lunes, 23 de agosto de 2021
"Effi Briest", de Theodor Fontane
viernes, 2 de julio de 2021
"Viaje a la Grecia clásica" (Del monte Athos a Termópilas), de Antonio Penadés
Editorial Almuzara, 2020
Prólogo de Pedro Olalla
374 páginas.
Premio de Ensayo de la Crítica Valenciana.
Después de leer este libro he sentido una enormes ganas de volver a Grecia y hacer el recorrido que su lectura me ha permitido recrear en la mente. Lo que dice algo muy positivo de este ensayo tan instructivo como ameno. Se trata de un texto mixto, porque mezcla géneros. No solo es una crónica de un viaje perfecto, con descripciones atinadas de paisaje y paisanaje, y reflejo de las actividades y reflexiones del viajero, es un ensayo histórico pues el autor hace precisamente ese recorrido de 2.500 KM por la Grecia septentrional emulando la ruta del rey persa Jerjes en su intento de conquistar Grecia, años 480-479 a.C. El trayecto comienza en la frontera greco-turca junto al río Evros, sigue por la región de Tracia, la isla de Tasos, el monte Athos y Calcídica, la ciudad de Tesalónica, la Alta Macedonia, el Monte Olimpo y Tesalia, hasta terminar en el desfiladero de las Termópilas donde se fraguó la victoria de los griegos sobre los persas, de importancia esencial para el desarrollo de la cultura occidental.
Antecedente de este hermoso libro es otro del mismo autor, Tras las huellas de Herodoto (Almuzara, 2015) que, por supuesto, me he propuesto leer, que transcurrió por suelo turco, entre Caria hasta la frontera greco-turca e imagino una lectura tan deliciosa y enriquecedora como esta.
Colocarse con la mirada de un contemporáneo en los lugares en los que hace más de dos mil años tuvieron lugar hechos determinantes para definir el curso del desarrollo del género humano, y hacerlo con un conocimiento profundo de los mismos, debe producir una emoción que sin duda anula las penalidades que exige llegar hasta allí. Antonio Penadés, con un lenguaje claro, accesible, ágil, ha tenido la deferencia de contárnoslo y permitirnos de ese modo acompañarle, tanto en la aventura física del viaje, extasiándonos ante la belleza mediterránea, como en la aventura mental, pues sus reflexiones, en ocasiones filosóficas, emanadas de la presencia en el lugar preciso, no tienen desperdicio y sus conexiones con el mundo de la Grecia clásica y el comportamiento humano nos ayudan a comprender la sociedad actual.
Me ha gustado especialmente el capítulo dedicado al monte Athos, a pesar de la rabia que me produce que su acceso continúe vetado a las mujeres, donde se ubican más de ochenta monasterios habitados por monjes que mantienen el mismo estilo de vida que en la antigüedad, así como las diferencias entre la religión ortodoxa y la católica, y muchos otros detalles de singular interés para las mentes curiosas.
En fin, una lectura muy recomendable que ha conseguido, merecidamente, el Premio de Ensayo 2020 de la Crítica Literaria Valenciana.
domingo, 30 de mayo de 2021
"Las hojas caídas", de Wilkie Collins
Editorial Navona, 2019
Traducción y posfacio de Miguel Martínez-Lage
555 páginas.
Vaya por delante mi fervor por Wilkie Collins. Me gusta tanto que me impide ser objetiva. "La hojas caídas", esto es, las personas que no han tenido ninguna suerte en la lotería de la vida, las que se han esforzado mucho por conquistar la felicidad y que no han cosechado más que disgustos y pesares; los que no tienen amigos, los solitarios, los heridos, los perdidos,... como se definen en alguna página del libro, es el título metafórico de otro novelón del gran autor decimonónico, amigo y compinche literario de Charles Dickens. No es una de sus obras maestras (estoy pensando en La dama de blanco, La piedra lunar, Armandale, ·Sin nombre) pero lleva sin duda su sello como autor y, desde luego, atrapa y, a pesar de su extensión, cuando llegas al final, lamentas que se haya acabado. martes, 25 de mayo de 2021
Lírios rojos, lírios negros, de Soledad Bletrán
Ed. La Pajarita Roja. Castellón, 2020. 
