martes, 28 de junio de 2016

"Cinco esquinas", de Mario Vargas Llosa

Editorial Alfaguara, 2016.                         
Portada
314 páginas.
20,90 €, en papel; 12,34 €, en ebook.

          Cuando me acerco a una nueva obra de Mario Vargas Llosa, lo hago con el respeto que merece el autor de La casa verde, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, o La Fiesta del Chivo, un puñado de obras maestras que me han venido a la mente  así a bote pronto y sin ningún esfuerzo. También con las enormes expectativas que genera una trayectoria literaria tan larga, rica y variada.  Cinco esquinas, sin embargo, me ha decepcionado.
          Es imposible no compararla con La Fiesta del Chivo, por ejemplo, por la temática de denuncia de unos gobernantes corruptos que usan el matonismo y el terror para someter al pueblo, en la republicana dominicana en un caso, en el Perú, patria del autor, en este libro que les comento. Pero en Cinco esquinas, la trama argumental, los personajes e incluso el lenguaje, parecen languidecer ante la fuerza literaria de los de La Fiesta del Chivo.
          La acción se ubica en Lima, durante los años de la dictadura de Fujimori (que fue adversario político de Vargas Llosa en unas elecciones presidenciales) y su mano derecha, el siniestro Doctor, jefe de las fuerzas de seguridad. La novela se estructura en torno a dos tramas que no acaban de acoplarse bien. La primera toma la forma de una aventura amorosa entre dos amigas pertenecientes a la clase más encopetada de la sociedad limeña. Dos mujeres frívolas, ociosas, pijas a más no poder, casadas con hombre ricos y poderosos que, a su vez, son amigos entre sí, y que, en el ámbito privado se comportan como si fueran caricaturas de sí mismos. La cursilería de los diálogos entre ellas, y entre ellas y sus maridos, estuvo a punto de hacerme abandonar la lectura. Ni siquiera las escenas sexuales resultan excitantes. La otra trama tiene más envergadura e interés, conecta con el chantaje, al esposo de una de ellas, de un periodista director de una revista de escándalos, las consecuencias criminales del mismo y las conexiones con un poder político que instrumentaliza a cierta prensa para desprestigiar y hundir a cualquier adversario molesto.
          A los personajes les falta cuajo. La Retaquita, por ejemplo, una periodista llena de rencor, sin escrúpulos y con el colmillo retorcido, pasa a convertirse en heroína en un proceso al que le falta credibilidad. El malísimo Doctor comete errores impropios de un argumento solvente al igual que el chantajista, un profesional que se deja llevar por la ira antes que por la cabeza.
          Cinco esquinas se lee bien, por supuesto, y entretiene, pero pasará, en mi opinión, como una obra menor y poco afortunada del Premio Nobel.
          María García-Lliberós

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