domingo, 13 de febrero de 2011

Comentarios sobre "Lucía o la fragilidad de las fuertes"

CARMEN AMORAGA dijo:



Es ésta una novela que contiene todas las novelas de María García-Lliberós. Habla sobre la amistad, el amor, las relaciones que mantenemos con otras personas y con nosotros mismos. Lucía, a lo largo de la novela, reflexiona sobre sí misma, sobre cómo ha vivido y sobrevivido durante los últimos veinte años, cuando luchar contra el mundo era una forma de estar en él.
Una novela que habla de la inevitable evolución de los seres humanos, y de cómo no siempre nos convierte en personas mejores de las que fuimos. Habla de los contrarios: de la lealtad y de la deslealtad, del amor y del desamor; de la honestidad y de la deshonra, de la fragilidad y de la fuerza; y de cómo, aunque todo cambie, hay cosas que siempre permanecen en el mismo lugar en el que las dejamos, para lo bueno y para lo malo. (...) Una gran novela.
(En Ámbito Cultural de Valencia, el 10.02.2011)


Crítica de Rafael Rivera en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE, 18.02.2011

Lo que hace María García-Lliberós es escribir sobre las cosas que pasan mientras vivimos (...) la autora tiene una habilidad especial para hilvanar las historias y atrapar al lector que, sin darse cuenta, se deja llevar en un mundo inventado, imaginado que camina solo. (...) Y el título de la novela nos da alguna pista para descubrir lo que hay detrás. No es que ucía sea frágil y fuerte, que no son antónimos, no crean, es que Lucía es una mujer viva y tiene amistades contradictorias que son una pócima contra la debilidad....
Leer más en:
http://medias.levante-emv.com/documentos/2011-02-25_DOC_2011-02-18_00_17_02_posdata.pdf








Ana Noguera ha dicho:



Esta novela, “Lucía o la fragilidad de las fuertes”, es un texto delicioso, narrado con maestría, delicadeza y mucha sabiduría; cuenta una historia que podría ser real, llena de sentimientos y que atrapa desde las primeras páginas. Lucía, Paloma y Lola son tres amigas de la infancia que han vivido el amor, la amistad y la libertad cada una a su manera. Pero las tres han estado marcadas por acontecimientos sociales tan importantes como la generación del feminismo, la lucha contra la dictadura, el triunfo de la izquierda, y el posterior desencanto y escepticismo.






Una novela con una narración brillante y unos diálogos cuidados hasta la mínima expresión, resultando excepcionales.

Publicado en la revista SISTEMA DIGITAL, semana del 28 de febrero al 2 de marzo


Guillermo Galván (escritor y periodista) ha dicho:

La última novela de María García-lliberós es una novela consistente y sin fisuras, que se mueve de forma lineal con referencias al recuerdo en los momentos precisos. Lo que los escritores llamamos una novela redonda, e interpretable desde múltiples puntos de vista. He leído casi todas las novelas editadas de María García-Lliberós y, en mi opinión, ésta es la más esencial, la más pura y directa. exquisita en su estilo y justa en su medida, en esas doscientas siete páginas que la conforman.
Esta novela es, también, una histortia de crecimiento personal, un camino de comprensión de las relaciones humanas en la que, a pesar de las dificultades, las aristas y traiciones pueden juzgarse con benevolencia, con una distancia emocional que sólo son capaces de asumir esas mujeres catalogadas en la categoría de "las frágiles fuertes". Es una novela de heroismo y de heroínas cotidianas.

Librería Casa del Libro, Madrid, 01.03.2011


Inma Castellote (escritora) dijo:

Me enganchó en el primer párrafo, cuando después de una pequeña reflexión de cuatro renglones sobre lo difícil, yo diría imposible, que es controlar el curso de la vida, la narradora nos confiesa: "Me puse como ejemplo y decidí contarme mi historia, ponerla por escrito, ordenarla, con la pretención de tomar las riendas del destino. El hecho me consoló en un principio y, conforme avanzaba, me enseñó a quererme. Así que el esfuerzo lo di por bien empleado". Después de leer esto, es imposible abandonar el libro, porque necesitas saber y además, porque la narradora nos hace de tal forma partícipes, que en el segundo párrafo ya no estamos sentados en el sofá de nuestro salón leyendo un libro, estamos dentro del libro, podría decirse que somos un personaje más que toma partido y se enfanda, se ríe o se emociona con las peripecias de la protagonista.

Fundación Frax, l'Alfas del Pí, domingo 6 de marzo.


Santiago Fortuño Llorens (Universidad Jaime I, Castellón), ha dicho

Estamos ante el cuadro de una mujer con paisaje al fondo, la crónica de una generación desencantada y el retrato de un tiempo que permitió el triunfo del escepticismo y el tambaleo de las utopías.

LUCÍA O LA FRAGILIDAD DE LAS FUERTES de María García-Lliberós es una novela compleja de personajes, variada en situaciones y conseguida en su planteamiento y desarrollo. Es una novela realista, con un tiempo referencial concreto (las décadas de los setenta a los noventa), el comprendido por la Transición española, de la experiencia y del yo testimonial en la que el diálogo vivo y directo se imbrica con la narración lineal (con un muy bien acertado flash back hábilmente dispuesto en el penúltimo capítulo) y la descripción de caracteres, sin olvidar la recreación de una época fácilmente reconocible de nuestro pasado más inmediato.

Relato en el que el trío de las mujeres jóvenes, con la protagonista Lucía a su cabeza, suscita temas problemáticos y vive de acuerdo a nuevos valores y principios.