311páginas.
sábado, 15 de mayo de 2021
"Etty Hillesum y la transformación. La huella de R. M. Rilke"
V. Javier Llop.
Narcea, S.A. de ediciones, 2021.
140 páginas.
La Wikipedia comienza hablando de Etty
de esta forma:
Ester
"Etty" Hillesum (Middelburg, enero, 1914 - Auschwitz, noviembre, 1943) fue una joven judía neerlandesa que mantuvo un diario durante la Segunda Guerra
Mundial.
Etty
escribió un diario entre los años 1941 y 1943, que
testimonia su propio fin en un campo de
concentración de Auschwitz. Se parece al diario
de Ana Frank, pero escrito por una mujer de 27 años.
El
libro tuvo gran resonancia en Países
Bajos y
es considerado un documento de gran valor. Ha sido traducido a varios idiomas.
Etty Hillesum fue una joven
inteligente, moderna, desinhibida y una original pensadora que inició la
escritura de sus Diarios para
conocerse mejor a sí misma, siguiendo los criterios y el método de R. M. Rilke,
su poeta preferido y porque desea ser testigo de su tiempo. Por eso, el autor
de este ensayo ha comenzado explicando, o interpretando, los principales textos
del poeta –El libro de las horas, Notas
sobre la melodía de las cosas, Cartas a un joven poeta- para
familiarizarnos con su pensamiento radical, complejo, y su lenguaje, que Etty
acabará por hacer suyos y llevar a la práctica.
Para Rilke, vida y muerte son un todo
indisoluble y nos anima a asumir con tal intensidad la vida que nada de ella,
ni sus peores horrores, se conviertan en objeto de rechazo. Conseguirlo no es
fácil y requiere ejercitar el silencio activo para poder escuchar la melodía
que nace del fondo de uno mismo y experimentar una transformación que conducirá
hacia una verdad interior que nos hará, a la vez, más solitarios y más
comunitarios, y tendrá el significado de una religión. La transformación de la
que nos habla Rilke permite invertir el sufrimiento en una energía que nos hace
fuertes como personas y nos permite crecer. Y esto es lo que intentará con
éxito Etty, y lo que sus Diarios nos relatan, su peripecia interior, una
autobiografía espiritual, y aconfesional, inaudita si consideramos la atmósfera
de violencia y maldad extremas en la que se movía: primero en el campo de
Westerwork, de tránsito hacia otros de exterminio donde, “entre sus barracones,
llenos de seres vivos asustados y perseguidos, encuentra la confirmación de su
amor por la vida” y, luego, en el de Auschwitz, en el que murió a los 27 años.
Experimentó el bien absoluto en medio del mal absoluto. Supo encontrar belleza
en cualquier pequeño elemento natural y nunca dudó de que la vida era bella y
justa, lo cual, en el contexto histórico que le tocó vivir, resulta asombroso y
admirable.
A su pensamiento le ayuda un gran
sentido práctico: convencida de que la situación de los judíos es inevitable y
que en los campos las posibilidades de resistencia efectiva son nulas, solo
cabe la transformación de sí mismo y la entrega y evitar, así, resentimientos,
odios y egoísmos para sobrevivir que únicamente supondrían dilapidación de
energía y debilitamiento personal. Pero se sabe sola en esta tarea. En su
proceso de transformación se irá despojando de afanes superfluos, creará su
propio Dios, que identifica con la voz interior que la corrige y critica, un
Dios al que habla -es su manera de orar- y le consuela en el terror, a pesar de
que nada espera de la omnipotencia divina ante el horror del Holocausto, cuya
responsabilidad atribuye íntegra de los humanos. Su espiritualidad, próxima al
misticismo, es ajena a la religión cristiana, judaica o budista, nace del fondo
de sí misma, del proceso de interiorización y aceptación de la vida sin alusión
a la fe o el más allá. Le conduce al olvido del yo, al ascetismo y al amor a
los demás, incluso a los alemanes nazis. No percibe inmolación como forma de
ganar el cielo, solo intento de poner orden en su caos interior, desbloquear su
mente, reorganizar sus energías, estar disponible para el Dios creado por ella
sin intermediarios, sin iglesias, sin pecado, sin redención, vía crucis o fe
alguna.
