El argumento de esta novela es tan viejo como la literatura: el amor obsesivo entre un hombre casado y con dos hijos, que ya ha cumplido los cuarenta, hacia una mujer joven, libre, hermosa, americana, universitaria y fascinante para cualquier español en 1936. El valor añadido surge al situar el arranque de esta historia en Madrid, semanas antes del comienzo de la guerra civil. La guerra y el amor darán un vuelco en la vida, hasta entonces apacible y llena de éxitos, de Ignacio Abel. La primera le convertirá en un escéptico y, superado por las circunstancias, el amor le proporcionará la coartada para su deserción.
Con estos elementos, Muñoz Molina, construye una enorme novela. Destaca la creación del personaje principal, Ignacio Abel, hijo de una portera y un maestro de obras que, con grandes sacrificios consigue ascender en la escala social. Obtendrá el título de arquitecto y se casará con una burguesa. Se mantendrá leal a los principios republicanos, al partido socialista y al sindicato UGT, mientras descubre la seguridad, el confort y los placeres que otorgan el dinero y el prestigio. Será siempre un desclasado y una persona sospechosa para ambos bandos en la contienda española. El lector conocerá su infancia, la relación con sus hijos y su mujer, su dedicación al trabajo y la pasión imprevista y absorbente hacia Judith Biely y los efectos que ésta última tendrán en su conducta. Descubrirá su desenvoltura para mentir y justificarse descuidos familiares, su nueva dependencia sexual y la capacidad para llevar una segunda vida. La noche de los tiempos nos relata una historia de amor, desde que surge hasta el comienzo de su desvanecimiento, y lo hace magistralmente, demostrando el autor, un conocimiento profundo de la conciencia humana.
Madrid y las convulsiones de julio del 36 son, a su vez, la otra pata que sostiene la estructura de la novela. Porque el autor nos muestra el ambiente prebélico y de desánimo generalizado por la marcha de la República, las pistolas, los tiros en las calles, los asesinatos selectivos e impunes, la falta de autoridad del gobierno, la engañosa publicidad revolucionaria, la responsabilidad de los que no quieren ver lo que se avecina y no hacen nada por evitarlo, o la de aquellos intelectuales, como Bergamín, que justificaban los excesos.
El texto tiene mucho de ajuste de cuentas, especialmente, con los intelectuales y artistas de izquierdas. Aprovechando la relación ficticia del protagonista con los habitantes de la mítica residencia de estudiantes (la novela se nutre de personajes ficticios y otros que existieron), Muñoz Molina, desde su perspectiva de hombre hecho a sí mismo de origen humilde como Ignacio Abel, se permite hacer una crítica inmisericorde de Dalí, rico y déspota como Picasso, de Alberti y María Teresa Leon viviendo como artistas de cine costeados por el gobierno, de Salinas que acumulaba cátedras, encargos y queridas, de Lorca, un autor de éxito que se vanagloriaba de ganar muchísimo dinero. Incluso María Zambrano y sus “tés, de los domingos a los que acudía gente de catadura dudosa”, es objeto de sus dardos. Tan sólo se salva la figura de Juan Negrín, científico metido a político, bon vivant y generoso, de cuyos labios surge el análisis más lúcido y demoledor de la realidad española del momento, de su partido político y de las contradicciones de la República, despachadas en la barra de un bar ante unas cervezas y una fuente de marisco. No tienen desperdicio y me sorprendió que me resultaran tan actuales.
Una novela que le cuesta arrancar, o se me hizo morosa al principio para cobrar mejor ritmo conforme avanza. Y una curiosidad: ¿algún lector podría explicarme quién es el relator? El texto suena al de una voz omnisciente -ve todo lo que ocurre en la novela sin ser visto por ninguno de los personajes- que, sin embargo asume, en ocasiones, la primera persona (pág. 11, 812, 825, 954) y hasta se permite fantasear. Parece deducirse (pág. 575) que es alguien nacido veinte años después de que acaecieran los hechos que cuenta pero, ¿quién es?
La novela da para mucho más que este breve comentario y es buena, muy buena, hace pensar y desmitifica las revoluciones, "porque todas son iguales cuando se trata de matar". Una lectura más que recomendable.
Vicente Molina Foix es un estupendo novelista (ahí está "El abrecartas", publicada por Anagrama en 2006 como botón de muestra) y un intelectual al estilo renacentista, capaz de aproximarse y arriesgar en cualquier disciplina artística. Es también poeta, dramaturgo, cronista de viajes (su última aportación a la revista El Viajero de El País sobre Jordania era fascinante), colaborador de prensa y, además, guionista y director de cine. El dios de madera es su segunda película. Tuve la fortuna de poder asistir a un pre estreno en Valencia la semana pasada. Disfruté mucho porque la película está rodada en esta ciudad, que es la mía, tratando los escenarios urbanos escogidos (barrio de la Seu, la moderna Ciudad de las Ciencias) con enorme cariño e ironía. Además, las cuatro historias que cuenta y entrelaza tienen carga emotiva, son literarias, reflejan con acierto la soledad del individuo en el mundo moderno, la insatisfacción de los españoles con una rutina sin afectos y la de los inmigrantes ilegales, nostálgicos de los suyos y dispuestos a lo que sea por conseguir la integración. La relación que se forja entre una viuda próxima a los sesenta y todavía de buen ver, su hijo gay, un negro senegalés atractivo y bonachón, y un vivales marroquí, es, ciertamente, singular, muy rara aunque posible, en la que cada uno, a su manera, da y recibe en una instrumentalización mutua a varias bandas, consentida, generosa y egoísta que da pie a escenas de gran dramatismo y a otras cómicas. Me acompañó mi sobrino, un chaval de 16 años, cinéfilo empedernido que, precisamente , quiere ser director de cine. Me gustó después hablar con él de la película, le pedí una opinión y me la envió por escrito. La reproduzco aquí porque contar con un crítico cinematográfico tan joven es un lujo para este blog. Yo les sugiero que vayan a ver la película al cine. María
"El dios de madera". Director y guionista: Vicente Molina Foix. Intérpretes: Marisa Paredes, Jacobo Echevarría, Madi Diocon, Soufiane Ouaarab. Drama, 2010.