Librería Babel, Castellón, 9 de marzo de 2011


Mar Langa Pizarro en Arte&Letras, suplemento cultural del diario Información de Alicante, publicada el jueves, 31 de marzo de 2011. Entre otras cosas dice:
Parece que nuestras escritoras han optado últimamente por ofrecernos libros protagonizados por mujeres que tiene aproximadamente su misma edad, y narran en primera persona el presente para así analizar su pasado.
.../...
Su nueva novela aborda los temas que acostumbra a tratar en todas sus obras: las relaciones humanas, la familia, el aprendizaje, la superación de obstáculos, la libertad, la hipocresía. En esta ocasión, María García-Lliberós ha construido un relato más breve, más depurado, más asentado sobre los diálogos, más próximo a la cotidianidad. El hecho de optar por una protagonista-narradora le da un tono confesional, que provoca en quien lee la sensación de asistir a una historia real cercana. La historia interior y exterior de una mujer que se busca, y a la que la muerte del padre acabará desvelando una verdad oculta.

Mita Ruiz ha dicho:
Les invito a hacer un recorrido por los nueve capítulos de este libro. Actual, ameno, lleno de personajes vitales que despiertan nuestra curiosidad y, al mismo tiempo, nos resultan tan familiares. Entornos y relaciones con las que identificarse.
.../...
Un libro precioso de calidez agridulce.

Reseña de Mita Ruiz sobre "Lucía o la fragilidad de las fuertes"




Cristina Núñez, periodista del diario HOY de Extremadura, ha dicho:



Estamos ante una novela en la que se plantean cuestiones capitales del universo femenino y se abordan asuntos universales bajo la óptica femenina, los ojos de Lucía, esa periodista de cuarenta años que narra a quemarropa vivencias en ese verano del 91 de importantes cambios munciales.



García-Lliberós utiliza un episodio crítico en la vida de su heroína, la firma del divorcio, para diseccionar y radiografiar el espíritu de la generación de mujeres nacidas en la década de los 50 a las que, por avatares de la historia y desarrollo económico y social de nuestro país, les toca abanderar muchos cambios. Con una prosa que combina el lirismo de descripciones paisajísticas y estado anímicos con un lenguaje cercano, introduce asuntos de primer orden: el paso del tiempo, las relaciones de pareja, el legado de los padres, los secretos sepultados durante años para mantener el status quo de la familia, la lealtad, la fidelidad (la deslealtad, la infidelidad), la pérdida de ideales, el romanticismo de la juventud, derribado sin contemplaciones con los años.



"Lucía o la fragilidad de las fuertes" se lee en un suspiro y consigue algo tan difícil en estos tiempos como entretener de forma lúcida y enriquecedora.



Feria del Libro de Cáceres (01/05/2011)


José Miguel Borja, escritor y librepensador ha dicho:
María García-Lliberós tiene una pluma privilegiada para la descripción de ambientes. Su espíritu observador logra situarnos en el escenario de la narración. Pero, sobre todo, tiene un talento especial para describir el estado de ánimo de los personajes entrelazando, sin solución de continuidad, los recuerdos felices y desgraciados que ponen al descubierto, con toda nitidez, el carácter y la sicología de los mismos. "Lucía o la fragilidad de las fuertes" está llena de sustanciosos diálogos que dan al relato una gran agilidad y ayudan a poner al descubierto detalles interesantes de las vidas de los protagonistas.
Presentación de la novela en Gandía, el 19 de mayo de 2011

Juan Domínguez Lasierra, periodista y escritor, ha dicho:
En su hermoso título tenemos la clave de esta novela, porque no es una contradicción ser frágil y ser fuerte, es la condición exacta de nuestra vida, no sólo de las mujeres, que son las protagonistas, sino la de todos los seres humanos. "Lucía o la fragilidad de las fuertes" es una novela feminista porque está escrita por una mjujer, sus protagonistas son mujeres y toda su sensibilidad es femenina. Los lectores asistimos a esa permanente introspección, a ese desvelamiento de la intimidad de sus protagonistas. Y la revelación de esa intimidad hace que todos sus lectores, hombres y mujeres, seamos esa mujer que relata, nos pongamos en su piel, nos hagamos ella, nos convirtamos en esa mujer que sufre o es feliz y lucha por serlo. Es lo que entiendo por novela feminista.
María García-Lliberós nos transmite la historia de un ser humano que sentimos como verdadero, en el que todos podemos sentirnos reflejados. Por eso esta novela merece ser leída, disfrutada, y por eso la recomiendo a todos ustedes.
Zaragoza, 24 de mayo de 2011


Florián Pérez ha escrito:
No os perdáis la última novela de María García-Lliberós. La premiada expresidenta de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios ha escrito un cautivador libro sobre la generación de mujeres valientes que luchó por encontrar su independencia en una sociedad repleta de convencionalismos. Ambientada en las calles de Valencia, Roma y la playa de Benicàssim, la novela describe el camino hacia la madurez de una mujer, una heroína de finales del siglo XX, en busca de su libertad personal. Delicada y sugerente.
En AU Agenda Urbana, de junio de 2011

Marina López Martínez (Universitat Jaime I de Castelló), ha dicho:
Lucía o la fragilidad de las fuertes posee una escritura casi festiva, donde las mujeres que se cuentan en diálogos sabrosos transmiten la alegría de vivir, de ser mujer. Es una obra de escritura ágil, late una gran sensualidad, un deseo de sentir y de amar donde se alternan una urgencia por la vida y la exaltación de los sentidos, con la languidez de los placeres colmados, lo cual confiere un ritmo desigual que impide la monotonía.
Bibliocafé, Valencia, 02.06.11.
Texto completo de la presentación de Marina López Martínez.