La lectura de Etty Hillesum y la transformación no es fácil, al menos no lo ha
sido para mí, desacostumbrada a adentrarme en ensayos filosóficos. Demanda una
atmósfera de quietud, bastante concentración y hacerlo despacio, incluso
tomando notas, reflexionando y cuestionando de continuo la coherencia del
discurso que nos expone. Sin embargo, una vez terminada, he sentido una emoción
gratificante intensa, me ha descubierto otra forma de mirar la vida, la del
poeta Rilke y la pensadora Etty Hillesum, positiva y lejos de optimismos
inconscientes, confortable, en definitiva, en la etapa vital en la que me
encuentro. Es el principal motivo por el que se la recomiendo.
María García-Lliberós.
Esta reseña fue publicada en POSDATA, el suplemento cultural de LEVANTE-EMV, el sábado 15 de mayo de 2021.
sábado, 28 de noviembre de 2020
"Las cinco estaciones de Vivaldi", de Emi Zanón. Editorial Sargantana, 2020. 260 páginas.
Las cinco estaciones de Vivaldi es, pues, una novela de ambientación
histórica con personajes reales –el compositor y violinista Antonio Vivaldi, la
cantante Anna Giraud y su hermana Paulina, el músico Arcángelo Corelli,
conocido como el príncipe de los músicos, el caricaturista Pier Leone Ghezzi, el
arquitecto Giorgio Massari- y otros, los principales protagonistas –la familia
de Carlo Salvadore Ghezzi y su hija Anna Isabella-, de ficción. Y ahí se
encuentra la gracia de este relato: la ingeniosa manera de aprovechar parte de la
biografía de Vivaldi, el prette rosso,
como le apodaban, por su condición sacerdotal y el color de su pelo, durante la
época en que estuvo contratado por el Ospedale
de la Pietà, para desarrollar una intensa historia de amor y perdón.
El Ospedale de la Pietà
era un convento, hospicio, orfanato y escuela de música en Venecia, activo en los siglos XVII y XVIII, y Vivaldi trabajó allí como
profesor de violín y canto de 1703 a 1715 y de 1723 a 1740. Se trataba
del orfanato de Venecia con mayor prestigio, precisamente, por la calidad del
coro y la excelencia de algunas de las huérfanas como solistas de canto o instrumentistas. Vivaldi
compuso decenas de obras para que fueran interpretadas por sus pupilas que
alcanzaron un reconocimiento que transcendía los límites de la república de
Venecia. Sus conciertos se hicieron famosos y se convirtieron en eventos
sociales de primera magnitud que atraían a la sociedad más selecta, y la música
suponía un estímulo para las huérfanas y un trampolín social para ellas en
muchos casos.
Nos
lo cuenta una voz omnisciente en tercera persona, una voz extremadamente culta
que inicia su relato en julio de 1715 cuando una niña sin nombre, de tres años,
es entregada en el Ospedale de la Pietà.
Entonces,
Venecia era el centro turístico y
cultural de Europa, y no podía haber escogido la autora mejor escenario para
desarrollar la trama, porque uno de los mayores méritos de esta novela es la
forma como consigue que el lector se sumerja en la atmósfera cosmopolita,
brillante, imaginativa, fastuosa de la vida cultural veneciana, predispuesta a
celebrar la llegada de cada estación, con cantidad de apuntes interesantes
sobre las costumbres de sus ciudadanos. No en balde Vivaldi nos legó los cuatro
conciertos conocidos como Las cuatro
estaciones, escritos para violín, orquesta y declamador, y sus respectivos
sonetos, que recitaba antes de la ejecución musical, y que contenían las
emociones que la primavera, el verano, el otoño y el invierno le despertaban y
que él trataba de comunicar a través de la música. Me ha resultado muy hermosa
la interpretación que Emi Zanón hace de los mismos, pues incluye los sonetos en
la novela (en italiano y su traducción al castellano), hasta el punto que no he
podido resistirme a volver a escuchar el maravilloso concierto de Las cuatro estaciones con este nuevo
conocimiento que me lo ha hecho más conmovedor. Una novela, por tanto, que
despierta emociones en el lector.
