domingo, 6 de octubre de 2013

"La muchacha de Catulo", de Isabel Barceló Chico





Ediciones Evohé, 2013.

112 páginas.



     “La muchacha de Catulo” transcurre en el año 56 a.c. y toma como escenario principal la ciudad de Roma. Isabel Barceló Chico ama Roma. Ha vivido en esa maravillosa ciudad que ha hecho suya. Conoce sus barrios, sus calles, sus mansiones y sus ruinas, la historia de esos elementos y la de los ciudadanos a los que albergaron antes que sus actuales ocupantes, así como la función que ejercieron en otras épocas. Y esos conocimientos, logro de horas de estudio y de otras de caminante y atenta observadora, con mirada de escritora, lo va vertiendo en su obra literaria, para disfrute de sus lectores.

     Claudia Tertia, nieta de Clodia, encarga a Hortensia que reconstruya la vida de su abuela. Lo hace ésta recopilando escritos y testimonios orales. Así, la voz de Hortensia  será la que escuchará el lector, alternándola con numerosas cartas, seleccionadas por ella, cruzadas entre otros personajes que hablan de Clodia y de Catulo y de los hechos que fueron la comidilla de Roma en ese año 56 a.c. Con esta estructura, el lector tiene asegurada múltiples versiones y valoraciones sobre lo que acaeció porque la novela se centra en la obsesión de Catulo por casarse con Clodia, el rechazo de ésta porque no le gusta la idea del matrimonio, y las consecuencias trágicas de ese rechazo.

     Clodia (Lesbia en la poesía de Catulo) fue el objeto de los amores del poeta y, luego, de sus odios. Es una mujer viuda (en la novela), 10 años mayor que él, poseedora de una sabiduría con origen, sobre todo, en la experiencia personal. Excepcionalmente bella que sabe que lo es, rica por su familia, y una maestra de la seducción que goza con sus amantes y coquetea con jovencitos, a veces equivocándose como ocurrió con Catulo. Clodia fue una mujer adelantada a su época. Tenía una idea clara: no someterse a la voluntad de hombre alguno y no pertenecer a nadie. Se sentía libre y no estaba dispuesta a sacrificar su libertad. Así nos la dibuja la autora a través de diversos testimonios.

     Cayo Valerio Catulo fue un poeta admirado, se encontraba en el cénit de su gloria, pero ni era un buen amante ni fue noble como perdedor. Jamás aceptó los argumentos de Clodia. Posesivo y humillado, pasa del amor al rencor y a la venganza, iniciando un duelo entre ambos, cada uno con sus armas –él con la escritura maledicente e iracunda, ella con la osadía, la oportunidad y el desparpajo- que alcanzó magnitudes de espectáculo social, en un verano caluroso y carente de otros alicientes. Ambos se hicieron mucho daño.

     La escritura de Isabel Barceló es cuidadosa en los detalles: tablillas de cera y estilo para escribir, esclavas que perfuman el suelo con infusión de verbena, triclinios para tumbarse en las cenas estivales, múltiples elementos para trasladarnos con la imaginación a los escenarios de la época. No hay errores de contextualización histórica. Usa un lenguaje accesible y recrea la figura de Clodia para dotarle de una fuerza de la que carece en la versión oficial. Clodia ha pasado a la historia como una mujer licenciosa que fue infiel al gran Catulo a la primera ocasión. La versión de Isabel la reivindica y abre nuevos interrogantes convirtiendo “La muchacha de Catulo” en un texto con suficientes ingredientes para garantizar una lectura intensa.

     Reseña publicada en POSDATA, el suplemento cultural de LEVANTE, el 4 de octubre de 2013.
     Otra novela de la autora reseñda en ste bvlog: "Dido, reina de Cartago". 

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