“La soledad de los números primos” de Paolo Giordano. Círculo de Lectores, 2009 (por cortesía de Ed. Salamandra) 272 páginas.
El título de esta novela tiene fuerza magnética y la virtud de generar expectativas, ayudadas, desde luego, por los excesivos y equívocos mensajes publicitarios. Porque con las matemáticas tiene muy poco que ver, aunque el autor sea un licenciado en Física Teórica, la metáfora de los números primos se acople de maravilla a la soledad de sus protagonistas y Mattia, uno de ellos, posea una especie de “mente maravillosa”. Los dos primeros capítulos tienen la virtud de situar con precisión y pocas palabras el ambiente en que se van a desarrollar los personajes principales, Alice y Mattia, marcados por accidentes de la infancia. Pero las secuelas son distintas en cada uno de ellos. Alice, como víctima, arrastrará de por vida un rencor hacia su padre que hará extensivo al resto del mundo, y a Mattia, el abandono de su hermana gemela subnormal, Michela, en un parque helado, le provocará un sentimiento de culpa imperecedero. Este arranque de la novela es muy bueno, resulta inquietante y anima a continuar. El resto pierde fuelle, se limita a una verificación de la importancia de la infancia en la vida de los adultos. La impericia de los padres como educadores y para crear un clima de confianza, junto a los hechos acaecidos, dará lugar a unos seres incapaces de comunicarse con los demás y de expresar sus sentimientos, abocados a la soledad. La estructura de la novela sigue un desarrollo cronológico pasando por la adolescencia y primera madurez de Alice y Mattia, que el autor lleva a cabo a partir de la descripción de hechos puntuales de especial significación (la escena del caramelo restregado por la suciedad de los vestuarios, la fiesta del cumpleaños de Viola, la sesión de fotografías de la boda de ésta) dejando que sea el lector quien, a partir de ellos, deduzca el resto. Alice y Mattia coinciden en el instituto, se identifican como dos bichos raros, y mantienen una relación cifrada, exclusivista, y reprimida siempre al final por esas limitaciones mentales que lleva al bloqueo físico e imide sacar los sentimientos, a pesar de ser conscientes de que “las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida”. El personaje de Alice parece creíble, una niña deseosa de ser admitida en sociedad que tropieza con la maldad existente que la envía, una y otra vez, a su mundo solitario. Alice es vengativa y egoísta, anoréxica, con iniciativa en la relación con Mattia, inmadura y propensa a la equivocación. Mattia, resulta más oscuro, superdotado para las matemáticas, torpe para la vida, confuso en la relación con sus padres, que se autolesiona las manos, es más reflexivo pero no por ello camina más orientado. Son dos almas enfermas, resentidas, distintas, incapaces para cruzar sus destinos aunque lo desean y tienen posibilidad de ello. La he leído con gusto. Tal vez lo mejor sea esa impresión que suscita de sociedad sorda ante el sufrimiento ajeno, o los obstáculos que cada uno pone a la comunicación en la distancia corta, en el interior de la familia. Todo esto lo extrae el lector de esos universos domésticos expuestos con trazos gruesos y efectivos. La juventud del autor (apenas 26 años cuando la publicó) sorprende, pero he echado en falta mayor hondura sicológica. No es la obra extraordinaria que me había prometido el runrún del mercado. Y eso que el final, infeliz, disgustándome, reconozco que es el mejor posible y el más coherente. María García-Lliberós
Editorial Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores, 2009 267 páginas
Acabo de terminar esta curiosa novela y todavía me siento impregnada de las hondas emociones que me ha producido. Tal vez porque está escrita con una prosa fría, con un estilo informativo de cronista despojado de pasión que consigue hacer visible el horror. La historia que nos cuenta Slater tiene que ver con la crueldad del fanatismo de esas personas que colocan la acción política por encima de los individuos a los que subordina por completo. De esa forma se justifican las purgas, confesiones, ejecuciones y traiciones. Pero la tremenda originalidad del autor consiste en contarnos dos historias, aunque él las presente como las dos partes que forman la novela, la primera situada entre 1197 y 1212, en Avignon, una época oscura en la que el poder de los Papas de la Iglesia católica se manifestó de manera despiadada en la persecución y exterminio de los cátaros, torturados y quemados vivos, dejando una manada de niños huérfanos vagabundeando por las calles que acabaron siendo reclutados para una Cruzada infantil. Entre ellos los protagonistas Paul, Simon y Elizabeth. Una historia espeluznante, inspirada en hechos reales, y demoledora, escrita en tono objetivo, sin concesiones y muy eficaz. La segunda parte se situa en España, entre 1936 y 1939, nuestra Guerra Civil, no menos terrible ni obcecada. Tres antropólogos británicos, amigos desde la infancia, con los mismos nombres que los protagonistas de la primera parte, se encuentran en Málaga cuando estalla el conflicto. Simon, afiliado al partido Comunista, decidirá ingresar en las Brigadas Internacionales. Paul como voluntario decide combatir al lado de los republicanos en el frente de Aragón y Elizabeth, su hermana, ejercerá de periodista para periódicos británicos. El autor se explaya en la toma de decisiones, disparatadas, del alto mando militar republicano, asesorado por agentes rusos, la coyuntura internacional y la deriva de la contienda. y, lo más interesante, es cómo Simon, fanático comunista, no duda en traicionar, con la conciencia tranquila de quien coloca un objetivo político como misión por encima de cualquier relación personal, a su mejor amigo. Parecía que las dos partes gozaban de total autonomía, pero lo que nos quiere decir el autor, es que los hechos ocurren y se repiten en el tiempo y que el odio y la intolerancia se encuentran tras los métodos políticos de los fascistas, estalinistas y fanáticos en general. La Inquisición no ha muerto, se disfraza de distintos ropajes. Toda una lección de historia, y lo peor es que me he sorprendido pensando que esos tantanes se sienten rugir por el horizonte. Una lectura importante.
