finales sorprendentes.

María García-Lliberós.




lunes, 23 de diciembre de 2019

"La isla de Arturo", de Elsa Morante.


Ed. Lumen, 2017                                      
Elsa Morante
Traducción de Eugenio Guasta.
Prólogo de Juan Tallón
432 páginas.


Prócida, una isla de cuatro kilómetros cuadrados situada en el golfo de Nápoles que acoge en su parte más alta un hostil presidio, es el escenario de esta historia y un personaje más de la misma. El narrador y protagonista es Arturo, un adolescente asilvestrado que vive sin normas, en absoluta libertad de movimientos. Su madre murió al nacer él y su padre, Wilhelm Gerace, un tipo misterioso, egoísta y taciturno, se ausenta con frecuencia dejándolo al cuidado de un ayo, Silvestro que, con el tiempo será su único amigo. Su mundo, en el que no hay mujeres, se circunscribe a un caserón antiguo y solitario de dos plantas, la playa, los campos, los libros, su perra Inmacolatella y su fantasía.  Arturo nos habla en primera persona y lo hace desde el futuro en relación a lo que nos cuenta, unos sucesos que comenzaron en 1938 cuando él tenía catorce años y acabaron tres años más tarde, con la segunda Guerra Mundial en el horizonte inmediato, tiempo en el que tuvo lugar su transformación en adulto.
Novela de pocos personajes que Arturo nos irá presentando a través de sus recuerdos. El padre a quien tenía idealizado ocupa un espacio importante. Su autoridad era sagrada, lo que decía lo elevaba a categoría de ley, encarnaba la grandeza humana, lo amaba y admiraba a pesar del desdén al que lo sometía y, en cuanto abandonaba la isla, lo convertía en leyenda, protagonista de múltiples hazañas. Alimentó la ilusión de acompañar a su padre en sus viajes en cuanto fuera mayor. La primera parte de la novela gira en torno a la isla y a esa relación desigual entre padre e hijo en un mundo cerrado, extraño, ajeno a lo que sucede a su alrededor. Arturo desnuda su alma infantil, muestra sus sentimientos, su dependencia afectiva, la nostalgia de una madre, su arrogancia, y su soledad.
La aparición de Nunziatta, una joven de 16 años con la que Wilhem se ha casado en Nápoles, vendrá a revolucionar ese apacible interior. Su primer encuentro, lleno de recelo por parte de él y de ingenuidad provinciana por parte de ella, está lleno de encanto. Tiene lugar un diálogo conmovedor, con lenguaje casi infantil. Nunziatta procede de una familia pobre, es una persona ignorante, crédula, religiosa, de convicciones firmes, simple, que acepta resignada el rol de esposa y madrastra, consciente de que ha pasado a ser propiedad del marido. Su primitivismo la hace transparente. Sin proponérselo vendrá a cerrar un triángulo de sentimientos encontrados.
La isla de Arturo nos habla del nacimiento y evolución del amor, del que Arturo, en contra de su voluntad y casi odiándose por ello, sentirá por Nunziatta; del que fluye hacia su padre y los cambios en el mismo cuando consiga desenmascararlo; del de Nunziatta hacia Arturo, una lucha en la conciencia entre la tendencia natural y la represión religiosa, entre el deseo y el pecado; del de Nunziatta hacia su bebé, fuente de una felicidad espontánea y natural; y del de Wilhem, el padre, hacia un oscuro presidiario que le mantiene cautivo.
La novela tiene profundidad psicológica. Arturo, en su proceso de recuerdo, se sumerge en lo más profundo de su alma, y nos muestra su desconcierto ante los nuevos sentimientos a los que aún no sabe dar nombre, sus pasos de la rabia al deseo, del odio al amor, de la crueldad a la compasión, de la alegría al dolor y por encima de todos, los celos, inmensos, por verse desplazado en la escasa atención de su padre, y de la felicidad de Nunziatta producida por su hermanastro convertido en su centro vital.
Elsa Morante muestra una gran habilidad narrativa porque la novela contagia el ritmo lento de la vida en esa bella isla de pescadores y, sin embargo, la tensión literaria no decae en página alguna, es creciente y el lector, gracias al enorme talento de la autora para el intimismo, participa por completo en la guerra interna que enloquece a los protagonistas y los comprende, captura los movimientos de la conciencia con sus errores y arrepentimientos. Porque cada uno tiene sus secretos, sus motivos inconfesables que explican sus conductas. La prosa es rica y visual, mientras leemos vemos la isla de Prócida y sus gentes, imaginamos a los protagonistas con perfiles bien definidos, y hasta participamos del machismo de la sociedad napolitana que impregna también el comportamiento de las mujeres.
Una gran novela.

