domingo, 21 de septiembre de 2014

"Hacia los confines del mundo", de Harry Thompson


Editorial Salamandra, 2007
823 páginas.
En papel: 25,00 €
ebook: 11,39 €.
    
He aprovechado las vacaciones para leer esta larga novela que tenía pendiente casi desde que se publicó. Me echaba para atrás el número de páginas que me obligaba a leer con la ayuda de un atril (a partir de las 300, recomiendo el soporte electrónico). Pero ha valido la pena. 
     Hacia los confines del mundo es un relato apasionante en torno a la figura de Robert FithRoy, marino inglés que capitaneó el bergantin Beagle en dos viajes, iniciados en 1829 y 1832, con la finalidad de cartografiar la costa de la Patagonia, Tierra del Fuego e islas Malvinas. En el segundo de los viajes lo acompañó Charles Darwin, contratado como naturalista, y fue a partir de las observaciones que llevó a cabo durante el mismo cuando comenzó a pergeñar su famosa teoría de la evolución de las especies, que pondría en pie de guerra a los partidarios del creacionismo. Entre ellos, a FitzRoy.
     Novela de aventuras, de pensamiento, histórica, pues se inspira en hechos reales y recorre el siglo XIX dando cuenta de sus circunstancias sociales, políticas y morales dominantes en el imperio británico. Tampoco deja de lado los intereses colonizadores tras el envoltorio de animosas misiones cristianas para convertir a los salvajes, así como el acoso violento y sistemático a los pueblos primitivos (patagonios y fueguinos) hasta consumar su extinción en 1950.
     La novela profundiza en las personalidades de Darwin y FitzRoy, ambas complejas y enfermizas, sus discusiones, sus intensos debates y enfrentamientos, su amistad, intensa y plagada de claroscuros. Me ha interesado, y mucho, la trayectoria personal de FitzRoy, muerto en la ruina y sin reconocimiento social cuando fue un pionero de la ciencia metereológica. Inventó, produjo y pagó un instrumento de avisos de tormentas y de pronóstico del tiempo. Sus cartas de navegación de la Patagonia, Chile, Malvinas y Tierra del Fuego eran tan exactas que sólo han sido superadas cuando se ha dispuesto de fotografías aéreas. Fue un excelente marino y supo reunir en sus tripulaciones del Beagle la mayor concentración de talento. Un hombre trabajador, meticuloso y honrado que careció de suerte en su vida personal, profesional y social, y al que no se le reconocieron sus valores hasta después de muerto.
     Hacia los confines del mundo nos brinda una lectura llena de interés que refleja bien la mentalidad imperante de la época y que, aunque ya no sea una novedad, no debe estar agotada y la recomiendo con entusiasmo. 
     Tiene una primera parte llena de emociones (la travesía por el cabo de Hornos cuando se carecía, precisamente, de cartas de navegación fiables, proporciona páginas impagables), y una última, en la que cambia el escenario para trasladarnos a Londres, de interés creciente por los efectos generados por las teorías de Darwin en la sociedad científica, universitaria y religiosa, mientras FitzRoy lucha, con mayor discreción, contra los constantes boicoteos de los mayores empresarios pesqueros para establecer el servicio de pronóstico del tiempo.
     No se pierdan esta lectura.

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