María García-Lliberós
Nota: el autor inglés, combatió en la guerra civil española en las Brigadas Internacionales, se decepcionó de los métodos empleados por los comunistas y desapareció, en nuestro país, sin dejar rastro cuando tenía 52 años, quién sabe si víctima de alguna purga.
Con las novelas de Paul Auster me ocurre algo curioso: disfruto leyéndolas, entonces creo que tengo entre manos algo importante y, al cabo de unas semanas, no consigo recordarlas por más que lo intento. Me ha pasado con La trilogía de Nueva York, La noche del oráculo, Brooklyn Follies, Viajes por el Scriptorium y alguna otra. Recuerdo mejor Un hombre en la oscuridad. Seguramente sea un mal síntoma. No sé qué me ocurrirá con Invisible, la acabo de terminar con buenas sensaciones y, tal vez por eso, me apresuro a escribir sobre ella para retenerlas al máximo en la memoria.
La novela se centra en dos personajes, Adam Walker y Rudolf Born que, aunque ellos lo desconozcan, tienen muchos aspectos en común: la capacidad de hacer daño, por ejemplo, el retorcimiento mental, la opacidad. A lo largo del relato Auster los ilumina y los ensombrece, porque tan importante es lo que cuenta como lo que calla o sólo sugiere. Es ésta una de las características de su literatura, la de no saciar nunca la curiosidad del lector. Invisible añade una estructura con diferentes puntos de vista -dividida en cuatro partes, con escenarios y narradores diferentes-, con relatos en primera, segunda y tercera persona que, juntos, permiten una aproximación a la verdad novelada.
La primeras 70 páginas son espléndidas y se leen sin aliento. Walker, en primera persona, cuenta unos hechos acaecidos en Nueva York, en 1967, cuyo recuerdo le perseguirá de por vida. El ritmo diabólico, la presentación de los personajes -Rudolf Born y Margot, su amante- que entran en acción sin preámbulos proponiendo y conduciendo la vida de Walker, un estudiante de la Universidad de Columbia, y lo que ocurre entre ellos, por lo que fuera, me ha recordado el estilo de lo mejor de Patricia Highsmith (Extraños en un tren, sin ir más lejos). Born surge como un ser múltiple, cultivado, generoso, grosero y siniestro, mientras el mago de Paul Auster consigue atrapar bien al lector en su anzuelo.
La segunda parte tiene una estructura mucho más sofisticada. Aparece otro narrador, Jim, amigo de Walker en su juventud y escritor consagrado en 2007, año al que nos traslada el relato. Aunque no han mantenido contacto en 38 años, será el encargado de ayudar a Walker (moribundo) a escribir la extraña historia de su vida y acabarla. Una biografía que tiene mucho de expiación (la culpa está presente en casi todas las novelas de Auster), porque Walker admite las verdades que el narrador le vomita en segunda persona. Precisamente este cambio de enfoque permite crear un espacio entre Walker y el tema a narrar, demasiado personal y desgarrador para tratarlo con objetividad en primera persona. La historia hurga en su pasado y en el de su extraña familia, con unos padres atormentados y ausentes, y una relación con su hermana Gwyn estrecha, anómala, que va más allá del amor fraternal para recorrer juntos las primeras experiencias sexuales. Pasión y secreto en torno a lo que hacen, amor y deseo al margen de la moral, en una escritura vibrante que transmite su complicidad indisoluble de por vida.