María García-Lliberós





martes, 17 de diciembre de 2019

"Adiós a Berlín", de Christopher Isherwood


Traducción de María Belmonte.                                  

Editorial Acantilado, 2019 (2ª edición; 1ª en 2014).
261 páginas.


Cuando empecé a leer este libro pensé que estaba ante una novela ligera, irónica y elegante, mundana, llena de observaciones chispeantes, algo cotilla, que me permitiría pasar un delicioso tiempo en su compañía y me dejaría poca huella. Conforme avanzaba me di cuenta de que esto último no era cierto. Adiós a Berlín tiene más miga de la que parece.
Es el resultado de la mirada de un inglés de buena familia, el mismo Isherwood, sobre la ciudad alemana entre 1930 y 1933, un período en el que se cocía la inminente irrupción del nazismo. Se instaló en Berlín con 26 años, sobrevivió dando clases de inglés, trabó amistades, algunas peligrosas, y fue testigo directo del inicio de las transformaciones sociológicas que tuvieron lugar.
Christopher Isherwood
Algunos consideran Adiós a Berlín como un libro de cuentos, pues se estructura mediante seis relatos que poseen cierta autonomía, pero yo lo veo como una narración continua, mezcla de ficción y realidad, al tener en cuenta los elementos comunes entre ellos y el propósito que contiene como conjunto que no es otro que colocar a la sociedad berlinesa bajo la lupa de una cámara y mostrárnosla. El libro se publicó por primera vez en inglés en 1939 y tuvo bastante impacto pues trataba temas, como la homosexualidad, velados hasta entonces en una sociedad victoriana convencional y pacata.
En el texto tienen una importancia fundamental los personajes y los escenarios. La pensión de Frau Schroeder acoge una población variopinta. La misma Frau Schroeder se divierte, junto con otra inquilina, colocando la oreja en el suelo para escuchar como el vecino de abajo muele a palizas a su mujer judía. La animadversión a los judíos se encuentra en el ambiente, y el autor muestra suficientes síntomas de ello, lo que explica la conducta pasiva de la población cuando estallaron los primeros brotes de brutalidad en los espacios públicos. Isherwood, que se inserta en el relato como un personaje más y es el relator, recrea la atmósfera cada vez más violenta de Berlín, cuenta cómo la maldad se extiende como una enfermedad que infecta el mundo actual, y cómo berlineses de bien, obligados a seguir viviendo allí, se iban aclimatando y aceptando las barbaridades que trajeron los nazis. Estos necesitaron solo 12 años para eliminar la atmósfera de libertad y de vanguardia cultural que poseía mientras fue capital de la república de Weimar.
Un personaje destacado es el de Sally Bowles, quizás porque fue interpretada por una inolvidable Liza Minelli en la película “Cabaret”. Se trata de una mujer despreocupada, que juzga a los hombres por sus habilidades amatorias, sus capacidades para los negocios y por sus riquezas. Una cabeza loca que aspira a tener un amante rico. Me parecen más interesantes los Landauer, familia judía propietaria de unos grandes almacenes, conscientes de la guerra iniciada contra ellos y del final que les aguardaba. Son interesantes las confidencias que el relator mantiene con Bernhard, gerente de los negocios, en torno a la reacción de los judíos frente a los desmanes nazis.
Asimismo, me ha gustado el capítulo dedicado a los Novak, una familia pobre alemana con la que vive un tiempo y que me ha recordado los relatos (cinematográficos) de denuncia social de Ken Loach, trasladados a la Alemania nazi, protagonizados por personas desoladas, hambrientas de amor y sexo, que malviven en un ambiente de desesperanza e ira.
En definitiva, una novela que transcurre con enorme facilidad gracias a esa prosa limpia propia del estilo anglosajón, tan grata al lector, pero que plantea temas profundos y responde, en parte, a esa pregunta que nos hacemos cuando nos acercamos a la Historia de Alemania del siglo XX: ¿cómo pudieron llegar a ocurrir aquellas atrocidades en una sociedad culta y avanzada?