El segundo film de Vicente Molina Foix, después de Sagitario, contrapone la lucha de dos jóvenes inmigrantes ilegales por sobrevivir en nuestro mundo, con la cómoda y frustrante vida de una viuda burguesa y su hijo homosexual. Resalta la disección de la doble moral de cada uno de los personajes, todos con un lado oscuro que, en apariencia, es más visible en los protagonistas españoles, buscadores de afecto, que por parte de los imigrantes, aferrados a esa relación con la madre y el hijo como vía de obtener documentos de residencia. Marisa Paredes sostiene la película, tanto con sus dramáticos primeros planos como con su sentido del humor naturalísimo, y consigue situar la relación con el negro senegalés por encima de la manida aventura señora mayor con joven en dificultades. Entre los actores destaca Soufiane Ouaarab, el marroquí bisexual que mantiene una relación con el hijo. Sus apariciones son una bocanada de aire fresco para un film que más de uno calificará de transcendental y serio, porque ayudan a rebajar la tensión. La película, de 116 minutos, adolece de exceso de metraje y, compactándola, obtendría una agilidad que agradecería el espectador. En definitiva, un film con peso que no no se queda en lo superficial y ahonda en unas vidas que, estando a nuestro lado, vemos de lejos y de las que apenas conocemos nada en absoluto. Víctor Devesa García-Lliberós *
Según explica el autor en una nota final, esta novela se inspira en un documento antiguo conocido como "La crónica de Manoseca", escrito hacia el siglo VII y depositado en la biblioteca de la abadía suiza de San Gall. Manoseca era el apodo de Wilya, sobrino de Leovigildo y primo de Recaredo, ambos reyes godos entre 569 y 601, testigo directo, como consejero de la Corte, de los acontecimientos más relevantes ocurridos en la época. Aunque en la portada del libro, junto al título, aparece la frase explicativa "la epopeya de Leovigildo, rey de los godos", el libro sobrepasa en el tiempo este período y alcanza al de su hijo Recaredo despertando, precisamente, estas páginas gran interés así como la semblanza de este joven rey, convertido al catolicismo trinitario por cálculo estratégico y empeñado en extender su conversión a la totalidad de sus súbditos. Un rey cruel, tirano, ambicioso, de un nacionalismo excluyente, intolerante, que dio demasiado poder a los obispos y puso los pilares de los grandes males de nuestra historia. Un personaje que llega a resultar antipático al lector pero no por ello menos atractivo. Guillermo Galván es un escritor meticuloso en el uso de datos históricos y ha efectuado un grandioso trabajo de investigación. Se nota y se agradece. Sin embargo, el protagonista de esta novela no es ni Leovigildo ni Recaredo, sino Wilya, el personaje con mayor carga de ficción, cuya biografía instrumentaliza el autor, con habilidad, como eje narrativo principal. Al convertirlo en un héroe literario permite, en esta gran mentira contenedora de grandes verdades que es toda novela y en mayor medida la histórica, el desarrollo de una vertiente fantástica. Amenas e interesantes resultan las ceremonias de iniciación a las que se somete para vencer el miedo, la vanidad, la codicia y el desaliento, de las que saldrá fortalecido el espíritu guerrero y la capacidad reflexiva de este ser con deficiencias físicas. Y no menos simpatía producen sus amores románticos, imposibles o a destiempo que perturbaron su existencia. Un testigo perfecto para, a través de él, hacernos llegar la grandeza de Leovigildo, como estratega (desvió el curso de un río para sitiar una ciudad en su guerra contra su primogénito Hermenegildo) y como administrador de justicia, y la ambición desmedida de su hijo Recaredo.
Una novela bien escrita que hará las delicias de aquéllos que gustan aprender con la lectura, además de disfrutarla.
Editorial Mondadori, 2008. 241 páginas. XXIV Premio Jaen de novela.
Esta sorprendente novela merece más de una lectura. Al principio, durante bastantes páginas, me sentía desconcertada, atrapada en una trama confusa y fascinante que me impedía ver claro y, al mismo tiempo, me acuciaba a continuar leyendo. Vislumbré la luz en las espléndidas páginas (107 y 108) en las que describe un hermoso lago helado que parecía idílico, con gozosos patinadores que desconocían que debajo de la superficie había un basurero anegado de agua maloliente, o esas otras más espeluznantes en la que un conserje de universidad mantiene encerrados en un sótano una multitud de conejos ciegos y hambrientos que se devoran entre sí. Metáforas de la sociedad alemana una vez acabada la segunda Guerra mundial y renaciendo de sus cenizas.
Martínez es un argentino que pretende traducir al español las obras del anciano Hollenbach y viaja a Alemania para entrevistarse con él. Un asunto que irá complicándose y le obligará a desplazarse, en tren, por distintas ciudades siguiendo siniestras huellas, conociendo a oscuros personajes que en algún momento del pasado tuvieron que ver con el considerado como uno de los más importantes filósofos coetáneo del nazismo.
El relato es una especie de puzzle, de incursiones rápidas y precisas en distintos ambientes, de flashes sobre escenas concretas de la vida cotidiana, de retrocesos al pasado, de interpretaciones individuales de una memoria selectiva que desea olvidar. En algunos momentos Martínez recuerda un detective ingenuo que es lanzado como una pelota de uno a otro con la única intención de que no alcance jamás su objetivo, y el ritmo y el tono de la prosa, así como el misterio que envuelve a los personajes contribuye a asemejarla a una novela negra, si no fuera por su mayor carga de profundidad. Porque El comienzo de la primavera nos habla de la complicidad de la élite de profesores universitarios con el nazismo, por motivos tales como conservar el puesto de trabajo, evitar ir al frente o salvar la vida de una esposa sin credenciales de raza. Sabían lo que estaba ocurriendo, nadie era inocente, por eso la culpa la arrastrarán sobre la conciencia. Nos habla también de la disposición del pueblo alemán para asumir la culpa colectiva y la mala memoria como individuos para la responsabilidad personal. Y lo hace poniendo el foco sobre la familia Hollenbach –el filósofo, su mujer, su hija y su suegro- y otras personas como el pintor con talento Pechstaedt, obligado a disolverse en lo anodino para sobrevivir, o la poderosa esposa de Göring, de soltera una actriz de medio pelo, de tan sutil inteligencia que programa con éxito la venganza futura de una ofensa privada a través del enaltecimiento público.
Una novela interesantísima, con una estructura diabólica que exige del lector la máxima concentración lo que, por otra parte, consigue por méritos propios. Está en la estela de la atractiva película La vida de los otros (2007), del director y guionista Florian Henckel von Donnersmarch, que trata el control ejercido por la policía política sobre los círculos intelectuales en la extinta RDA. Para algunos expertos en memoria histórica, y ante quienes afirmaban que con el fin de la RDA se acababa la anomalía alemana, ésta comenzó con la Reunificación. Ante la imposibilidad de comprender hechos inconcebibles que parecían una discontinuidad en la Historia, surge la alternativa de admitirlos como un producto de ella.
