sábado, 9 de julio de 2016

"Johnny empuñó su fusil", de Dalton Trumbo

Editorial Navona, 2015.                         
Dalton Trumbo 

271 páginas.
Traducción de José Luis Piquero.
Epílogo de Javier García Sánchez.
13,70 €, en papel.


Todavía recuerdo cuando, hacia 1972, vi, en el desaparecido cine Artis de Valencia, la película "Johnny cogió su fusil". Salí estremecida. 

Una película que me dejó una huella enorme y que hoy, después de leer la novela que la inspiró (con un sutil cambio en el título), me gustaría volver a visionar. En mi memoria la película se mantiene más lírica, a pesar de la enorme tragedia que nos cuenta, que el libro. En cualquier caso, Trumbo, novelista, guionista y director de cine, su autor incontestable, nos proporciona un texto antibelicista, lleno de reflexión, de un hombre que, por encima de cualquier interés, coloca el supremo valor de una vida humana.
Johnny es un joven representante de la América rural que, como si de una fiesta se tratara, se alistó, junto con otros miles de jóvenes americanos, para defender la democracia en una Europa inmersa en la Primera Guerra Mundial. Un obús acabará con su alegría. Cuando despierte en un hospital irá descubriendo horrorizado los daños causados en su persona. Sin brazos ni piernas, sin cara y sin posibilidad de ver, ni oír, ni hablar, pero vivo porque comprueba que tiene la capacidad de pensar, enterrado en su propio cuerpo, el pánico se adueña de él y lo contagia al lector, sin duda, que no puede evitar meterse en la piel de Johnny y compartir sus sentimientos. Por eso la novela también podría ser calificada de terror, con mayor autoridad que muchas que se venden bajo esa etiqueta.
Johnny empuñó su fusil es una novela escrita en tercera persona desde la mente de Johnny, una técnica compleja, y es una narración de supervivencia en situaciones límite. Vencer el desconcierto del paso del tiempo, la necesidad de medirlo de alguna manera, la terrible soledad de la incomunicación a la que le condena su estado, el miedo a la pérdida de identidad, serán objetivos que irá marcándose. Johnny se dedica a recordar su vida, su familia, sus momentos felices, a reflexionar porqué se metió en una guerra en Europa que ni le iba ni le venía, se cuestiona si la democracia se merece tanto sacrificio y, sobre todo, a ingeniárselas para hacerse entender. Lo consigue, no diré cómo porque es mejor que el lector lo descubra por sí mismo, y la respuesta decepcionante, fría, de las autoridades a sus mínimas demandas. 
Aunque a la novela le sobra algún capítulo, nadie debería dejar de leerla, mantiene su vigencia y su fuerza después de 77 años desde su publicación en 1939, días antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, prueba de que el ser humano no aprende, sobre todo los políticos, de que la guerra nunca es la solución con que pretenden vendérnosla.
Dalton Trumbo resultaba incómodo para el poder, por eso es digno de nuestro amor y respeto.

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