En la tercera parte, el relato regresa a 1967 pero a un nuevo escenario, París, donde reside Born, y escrito por Jim, voz omnisciente, en base a las notas del propio Walker, motivado, en aquella época, por un afán justiciero. Surgen nuevos personajes del entorno de Born. El encuentro entre los dos protagonistas, sus conversaciones y animadversión oculta, la relación que consigue entablar Walker con la prometida de Born y su hija, Cecile, al servicio de una estrategia perversa para destruir a Born. Walker nos va mostrando su lado oscuro. La partida quedará en tablas.
El final del libro lo aportará una nueva narradora, Cecile, con un diario sobre los cinco días pasados con un Born viejo en la isla de Quillia, un refugio perdido en el trópico, facilitando otra imagen de este personaje plural, la del hombre curtido en tareas de inteligencia de Estado, traidor, manipulador y sin escrúpulos, con una visión política del mundo, capaz de analizar la caída del muro de Berlín, las revueltas parisinas del 68, las cuestión racial y muchos otros temas -Auster da su visión de la realidad política a través de sus personajes- con consecuencias inmediatas en la cotidianidad personal.
Una novela, como se ve, compleja y bien entreverada. Se lee con interés, el ritmo no decae, el lenguaje fluido y preciso, también hermoso, los personajes poseen personalidades fuertes, dobles o múltiples vidas y, por tanto, contienen secretos, se mueven por motivos inconfesables, elementos todos para incrementar el atractivo de la obra. Pero, ¿qué ha querido contarnos Auster? Que el ser humano antes de morir necesita confesar sus culpas (por agnóstico que sea), o que el curso de la vida de cada cual depende de aquellos que, en momentos decisivos, se cruzan en tu camino más que de tu propia voluntad, o que la conciencia no permite que prescriba la culpa de ciertos actos u omisiones a pesar de que la impunidad del delito sea frecuente. Temas trillados que se convierten en material literario de calidad en manos del buen escritor.
Me ha gustado Invisible (un título un tanto ajeno), algunas páginas tienen magia, ninguna aburre, está lleno de sutilezas (¿por qué Walker se casa con una mujer de la misma raza y apellido de la primera víctima de Born, por ejemplo?), que reflejan lo alambicado del subconsciente y de la conducta humana. Ahora falta que el tiempo me diga si ha superado la prueba de la memoria dejando huella en mi conciencia de lectora.
He leído en las últimas semanas dos libros que valen la pena: El primero "Tokio blues", de Haruki Murakami (Ed. Tusquets) y el segundo "Mil soles espléndidos", de Khaled Hosseini (Ed. Salamandra). Eran dos lecturas que tenía pendientes y de dos autores de los que no había leído nada antes. A Murakami me aproximaba con un gran respeto (no he leído una sola crítica que no lo ponga por las nubes) y esperaba mucho de este escritor de culto. Probablemente no sea ésta su mejor novela, pues habiéndome gustado, me ha decepcionado. El tema, el primer encuentro de un adolescente con la muerte, el sexo, el dolor, la locura, el amor, fluye a través de una prosa viva, carente de adjetivos, minuciosa respecto a la actividad que desarrolla un protagonista adolescente un tanto apático que parece dejarse llevarse por la personalidad de otros. Las mujeres que aparecen en la obra, sobre todo Midori y Reiko son otra cosa, toman iniciativas, luchan por la felicidad a pesar de todo. Pero el texto transpira una frialdad que me mantenía ajena. Las referencias musicales (de admiración hacia la cultura anglosajona) y gastronómicas (japonesas) son excesivas. Sin embargo, debo anotar que el libro deja huella y sus ideas quedan flotando en la mente durante un tiempo. La escena de Watanabe, el protagonista, en el hospital, cuidando al padre moribundo de Midori, es excelente y ahí muestra un gran talento. He decidido leer más de Murakami.
"Mil soles espléndidos" me ha conmovido. Así de sencillo. Por primera vez he pensado sobre el pueblo afgano de otra manera, como una víctima de su propio destino, de la invasión soviética, de los muyaidines y de los talibanes, y de los errores de los paises occidentales. Ser mujer en un pais islámico es una heroicidad en sí misma. Marian y Laila, las dos esposas del colérico Raschid, son admirables en su pequeño mundo doméstico sabiendo sacar partido a mínimos detalles, pasando de rivales a cómplices en su lucha por la armonía familiar. Un libro imprescindible para comprender el papel de Afganistán en el escenario internacional y, sobre todo, las interioridades de una sociedad sometida a la sinrazón, fanatizada, herida, en la que el dolor parece haberse instalado como un elemento más de la familia.