Rafael Coloma, escritor, ha escrito:


... A mi modo de ver -y este es el acierto de la novela- María García-Lliberós ha ordenado el material que nos trae con el esquematismo de un dietario. El relato, que transmite más de lo que parece, se va descolgando -con esa escritura funcional tan característica de la novelista- sin circunloquios que nos desvíen de la esencialidad de lo que nos quiere contar.


Finalmente quiero constatar, una vez más, lo que más me interesa de las novelas de María García-Lliberós: el escepticismo moral. Sus relatos tienen la inteligencia de no plantear la cuestión entre buenos y malos; más bien dirimen la eterna y agónica coexistencia entre lo bueno y lo malo que hay en cada individuo, perfilan el conflicto que la coexistencia de ambos elementos presupone en su relación con el mundo.


Publicada la reseña completa en la revista digital CLAVE LITERARIA, nº 2, página 16

lunes, 31 de enero de 2011

"Lucía o la fragilidad de las fuertes", de María García-Lliberós

Editorial Plataforma, 2011.
208 páginas. 18,00 €





¡Mi nueva novela!, en librerías a partir del próximo 7 de febrero
.



Sinopsis: En julio de 1991, después de diez años, la periodista Lucía Serra regresa a casa, lo que la obligará a lanzar una mirada retrospectiva sobre un pasado del que no ha hecho más que huir. La muerte del padre, el desvelamiento de un secreto sobre sus orígenes y la traición de su amante contribuirán a determinar su futuro como mujer fuerte, cínica y autónoma. Lucía, Paloma y Lola, amigas desde la infancia, pertenecen a esa generación a la que los anticonceptivos y la independencia económica les proporcionó libertad. La aprovecharon, cada una a su estilo.

Lucía o la fragilidad de las fuertes habla de amistad, amor, sexo y ética entre aquellos que lucharon contra la dictadura en su juventud y alcanzaron la madurez con la llegada de la izquierda al gobierno de la nación. Una fecha que marca el comienzo del desencanto y, con el tiempo, el triunfo del escepticismo.

"El lector encontrará una historia real, llena de sentimientos, que le atrapará desde las primeras páginas y no podrá dejar de leer." Marisa Larrú, Librería La Regenta (Madrid)

"Una novela de una lectura agradable, destinada a un gran público, narrada con maestría; se nota en la construcción de los personajes y en el ritmo." Fernando Linde, Librería 80 Mundos (Alicante)


"Una obra subyugante de principio a fin." Miguel Morata, librería Primado (Valencia)



Ventas on line en http://www.plataformaeditorial.com/



Presentación en Valencia: jueves, 10 de febrero, a las 19:00 h., en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Colón.
Con Carmen Amoraga, finalista del Premio Planeta 2010, admás de Carol Paris en representación de la ditorial y la autora.

miércoles, 19 de enero de 2011

Eduardo Mendoza y su "Riña de gatos"


Círculo de Lectores y Ed. Planeta. Ambos 2010.

Me lo he pasado muy bien leyendo el último premio Planeta. Mendoza recupera el tono de "La verdad sobre el caso Savolta", "El misterio de la cripta embrujada" sin ser una novela de misterio, o "El laberinto de las aceitunas". El escenario es el Madrid de los meses previos al estallido de la guerra civil, en 1936, donde se mezcla la violencia en las calles, la alegría inconsciente en los bares y la preocupación en los hogares.
Allí acude Anthony Whitelands, un cándido experto en arte español y, en especial, en la pintura de Velázquez, para realizar el peritaje de una obra perteneciente al duque de la Igualada. Pero el viaje se alargará al complicarse su misión con una trama política-financiera y otra de espionaje de altos vuelos, a las que se añade su facilidad para dejarse enredar por las mujeres.
Mendoza mezcla personajes reales con otros de ficción. La imagen que nos aporta de José Antonio Primo de Rivera, un mequetrefe pijo egoísta, no tiene desperdicio y se aleja de las que nos inculcó el franquismo. Al igual ocurre con la de Franco y otros generales, o con la del Presidente de la República.
Con una prosa deliciosa y gran sentido del humor, muy sutil, propio de la comedia, Mendoza analiza la situación política, diplomática, militar y social de la España que estaba alimentando en su interior la mayor de las tragedias. Tal vez, abarca demasiado y, en algunos momentos de la segunda parte el lector siente que el argumento se le va de las manos.
A pesar de ello, una lectura en extremo placentera.

sábado, 25 de diciembre de 2010

"Lo que me queda por vivir", de Elvira Lindo



Editoriales Seix Barral y Círculo de lectores, ambas en 2010. 234 páginas.

Elvira Lindo me sorprendió, y mucho, cuando publicó "Una palabra tuya" en 2005. Una novela de hondura sicológica sobre la vida de dos jóvenes que viven en el umbral de la marginalidad. El buen recuerdo de esta novela me indujo a leer "Lo que me queda por vivir".
La protagonista es una mujer, una madre joven con su hijo que lleva mal la separación o el abandono del marido por una amiga (algunos tópicos se han colado en la trama), los intentos interminentes de él por recuperar la relación, los anhelos por canalizar hacia alguien su evidente necesidad de afectos.
Ha aprovechado su experiencia en la vida real, porque la protagonista ha sido locutora de radio, como Lindo , y triunfa como escritora de guiones en televisión. Fantástica y divertida la parodia sobre el comienzo de las televiaiones privadas. Ello le permite perfilar un panorama del mundo laboral de la tele cutre y zafio, como imaginábamos, al servicio de la audiencia.
La recuperación de personajes del pasado, como el de la tía soltera, lleno de verismo, tiene tintes de hermoso homenaje. La conversación con su amiga Marisol, la guapa que se quedó en el pueblo, comprendiendo ambas lo que no se dicen, es una muestra del talento literario de Lindo.
La historia de una mujer que arrastra una pena de orfandad, una mujer de hoy, independiente, lista, luchadora y muy vulnerable al mismo tiempo, cargada de trabajo, frágil por su incapacidad para retener a alguien a su lado que le aporte la estabilidad.
Elvira Lindo conoce los sentimientos femeninos y tiene una gran capacidad de observación, se nota que reflexiona sobre ellos y los transmite bien, y las relaciones de las madres con sus hijos, llenas de misterios, ansiedades, secretos imaginados, unidos, en su caso, por una necesidad deprotección mutua y de cariño muy fuerte.
La novela se lee bien, pero no supera la anterior.