Esta lista de libros son los que me gustaría leer a mí. Sé que es larga y que no me dará tiempo, porque también quiero escribir, por eso os invito a que me vayáis diciendo si es acertada. Me he fiado de mi instinto, de la confianza que me ofrecen ciertos autores, de las reseñas y críticas en revistas especializadas y otros blogs, y de las opiniones de algunos amigos con buen criterio. De las que vaya leyendo iré colgando en el blog mis impresiones, y las vuestras si os animáis a participar.
1. Enrique Vila-Matas. “Dublinescas”. Ed. Seix Barral, 2010 Novela que, aparte de contarnos la historia de Riba, un editor jubilado, es un homenaje a esa gran novela del siglo XX que es “Ulises”. Los personajes se van convirtiendo en los personajes de Joyce, porque Riba va dibujando su propia historia a lo “Ulises”, que va cogiendo impulso para dar lo que llama “el salto inglés”. (Pedro Cremer, en http://elplacerdelalectura.blogspot.com. Comentario más amplio en este blog, en la entrada La novela "Dublinesca", de Enrique Vila-Matas.
2. Antonio Soler. “Lausana”. Ed. Mondadori, 2010. A partir de la imagen de "una anciana de unos 70 años que no parecía haber sido una mata hari", el autor crea un personaje, Margarita, persona resentida que esconde un rencor silencioso e intentará comprenderla. Décimo libro de este escritor, que ha ganado el Premio Herralde y el Nadal. (Reseña crítica de este libro en la entrada "Lausana, de Antonio Soler", en este blog).
3. Isaac B. Singer. “La familia Moskat”. Ed. RBA y Ed. Mondadori, 2009. La historia de la familia Moskat va desde principios del siglo XX hasta la entrada de los nazis en Varsovia en 1939. La novela es un gran fresco del mundo judío de Varsovia cuyo inmenso valor literario no desmerece del de crónica de una sociedad arrasada, como la de los judíos de Polonia.
4. Haruki Murakami. “De qué hablo cuando hablo de correr” Ed. Tusquets., 2010. En 1982, Haruki Murakami decidió dedicarse en exclusiva a escribir y comenzó a correr. Al año siguiente correría en solitario el trayecto que separa Atenas de Maratón, su bautizo en esta carrera clásica. En este libro reflexiona sobre la influencia que este deporte ha ejercido en su vida y en su obra. Probablemente se trate de la obra más personal del escritor nipón, en la cual manifiesta sus opiniones sobre la literatura y sobre sus propias obras.
5. Anna Caballé e Isabel Rolón. “Carmen Laforet. Una mujer en fuga”. RBA, 2010. Gracias a la labor de las autoras, el retrato de Laforet, de contornos confusos, toma forma y tras el enigma aparece una mujer en fuga permanente, desde su adolescente huida de Las Palmas hasta su maduro exilio en Roma. Una mujer distraída y vagabunda, sexualmente ambigua, con un talento innato para la escritura, preocupada por sus bloqueos literarios, observada por unos y por otros, necesitada de libertad, amante de sus hijos y refractaria a la publicidad de su vida. Una excelente biografía.
6. Carmen Laforet. “Siete novelas cortas”. Ed, Menoscuarto, 2010 Álvaro Pombo subraya en el prólogo que «la posguerra es el lugar de estas siete novelas cortas de Carmen Laforet, que me han recordado la intensa emoción con que leí Nada por primera vez». Una muestra de que el éxito de Nada no fue casual y ratifican la voz inconfundible de Laforet y su papel renovador de la narrativa española del siglo XX.
7. Herta Müller (Premio Nobel 2009). “Todo lo que tengo lo llevo conmigo”. Ed. Siruela, 2010. En 1944 Stalin invadió Rumanía y derrocó al dictador Antonescu. Como primera medida, internó a los rumanos de origen alemán en campos de concentración para que “repararan” los daños causados en Rusia por los alemanes. Entre ellos, el poeta Oskar Pastior con el que Müller mantuvo íntima amistad, que se prestó a escribir a dos manos la historia de este gulag. Pero el poeta murió en 2006 y Müller decidió escribirlo sola. El resultado, este libro sobre la miseria de la cautividad, una obra mayúscula destinada a pervivir. (Extraído de una reseña de Javier López Iglesias, en www.hoyesarte.com)
8. Marcos Giralt Torrente. “Tiempo de vida”. Ed. Anagrama, 2010. El autor se enfrenta a la muerte del padre. Reconstruye el tiempo de vida que compartió con él sin eludir las zonas de penumbra pero sin recrearse en ellas. Con una prosa hipnótica y concisa, la propia experiencia se transforma en experiencia de todos en este libro conmovedor que abraza y golpea un tiempo. Ni un homenaje ni un ajuste de cuentas, sino un intento de comprender la relación más compleja que cabe entre dos personas. (Extraído de la contraportada). Reseña más amplia en la entrada en este blog del 4 de noviembre de 2010.
9. Antonio Muñoz Molina. “La noche de los tiempos”. Ed. Seix Barral, 2009 Trata de cómo eran los españoles y su sociedad en el tiempo de la República. Para ello Muñoz Molina toma como hilo conductor los amores de un arquitecto madrileño, Ignacio Abel, que en 1936 llega a Estados Unidos contratado por una universidad. Entre saltos temporales reconstruye la trayectoria de Ignacio: humildes orígenes, ascenso social, ideario socialista, matrimonio a la deriva y pasión por una chica americana y la convierte en el soporte literario de un impresionante fresco histórico coral. Equilibrio y ponderación, rigor intelectual y moral, compromiso ético propio de un humanismo progresista y coraje para ir al fondo de la vida hacen de la La noche de los tiempos una grandiosa novela, referente inexcusable entre las que se asoman con lucidez libre de maniqueísmos a entender la existencia humana, no sólo española, en el inhóspito mundo contemporáneo. (Entresacado de la reseña de Santos SANZ VILLANUEVA en El Cultural, de 20.11.09) En la entrada "La noche de los tiempos", de este blog hay una reseña mía.
10. José Mª Guelbenzu. “El amor verdadero”. Ed. Siruela, 2010. Estamos ante la mejor novela de Guelbenzu, uno de los mejores novelistas españoles de nuestro tiempo. Constituye la culminación de un ciclo novelesco que completa la crónica moral de una generación de españoles, la del autor, que despertaron a la vida en sus años universitarios, los 60, alimentaron ilusiones en la militancia antifranquista, protagonizaron la transición política en los 70 y 80 y quemaron esperanzas en los 90, asistiendo a las transformaciones sociales y políticas de una época manchada por la corrupción. (Extraído de la reseña de Ángel BASANTA en El Cultural, de 04.06.10)
11. J. M. Coetzee. “Verano”. Ed. Mondadori, 2010. La tercera parte de la autobiografía novelada de J. M. Coetzee supone una vuelta de tuerca en la mirada distanciada del narrador sobre sí mismo. Si en Infancia y Juventud, las dos primeras entregas de estas memorias, Coetzee utilizaba la tercera persona para distanciarse de su propia historia, en Verano se ve desde la otra orilla. Muerto ya, recurre a la figura de un investigador que intenta reconstruir esa época del escritor a través de cinco entrevistas a personas que lo conocieron. Sus testimonios completan una imagen coherente y autocrítica que explora el límite de la escritura introspectiva y de la memoria. (Santos Domínguez, en http://santosdominguez.blogspot.com) Hay una reseña más amplia en la entrada en este blog de diciembre de 2010.