Las
novelas de Emi Zanón, Su último viaje,
mencionada al principio, Yámana, Tierra
del Fuego, La hierba azul de Calíope,
y esta misma contienen, a pesar de la diversidad de su temática, un elemento
común: la filosofía de la autora, cuatro principios de convivencia que, sin
duda, si fueran practicados con mayor entusiasmo, la vida sería más dichosa y
que, en esta ocasión pone en boca de sor Consolata, una monja que poseía
conocimientos sobre las propiedades mágicas de las hierbas, que sufría, o
gozaba, de alucinaciones y que conservaba la sabiduría acumulada por sus
antepasados, el personaje más rico y misterioso de esta novela. Destaco
también otros femeninos, Anna Isabella Ghezzi y su madre, así como la cantante
Anna Giraud, mujeres innovadoras en su tiempo que quieren ser libres y tomar
decisiones por sí mismas, aún a riesgo de equivocarse y ser penalizadas por
ello.
Al
principio he definido esta novela como romántica, porque lo es. La heroína
principal Anna Isabella sufrirá de mal de amores y en la trama hay pasión,
traición, enredos familiares, secretos inconfesables y los tópicos propios de
la novela romántica que azuzan la curiosidad del lector, incluso lindando lo
folletinesco. Sin embargo, la corrección de la prosa de Emi Zanón, en ocasiones
muy bella, la bondad del discurso intelectual que transmite, así como los
conocimientos históricos, musicales y la perfecta contextualización espacio
temporal, hacen de Las cinco estaciones
de Vivaldi, una novela muy recomendable.
María
García-Lliberós.
Esta reseña ha aparecido publicada en POSDATA, el suplemento cultural de LEVANTE-EMV, el sábado 28 de noviembre de 2020.
miércoles, 11 de noviembre de 2020
"Hermanos de sangre", de Juan Vergara
Editorial Sargantana, 2020.
150 páginas.
Hermanos de sangre es la segunda novela de Juan Vergara que leo y me ha sorprendido porque supone un cambio de registro absoluto sobre la anterior. Meridiano maldito (2011) trataba sobre la expedición que hicieron seis académicos franceses, acompañados por dos marinos españoles –Jorge Juan y Antonio de Ulloa- a Perú, entre 1734 y 1744, para medir un grado del meridiano terrestre y confirmar que la Tierra no era una esfera perfecta, sino achatada por los polos. Se trata de una novela de aventuras, viajes, científica, política, histórica y social, porque Vergara con un lenguaje cuidado, abre el relato a una infinidad de aspectos.
Hermanos
de sangre se aparta de esta senda, lo que indica que Juan Vergara va
definiendo su imaginario literario, amplio y variable, sin agarrarse todavía a
obsesiones fijas. La trama se desarrolla en la actualidad, en las primeras
décadas del siglo XXI, toma como escenario la Valencia
del ensanche, un barrio
de clase media, predomina la ficción, adopta como objeto literario
el interior de dos familias bien distintas si atendemos a su nivel económico y
otras cuestiones derivadas del mismo, y está protagonizada por tres jóvenes,
uno de los cuales asume la voz narradora.
Hermanos de sangre puede emparentar con el género negro, por eso de que un asesinato forme parte del núcleo central del relato, pero me ha parecido más una novela con interés en el diseño de los personajes dotándoles de la suficiente profundidad psicológica que justifique sus conductas. No sigue el curso de una investigación policíaca, aunque haya alguna referencia, pues el narrador, Marc, que escribe desde la cárcel, se presenta como el autor confeso del asesinato apresurándose a desvelar el misterio sobre la identidad del asesino. Hay en la novela cierta denuncia social, pues asuntos como el maltrato, la tiranía familiar y sus consecuencias, la codicia económica y el consumismo, aparecen como causas impulsoras de acciones delictivas, aunque estas se ejecuten con un afán justiciero o impulsadas por sentimientos amorosos. Motivos que dulcifican la cara del asesino.
La novela, de 150 páginas, se desarrolla en 16 capítulos. Es corta, y se hace corta, lo cual es bueno, y es de lectura ágil porque avanza a buen ritmo. El primer capítulo adopta la forma de apertura clásica de presentación del narrador y su situación: un joven de veinte años, condenado a quince de reclusión mayor por asesinato con alevosía. Ha matado al padre de sus amigos Raúl y Patricia. Ha abandonado los estudios y arruinado su vida, sin obtener nada a cambio, y no está arrepentido. ¿Cómo es eso?, se pregunta enseguida el lector, atrapado ya en la intriga.