María García-Lliberós


miércoles, 27 de noviembre de 2019

"La hierba azul de Calíope", de Emi Zanón.

Texto de la presentación de la novela en la Asociación Cultural MUJERES EN MARCHA, de Alfafar (Valencia), el martes 26 de noviembre de 2019.

Emi Zanón es valenciana, nacida en Buñol, donde sigue viviendo. La conozco desde hace años, somos amigas además de colegas en esto de escribir, tiene un carácter alegre, es afectiva y expresiva, y lo que más admiro de ella es su tremenda fortaleza. Emi es fuerte, lo digo con conocimiento de causa, y esa fuerza que emana desde su interior le permite afrontar con temple cualquier adversidad que le depare la vida, posee esa ventaja sobre la mayoría de los seres humanos. Esa fortaleza no es un don o un regalo de la naturaleza sino fruto de la reflexión que le condujo a establecer un compromiso con ella misma y con “la nueva Humanidad emergente” (según sus palabras), basada en el amor y el respecto a todo lo que nos rodea. De aquí deducimos que, tal como está el mundo es, además, optimista. Esta filosofía impregna su modo de vivir, de ser madre, amiga o escritora, sus actividades cotidianas y domésticas y también las creativas.

Ha publicado las novelas: Su último viaje (Araña Editorial 2009), con la que quedó finalista del Premio Fernando Lara.
Yámana, Tierra del Fuego, (Editorial Sargantana, 2016).
Emi Zanón también ha cultivado la narrativa breve y el teatro, y colabora con diversos medios de comunicación. Es asimismo una persona activa en las redes sociales (autora del blog: emizanonsimon.blogspot.com).
Ha participado en numerosas mesas redondas, charlas, presentaciones de libros, porque ejerce como una auténtica animadora cultural en Buñol, su pueblo, en Valencia y donde se tercie.
Emi Zanón, a través de su obra se consagra a la trascendentalidad como valor superior y fundamental del ser humano, necesario para hallar el auténtico sentido a nuestra existencia. Veamos cómo lo hace en su última novela que presentamos hoy.