12. Honoré de Balzac. “Papá Goriot (Le père Goriot)”. Ed. Cátedra y Ed. Planeta. La tragedia de un hombre capaz de hacer lo que sea para que sus dos hijas sean felices y puedan cumplir sus caprichos. A cambio, se verá obligado a vivir alejado de ellas por deseo de sus yernos y a alojarse en la pensión de la señora Vauquer. Allí se convertirá en víctima de los falsos rumores del resto de inquilinos que lo tacharán de frívolo y “viejo verde”. Tan sólo Rastignac, un joven estudiante de Derecho que pretende introducirse en la alta sociedad parisién, se apiadara de él y le prestará su apoyo al enamorarse perdidamente de una de sus hijas.
13. Leonard Michels. “Los cuentos”. Ed. Lumen, 2010. 572 páginas. Para los que no han descubierto a este autor, aquí tienen la oportunidad perfecta de experimentar ese raro y esporádico fenómeno de disfrutar de cómo un literal y literariamente desconocido se convierte en autor favorito e indispensable en cuestión de páginas (extraído de la reseña de Rodrigo Fresán, en ABC Cultural)
14. Patricio Pron. “El comienzo de la primavera”. Mondadori, 2008 Una novela sobre la conciencia oculta de la sociedad alemana, analizada a través de la mirada de un joven argentino que viaja tras la huella intelectual y vital del filósofo Hollenbach. Escrita magistralmente con una estructura endiablada que exige la máxima atención al lector. Como recompensa, la satisfacción será también máxima. Podéis leer un comentario amplio sobre esta novela en la entrada Patricio Pron en este mismo blog.
15. David Grossman. “La vida entera”. Ed. Lumen, 2010. Desgarradora historia de una madre y su hijo. Ofer, de veinte años, acepta formar parte de una operación militar especial, a lo cual su madre se opone. Tras acompañar a su hijo hasta el campamento, ella toma una determinación tan firme como extravagante: la de cruzar caminando el territorio israelí. Su decisión tiene un sentido, profundo y doloroso: mientras ella esté caminando, nadie se presentará en su casa para avisarle que su hijo ha muerto en combate. David Grossman nos cuenta la existencia de algunos seres extraordinarios incluso en su mediocridad.
16. Andrés Pérez Domínguez. "El violinista de Mauthausen". Ed. Algaida, 2009. Novela histórica, de espionaje y policíaca, ubicada en 1940, que desarrolla su trama entre Berlín, el París ocupado y el campo de exterminio de Mauthausen. (Sugerida por Salomé. Para aquéllos que queráis más información, leer el comentario de Salomé en esta entrada del blog.)
Descubrí la literatura de Saramago en 1999. Alguien me recomendó "El año de la muerte de Ricardo Reis" (Alfaguara) y le hice caso. La leí y ya en las primeras páginas percibí la calidad de una prosa que combina la sencillez con la maestría y la clarividencia. Ricardo Reis, médico y poeta, regresa en 1936 a Lisboa tras una larga estancia en Brasil. Desde allí, contempla el mundo, reflexiona y "siente" los aires fascistas que recorren Europa, incluida Portugal. Sufre la vigilancia de una sociedad cerrada y reprimida. Mantiene conversaciones inteligentes con el fantasma de Fernando Pessoa, amigo suyo, sobre la vida de acá y del más allá. Una novela sensacional que dejó huella en mi memoria.
A continuación leí "Todos los nombres", la historia de un disciplinado escribiente del Registro Civil. Un oscuro funcionario solitario cuya única afición es coleccionar noticias de gente famosa y cotejarlas con su datos del Registro, hasta que un día, una fascinación extraña hacia la ficha de una mujer desconocida, le impele a iniciar una investigación saltándose todas las normas. Una forma de luchar contra la rutina, el aburrimiento y la burocracia. Esta novela, no deja de ser un juego, pero un juego elaborado con maestría y amor.
"La caverna" (Alfaguara 2000) la califiqué, sin dudar, de una obra maestra. Cipriano Algar, su hija Marta, el yerno Marcial e Isaura, son los protagonistas de esta parábola sobre el mundo actual. Una familia humilde de alfareros que ha dejado de ser útil, porque el plástico ha desplazado a la loza, y que no se rinden ante las adversidades. Un lenguaje lleno de sentido común, poesía, humanidad, donde no faltan el humor y la filosofía. Es difícil encontrar una lectura más deliciosa y un análisis más lúcido de las nuevas formas de vida que impone el desarrollo tecnológico y comercial.
"Ensayo sobre la ceguera" la leí en 2001. Una epidemia de ceguera asola una ciudad. Sólo una mujer permanecerá indemne. Saramago penetra en el análisis del comportamiento colectivo ante esta situación de crisis. Aflorará lo peor del ser humano, su extraordinario egoísmo. La lucha por el poder, por la comida, por un lugar seguro, el deterioro rápido de las condiciones de convivencia, la pérdida de la dignidad. Un libro estremecedor e inquietante.
"El hombre duplicado" llegó a mis manos en 2004. Un individuo que descubre a otro hombre idéntico a él. La perturbación que le provoca le cambiará la vida. De esta novela destaco la prosa y las reflexiones sobre la intimidad humana, pero critico el desarrollo. Un argumento débil que alarga demasiado y resulta artificioso.
Saramago tiene la virtud de los grandes escritores de poseer un estilo propio, el estilo Saramago, que recorre todas sus obras. Un vocabulario rico, una prosa fluida, ideas claras que comunica con sabiduría, fuerza, convicción, compromiso y, por encima de todo, respeto a los lectores y amor a sus criaturas literarias.
En el plano humano, Saramago me ha despertado, siempre, una gran simpatía. Me gustaba su discurso respondón e incómodo con el poder, coheremte con su trayectoria, leal a sus principios, acompañado de su enorme humanidad y sencillez. Fue un hombre elegante, grande y accesible.
Murió el pasado 18 de junio. Hacía mucho tiempo que no sentía dolor por el fallecimiento de una persona famosa. Como lectora, gracias, José Saramago, por las horas felices que me han proporcionado tus libros, por compartir tu pensamiento con los lectores,por el ejemplo de dignidad que nos has dado, por haber ejercido de intelectual en tiempos difíciles. Te has ido pero aquí se ha quedado tu obra, al alcance de aquélos que amamos las palabras. Una oportunidad que no voy a desaprovechar.
