sábado, 15 de mayo de 2021

"Etty Hillesum y la transformación. La huella de R. M. Rilke"

 

V. Javier Llop.                                                                              


Narcea, S.A. de ediciones, 2021.

 140 páginas.                                        


¿Quién era Etty Hillesum? Fue lo primero que me pregunté al leer el título de este ensayo y, supongo que, como yo, el nombre resulta por completo desconocido para una amplia mayoría de lectores. Este es el primer logro del trabajo de V. Javier Llop (Valencia, 1953), acercarnos a la experiencia, extraordinaria, de esta mujer y aprender de ella.

La Wikipedia comienza hablando de Etty de esta forma:

Ester "Etty" Hillesum (Middelburgenero1914 - Auschwitznoviembre, 1943) fue una joven judía neerlandesa que mantuvo un diario durante la Segunda Guerra Mundial.

Etty escribió un diario entre los años 1941 y 1943, que testimonia su propio fin en un campo de concentración de Auschwitz. Se parece al diario de Ana Frank, pero escrito por una mujer de 27 años.

El libro tuvo gran resonancia en Países Bajos y es considerado un documento de gran valor. Ha sido traducido a varios idiomas.

Etty Hillesum fue una joven inteligente, moderna, desinhibida y una original pensadora que inició la escritura de sus Diarios para conocerse mejor a sí misma, siguiendo los criterios y el método de R. M. Rilke, su poeta preferido y porque desea ser testigo de su tiempo. Por eso, el autor de este ensayo ha comenzado explicando, o interpretando, los principales textos del poeta –El libro de las horas, Notas sobre la melodía de las cosas, Cartas a un joven poeta- para familiarizarnos con su pensamiento radical, complejo, y su lenguaje, que Etty acabará por hacer suyos y llevar a la práctica.

Para Rilke, vida y muerte son un todo indisoluble y nos anima a asumir con tal intensidad la vida que nada de ella, ni sus peores horrores, se conviertan en objeto de rechazo. Conseguirlo no es fácil y requiere ejercitar el silencio activo para poder escuchar la melodía que nace del fondo de uno mismo y experimentar una transformación que conducirá hacia una verdad interior que nos hará, a la vez, más solitarios y más comunitarios, y tendrá el significado de una religión. La transformación de la que nos habla Rilke permite invertir el sufrimiento en una energía que nos hace fuertes como personas y nos permite crecer. Y esto es lo que intentará con éxito Etty, y lo que sus Diarios nos relatan, su peripecia interior, una autobiografía espiritual, y aconfesional, inaudita si consideramos la atmósfera de violencia y maldad extremas en la que se movía: primero en el campo de Westerwork, de tránsito hacia otros de exterminio donde, “entre sus barracones, llenos de seres vivos asustados y perseguidos, encuentra la confirmación de su amor por la vida” y, luego, en el de Auschwitz, en el que murió a los 27 años. Experimentó el bien absoluto en medio del mal absoluto. Supo encontrar belleza en cualquier pequeño elemento natural y nunca dudó de que la vida era bella y justa, lo cual, en el contexto histórico que le tocó vivir, resulta asombroso y admirable.

A su pensamiento le ayuda un gran sentido práctico: convencida de que la situación de los judíos es inevitable y que en los campos las posibilidades de resistencia efectiva son nulas, solo cabe la transformación de sí mismo y la entrega y evitar, así, resentimientos, odios y egoísmos para sobrevivir que únicamente supondrían dilapidación de energía y debilitamiento personal. Pero se sabe sola en esta tarea. En su proceso de transformación se irá despojando de afanes superfluos, creará su propio Dios, que identifica con la voz interior que la corrige y critica, un Dios al que habla -es su manera de orar- y le consuela en el terror, a pesar de que nada espera de la omnipotencia divina ante el horror del Holocausto, cuya responsabilidad atribuye íntegra de los humanos. Su espiritualidad, próxima al misticismo, es ajena a la religión cristiana, judaica o budista, nace del fondo de sí misma, del proceso de interiorización y aceptación de la vida sin alusión a la fe o el más allá. Le conduce al olvido del yo, al ascetismo y al amor a los demás, incluso a los alemanes nazis. No percibe inmolación como forma de ganar el cielo, solo intento de poner orden en su caos interior, desbloquear su mente, reorganizar sus energías, estar disponible para el Dios creado por ella sin intermediarios, sin iglesias, sin pecado, sin redención, vía crucis o fe alguna.

La lectura de Etty Hillesum y la transformación no es fácil, al menos no lo ha sido para mí, desacostumbrada a adentrarme en ensayos filosóficos. Demanda una atmósfera de quietud, bastante concentración y hacerlo despacio, incluso tomando notas, reflexionando y cuestionando de continuo la coherencia del discurso que nos expone. Sin embargo, una vez terminada, he sentido una emoción gratificante intensa, me ha descubierto otra forma de mirar la vida, la del poeta Rilke y la pensadora Etty Hillesum, positiva y lejos de optimismos inconscientes, confortable, en definitiva, en la etapa vital en la que me encuentro. Es el principal motivo por el que se la recomiendo.

María García-Lliberós.


Esta reseña fue publicada en POSDATA, el suplemento cultural de LEVANTE-EMV, el sábado 15 de mayo de 2021

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