Dos libros muy diferentes, ubicados en dos sociedades que nos resultan lejanas -la japonesa y la afgana- con códigos de conducta dispares, dos formas de estar en el mundo. Flota una sesación de desconcierto en ambas que sí que nos resulta conocida. Son las eternas preguntas sin respuesta.
Santillana Ediciones Generales, SL. (Suma de Letras)
Enero de 2010, 1ª edición
420 páginas.
Antes de decirte adiós, de Guillermo Galván es una novela de estructura sólida y compleja, escrita con nervio que ataca directa la curiosidad del lector. Consta de tres partes. La primera, titulada “Cuatro días de marzo”, constituye en sí misma una novela centrada en la misión llevada a cabo por un grupo de soldados republicanos en Madrid durante los días de la rendición. Una misión arriesgada y tan aparentemente estrafalaria que sólo puede justificarse como envoltorio de algún misterio. Permite mostrar el escenario de una ciudad sacudida por las bombas y el miedo a lo que está por llegar. Los personajes, el lenguaje cuartelero, las escenas de guerra, las heroicidades de tipos normales en situaciones límite, destilan verismo y marcan un ritmo trepidante a la lectura. Sobresale Matías Cabedo, un individuo despierto, educado en la escuela de la calle, valiente, pícaro, de izquierdas aunque con su propia filosofía de la vida y enamorado de Inés. Estamos, en esta parte, ante una novela sobre la guerra civil contada desde el punto de vista de los vencidos de a pié, aquellos que lo perdieron todo y cuyos nombres seguirán ignorados en los libros de historia. Sobre ella se superpone otra de aventuras con elementos románticos.
La segunda parte se titula “La senda de los vencidos” y se inicia en abril de 1961, veintidós años más tarde de aquellos sucesos. Aparece un nuevo personaje, Dimas Tallón, hijo de un notario consejero nacional del movimiento, auto exiliado por venganza del ambiente familiar a los 25 años, ex legionario, fumador de grifa, amante de una puta encantadora, y policía asignado a asuntos de extranjería. Un policía franquista crítico con el régimen, que bien podría estar inspirado en Philip Marlowe u otros de la exitosa cantera americana. Un hombre atractivo que aceptará investigar por su cuenta (aprovechando su condición de policía) los hechos narrados en el manuscrito “Cuatro días de marzo”, por encargo de una hermosa mujer. La novela cobra, y mantendrá hasta el final, el aliento del género negro, pues de la mano de Dimas el lector irá desentrañando el misterio en el que no faltan intereses altruistas y turbios moviendo los mismos hilos, traiciones y lealtades inamovibles. Los hechos coincidirán en el tiempo con los prolegómenos de la guerra de Argelia y los movimientos conspirativos de un grupo de exiliados franceses en Madrid, protegidos por policías españoles, entre ellos Dimas. Siendo interesantes, no dejan de ser marginales para la trama principal y la novela se resiente por el excesivo peso otorgado a las maquinaciones de este grupo.
La tercera parte titulada “Vivos y muertos” mostrará un desenlace que no decepcionará al lector, un final creíble, al que se llega con una creciente tensión narrativa, en el que los cabos de la ficción van atándose, rastreando con habilidad los escasas huellas que dejaron aquel grupo heterogéneo de soldados republicanos, sacando a colación trapos sucios bien documentados del ejército español en Riff y Melilla entre 1922 y 1925, con Franco al frente de la Legión.
Antes de decirte adiós está escrita con los mimbres que han ido conformando el sello de la literatura de Guillermo Galván. Sus anteriores novelas -“Aislinn”, “De las cenizas”, “Llámame Judas”-, se caracterizan por mezclar, en contextos históricos o contemporáneos, la aventura, el amor y el misterio y nunca falta el protagonista masculino que bajo el ropaje de periodista, policía o detective, asume el riesgo de averiguar una verdad en principio insondable. Antes de decirte adiós es, hasta ahora, la mejor novela de Galván, por la armadura de la trama, la densidad de los personajes, el interés y proximidad de los hechos históricos, la documentación de apoyo y la fuerza de una prosa trabajada que fluye como un río a punto de desbordarse pero siempre contenido por el pulso maestro del autor.
María García-Lliberós
Reseña publicada en POSDATA, el suplemento cultural de LEVANTE-EMV, el 26 de marzo de 2010.
Entrevista a Guillermo Galván, autor de la novela "Antes de decirte adiós" (Ed. Suma de Letras, 2010).