¡Bravo! Una decisión acertada.Recuerdo en estos momentos dos de sus novelas que me hicieron pasar momentos fantásticos:
"Leon, el africano", protagonizada por un árabe granadino expulsado por los Reyes Católicos cuando la conquista de Granada, junto con su familia. Recalará en Fez, se convertirá en comerciante, viajará por el mundo, conocerá Roma e incluso será bautizado. Regresará junto a los suyos afincados en Túnez. Una novela deliciosa, tolerante, instructiva, llena de sutilezas que se lee sin sentir.
"El viaje de Baldasare". En el año 1666, denominado el de "La bestia", corren aires apocalíticos. Un comerciante genovés, Baldasare, sibarita y buena persona, se ve impelido a iniciar un viaje desde Gibeleto (Líbano) hasta Londres, pasando por Génova y otros muchos lugares, en busca de un raro libro -El centésimo nombre- que contiene el conjuro para bloquear los males que se avecinan. Una auténtica novela de aventuras, maravillosamente escrita, que pone en evidencia lo tontos y crédulos que podemos ser los humanos. Es, además de un libro amable, muy interesante.
Alianza Editorial ha publicado en español unas diez o doce novelas suyas pero, así, a bote pronto,me han venido a la cabeza estos títulos que recomiendo sin dudar.
Un buen cartel para la Feria del Libro de Madrid. El poema de Neruda, y esa pareja abrazada por la palabra escrita, un antídoto contra la desesperanza que traen los vientos que corren.
“La soledad de los números primos” de Paolo Giordano. Círculo de Lectores, 2009 (por cortesía de Ed. Salamandra) 272 páginas.
El título de esta novela tiene fuerza magnética y la virtud de generar expectativas, ayudadas, desde luego, por los excesivos y equívocos mensajes publicitarios. Porque con las matemáticas tiene muy poco que ver, aunque el autor sea un licenciado en Física Teórica, la metáfora de los números primos se acople de maravilla a la soledad de sus protagonistas y Mattia, uno de ellos, posea una especie de “mente maravillosa”. Los dos primeros capítulos tienen la virtud de situar con precisión y pocas palabras el ambiente en que se van a desarrollar los personajes principales, Alice y Mattia, marcados por accidentes de la infancia. Pero las secuelas son distintas en cada uno de ellos. Alice, como víctima, arrastrará de por vida un rencor hacia su padre que hará extensivo al resto del mundo, y a Mattia, el abandono de su hermana gemela subnormal, Michela, en un parque helado, le provocará un sentimiento de culpa imperecedero. Este arranque de la novela es muy bueno, resulta inquietante y anima a continuar. El resto pierde fuelle, se limita a una verificación de la importancia de la infancia en la vida de los adultos. La impericia de los padres como educadores y para crear un clima de confianza, junto a los hechos acaecidos, dará lugar a unos seres incapaces de comunicarse con los demás y de expresar sus sentimientos, abocados a la soledad. La estructura de la novela sigue un desarrollo cronológico pasando por la adolescencia y primera madurez de Alice y Mattia, que el autor lleva a cabo a partir de la descripción de hechos puntuales de especial significación (la escena del caramelo restregado por la suciedad de los vestuarios, la fiesta del cumpleaños de Viola, la sesión de fotografías de la boda de ésta) dejando que sea el lector quien, a partir de ellos, deduzca el resto. Alice y Mattia coinciden en el instituto, se identifican como dos bichos raros, y mantienen una relación cifrada, exclusivista, y reprimida siempre al final por esas limitaciones mentales que lleva al bloqueo físico e imide sacar los sentimientos, a pesar de ser conscientes de que “las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida”. El personaje de Alice parece creíble, una niña deseosa de ser admitida en sociedad que tropieza con la maldad existente que la envía, una y otra vez, a su mundo solitario. Alice es vengativa y egoísta, anoréxica, con iniciativa en la relación con Mattia, inmadura y propensa a la equivocación. Mattia, resulta más oscuro, superdotado para las matemáticas, torpe para la vida, confuso en la relación con sus padres, que se autolesiona las manos, es más reflexivo pero no por ello camina más orientado. Son dos almas enfermas, resentidas, distintas, incapaces para cruzar sus destinos aunque lo desean y tienen posibilidad de ello. La he leído con gusto. Tal vez lo mejor sea esa impresión que suscita de sociedad sorda ante el sufrimiento ajeno, o los obstáculos que cada uno pone a la comunicación en la distancia corta, en el interior de la familia. Todo esto lo extrae el lector de esos universos domésticos expuestos con trazos gruesos y efectivos. La juventud del autor (apenas 26 años cuando la publicó) sorprende, pero he echado en falta mayor hondura sicológica. No es la obra extraordinaria que me había prometido el runrún del mercado. Y eso que el final, infeliz, disgustándome, reconozco que es el mejor posible y el más coherente. María García-Lliberós
Editorial Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores, 2009 267 páginas
Acabo de terminar esta curiosa novela y todavía me siento impregnada de las hondas emociones que me ha producido. Tal vez porque está escrita con una prosa fría, con un estilo informativo de cronista despojado de pasión que consigue hacer visible el horror. La historia que nos cuenta Slater tiene que ver con la crueldad del fanatismo de esas personas que colocan la acción política por encima de los individuos a los que subordina por completo. De esa forma se justifican las purgas, confesiones, ejecuciones y traiciones. Pero la tremenda originalidad del autor consiste en contarnos dos historias, aunque él las presente como las dos partes que forman la novela, la primera situada entre 1197 y 1212, en Avignon, una época oscura en la que el poder de los Papas de la Iglesia católica se manifestó de manera despiadada en la persecución y exterminio de los cátaros, torturados y quemados vivos, dejando una manada de niños huérfanos vagabundeando por las calles que acabaron siendo reclutados para una Cruzada infantil. Entre ellos los protagonistas Paul, Simon y Elizabeth. Una historia espeluznante, inspirada en hechos reales, y demoledora, escrita en tono objetivo, sin concesiones y muy eficaz. La segunda parte se situa en España, entre 1936 y 1939, nuestra Guerra Civil, no menos terrible ni obcecada. Tres antropólogos británicos, amigos desde la infancia, con los mismos nombres que los protagonistas de la primera parte, se encuentran en Málaga cuando estalla el conflicto. Simon, afiliado al partido Comunista, decidirá ingresar en las Brigadas Internacionales. Paul como voluntario decide combatir al lado de los republicanos en el frente de Aragón y Elizabeth, su hermana, ejercerá de periodista para periódicos británicos. El autor se explaya en la toma de decisiones, disparatadas, del alto mando militar republicano, asesorado por agentes rusos, la coyuntura internacional y la deriva de la contienda. y, lo más interesante, es cómo Simon, fanático comunista, no duda en traicionar, con la conciencia tranquila de quien coloca un objetivo político como misión por encima de cualquier relación personal, a su mejor amigo. Parecía que las dos partes gozaban de total autonomía, pero lo que nos quiere decir el autor, es que los hechos ocurren y se repiten en el tiempo y que el odio y la intolerancia se encuentran tras los métodos políticos de los fascistas, estalinistas y fanáticos en general. La Inquisición no ha muerto, se disfraza de distintos ropajes. Toda una lección de historia, y lo peor es que me he sorprendido pensando que esos tantanes se sienten rugir por el horizonte. Una lectura importante.
