miércoles, 27 de febrero de 2013

Sensaciones y pensamiento en ART MADRID

Carolina Raga Pinar (en la foto), es una pintora valenciana de enorme sensibilidad que no suele faltar a las citas más importantes de artes plásticas en España y Europa. Con ocasión de su visita a ART MADRID, en la reciente edición de febrero de 2013, me envía este artículo para su difusión en este blog, abierto a las artes y la creatividad. Lo hago encantada.


     Son muchos los interrogantes que surgen en el artista al concluir una feria de arte. A menudo se espera que haya un corte, un cambio o, ¿por qué no?, una forma distinta de interactuar con el visitante, espectador ocasional, que quizá solo advierte la capa superficial de una obra y necesita el flash de su máquina como si, a modo de postal turística, le ayudara a recordar el allí estuve o la emoción instantánea de algo que compartir.

     Este final sería el deseado, compartir algún momento del proceso creativo, buscar un entendimiento con el lector de imágenes que no precise texto a modo de explicación. Aspiración  difícil de conseguir en un entorno lo más parecido a un parque temático rebosante de fin de semana.

     Hablar de una feria significa haberla vivido. Desde el punto de vista del artista, es una grata experiencia de la que sale muy renovado, que resume en una suerte de recuerdos de convivencia, tertulias, intercambio de ideas y proyectos con otros compañeros. Resulta tan estimulante el bagaje final que, “se venda o no”, “parque temático”, “Walter Benjamín”, “compra-cuore”, etc., importa poco. La vuelta al estudio irá cargada de lo visto y lo escuchado y, como tal, con el ánimo de emprender un nuevo proyecto artístico.

     Hay que desear a las ferias, renovación, oxígeno, riesgo,  necesario para darles vida y espejo a los que viven y piensan el arte.

Carolina Raga
 Febrero 2013 – Art Madrid

jueves, 14 de febrero de 2013

"La casa de Riverton", de Kate Morton

 Traducción de Luisa Borovsky
Círculo de Lectores, 2012 y Santillana Ediciones, 2011.
515 páginas

Kate Morton (1976) es australiana, pero estudió en Londres y se graduó en literatura inglesa e hizo una tesis sobre la tragedia en la literatura victoriana. Ese bagaje cultural se encuentra reflejado en "La casa de Riverton", el primer libro que he leído de esta autora, con enorme placer, porque entra de lleno en mis gustos. 
     Riverton comparte elementos con la excelente serie "Dowton Abbey": una mansión en la campiña inglesa, habitada por una familia de la aristocracia y sus sirvientes, siguiento un patrón de jerarquías rígido -cada cual conoce el lugar que ocupa y las funciones que correspoden al mismo- y un respeto absoluto a las órdenes del amo y a las formalidades sociales para superar cualquier conflicto de convivencia. 
     La trama se extiende entre 1920 y 1999, momento en que la anciana Grace Bradley es requerida, como único testigo vivo de la tragedia ocurrida en la noche de San Juan de 1924, por una directora de cine empeñada en recrearla para el cine. Esa noche, en las orillas del lago cercano a la casa, el poeta R.S.Hunter se suicidó en presencia de las hermanas Hartford, propietarias de Riverton. Al menos, así se contaron los hechos que, naturalmente, esconden la verdad.
     No hace falta contar más para que intuyan en esta novela la existencia de una buena ambientación histórica en una época de grandes transformaciones, la que tuvo lugar entre las dos grandes guerras, una historia con grandes secretos en los aledaños de la familia Hartford, un misterio en torno a una muerte sospechosa, amores clandestinos y matrimonios por interés.
     La novela sigue las normas de las del siglo XIX, un siglo brillante para la narrativa. Me ha recordado el pulso Wilkie Collins (sin llegar a alcanzarlo), esa prosa elegante, precisa, esos personajes de ideas claras y lealtad probada, capaces de renunciar a su felicidad por cumplir con el deber y otros, aventureros y ambiciosos, dispuestos a aprovechar los resquicios del cambio de época para prosperar. 
     Carece de originalidad. Lo que cuenta son asuntos ocultos que se dan con frecuencia. No importe, porque lo interesante es cómo los cuenta, fundiendo pasado y presente con sutileza.  
      He disfrutado mucho.