MG-LL.- ¿Cuál fue la idea-chispa que dio origen a esta novela?, o ¿cómo se produjo ese momento mágico en el que reconoces tener una historia que contar entre las manos?
G.G.-Cada novela parte de una motivación distinta. A veces basta con una frase o una imagen sugerentes. En este caso nace de una idea paradójica, casi extravagante. La necesidad de rescatar un cadáver me pareció una metáfora suficientemente atractiva como para desarrollarla. Si los hechos se producen en una ciudad a punto de morir, la trama adquiere un plus de interés. Y si, además, la operación exige el máximo secreto ante propios y extraños, tenemos un planteamiento a priori interesante. El Madrid asediado parecía el escenario ideal, y a partir de ahí bastó con desarrollar la trama y documentar fielmente la época, tanto con testimonios de personas que vivieron aquellos días como con una detenida labor de hemeroteca. El proceso de la segunda parte de la novela es exactamente el mismo
MG-LL.- “Antes de decirte adiós” nos habla, en la primera parte, de la Guerra Civil desde el punto de vista de los vencidos anónimos, ¿hay alguna pretensión de hacer justicia en este recuerdo?
G.G.-Todas mis novelas destilan simpatía por los perdedores. La mayoría de sus protagonistas pertenecen a ese tipo de hombres que podríamos llamar supervivientes, gente que se desliza entre la picaresca y una integridad moral muy particular con el único objetivo de salir adelante en situaciones adversas. Me parecen mucho más interesantes que los vencedores, más allá del contexto en que se desarrolle la trama. En cuanto a las pretensiones que sugieres respecto a ésta en concreto, no las ha habido especialmente, porque los vencidos han sido ampliamente reivindicados tanto desde la narrativa como desde la investigación histórica. Tal vez no lo suficiente, pero no creo que se pueda hacer justicia fuera de los tribunales tantos años después de los hechos, a menos que hablemos de justicia poética.
MG-LL- Comparto que el arte de la novela consiste en hacer de la mentira verdad y de la verdad mentira. Pero me gustaría saber, y a otros lectores también, si existió un Anselmo Carrachano, el personaje más oscuro de la trama.
Todos los personajes son ficticios, aunque alguno de ellos responde a elementos biográficos reales. Estoy seguro de que existió más de un Carrachano; si no exactamente el mismo que pinta la novela, sí muy parecido en cuanto a sus actividades. Como existieron otros personajes que pululan en torno a la trama.
MG-LL.- ¿Crees que la personalidad del autor impregna la de sus personajes? ¿Cuánto hay de ti en Dimas Tallón, en Matías Cabedo, en Víctor Alba (protagonista de “De las cenizas”) o en el periodista radiofónico de “Llámame Judas”?
G.G. La identificación entre escritor y personajes es un debate siempre abierto, y sumamente interesante, sobre todo si se trata de una narración en primera persona, que no es el caso de “Antes de decirte adiós”. Sin llegar al extremo de quien toma por biográfico lo que es simple fabulación, parece natural que la obra posea características del autor. Si sucede en la pintura, la música o la arquitectura, ¿cómo no habría de serlo en la literatura, un arte mucho más especulativo y abierto que los anteriores?
En cada protagonista hay algo del autor. Pueden ser posiciones vitales, formas de mirar el mundo o experiencias personales y anécdotas tamizadas por la ficción, según las necesidades de la historia que se narra. Con Víctor Alba comparto el gusto por el blues; con Ángel Casares una rutina profesional y su profusa investigación en la Biblioteca Nacional sobre Gregorio de Tours (documentación necesaria para mi novela “Sombras de mariposa”, que se editará el mes de abril). Y con Matías Cabedo y Dimas Tallón un larguísimo aprendizaje como oyente de relatos, porque ambos reúnen experiencias que vivió mi padre.
MG-LL.- Resulta muy hábil construir una novela negra y aprovecharla para hacer aflorar hechos sobre la Guerra Civil. “Antes de decirte adiós” hace creíbles sucesos inverosímiles gracias a la abundante documentación sobre el régimen franquista. En algunas páginas palpita el oficio del periodista que has sido. ¿Hasta qué punto te planteas la novela como una crónica social?
G.G.- Una guerra civil, como todos los dramas colectivos, es un escenario perfecto para el género negro: la gente vive a flor de piel sus miserias, desgracias y pasiones, y el autor no necesita forzar la mano para crear ambientes ni personajes. En esas circunstancias, la realidad supera siempre a la ficción y nada resulta inverosímil, porque la lucha por la supervivencia física, y a veces ideológica, se convierte en la única necesidad del ser humano.