María García-Lliberós
Nota: el autor inglés, combatió en la guerra civil española en las Brigadas Internacionales, se decepcionó de los métodos empleados por los comunistas y desapareció, en nuestro país, sin dejar rastro cuando tenía 52 años, quién sabe si víctima de alguna purga.
Con las novelas de Paul Auster me ocurre algo curioso: disfruto leyéndolas, entonces creo que tengo entre manos algo importante y, al cabo de unas semanas, no consigo recordarlas por más que lo intento. Me ha pasado con La trilogía de Nueva York, La noche del oráculo, Brooklyn Follies, Viajes por el Scriptorium y alguna otra. Recuerdo mejor Un hombre en la oscuridad. Seguramente sea un mal síntoma. No sé qué me ocurrirá con Invisible, la acabo de terminar con buenas sensaciones y, tal vez por eso, me apresuro a escribir sobre ella para retenerlas al máximo en la memoria.
La novela se centra en dos personajes, Adam Walker y Rudolf Born que, aunque ellos lo desconozcan, tienen muchos aspectos en común: la capacidad de hacer daño, por ejemplo, el retorcimiento mental, la opacidad. A lo largo del relato Auster los ilumina y los ensombrece, porque tan importante es lo que cuenta como lo que calla o sólo sugiere. Es ésta una de las características de su literatura, la de no saciar nunca la curiosidad del lector. Invisible añade una estructura con diferentes puntos de vista -dividida en cuatro partes, con escenarios y narradores diferentes-, con relatos en primera, segunda y tercera persona que, juntos, permiten una aproximación a la verdad novelada.
La primeras 70 páginas son espléndidas y se leen sin aliento. Walker, en primera persona, cuenta unos hechos acaecidos en Nueva York, en 1967, cuyo recuerdo le perseguirá de por vida. El ritmo diabólico, la presentación de los personajes -Rudolf Born y Margot, su amante- que entran en acción sin preámbulos proponiendo y conduciendo la vida de Walker, un estudiante de la Universidad de Columbia, y lo que ocurre entre ellos, por lo que fuera, me ha recordado el estilo de lo mejor de Patricia Highsmith (Extraños en un tren, sin ir más lejos). Born surge como un ser múltiple, cultivado, generoso, grosero y siniestro, mientras el mago de Paul Auster consigue atrapar bien al lector en su anzuelo.
La segunda parte tiene una estructura mucho más sofisticada. Aparece otro narrador, Jim, amigo de Walker en su juventud y escritor consagrado en 2007, año al que nos traslada el relato. Aunque no han mantenido contacto en 38 años, será el encargado de ayudar a Walker (moribundo) a escribir la extraña historia de su vida y acabarla. Una biografía que tiene mucho de expiación (la culpa está presente en casi todas las novelas de Auster), porque Walker admite las verdades que el narrador le vomita en segunda persona. Precisamente este cambio de enfoque permite crear un espacio entre Walker y el tema a narrar, demasiado personal y desgarrador para tratarlo con objetividad en primera persona. La historia hurga en su pasado y en el de su extraña familia, con unos padres atormentados y ausentes, y una relación con su hermana Gwyn estrecha, anómala, que va más allá del amor fraternal para recorrer juntos las primeras experiencias sexuales. Pasión y secreto en torno a lo que hacen, amor y deseo al margen de la moral, en una escritura vibrante que transmite su complicidad indisoluble de por vida.
En la tercera parte, el relato regresa a 1967 pero a un nuevo escenario, París, donde reside Born, y escrito por Jim, voz omnisciente, en base a las notas del propio Walker, motivado, en aquella época, por un afán justiciero. Surgen nuevos personajes del entorno de Born. El encuentro entre los dos protagonistas, sus conversaciones y animadversión oculta, la relación que consigue entablar Walker con la prometida de Born y su hija, Cecile, al servicio de una estrategia perversa para destruir a Born. Walker nos va mostrando su lado oscuro. La partida quedará en tablas.
El final del libro lo aportará una nueva narradora, Cecile, con un diario sobre los cinco días pasados con un Born viejo en la isla de Quillia, un refugio perdido en el trópico, facilitando otra imagen de este personaje plural, la del hombre curtido en tareas de inteligencia de Estado, traidor, manipulador y sin escrúpulos, con una visión política del mundo, capaz de analizar la caída del muro de Berlín, las revueltas parisinas del 68, las cuestión racial y muchos otros temas -Auster da su visión de la realidad política a través de sus personajes- con consecuencias inmediatas en la cotidianidad personal.
Una novela, como se ve, compleja y bien entreverada. Se lee con interés, el ritmo no decae, el lenguaje fluido y preciso, también hermoso, los personajes poseen personalidades fuertes, dobles o múltiples vidas y, por tanto, contienen secretos, se mueven por motivos inconfesables, elementos todos para incrementar el atractivo de la obra. Pero, ¿qué ha querido contarnos Auster? Que el ser humano antes de morir necesita confesar sus culpas (por agnóstico que sea), o que el curso de la vida de cada cual depende de aquellos que, en momentos decisivos, se cruzan en tu camino más que de tu propia voluntad, o que la conciencia no permite que prescriba la culpa de ciertos actos u omisiones a pesar de que la impunidad del delito sea frecuente. Temas trillados que se convierten en material literario de calidad en manos del buen escritor.
Me ha gustado Invisible (un título un tanto ajeno), algunas páginas tienen magia, ninguna aburre, está lleno de sutilezas (¿por qué Walker se casa con una mujer de la misma raza y apellido de la primera víctima de Born, por ejemplo?), que reflejan lo alambicado del subconsciente y de la conducta humana. Ahora falta que el tiempo me diga si ha superado la prueba de la memoria dejando huella en mi conciencia de lectora.
