miércoles, 22 de febrero de 2017

"Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout


Duomo Ediciones, 2016                

Traducción de Flora Casas. 
208 páginas.
16,80 €, en papel.

Me llamo Lucy Barton es un relato en primera persona que destila aromas de confesión. La protagonista, Lucy Barton, es la narradora, una mujer en torno a los 30 años, casada y con dos hijas pequeñas cuando sucedió lo que nos cuenta: la visita que su madre le hizo para cuidarla, durante cinco días seguidos, mientras ella estuvo ingresada 9 semanas, de mediados de 1980, en un hospital de Nueva York. El hecho tiene enorme importancia pues madre e hija llevaban años sin verse y apenas sin hablarse. La aparición de la madre remueve sentimientos y recuerdos, provoca nuevas sensaciones y hasta predispone cambios de futuro. 
Estamos pues ante un libro intimista, que bucea en el interior de Lucy, que nos lleva a conocer su infancia, plagada de miseria y ausencias, en una familia poco estructurada y las relaciones con su padre y hermanos.
El primer capítulo, y de forma fragmentada en los siguientes, nos pinta un cuadro familiar sombrío: marginados por la pobreza, vivían en un garaje de un pueblo pequeño de Illinois. Aislados del núcleo urbano. Sin TV, ni radio, ni periódicos o revistas. La gente del pueblo los evitaba, los compañeros del colegio se burlaban de ella y sus hermanos, los profesores se mostraban poco amigables. El padre era intolerante con el hijo gay, vicioso (sacaba “la cosa” y se masturbaba por toda la casa), y tierno en ocasiones. Lucy conoció el terror a la oscuridad y el frío. Se quedaba hasta tarde en el colegio, donde había calor, para estudiar y leer. De sus lecturas nació su deseo de ser escritora.
La madre, para distraerla, le menciona personas que habían conocido tiempo atrás y asistimos a la conversación de dos mujeres de pueblo, que son más complicadas de lo que parecen, confidencias entre madre e hija como nunca lo habían hecho antes. A Lucy oír la voz de su madre le hace feliz. Y estas conversaciones configuran con sencillez y eficacia la estructura de la novela: lenguaje claro de frases breves y directas, capítulos cortos que van y vienen en el tiempo y actúan como flashes que iluminan el recuerdo de una persona o un acontecimiento y conducen a una reflexión moral. El estilo propio de tomar un detalle de vida y extraer consecuencias. 
Especial importancia tiene el personaje de Sarah Payne porque a través de esta escritora ficticia que Lucy conoce en una tienda (y que luego irá a sus clases) la autora nos explica lo que pide a la literatura, como lectora y como escritora, y nos dice cómo interpretar su novela. Le gustan los escritores que tratan de contarte algo verdadero y considera que la escritura de ficción debe ayudar a conocer la condición humana, esto es, quienes somos, qué pensamos y qué hacemos. Por eso escribió esta novela que no es otra cosa que una historia de amor, la de una madre que quiere a una hija de una manera imperfecta, la de una hija que ha sufrido la nostalgia del amor de su madre y anhela sentirlo y gozarlo y hacer las paces con ella. 
Lucy (o Elizabeth) escribe porque necesita reconciliarse con su pasado. Comprendió que tuvo una familia malsana de la que huyó en cuanto se le presentó una ocasión, algo que abrió una herida en su conciencia, porque dejó unas raíces y unos sentimientos anclados en su interior y condicionan su existencia. 
Una novela intensa para desnudar un alma, escrita con enorme sensibilidad, cuya grandeza se aprecia más con una segunda lectura. Es importante lo que dice y  lo que silencia. El último párrafo es prosa poética.

María García-Lliberós