martes, 7 de diciembre de 2010

"Verano", de John Coetzee




Ed. Mondadori, 2010                 
255 páginas. 18,90 €

Acabo de terminar este inclasificable libro. En la contraportada el editor habla de autobiografía pero bien podría tratarse de una novela. Lo que está claro es que Coetzee, ese hombre tan serio, frío y distante, nos muestra su lado más humorístico, el que, tras la lectura de "Desgracia", "Elizabeth Costello" y "Hombre lento", por ejemplo, daba casi por supuesto que no tenía. Nos presenta a sí mismo, al futuro premio Nobel, nada menos, cuando tenía unos treinta años, como un ser pacato, incapaz para enfrentarse a la vida como un hombre, con poca gracia con las mujeres, solitario, rarito y lo hace con ese estilo de escritor de los grandes.
Me ha encantado la ingeniosa estructura de la novela (porque, está claro que, para mí, es una novela): se trata de cinco entrevistas a cuatro mujeres y un hombre que conocieron a Coetzee en esa época y tuvieron influencia sobre él. Las entrevistas las efectua un estudioso de la figura del Nobel, una vez muerto éste, y, a través de ellas, Coetzee imagina la proyección de su persona en otros y la opinión que éstos tuvieron sobre él. Se vale de inteligentes preguntas y hábiles respuestas para mostrarnos su pensamiento sobre su literatura, hace la observación de que, de alguna manera siempre ronda el tema recurrente de que la mujer no se enamora del hombre, tal vez queriendo explicarse su experiencia. Las mujeres entrevistadas manifiestan la incapacidad de sintonizar con él en la intimidad y, sin embargo, "vive de escribir informes sobre la intimidad, porque eso son sus novelas". También su relación con la realidad sudafricana, como hombre blanco, llegando a definirse como un fatalista antipolítico y como conservador cultural.
Un capítulo delicioso es el de Adriana, magnífico personaje, una brasileña madre de dos hijas, una de ellas, la más guapa, alumna de inglés de Coetzee. ¡Cómo se divierte el autor burlándose de sí mismo a través de ella! Consiguió que me riera a carcajadas.
En las notas finales aparece la mente de Coetzee en estado puro: su irritación ante la perspectiva de la muerte del padre o, lo que es peor, a tener que cuidarlo.
Un libro a tener muy en cuenta, candidato a releerlo dentro de un tiempo.

lunes, 29 de noviembre de 2010

"El tiempo mientras tanto", de Carmen Amoraga


Finalista Premio Planeta 2010

Ed. Planeta, 2010.

La trayectoria literaria de la escritora valenciana Carmen Amoraga ha sido ascendente y a velocidad de cohete. Se dio a conocer en 1997 con “Para que nada se pierda”, novela en torno a una madre y una hija (tema al que vuelve con la que ahora comentaré) que poseen el don de predecir la muerte. Ganó el Ateneo Joven de Sevilla y se mostró ante el público como una voz nueva de original frescura, en la estela del realismo mágico, dotada para tratar los sentimientos y con un curioso sentido del humor. Este libro me cautivó y desde entonces la he seguido como lectora. Después publicó “Todas las caricias”, en la misma onda pero con menor capacidad de sorpresa. “La larga noche” supuso un cambio de registro, al decidirse por la novela realista sin más y abandonar la influencia de García Márquez. En 2007 fue finalista del premio Nadal con “Algo tan parecido al amor” sobre las relaciones obsesivas de dependencia respecto a los hombres de tres amigas demasiado inseguras. Sirva esta introducción para enmarcar el universo literario de Amoraga, ceñido a las relaciones afectivas en el entorno de la familia, la amistad y el amor. “El tiempo mientras tanto” se mantiene fiel a esta temática.

Comienza con esta frase: “La mujer que va a morir y no lo sabe, o quizá sí, tiene los ojos cerrados, el cuerpo rígido, las manos abiertas, los dedos extendidos”. Se trata de María José, una mujer sin suerte, que está en coma tras sufrir un accidente. El relato empieza con el desvelamiento del final, tomando una estructura circular en la que María José, inmóvil en el hospital, ocupa el lugar central al que van acudiendo las personas que tuvieron importancia en su vida: su madre Pilar, su padre Paco, su amiga Marga, se ex marido Joaquín.