Tampoco puedo renunciar a esa mirada periodística que me ha acompañado durante tantos años. No es un ejercicio deliberado, pero el simple hecho de documentarme en fuentes periodísticas o históricas marca ya cierto tono de crónica social. Por otra parte, los contextos elegidos obligan a ello.
MG-LL.- Hay un personaje femenino, el de Julia Nieva, que me ha parecido muy interesante y sobre el único que la novela no desvela su final. Lo he echado de menos. ¿Cuál podría ser éste?
Excepto el de los muertos, ningún final se desvela. En todo caso, se les dice adiós, porque el mundo sigue adelante aunque yo, con mi arbitrariedad de autor, haya decidido cerrar la historia. Una vez la novela llega al lector, éste tiene todo el derecho a tratarlos como considere oportuno, así que el final de Julia Nieva, si es que debe tenerlo, queda en sus manos. Personalmente, a todos mis personajes les deseo lo mejor cuando me despido de ellos.
MG-LL.- Y ahora una pregunta sobre la profesión. ¿Crees que Internet acercará al autor y al lector (la tecnología favorece la eliminación de intermediarios) o que va a cambiar algo para que todo siga igual?
G.G.- Ya lo ha acercado. Lo demuestra el hecho de que podamos intercambiar ahora mismo nuestras opiniones de forma tan directa. Los intermediarios más importantes que ha eliminado Internet son la distancia y la necesidad de desplazamiento físico; cualquier lector puede tener acceso directo al autor, si éste lo permite, de forma casi instantánea. El propio autor, a través de blogs, páginas web o redes sociales, se lanza sin tapujos en busca de sus lectores. Es evidente que las nuevas tecnologías favorecen esa comunicación bidireccional y la difusión de la obra. Otra cosa es que eliminen a los intermediarios tradicionales. Aunque existe la posibilidad de que el escritor ofrezca su obra directamente en Internet, todavía vamos muy por detrás de otros creativos, como los músicos. Eso significaría un cambio radical, un verdadera revolución, y el mercado literario está muy aferrado a sus hábitos como para adaptarse a ella; inadaptación que forma parte, entre otras causas, de sus crisis. Creo que el editor y el librero, tal y como los conocemos hoy, seguirán siendo elementos imprescindibles para la literatura durante mucho tiempo.
Ed. Alfaguara, 2009. Premio Alfaguara de Novela 2009.
531 páginas.
Premio Nacional de la Crítica 2009.
“El viajero del siglo” tiene mucho de novela realista e histórica y, también, de literatura fantástica. Escrita con una prosa de gran calidad, lírica, trufada de metáforas creativas, evoca en algunos momentos, el lenguaje de los cuentos, con numerosas referencias cultas y se apoya en un selecto grupo de personajes con carácter.
Wanderburgo, el escenario de esta novela, es una ciudad centroeuropea imaginaria,de habla alemana, que no sabe bien dónde están sus fronteras (ha sido sajona, prusiana, medio francesa, casi austriaca, representa la tragedia de los ciudadanos que a causa de la desintegración del imperio austro-húngaro, la revolución rusa, las guerras balcánicas, etc. a lo largo de su vida han pertenecido a diferentes naciones), sigilosa, con poca luz nocturna, habitada por gente ordenada y que parece que sus calles se desplazan de un día para otro. Los hechos que nos cuenta podrían ubicarse en la primera mitad del XIX.
Hans, el protagonista, de oficio viajero y traductor, llega para pasar una noche y proseguir camino, pero algo lo mantendrá atrapado en Wanderburgo durante el año en que transcurre la novela.
Conocerá al organillero (un outsider), con el que tejerá una extraña amistad. Entre ellos conversan “como si ya se hubieran dicho todo lo que no se habían contado”. El organillero, un filósofo y crítico social sin proponérselo, sabe escuchar, posee un pensamiento puro, ajeno a cualquier interés, razona con una lógica aplastante y choca con los valores establecidos. Su filosofía está llena de esperanza y poesía. Vive en una cueva en la que recibe a sus amigos, entre ellos a Hans, y se producen tertulias sobre los problemas de los jornaleros y los pobres.
Se enamorará de Sophie, una feminista convencida de que los cambios en la intimidad de los individuos llevarán a un cambio en las funciones públicas. Razona con inteligencia y encanto, es una maestra de las relaciones públicas y una seductora que toma iniciativas. Con buenos modales consigue engañar a todos. En ocasiones fría y experimentada y en otras, apasionada. Una adelantada a su tiempo, capaz de separar placer y sentimiento, racionalista que, a diferencia del organillero, reflexiona basándose en los conocimientos aprendidos. En su salón, se discrepa sin levantar el tono.
