Editorial Anagrama y en Círculo de Lectores, 2010
274 páginas (en la edición de C. de L.)
Tal vez si Paul Auster no sacara cada año un libro, pudiera mantener el nivel de exigencia al que nos había acostumbrado con títulos como La trilogía de Nueva York, El libro de las ilusiones, La noche del oráculo o Invisible. Sunset Park no está a la altura de sus mejores obras, lo que no quita para que se lea con agrado –tiene una prosa fluida y posee oficio- y se olvide, después, con la misma facilidad.
Es una novela que trata de la culpa. Miles Heller, el protagonista o hilo conductor de la narración, tuvo que ver con la muerte de su hermanastro Bobby: iban discutiendo por una carretera y le dio un empujón cuando se acercaba un coche y lo atropelló. ¿Oyó al coche acercarse y lo empujó? Un asunto que le perseguirá de por vida. ¿Quería matarlo? Un tema interesante en el que el autor no profundiza demasiado. Se limita a describir el cambio de vida al que este hecho dará lugar: abandono de los estudios universitarios, huida de su familia y de su ciudad que durará 7 años. Heller se convertirá en joven un solitario y huidizo, que vivirá de un trabajo inferior, y sólo saldrá de su auto exclusión social cuando conozca a Pilar, menor de edad por unos meses, de la que se enamorará.
Si Auster hubiera buceado más en esa relación, la novela sería otra, más de mi gusto. Pero ha optado por dispersar el argumento, yéndose por múltiples vericuetos, hasta el punto de que el protagonismo se comparte con un grupo de ocupas de una vivienda municipal abandonada en Sunset Park (Nueva York), del que se nos da demasiada información, y los avatares del padre, la madre, el marido de su madre y la madrastra. Abarca demasiado y pierde fuerza porque parece que la alarga artificialmente. Sin embargo, he echado de menos alguna reflexión profunda sobre la maldad que anida en el interior de la hermana de Pilar. Las numerosas referencias al béisbol como pasión americana y punto de encuentro conversacional entre padre e hijo, resultan ajenas y excesivas.
Auster es un cronista de su tiempo y, en consecuencia, la acción se contextualiza en una América sacudida por la crisis económica en el que el empobrecimiento general de la gente adquiere una presencia notable.
Lectura para los incondicionales de Auster (grupo al que pertenecía). Los más exigentes la encontrarán decepcionante. Confiemos en que recupere el pulso en su próxima entrega.