Un coma que dura varios meses, preludio de una muerte segura, es una situación trágica que causa inmenso dolor, conmoción, sensación de irrealidad y desespero, y provoca, también, en las horas de compañía al lado de la moribunda, la inmersión en el recuerdo, el análisis de la relación de cada uno con ella e, incluso, el balance crítico sobre la existencia personal. Despierta las conciencias. Surge la culpabilidad, la impotencia ante el tiempo agotado, lo que, a su vez, incrementa el sufrimiento. De esto trata “El tiempo mientras tanto”, un título metafórico y adecuado, aviso de que, en cualquier circunstancia, el tiempo, tasado e inconmovible, sigue consumiéndose. Una historia triste (o varias historias tristes), humana, que evidencia la complejidad del individuo, la lucha titánica que tiene lugar en el interior de cada cual entre lo que siente y lo que manifiesta, lo que quiere y lo que consigue, la alegría que aparenta y las frustraciones que soporta, haciendo hincapié en la tendencia al empecinamiento en el error o abulia para cambiar de rumbo que es lo mismo que la desidia para reconocer ante otros el fracaso personal.

A los personajes mencionados, todos con la fatalidad y la infelicidad a cuestas (se echa de menos alguna persona que haya acertado en las decisiones esenciales de la vida), se añaden Cleopatra y Goomba, dos inmigrantes llegados a España con la ilusión del progreso y maltratados por el sistema, elementos circunstanciales que actuarán aportando otros puntos de vista y alguna oportunidad de redención.

Estamos ante la novela de madurez de Carmen Amoraga, por el tema que aborda –dolor, muerte, desamor- y la riqueza de pensamientos que va volcando a lo largo de sus páginas. No falta el humor agridulce y el erotismo, como la escena en la que Paco ve el pecho de la joven Cleopatra en el espejo brumoso del baño a través de la puerta entreabierta, muy lograda porque mezcla el deseo con una reflexión sobre las relaciones con su mujer ante la hija en coma como único testigo.

Novela de pocos personajes que comparten por igual el protagonismo y sobre cuya personalidad y conducta profundiza la voz omnisciente que nos cuenta sus vidas, con una prosa limpia, diálogos vivaces y escenario valenciano. Invita a la reflexión, otro ingrediente del placer de leer.


Reseña publicada en POSDATA, suplemento cultural de LEVANTE-EMV, el 03.12.10.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

"Tiempo de vida", de Marcos Giralt Torrente


“Tiempo de vida”,

de Marcos Giralt Torrente.

Ed. Anagrama, 2010

200 páginas. 17,00 €

En febrero de 2007 falleció el pintor Juan Giralt, padre del autor de este relato, atrapado en un período de desafecto oficial y comercial hacia su obra, tras conocer el éxito entre 1960 y 1980. Calculo, por los datos biográficos de la contraportada, que Marcos Giralt Torrente habría cumplido 39 años y, tras un tiempo de desconcierto creativo, sintió la necesidad de escribir sobre la relación con su padre, tal vez porque fue, desde los siete años y hasta pasados los treinta, escasa, obsesiva, y fuente permanente de reproches e incomprensión.

Abordar un tema tan personal y, sobre todo, exponerlo al público, tiene un gran mérito -le ayuda el hecho de carecer de hermanos- y aunque en alguna entrevista ha expresado que no cree en la literatura como terapia, es indudable que sacar fuera los conflictos internos y diseccionar, para intentar comprender, al principal causante de los mismos, debe haberle supuesto un alivio.

Este relato comienza con los recuerdos de la nostalgia infantil, adolescente y ya de adulto, debida a la ausencia del padre y la queja constante por su falta de atención unido al derecho a exigir lo que no se le ha dado. Motivos más que suficientes para abrir una enorme herida entre padre e hijo y un abismo de incomunicación. Pero a mí me ha interesado más la segunda parte, cuando la historia da un giro provocado por la enfermedad mortal del padre inmerso ya en la etapa de decadencia. Aquí el relato transmite la voluntad de ambos de luchar contra corriente, unidos, para, en el escaso tiempo de vida que el cáncer permita, recuperar el mucho tiempo perdido entre ellos. Ese año y medio antes de la muerte del padre, está lleno de voluntad de perdón, desesperación, ternura, complicidad. El autor describe con detalle el esfuerzo descomunal que le supuso atender a su padre, un auténtico desvivirse. Nadie importa en este libro más que él. No aparecen nombres propios. La segunda esposa del padre, por ejemplo, es mencionada como “la mujer que conoció en Brasil”, un hecho sintomático, porque la tal mujer, en cuanto a maldad, nada tiene que envidiar a la madrastra de Blancanieves.

“Tiempo de vida” tiene mucho de expiación, de exorcismo, de desahogo íntimo, y de homenaje filial hacia un padre recuperado y un artista con talento tratado con poca justicia. Está escrito con frases cortas, directas y resulta ágil. Además, con este libro, el lector, a través de la escritura reflexiona sobre la muerte y aprende a vivir, todo a la vez, como en alguna ocasión el Nobel Coetzee definió la esencia de la literatura.

miércoles, 13 de octubre de 2010

La novela "Dublinesca", de Enrique Vila-Matas













Ed. Seix Barral, marzo 2010, 1ª edición.

325 páginas. 19,00 €.

Me ha ocurrido algo curioso con la lectura de Dublinesca: me lo he pasado muy bien, contiene cantidad de pensamientos inteligentes, rezuma ingenio y buen humor, está maravillosamente escrita y, sin embargo, no tengo la seguridad de haber entendido lo que nos quiere decir. No es extraño, porque algo parecido me sucedió con el Ulysses de James Joyce (libro que conseguí terminar de mayorcita y a la tercera intentona), al que Vila-Matas homenajea, y en el que se inspira, con este texto sutil y divertido (bastante más que el de Joyce), en el que mezcla géneros, pues es una novela con más de un ensayo en su interior.