Lleva por título La hierba azul de Calíope (NPQ editores, 2018). Y lo primero que pensé al leer el título fue en quién fue Calíope, porque era obvio que el título incluía una intención.
Busqué en wikipedia y me enteré de que en la mitología griega, Calíope (la de la bella voz) es la musa de la poesía épica y la elocuencia. Se la representa con las características de una muchacha de aire majestuoso, llevando una corona dorada, emblema que indica su supremacía sobre las demás musas.
Emi dedica la novela a su hija y la define como una novela juvenil. Efectivamente, está protagonizada por jóvenes de 16 años, una edad conflictiva por lo que tiene de transición, ubicada en la época actual presidida por el consumo y el dinero. En el primer capítulo nos presenta a Olivia, personaje principal, una muchacha preciosa que quiere ser modelo para alcanzar la fama, el éxito y ganar dinero. Toni, el fotógrafo para el que trabaja le advierte que el éxito en la vida es vivir en armonía con uno mismo y su entorno, lo que ella califica de filosofía barata. La novela no oculta cierto afán educador.
Otro personaje es Cristina, la amiga de Olivia, celosa y capaz de hacer mal, la que ha conseguido que sus padres le regalen unas buenas tetas. Con estos trazos, el lector se hace enseguida una idea del talante de las dos amigas, representativas de su generación que lleva un estilo de vida de adolescentes un tanto deshumanizado.
Se muestra en el libro, por ejemplo, cómo se liga hoy en día y, la verdad, me ha sorprendido el lenguaje directo, la rapidez con que se llega al morreo y al magreo, casi sin sentimientos, lo diferente que es del amor romántico, y lo mayor que me he sentido leyendo ciertos párrafos, así como alejada de los sentimientos y de la estética de esta juventud. Así, en la página 34 dice: “los tíos pueden tener sexo con ellas, pero ellas pasan de ellos, de comprometerse”, o en la 35 “ahora primero se enrollan (tienen relaciones sexuales) y luego deciden salir juntos o no”, es decir, ese enrollarse se hace casi sin un conocimiento previo, sin un mínimo proceso de seducción. Pertenezco a otra época, pero esta forma de aproximación me parece pobre, fea e incluso humillante. Aprovecho para apuntar algo que me preocupa mucho. Leí en algún periódico hace unos meses que un porcentaje elevadísimo de adolescentes se iniciaban en la vida sexual a través de la pornografía (a su alcance a través de internet). La pornografía mata el amor y humilla a la mujer, la convierte en mero objeto de placer y posesión. Está basada en la fuerza y el dominio de uno sobre otra. Si queremos una sociedad más justa formada por hombres y mujeres más felices, no podemos permitir que se convierta en el modelo afectivo sexual de los menores. Desconozco cómo impedirlo pero pienso que tiene mucho que ver con el desarrollo de conductas violentas, con la proliferación de manadas, con la difusión por redes sociales de videos comprometedores por parte de machitos descerebrados. Olivia y Cristina parecen haber aceptado el rol que de ellas se espera derivado de estos modelos.
Dentro de esta moral laxa que rige las conductas de las protagonistas no sorprende que Olivia robe de la taquilla de una compañera un cuaderno que cree que es un diario pero que en realidad es un texto que lleva por título La hierba azul de Calíope, cuya lectura, por inesperada, le atrapará desde el principio y le ayudará a buscar la autenticidad en el amor y en la sexualidad, a espiritualizar experiencias, a contribuir para crear un mundo mejor. Así que nos encontramos con una estructura tipo muñecas rusas, esto es, la de un relato dentro de otro.
Toda novela cuenta de alguna manera un proceso de transformación y esta, de Emi Zanón, también sigue este principio. El lector asistirá al proceso de transformación de Olivia en una joven que decide despojarse de lo falso que ocultaba su personalidad y no reprimir los sentimientos. Ahuyenta el miedo al compromiso. Cambia la vida y la hace más bella.
La lectura es un ejercicio solitario y un instrumento fundamental para la educación, y Emi lo sabe. Abre la mente del lector a otros mundos, te permite viajar con la imaginación, desarrolla la fantasía y, lo más importante, vives otras vidas, la de esos personajes que te acompañan mientras pasas las páginas de un libro, te obliga a meterte bajo su piel, a comprender los motivos de sus conductas, incluso aunque no los compartas, a distinguir entre el bien y el mal, a identificar sentimientos, a conocer el ser humano porque nos reconocemos en esos personajes o reconocemos a otros. La hierba azul de Calíope, como novela juvenil va dirigido a ese sector de la población que atraviesa las turbulencias de la adolescencia y le aporta un sutil mensaje o una sugerencia: el mundo que les rodea puede ser mejor si tú quieres que sea mejor. Una enseñanza que, por supuesto, también es válida a los adultos que, sin duda, leerán esta novela con gusto.
En las novelas y los relatos de ficción hay valores éticos que el lector reconocerá al introducirse en el desarrollo de la trama que contendrá conflictos familiares, laborales, amorosos, tal como es la vida misma y que en La hierba azul de Calíope están presentes. Mediante la lectura se adquieren experiencias de vida en cabezas ajenas (la de los protagonistas de las historias), lo que nos hace más sabios y colabora a ejercer el desarrollo del derecho de todo ser humano a buscar su verdad.
La hierba azul de Calíope, de Emi Zanón, contiene los principios esenciales de la filosofía de su autora, esos que le otorgan la fortaleza de la que hablé al principio, y que pueden concretarse en los términos de transcendencia y amor por la vida. Es un relato que contiene una lección de vida y marca el camino de cómo hacer frente en esta sociedad capitalista al caos, la impostura y el consumismo. Por todo esto merece leerse.
María García-Lliberós

Con un grupo de mujeres de la Asociación Cultural.
 
M. García-Lliberós, E. Zanón, Q. Olmos (editor) y Concha Prieto (de pie).

Mapa de visitantes


Visitor Map