Pero las cosas no son tan
sencillas como sugieren las apariencias. Y tras los hechos desnudos, descritos
así, por las consecuencias, se encuentra una madeja de relaciones que
impulsan sus conductas. Las familias de ellos habitan en el mismo edificio pero
mientras la de Marc ocupa, alquilados, la que fue estrecha vivienda de los
porteros en el último piso, la de Raúl y Patricia vive en el
amplio piso principal, en calidad de propietarios, con las connotaciones
propias de las diferentes clases sociales. Unos viven de un pequeño comercio de
mercería de barrio y los otros son hijos de un empresario hecho a sí mismo y
orgulloso de ello, constructor, especulador y sabedor de los
secretos que conducen a un pelotazo urbanístico y a engrosar la burbuja
inmobiliaria. Van a un colegio privado, Marc a un instituto público, veranean
en un chalet en Dénia mientras Marc los espera en una tórrida Valencia. Vidas
próximas y diferentes, a pesar de compartir la misma escalera y los elementos
comunes. Y les afectará de forma distinta la terrible crisis económica y
financiera de 2008.
Comento esto por el interés
que despierta la descripción, sin grandes honduras, las necesarias para una
novela, de la situación socioeconómica
de España en la primera década del siglo XXI, el aumento del desempleo, con
especial crueldad entre los jóvenes, el auge de los comedores sociales, el
incremento de la pobreza y las desigualdades. Saber contextualizar un
relato en sus dimensiones espacio-tiempo es lo que le aporta realismo y lo hace
creíble.
Otro aspecto primordial lo
constituye el diseño de los personajes. Y en este caso tiene una importancia
enorme, hasta el punto de que la credibilidad de la novela descansa en ello, en
que el lector acepte el motivo por el cual Marc se embarca, nada menos que en
un asesinato, para “hacerles un favor” a sus amigos, asumiendo el
destrozo en su propia vida, cuando no es un sicario. El difunto responde a un estereotipo del padre y esposo maltratador: un hombre con
capacidad para herir, desconfiado, cínico y violento, que controla los movimientos de la familia, veta amistades, y hasta la forma de vestirse, provoca miedo y es un elemento de conflicto que impide la paz intra
familiar. La madre, una mujer guapa chapada a la antigua, no se
plantea ni el divorcio, ni la denuncia del marido ante la justicia. Pensarlo le
produce pánico.
Raúl sufre las afrentas del padre, al que teme y del que ha sido
objeto de su ira en más de una ocasión, está necesitado de afecto y la amistad
con Marc surgirá como algo necesario, sedante y enriquecedora. E incluso como
una rebeldía ante el padre que tilda a Marc de don nadie. Una amistad que, por
su parte, se aproxima al enamoramiento. Patricia, fría y calculadora, tiene mente de estratega. Se sabe atractiva y le resulta fácil
manejar a Marc, consciente del deseo sexual
que le despierta. Pero el final, agridulce, nos deparará una sorpresa que
obligará al lector a redefinir al personaje de Patricia.
Una novela, por tanto, que,
en el marco de un crimen horripilante, navega por el interior de los
personajes, que nos habla de sentimientos encontrados, anhelos, pasiones, en el
contexto de una sociedad en derribo, que enfrenta problemas de gran actualidad
mediática que tienen que ver con el dominio de unas personas sobre otras y las
formas que las víctimas potenciales practican para intentar evadirlo, cuando,
sobre todo, falta el coraje para dejarse ayudar por la Justicia. Una novela que
consigue mucho más que entretener, obliga al lector a comprender las tragedias
que, hoy en día, tienen lugar en la intimidad de los hogares.
Léanla.
María García-Lliberós
miércoles, 29 de julio de 2020
Comentario de Rafa Marí sobre "la función perdida", novela de María García-Lliberós
Siempre nos quedará la lectura
GRANDES ALMACENES
La pandemia y las altas temperaturas serán agobios menos angustiosos si tenemos entre las manos libros y prensa
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| Rafa Marí |
sábado, 16 de mayo de 2020
"La virgen de los huesos", de Guillermo Galván.
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| Guillermo Galván |
martes, 28 de abril de 2020
"La segunda expedición", de Alan Pitronello