El relato pivota en torno a Samuel Riba, y es de justicia destacar el trabajo extraordinario realizado en el diseño de este personaje que consigue acaparar la ternura y tolerancia de los lectores. Riba, con todos sus defectos, resulta encantador. Debió ser un bicho de cuidado en su época de editor prestigioso, culto, con un catálogo de primera, con poder auténtico e influencia entre las élites culturales, pero la novela comienza cuando ha cumplido los sesenta, ha perdido la editorial y está jubilado. Convertido en un hikikomori -o autista informático- cascarrabias e inactivo, vive instalado en una atmósfera de fin de trayecto. Reflexiona sobre lo que ha sido su vida de editor, de los que todavía leen, al acecho siempre del descubrimiento del autor genial, frustrado por no haberlo encontrado, obsesionado por volver a Nueva York, el centro del mundo, y no morirse de pena, capaz de organizar un viaje a Dublín para tener algo que contar a sus padres (porque es hijo único y los visita cada miércoles), temeroso de Celia, su mujer recién convertida al budismo. Riba es vulnerable y, al mismo tiempo que se compadece de sí mismo y pide compasión, se las ingenia para obligarse a entusiasmarse con la vida e incluso siente nostalgia por el pasado no vivido.

El viaje a Dublin, con el pretexto de organizar un funeral por el fin de la era de Gutemberg o de la buena edición literaria (frente a la pujanza de la era de Google), coincidiendo con el Bloomsday, permite a Vila-Matas, no sólo darnos una interpretación de los pasajes fundamentales de la obra de Joyce (más fresco y llevadero que los habituales académicos), sino una teoría sobre los lectores con talento, el oficio de editor y el de escritor, temas siempre presentes en su obra (véase otros títulos como “Extraña forma de vida”, “París no se acaba nunca” o “Bartleby y compañía”) y evidenciar una vastísima cultura libresca, transmitiéndonos incluso las emociones de sus lecturas, extensible al mundo del arte en general que el tono disparatado de la novela lo aleja de cualquier viso de pedantería. También contiene un análisis pesimista del mundo actual, de una sociedad que avanza a pasos agigantados hacia la estupidez (“todo se está acabando. No queda otra cosa que una gran masa analfabeta creada deliberadamente por el Poder, una especie de muchedumbre amorfa que nos ha hundido a todos en una mediocridad general”, pag. 178).

La novela, narrada en tercera persona, desde el interior de Riba, desvela la percepción íntima de la tragedia de envejecer, la prueba de que la vida es un proceso de demolición en el que los principales golpes proceden de uno mismo al comprobar que ya no se es quién era.

Si Joyce en Ulysses relató las peripecias de Leopold Bloom durante un día, Vila-Matas relata las de Samuel Riba, con similar crueldad irónica, durante tres meses (mayo, junio y julio que dan título a las tres partes de la novela), tal vez porque comparte con el primero que la vida es una sucesión de trivialidades, carece de sentido y luchar contra la melancolía es hacerlo por la supervivencia.

Extraña novela que no deben dejar de leer.

jueves, 7 de octubre de 2010

¡HURRA POR VARGAS LLOSA!

Por fin ha llegado el Nobel para uno de los más grandes escritores en lengua española. Les ha costado, pero han hecho justicia, porque de Vargas Llosa se pueden decir muchas cosas, se puede discrepar de sus posiciones ideológicas, mientras es imposible negar el talento literario que hay detrás de su obra.
"Pantaleón y las visitadoras", "Conversaciones en la catedral", "La casa verde", "La guerra del fin del mundo", "La tía Julia y el escribidor", "La fiesta del chivo", por citar las que más me han gustado, son novelas que pasarán a la Historia de la Literatura, por su complejidad estructural, por la fuerza de la prosa, la personalidad de los personajes, el sentido del humor y de la tragedia.
Hoy es un gran día y, como lectora, la noticia me ha llenado de felicidad.

jueves, 16 de septiembre de 2010

"LAUSANA", de Antonio Soler










Ed. Mondadori. 201 páginas. 17,90 €

Descubrí a Antonio Soler en 1996 con “Las bailarinas muertas” (Ed. Anagrama, Premio Herralde), una novela que me encandiló (por las historias que cuenta y por cómo lo hace). Más tarde, en 1999, leí "El nombre que ahora digo", una novela con la que ganó el premio Primavera y en 2004, “El camino de los ingleses”, un título que se recuerda más porque Antonio Banderas rodó una película inspirada en ella y porque fue Premio Nadal. Sin embargo, ni de lejos consiguió impactarme de la forma que lo había hecho “Las bailarinas muertas”. “Lausana” es su última novela publicada que me decidí a comprar tras leer varias críticas elogiosas y, sobre todo, por el recuerdo de aquella novela (mítica para mí).
“Lausana” es un monólogo mental que mantiene consigo misma Margarita, una mujer mayor, resentida, que observa, recuerda y hace balance de su vida mientras viaja en tren, de Ginebra a Lausana, para visitar a su hijo. La construcción de la novela resulta metafórica: estamos en tránsito, subimos en una estación y bajamos en otra, sin dejar huella, nuestro asiento será ocupado de nuevo por otra persona que tampoco dejará huella, nuestra vida discurre entre vías fijas de las que es casi imposible escapar, por eso todos somos inocentes a pesar del daño que nos causamos a nosotros mismos y a los demás, incluso queriendo ser buenos. Los títulos de los capítulos se corresponden con los nombres de las estaciones.
Soler da unas breves pinceladas sobre los orígenes de Margarita y Jesús, su marido, al que conoció como empleado en la empresa de su padre, el Fresador Vila, para centrarse en lo que fue la obsesión de Margarita, los casi siete años que duró la relación adúltera de Jesús con Susanne, una atractiva violinista que tiene lo que a ella le falta. El autor se mete en la piel de una mujer poco agraciada que nos habla en primera persona y nos cuenta la infidelidad de su marido desde la perspectiva de su sufrimiento y capacidad de resistencia. Una mujer corriente, que siente vergüenza, humillación y, sobre todo, miedo a perder lo que tiene y cuya estrategia de resistencia consiste en fingir, no hablar de ello, ni permitirle a él sacar el tema, aguantar en silencio animada porque la cobardía de él y su falta de carácter le impedirán abandonarla. Un análisis de los celos, el dominio dentro de la pareja y la convivencia.
Hay páginas llenas de inspiración y buen humor, como la boda de Maribel con el hermano de un suicidado dos meses antes, que tiene tanto de ceremonia de boda como de funeral. Otras, llenas de tragedia, como esa masturbación desesperada de Margarita con 40 años descubierta por su hijo pequeño. Sarcásticas e interesantes las atribuciones de Margarita -una mujer que se encuentra mejor conforme empieza la decrepitud de las guapas de su edad- al resto de compañeros del tren.
Antonio Soler es un buen prosista y resuelve las situaciones con ingenio. La novela, realista y creíble, se lee con interés, desliza conclusiones inteligentes sobre el comportamiento humano, tan ajeno a la libertad cuando el deseo se mete por medio, pero no ha colmado las expectativas que había puesto en ella.