He leído en las últimas semanas dos libros que valen la pena: El primero "Tokio blues", de Haruki Murakami (Ed. Tusquets) y el segundo "Mil soles espléndidos", de Khaled Hosseini (Ed. Salamandra). Eran dos lecturas que tenía pendientes y de dos autores de los que no había leído nada antes. A Murakami me aproximaba con un gran respeto (no he leído una sola crítica que no lo ponga por las nubes) y esperaba mucho de este escritor de culto. Probablemente no sea ésta su mejor novela, pues habiéndome gustado, me ha decepcionado. El tema, el primer encuentro de un adolescente con la muerte, el sexo, el dolor, la locura, el amor, fluye a través de una prosa viva, carente de adjetivos, minuciosa respecto a la actividad que desarrolla un protagonista adolescente un tanto apático que parece dejarse llevarse por la personalidad de otros. Las mujeres que aparecen en la obra, sobre todo Midori y Reiko son otra cosa, toman iniciativas, luchan por la felicidad a pesar de todo. Pero el texto transpira una frialdad que me mantenía ajena. Las referencias musicales (de admiración hacia la cultura anglosajona) y gastronómicas (japonesas) son excesivas. Sin embargo, debo anotar que el libro deja huella y sus ideas quedan flotando en la mente durante un tiempo. La escena de Watanabe, el protagonista, en el hospital, cuidando al padre moribundo de Midori, es excelente y ahí muestra un gran talento. He decidido leer más de Murakami.
"Mil soles espléndidos" me ha conmovido. Así de sencillo. Por primera vez he pensado sobre el pueblo afgano de otra manera, como una víctima de su propio destino, de la invasión soviética, de los muyaidines y de los talibanes, y de los errores de los paises occidentales. Ser mujer en un pais islámico es una heroicidad en sí misma. Marian y Laila, las dos esposas del colérico Raschid, son admirables en su pequeño mundo doméstico sabiendo sacar partido a mínimos detalles, pasando de rivales a cómplices en su lucha por la armonía familiar. Un libro imprescindible para comprender el papel de Afganistán en el escenario internacional y, sobre todo, las interioridades de una sociedad sometida a la sinrazón, fanatizada, herida, en la que el dolor parece haberse instalado como un elemento más de la familia.
Dos libros muy diferentes, ubicados en dos sociedades que nos resultan lejanas -la japonesa y la afgana- con códigos de conducta dispares, dos formas de estar en el mundo. Flota una sesación de desconcierto en ambas que sí que nos resulta conocida. Son las eternas preguntas sin respuesta.
Santillana Ediciones Generales, SL. (Suma de Letras)
Enero de 2010, 1ª edición
420 páginas.
Antes de decirte adiós, de Guillermo Galván es una novela de estructura sólida y compleja, escrita con nervio que ataca directa la curiosidad del lector. Consta de tres partes. La primera, titulada “Cuatro días de marzo”, constituye en sí misma una novela centrada en la misión llevada a cabo por un grupo de soldados republicanos en Madrid durante los días de la rendición. Una misión arriesgada y tan aparentemente estrafalaria que sólo puede justificarse como envoltorio de algún misterio. Permite mostrar el escenario de una ciudad sacudida por las bombas y el miedo a lo que está por llegar. Los personajes, el lenguaje cuartelero, las escenas de guerra, las heroicidades de tipos normales en situaciones límite, destilan verismo y marcan un ritmo trepidante a la lectura. Sobresale Matías Cabedo, un individuo despierto, educado en la escuela de la calle, valiente, pícaro, de izquierdas aunque con su propia filosofía de la vida y enamorado de Inés. Estamos, en esta parte, ante una novela sobre la guerra civil contada desde el punto de vista de los vencidos de a pié, aquellos que lo perdieron todo y cuyos nombres seguirán ignorados en los libros de historia. Sobre ella se superpone otra de aventuras con elementos románticos.
La segunda parte se titula “La senda de los vencidos” y se inicia en abril de 1961, veintidós años más tarde de aquellos sucesos. Aparece un nuevo personaje, Dimas Tallón, hijo de un notario consejero nacional del movimiento, auto exiliado por venganza del ambiente familiar a los 25 años, ex legionario, fumador de grifa, amante de una puta encantadora, y policía asignado a asuntos de extranjería. Un policía franquista crítico con el régimen, que bien podría estar inspirado en Philip Marlowe u otros de la exitosa cantera americana. Un hombre atractivo que aceptará investigar por su cuenta (aprovechando su condición de policía) los hechos narrados en el manuscrito “Cuatro días de marzo”, por encargo de una hermosa mujer. La novela cobra, y mantendrá hasta el final, el aliento del género negro, pues de la mano de Dimas el lector irá desentrañando el misterio en el que no faltan intereses altruistas y turbios moviendo los mismos hilos, traiciones y lealtades inamovibles. Los hechos coincidirán en el tiempo con los prolegómenos de la guerra de Argelia y los movimientos conspirativos de un grupo de exiliados franceses en Madrid, protegidos por policías españoles, entre ellos Dimas. Siendo interesantes, no dejan de ser marginales para la trama principal y la novela se resiente por el excesivo peso otorgado a las maquinaciones de este grupo.
La tercera parte titulada “Vivos y muertos” mostrará un desenlace que no decepcionará al lector, un final creíble, al que se llega con una creciente tensión narrativa, en el que los cabos de la ficción van atándose, rastreando con habilidad los escasas huellas que dejaron aquel grupo heterogéneo de soldados republicanos, sacando a colación trapos sucios bien documentados del ejército español en Riff y Melilla entre 1922 y 1925, con Franco al frente de la Legión.
Antes de decirte adiós está escrita con los mimbres que han ido conformando el sello de la literatura de Guillermo Galván. Sus anteriores novelas -“Aislinn”, “De las cenizas”, “Llámame Judas”-, se caracterizan por mezclar, en contextos históricos o contemporáneos, la aventura, el amor y el misterio y nunca falta el protagonista masculino que bajo el ropaje de periodista, policía o detective, asume el riesgo de averiguar una verdad en principio insondable. Antes de decirte adiós es, hasta ahora, la mejor novela de Galván, por la armadura de la trama, la densidad de los personajes, el interés y proximidad de los hechos históricos, la documentación de apoyo y la fuerza de una prosa trabajada que fluye como un río a punto de desbordarse pero siempre contenido por el pulso maestro del autor.
María García-Lliberós
Reseña publicada en POSDATA, el suplemento cultural de LEVANTE-EMV, el 26 de marzo de 2010.
Entrevista a Guillermo Galván, autor de la novela "Antes de decirte adiós" (Ed. Suma de Letras, 2010).
MG-LL.- ¿Cuál fue la idea-chispa que dio origen a esta novela?, o ¿cómo se produjo ese momento mágico en el que reconoces tener una historia que contar entre las manos?