Hay otros personajes interesantes: el párroco, que escribe un libro delirante sobre el “estado de las almas” de sus feligreses, Rudi Wilderhaus, prometido de Sophie y el mejor partido de la comarca, Álvaro de Urquijo, el empresario español instalado allí, el señor Gottlieb, padre de Sophie. Estos tres últimos, junto a otros menos relevantes, son asiduos al salón de Sophie. El salón toma una importancia enorme en la novela porque el autor, a través de los debates, desgrana su pensamiento sobre múltiples asuntos que tiene que ver con la formación de la personalidad europea (si es que ésta existe), que podrían pasar por actuales, cuando están contextualizados en el XIX. Como ahora, Europa sale de sus crisis volviendo al pasado (la solución conservadora), como si los países se pusieran de acuerdo para no cambiar nada. Son conversaciones vivaces, irónicas, de posiciones contrapuestas, bien documentadas. El autor hace un auténtico juicio a la historia de Europa, cuestionándola desde el sentido común, con suavidad y lucidez. Especial interés tiene para nosotros, las referencias a España.
La relación clandestina entre Sophie y Hans ocupa buena parte de la novela. Es una relación entre iguales que aman la poesía (el idioma de las emociones) . Son deshinibidos y las escenas de sexo se describen con frescura, elegancia y atrevimiento. “El viajero del siglo” es otra novela que cuenta la historia de un amor imposible (sin traicionar los intereses familiares ni las convenciones sociales), pero lo hace de una manera muy intelectualizada.
Deliciosa la primera aparición de Sophie ante el anhelante Hans -“la falda susurraba por el pasillo”-, la conversación, sin palabras, en presencia del padre, interpretando los movimientos del abanico en manos de Sophie que reaccionaba ante cada una de sus frases -“el abanico se desplegaba como una baraja que había empezado a mezclar la suerte”-, una páginas magistrales (la 45 y 46) en la que Neuman muestra auténtico talento.
La novela tiene una trama densa y ambiciosa. El lector que comience a leerla debe saber que exige atención, constancia y cierta lentitud para extraerle el goce y la sabiduría que contiene.
Pero no es perfecta. Sorprende que un autor de 32 años escriba una obra tan erudita y eso, el exceso de erudición, merma agilidad a la lectura que, en algunos pasajes, se hace pesada. Asimismo, hay una intriga policial sobre un violador enmascarado en serie que de tanto en tanto salpica el texto, prescindible por completo. Por contra, despierta curiosidad sobre el pasado de Hans que éste oculta con celo y que no llega a descubrir al lector, generando frustración (revelar que no estudió en la universidad de Jena no parece de suficiente entidad para tanto misterio). Asimismo, los encuentros clandestinos diarios en la habitación de Hans en la posada, con la hija del posadero entrando sin llamar para llevarles el té, no se sostienen -¿qué tipo de discreción o clandestinidad es ésa?- aunque debo reconocer que he disfrutado mucho con ellos, con su sentido del humor y la mezcla de picardía e inteligencia de los diálogos.
A pesar de estos reproches, estamos ante una gran novela, con páginas magistrales, en las que hay pensamiento y acción. Neuman nos habla del mercado literario del XIX con una perspectiva crítica actual, de política e historia, de la amistad, el amor, el enamoramiento y la función de la infidelidad, y de la muerte (un acorde oscuro, que oyes, sientes y vas reconociendo lentamente, como explica el organillero moribundo), aportando siempre un punto sensato, como si lo extraño fuera no habernos dado cuenta antes. Lo hace con una prosa bella y se nota que hay detrás muchas horas de trabajo porque esa sencillez formal cuesta de conseguir.
“Las despedidas nos devuelven al único territorio que de verdad nos pertenece: la soledad”, frase se encuentra en la última parte. Sintetiza la esencia del individuo. Sophie se irá de Wanderbugo, al igual que Hans, pero el lector ha de adivinar si lo hacen juntos.