lunes, 6 de septiembre de 2010

"El animal piadoso", de Luis Mateo Díez














Ed. Círculo de Lectores, SA/Galaxia Gutenberg, 2009

349 páginas.


De Luis Mateo Díez había leído La piedra en el corazón, La ruina del cielo y El reino de Celama, dejándome todas ellas el sabor de la buena prosa y de una literatura personal, ajena a las modas, que me infunde un gran respeto.

Con El animal piadoso, el autor regresa al escenario de Celama, esa comarca imaginaria que incluye las poblaciones de Armenta y Ordial, donde parece que el tiempo trascurra más despacio y el lenguaje, y los nombres propios, recuperan la sonoridad castellana y el sentido profundo de la existencia. La atmósfera de Celama no propicia la frivolidad y, sin embargo, bajo la neblina calmosa, el silencio rumoroso del río y el orden de sus calles, bullen extraños misterios que dan cobijo a relaciones clandestinas, delitos y sospechas.

Samuel Mol, el protagonista de esta historia, ha sido Comisario de policía y se encuentra jubilado, con poco tiempo de vida por delante y demasiadas horas libres para perderlo. Vive solo, dialoga con amigos muertos, busca consuelo en la confesión a través de un sacerdote sordo, carece de afectos. La visión de una persona, sospechosa de saber más de lo que contaba en un caso de doble asesinato acaecido catorce años atrás y no resuelto, perturba su realidad, aviva el espíritu detectivesco del profesional que fue y, también, la conciencia de culpa por el trabajo mal terminado. Sin pretenderlo, acuciado por el pasado, “ese tiempo que está detrás de nosotros y nos empuja sin que podamos verle la cara”, huyendo de uno mismo, reactiva el caso, recorrerá los lugares de Armenta relacionados con los crímenes y encontrará a un autor que mató movido por la rabia, “uno mas entre la culpa de tantos...” que sólo le moverá a la piedad, tal vez, buscando el perdón para sí mismo.

Una novela muy introspectiva que escarba en los recuerdos, en los sueños y lo que éstos mezclan, con una escritura, al principio, deslavazada y que desorienta al lector, hasta que comprende que la realidad de Samuel Mol la conforman personas vivas y fantasmas que entran y salen de escena, reflexiones, autocrítica y trances de ensimismamiento. Gana fuerza conforme avanza la lectura hasta conseguir unas páginas finales estremecedoras. No es una sorpresa la identificación del asesino (calificar sólo de policíaca a esta novela supone una infravaloración), pero sí el diálogo entre ellos, lleno de inteligencia y pieza literaria inolvidable.


jueves, 26 de agosto de 2010

"Bilbao-New York-Bilbao", de Kirmen Uribe


Editada por Seix Barral (2009) y Círculo de Lectores (2010)
Traducida del euskera por Ana Arregi.
191 páginas.
Premio Nacional de Narrativa 2008.

El autor explica las pretensiones de este libro: "hablar de tres generaciones distintas de una familia, sin volver a la novela del siglo XIX" (pág. 128). La familia es la suya, asentada en Ondarroa. Ése "sin volver a la novela del XIX" significa que la metodología se concreta en la narración fragmentaria de pequeñas historias de individuos de cada generación. El autor ha escogido a su abuelo, su padre y su madre.
Tal vez aquí se encuentra la mayor debilidad del texto, pues la novela del siglo XIX, excelente cosecha, por cierto, se caracteriza por una estructura sólida, análisis sicológico de personajes, un argumento con inicio, desarrollo y desenlace, en fin, lo que se entiende por una novela.
"Bilbao-New York-Bilbao" es un texto que tiene mucho de anecdotario de los personajes mencionados y recopilación de hechos y leyendas, algunas muy hermosas, sobre el mundo marinero y rural de la sociedad vasca. Pero el hilo argumental, el viaje en avión desde Bilbao a New York resulta endeble, las observaciones realistas sobre el aeropuerto, el avión, etc. innecesarias, y la reproducción sistemática de la información recogida en pantalla sobre latitud y longitud y otras variables de los sitios por los que va pasando el avión, artificiosa.
A pesar de ello, o quizás gracias a su innovadora estructura, el texto se mantiene, respira sinceridad, amor a su familia y a la tierra, la lengua y la cultura vasca y consigue que el lector lo comparta. Algunas páginas son emotivas y aporta reflexiones atinadas y siempre originales. Es ameno y se lee con gusto, pero no está justificado, en mi opinión, el Premio Nacional de Narrativa 2008.

jueves, 19 de agosto de 2010

Nueve relatos cortos de Antonio Tabucchi


Publicados por Ed. Anagrama y Círculo de Lectores en 2010, con el título "El tiempo envejece deprisa".