G.G.-Cada novela parte de una motivación distinta. A veces basta con una frase o una imagen sugerentes. En este caso nace de una idea paradójica, casi extravagante. La necesidad de rescatar un cadáver me pareció una metáfora suficientemente atractiva como para desarrollarla. Si los hechos se producen en una ciudad a punto de morir, la trama adquiere un plus de interés. Y si, además, la operación exige el máximo secreto ante propios y extraños, tenemos un planteamiento a priori interesante. El Madrid asediado parecía el escenario ideal, y a partir de ahí bastó con desarrollar la trama y documentar fielmente la época, tanto con testimonios de personas que vivieron aquellos días como con una detenida labor de hemeroteca. El proceso de la segunda parte de la novela es exactamente el mismo
MG-LL.- “Antes de decirte adiós” nos habla, en la primera parte, de la Guerra Civil desde el punto de vista de los vencidos anónimos, ¿hay alguna pretensión de hacer justicia en este recuerdo?
G.G.-Todas mis novelas destilan simpatía por los perdedores. La mayoría de sus protagonistas pertenecen a ese tipo de hombres que podríamos llamar supervivientes, gente que se desliza entre la picaresca y una integridad moral muy particular con el único objetivo de salir adelante en situaciones adversas. Me parecen mucho más interesantes que los vencedores, más allá del contexto en que se desarrolle la trama. En cuanto a las pretensiones que sugieres respecto a ésta en concreto, no las ha habido especialmente, porque los vencidos han sido ampliamente reivindicados tanto desde la narrativa como desde la investigación histórica. Tal vez no lo suficiente, pero no creo que se pueda hacer justicia fuera de los tribunales tantos años después de los hechos, a menos que hablemos de justicia poética.
MG-LL- Comparto que el arte de la novela consiste en hacer de la mentira verdad y de la verdad mentira. Pero me gustaría saber, y a otros lectores también, si existió un Anselmo Carrachano, el personaje más oscuro de la trama.
Todos los personajes son ficticios, aunque alguno de ellos responde a elementos biográficos reales. Estoy seguro de que existió más de un Carrachano; si no exactamente el mismo que pinta la novela, sí muy parecido en cuanto a sus actividades. Como existieron otros personajes que pululan en torno a la trama.
MG-LL.- ¿Crees que la personalidad del autor impregna la de sus personajes? ¿Cuánto hay de ti en Dimas Tallón, en Matías Cabedo, en Víctor Alba (protagonista de “De las cenizas”) o en el periodista radiofónico de “Llámame Judas”?
G.G. La identificación entre escritor y personajes es un debate siempre abierto, y sumamente interesante, sobre todo si se trata de una narración en primera persona, que no es el caso de “Antes de decirte adiós”. Sin llegar al extremo de quien toma por biográfico lo que es simple fabulación, parece natural que la obra posea características del autor. Si sucede en la pintura, la música o la arquitectura, ¿cómo no habría de serlo en la literatura, un arte mucho más especulativo y abierto que los anteriores?
En cada protagonista hay algo del autor. Pueden ser posiciones vitales, formas de mirar el mundo o experiencias personales y anécdotas tamizadas por la ficción, según las necesidades de la historia que se narra. Con Víctor Alba comparto el gusto por el blues; con Ángel Casares una rutina profesional y su profusa investigación en la Biblioteca Nacional sobre Gregorio de Tours (documentación necesaria para mi novela “Sombras de mariposa”, que se editará el mes de abril). Y con Matías Cabedo y Dimas Tallón un larguísimo aprendizaje como oyente de relatos, porque ambos reúnen experiencias que vivió mi padre.
MG-LL.- Resulta muy hábil construir una novela negra y aprovecharla para hacer aflorar hechos sobre la Guerra Civil. “Antes de decirte adiós” hace creíbles sucesos inverosímiles gracias a la abundante documentación sobre el régimen franquista. En algunas páginas palpita el oficio del periodista que has sido. ¿Hasta qué punto te planteas la novela como una crónica social?
G.G.- Una guerra civil, como todos los dramas colectivos, es un escenario perfecto para el género negro: la gente vive a flor de piel sus miserias, desgracias y pasiones, y el autor no necesita forzar la mano para crear ambientes ni personajes. En esas circunstancias, la realidad supera siempre a la ficción y nada resulta inverosímil, porque la lucha por la supervivencia física, y a veces ideológica, se convierte en la única necesidad del ser humano.
Tampoco puedo renunciar a esa mirada periodística que me ha acompañado durante tantos años. No es un ejercicio deliberado, pero el simple hecho de documentarme en fuentes periodísticas o históricas marca ya cierto tono de crónica social. Por otra parte, los contextos elegidos obligan a ello.
MG-LL.- Hay un personaje femenino, el de Julia Nieva, que me ha parecido muy interesante y sobre el único que la novela no desvela su final. Lo he echado de menos. ¿Cuál podría ser éste?
Excepto el de los muertos, ningún final se desvela. En todo caso, se les dice adiós, porque el mundo sigue adelante aunque yo, con mi arbitrariedad de autor, haya decidido cerrar la historia. Una vez la novela llega al lector, éste tiene todo el derecho a tratarlos como considere oportuno, así que el final de Julia Nieva, si es que debe tenerlo, queda en sus manos. Personalmente, a todos mis personajes les deseo lo mejor cuando me despido de ellos.
MG-LL.- Y ahora una pregunta sobre la profesión. ¿Crees que Internet acercará al autor y al lector (la tecnología favorece la eliminación de intermediarios) o que va a cambiar algo para que todo siga igual?
G.G.- Ya lo ha acercado. Lo demuestra el hecho de que podamos intercambiar ahora mismo nuestras opiniones de forma tan directa. Los intermediarios más importantes que ha eliminado Internet son la distancia y la necesidad de desplazamiento físico; cualquier lector puede tener acceso directo al autor, si éste lo permite, de forma casi instantánea. El propio autor, a través de blogs, páginas web o redes sociales, se lanza sin tapujos en busca de sus lectores. Es evidente que las nuevas tecnologías favorecen esa comunicación bidireccional y la difusión de la obra. Otra cosa es que eliminen a los intermediarios tradicionales. Aunque existe la posibilidad de que el escritor ofrezca su obra directamente en Internet, todavía vamos muy por detrás de otros creativos, como los músicos. Eso significaría un cambio radical, un verdadera revolución, y el mercado literario está muy aferrado a sus hábitos como para adaptarse a ella; inadaptación que forma parte, entre otras causas, de sus crisis. Creo que el editor y el librero, tal y como los conocemos hoy, seguirán siendo elementos imprescindibles para la literatura durante mucho tiempo.