"El maestro de almas" de Irène Némirovsky Editorial Salamandra, 2009 Traducido del francés por José Antonio Soriano Marco. 221 páginas
De Irène Némirovsky había leído tres novelas -"El baile", "Suite francesa" y "El ardor de la sangre"- publicadas por la editorial Salamandra, suficiente para tenerla en la lista de autoras a seguir. Debió ser una mujer muy interesante, con una mirada sobre el mundo incisiva y personal. En "El maestro de almas" destacaría la creación de los personajes, pocos y muy elaborados, la filosofía de la vida que cada uno tiene para dirigir su conducta. El protagonista, Dario Asfar, es un emigrante procedente de Crimea que, tras muchas penalidades, se instala en París. Admira y ama la cultura francesa y, al mismo tiempo, la odia al sentir que nunca será considerado uno de los suyos, a pesar de ser médico, famoso y rico. Némirovsky padeció esa experiencia pues procedía de una familia judía rusa instalada en Francia. Por eso sus novelas insisten en hablarnos del desarraigo. Dario ha conocido la miseria y el hambre, necesita dinero y no retrocederá ante cualquier posibilidad por conseguirlo. Divide la sociedad en dos bandos, los saciados y los hambientos (o los que han conocido el hambre), y las diferencias entre ellos son tan abismales que les impide la comunicación, como si carecieran de un lenguaje común. Es lo que le ocurre con su propio hijo. Piensa, con lucidez, que éste le perdonará todo lo indigno que ha hecho por él si le lega una importante herencia. Me gusta la prosa de esta autora porque no es complaciente, va directa al grano, desnuda los interiores del ser humano para descubrir sus sentimientos, ambiciones y anhelos. Está claro que en el interior de cada uno se cultivan las contradicciones. El buen escritor es el que nos las sabe hacer llegar tocándonos el corazón. Ocurre con este libro. Hay lagunas en la novela. Por ejemplo, no nos explica cómo Dario consigue ser médico procediendo de un medio tan mísero. Quizás no tenga tanta importancia como darse cuenta de que sin apoyos, en un país extraño, con un título en las manos, la carrera comienza con nuevos obstáculos. Ambientada en el período entre guerras, la historia les podrá parecer actual a los emigrantes del siglo XXI. Nuevos hambrientos se enfrentan a nuevos saciados, y el ciclo se repite, porque el ser humano parece empeñado en no aprender de la experiencia. Amarga y conmovedora.
El relato rescata a Dido, reina fenicia de Tiro, ciudad de la que huyó, junto con sus seguidores, para evitar una guerra, después de que su hermano Pigmalión asesinara a su marido. Emprenderán un viaje en busca de tierras para fundar Cartago.
Isabel Barceló, autora de la recreación literaria de esta historia ocurrida hace tres mil años, se oculta tras la narradora, Imilce, nieta de la nodriza de Dido, testigo infantil de aquellos hechos. Ahora es una anciana instalada en Cartago que se empeña en dejar constancia escrita de los orígenes de su ciudad. Ayudada por un joven escribano, recurrirá a su memoria y consultará a otros sobrevivientes de aquella aventura, y a los hijos de éstos que oyeron los testimonios de sus padres, para, entre todos, reunidos en la plazuela del Granado, ir entresacando la verdad entre las leyendas forjadas en torno a Dido. La novela es el resultado de este esfuerzo plural y plasma el punto de vista fenicio de unos acontecimientos difundidos hasta ahora en su versión troyana, la de los fieles a Eneas.
La lectura de Dido. Reina de Cartago me ha resultado muy grata y no dudo en recomendarla. Un argumento sólido y bien escrito, con una prosa armónica, culta, precisa que fluye con facilidad. Los personajes perfilados con acierto, resultan creíbles, los humanos y los divinos -Juno, Venus, Cupido intrigan por su cuenta e interfieren en el destino de los protagonistas-. Los diálogos están llenos de frescura, en los que la tragedia se mezcla con metáforas ingeniosas y abundante sentido del humor. La convincente ambientación histórica se ha conseguido con sencillez sin merma del tono épico exigible. La mezcla de géneros -novela de viajes y aventuras (que evoca la de Ulises), de amor e histórica- mantiene justas proporciones.
Isabel Barceló, autora del blog “Mujeres de Roma”, es una innovadora y se ha aprovechado de las nuevas tecnologías para ampliar sus técnicas de escribir, pues conforme iba elaborando su obra la fue dando a leer, al tiempo que pedía colaboración. Hasta 70 personas respondieron de forma activa, de manera que el blog ha hecho las veces de la plazuela del Granado, con excelentes resultados.
Dido fue inteligente, bella, pacífica, con capacidad de mando, leal a su pueblo, apasionada, frágil ante el amor y la traición de Eneas. Poseía las cualidades de una heroína y se merecía atención literaria. La que le ha proporcionado Isabel Barceló (y sus blogueros) con trato exquisito, imaginación creativa y rigor histórico.
María García-Lliberós.
Esta reseña ha sido publicada en POSTDATA, el suplemento cultural de LEVANTE-EMV, el 04.11.09