Desde que leí "Sostiene Pereira", una novela que sigue pareciéndome una obra maestra, tengo a Antonio Tabucchi como uno de los mejores escritores contemporáneos.
Los relatos recogidos en este libro que comento, de 151 páginas, contienen la inteligencia, fantasía y elegancia del autor. Protagonizados por hombres maduros, supervivientes, algunos de ellos, a las grandes tragedias del siglo XX, con un papel preponderante de la memoria y con una mirada llena de dignidad hacia el final que intuyen próximo. Asombra cómo transmite la belleza de la naturaleza, la sensualidad de algunos recuerdos, la nostalgia por un mundo perdido.
Me han gustado especialmente los titulados "Nubes", "Entre generales" y "Yo me enamoré del aire". Este último, pura poesía.
Un libro pequeño, que no pesa, manejable e ideal para llevarlo contigo y leerlo en cualquier sitio.

jueves, 12 de agosto de 2010

"La noche de los tiempos", de Antonio Muñoz Molina


Ed. Seix Barral, 2009

958 páginas.

El argumento de esta novela es tan viejo como la literatura: el amor obsesivo entre un hombre casado y con dos hijos, que ya ha cumplido los cuarenta, hacia una mujer joven, libre, hermosa, americana, universitaria y fascinante para cualquier español en 1936. El valor añadido surge al situar el arranque de esta historia en Madrid, semanas antes del comienzo de la guerra civil. La guerra y el amor darán un vuelco en la vida, hasta entonces apacible y llena de éxitos, de Ignacio Abel. La primera le convertirá en un escéptico y, superado por las circunstancias, el amor le proporcionará la coartada para su deserción.

Con estos elementos, Muñoz Molina, construye una enorme novela. Destaca la creación del personaje principal, Ignacio Abel, hijo de una portera y un maestro de obras que, con grandes sacrificios consigue ascender en la escala social. Obtendrá el título de arquitecto y se casará con una burguesa. Se mantendrá leal a los principios republicanos, al partido socialista y al sindicato UGT, mientras descubre la seguridad, el confort y los placeres que otorgan el dinero y el prestigio. Será siempre un desclasado y una persona sospechosa para ambos bandos en la contienda española. El lector conocerá su infancia, la relación con sus hijos y su mujer, su dedicación al trabajo y la pasión imprevista y absorbente hacia Judith Biely y los efectos que ésta última tendrán en su conducta. Descubrirá su desenvoltura para mentir y justificarse descuidos familiares, su nueva dependencia sexual y la capacidad para llevar una segunda vida. La noche de los tiempos nos relata una historia de amor, desde que surge hasta el comienzo de su desvanecimiento, y lo hace magistralmente, demostrando el autor, un conocimiento profundo de la conciencia humana.

Madrid y las convulsiones de julio del 36 son, a su vez, la otra pata que sostiene la estructura de la novela. Porque el autor nos muestra el ambiente prebélico y de desánimo generalizado por la marcha de la República, las pistolas, los tiros en las calles, los asesinatos selectivos e impunes, la falta de autoridad del gobierno, la engañosa publicidad revolucionaria, la responsabilidad de los que no quieren ver lo que se avecina y no hacen nada por evitarlo, o la de aquellos intelectuales, como Bergamín, que justificaban los excesos.

El texto tiene mucho de ajuste de cuentas, especialmente, con los intelectuales y artistas de izquierdas. Aprovechando la relación ficticia del protagonista con los habitantes de la mítica residencia de estudiantes (la novela se nutre de personajes ficticios y otros que existieron), Muñoz Molina, desde su perspectiva de hombre hecho a sí mismo de origen humilde como Ignacio Abel, se permite hacer una crítica inmisericorde de Dalí, rico y déspota como Picasso, de Alberti y María Teresa Leon viviendo como artistas de cine costeados por el gobierno, de Salinas que acumulaba cátedras, encargos y queridas, de Lorca, un autor de éxito que se vanagloriaba de ganar muchísimo dinero. Incluso María Zambrano y sus “tés, de los domingos a los que acudía gente de catadura dudosa”, es objeto de sus dardos. Tan sólo se salva la figura de Juan Negrín, científico metido a político, bon vivant y generoso, de cuyos labios surge el análisis más lúcido y demoledor de la realidad española del momento, de su partido político y de las contradicciones de la República, despachadas en la barra de un bar ante unas cervezas y una fuente de marisco. No tienen desperdicio y me sorprendió que me resultaran tan actuales.

Una novela que le cuesta arrancar, o se me hizo morosa al principio para cobrar mejor ritmo conforme avanza. Y una curiosidad: ¿algún lector podría explicarme quién es el relator? El texto suena al de una voz omnisciente -ve todo lo que ocurre en la novela sin ser visto por ninguno de los personajes- que, sin embargo asume, en ocasiones, la primera persona (pág. 11, 812, 825, 954) y hasta se permite fantasear. Parece deducirse (pág. 575) que es alguien nacido veinte años después de que acaecieran los hechos que cuenta pero, ¿quién es?

La novela da para mucho más que este breve comentario y es buena, muy buena, hace pensar y desmitifica las revoluciones, "porque todas son iguales cuando se trata de matar". Una lectura más que recomendable.


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